Un semillero que germina al 95% y a los diez días está lleno de plántulas larguiruchas, pálidas y tumbadas no ha fallado en la siembra. Ha fallado después, en la luz. Y ese es el problema real del semillero doméstico: germinar es la parte fácil, lo difícil es lo que viene entre la germinación y el trasplante.

Sembrar en recipientes en vez de hacerlo directamente en el bancal tiene ventajas concretas. Adelantas la temporada varias semanas porque puedes dar calor a un puñado de alvéolos y no a veinte metros de huerto. Ahorras semilla, que en variedades híbridas o de colección cuesta dinero. Controlas la humedad y el sustrato en el momento en que la plántula es más vulnerable. Y liberas el bancal, que sigue produciendo la cosecha anterior mientras las plantas nuevas se hacen en una bandeja.

Bandeja de semillero con plántulas de hortalizas

Qué se siembra en semillero y qué no

No todas las hortalizas admiten trasplante. La diferencia está en el tipo de raíz.

Van bien en semillero: tomate, pimiento, berenjena, guindilla, lechuga, escarola, endivia, apio, puerro, cebolla, todas las coles (repollo, brócoli, coliflor, lombarda, col rizada), acelga, brócoli, alcachofa y la mayor parte de las aromáticas. El tomate es el caso extremo: emite raíces adventicias del tallo, así que el trasplante enterrando parte del tallo lo mejora en lugar de perjudicarlo.

Van regular, solo en cepellón grande y sin tocar la raíz: calabacín, pepino, melón, sandía, calabaza. Se siembran en macetas de 8-10 cm, una o dos semillas, y se plantan con apenas tres o cuatro hojas verdaderas. Pasadas tres semanas en el alvéolo, la cucurbitácea se estanca y ya nunca alcanza a una sembrada directamente.

No van: zanahoria, chirivía, nabo, rábano, remolacha de raíz, espinaca, judía, guisante, haba y maíz. Las umbelíferas y crucíferas de raíz pivotante se bifurcan en cuanto se les rompe la punta de la raíz principal, y el resultado son zanahorias con dos y tres patas. Las leguminosas germinan tan rápido y tienen tan poca tolerancia al manoseo radicular que el semillero no compensa. La espinaca se sube a flor con el estrés del trasplante.

El recipiente

Sirve cualquier cosa que cumpla dos condiciones: agujeros de drenaje y profundidad suficiente. Todo lo demás es preferencia.

Las bandejas alveoladas de plástico rígido son lo más práctico. Alvéolo de 3,5-4 cm de lado y 5-6 cm de profundidad para tomate, pimiento, lechuga o coles; de 2 cm vale para cebolla y puerro, que se siembran densos. Se reutilizan durante años lavándolas y sumergiéndolas diez minutos en lejía diluida al 10% antes de cada campaña, cosa que muy poca gente hace y que evita arrastrar hongos de un año a otro.

Las pastillas de turba prensada son cómodas y evitan el repicado, pero tienen dos trampas: se secan a una velocidad endiablada si la bandeja no lleva tapa, y la malla que las envuelve hay que rasgarla o retirarla al plantar. Esa malla no siempre se degrada en una temporada y llega a estrangular el cepellón; se ven raíces enrolladas dentro de ella meses después.

Los envases reciclados —vasos de yogur, bandejas de champiñones, briks cortados, hueveras de cartón— funcionan perfectamente si les haces los agujeros. La huevera de cartón tiene poca capacidad y se seca demasiado rápido; sirve para lechuga, no para tomate. Los recipientes de vidrio o cerámica sin drenaje no sirven en ningún caso, por muy bonitos que queden.

Sobre el tamaño hay una idea equivocada bastante extendida: que cuanto más grande sea el alvéolo, mejor. Un volumen de sustrato desproporcionado para una plantita recién nacida se mantiene frío y encharcado durante semanas, porque la planta no bebe lo suficiente para secarlo, y eso favorece la podredumbre de cuello. Mejor un alvéolo ajustado y un repicado a tiempo.

El sustrato: fino, ligero y pobre

Las tres características, y la tercera sorprende. El sustrato de semillero debe ser de grano fino para que la semilla tenga contacto pleno con las partículas, ligero y drenante para que la radícula avance sin obstáculos y no se asfixie, y poco fértil.

¿Por qué pobre? Porque la semilla lleva dentro todas las reservas que necesita hasta que despliega las hojas verdaderas. Un exceso de sales en el sustrato quema las raicillas nuevas y produce plantas que se paran sin motivo aparente. Compost fresco, estiércol o mantillo puro en un semillero es un error clásico, y la conductividad de un compost joven puede ser tres o cuatro veces la tolerable para una plántula.

Una mezcla que funciona: 60% turba rubia o fibra de coco tamizada, 20% humus de lombriz muy tamizado y 20% perlita o vermiculita. Si compras sustrato específico de semillero ya viene ajustado, con pH corregido en torno a 5,8-6,2 y un abonado de arranque muy suave. Lo que no debes usar es tierra del huerto: se compacta, forma costra al secarse y viene cargada de esporas de hongos y semillas de malas hierbas.

Humedece el sustrato antes de llenar los alvéolos, mezclándolo con agua hasta que al apretarlo un puñado quede compacto sin soltar gotas. Rellenar en seco y regar después crea bolsas de aire y zonas que nunca se llegan a mojar, sobre todo con turba, que es difícil de rehidratar una vez seca.

La siembra

Profundidad: dos o tres veces el diámetro de la semilla. Para tomate, pimiento o col, entre 0,5 y 1 cm. Para lechuga, 3-5 mm y apenas cubierta, porque necesita algo de luz para germinar bien. Enterrar demasiado es la segunda causa de fallo en semillero después del exceso de agua: la semilla germina, agota sus reservas subiendo y muere antes de asomar.

Cantidad: dos semillas por alvéolo si la semilla es vieja o dudosa, una si es fresca y de compra. Si nacen las dos, se elimina la más débil cortándola a ras con tijeras, nunca tirando de ella, porque arrancarla desgarra las raíces de la que quieres conservar.

Etiquetas: ponlas al sembrar. Un plantel de cuatro variedades de tomate es indistinguible a simple vista durante dos meses. Lápiz sobre plástico, que el rotulador se borra con el riego y el sol.

Riego: a partir de la siembra, siempre por abajo. Se apoya la bandeja en un recipiente con dos centímetros de agua y se deja hasta que la superficie se oscurezca, unos diez o quince minutos. El riego por arriba desentierra las semillas, aplasta las plántulas recién nacidas y moja el cuello, que es exactamente donde no interesa que haya agua. Un pulverizador fino es la alternativa aceptable los primeros días.

Temperatura: el factor que manda

Cada especie tiene su rango, y sembrar por calendario ignorando el termómetro es lo que hace que un semillero de marzo tarde un mes en nacer.

Tomate: 20-25 °C, nace en 6-10 días. Pimiento y berenjena: 25-28 °C, y bastante lentos, 12-20 días; por debajo de 18 °C el pimiento sencillamente no germina, se queda esperando y con frecuencia se pudre. Calabacín y pepino: 22-28 °C, 4-7 días. Lechuga: 15-20 °C, y aquí ojo con el verano, porque por encima de 28-30 °C entra en termoinhibición y no germina; las siembras de lechuga de julio y agosto hay que hacerlas a la sombra o en el sitio más fresco de la casa. Coles: 15-20 °C, 5-8 días. Cebolla y puerro: 15-20 °C, 10-14 días. Apio: 18-22 °C, lentísimo, hasta tres semanas, y necesita luz, así que se siembra en superficie.

Una manta o cable calefactor de semillero es la inversión que más cambia los resultados con pimientos y berenjenas en la mitad norte peninsular. En cuanto asoman los cotiledones, hay que bajar la temperatura unos tres o cuatro grados: el calor que favorece la germinación, mantenido después, produce plantas ahiladas.

Después de nacer: luz, aire y frescor

Aquí se decide la calidad del plantel. En cuanto asoma la primera plántula, hay que quitar la tapa o el plástico y llevar la bandeja al sitio más luminoso disponible.

El ahilamiento —tallos largos, finos, pálidos, que se tumban— es una respuesta a la falta de luz, no a la falta de abono ni de agua. Un alféizar orientado al sur en febrero da unas 3.000-5.000 lux durante pocas horas; una plántula de tomate quiere más de 10.000 durante doce o catorce horas. De ahí que las siembras de enero en interior, tan de moda para "adelantar", suelan dar plantas peores que una siembra de marzo: pasan seis semanas estirándose hacia el cristal. Si vas a sembrar temprano en el interior peninsular, necesitas un tubo LED de cultivo a 10-15 cm de las plantas, o un invernadero, o mejor retrasa la siembra.

Una plántula ahilada no se recupera del todo. En tomate se salva enterrando el tallo hasta las primeras hojas al trasplantar, porque emite raíces nuevas. En pimiento, berenjena, lechuga o coles no hay remedio: se queda tumbada y arrastra la debilidad toda la temporada.

La ventilación cumple dos funciones: seca la superficie del sustrato, lo que frena a los hongos, y el movimiento del aire engrosa los tallos. Un ventilador pequeño a mínima potencia una o dos horas al día, o simplemente abrir la ventana los días templados, produce plantas visiblemente más recias.

La caída de plántulas

El damping-off, o mal del vivero, lo causan hongos del suelo como Pythium, Rhizoctonia solani, Fusarium y Phytophthora. El síntoma es inconfundible: la plántula, aparentemente sana, se estrangula en la base, se dobla y cae en unas horas. Se extiende en corro y arrasa una bandeja en dos o tres días.

No hay tratamiento curativo eficaz a escala doméstica; todo es prevención. Sustrato nuevo o desinfectado. Bandejas limpias. Siembra clara, sin amontonar plántulas. Riego por abajo y dejar que la superficie se seque entre riegos. Ventilación. Y no abonar de más, porque el exceso de nitrógeno produce tejidos blandos que el hongo atraviesa sin esfuerzo. Cuando aparece un foco, retira de inmediato las afectadas con un poco de sustrato alrededor, deja de regar unos días y separa la bandeja de las demás. Una capa fina de vermiculita sobre la superficie ayuda: mantiene el cuello seco mientras el sustrato de abajo sigue húmedo.

Repicado y endurecimiento

Si sembraste en bandeja de alvéolo pequeño o al voleo, hay que repicar: pasar cada plántula a un recipiente individual de 6-8 cm. El momento es cuando tiene los cotiledones bien abiertos y la primera o segunda hoja verdadera. Antes es demasiado frágil; después las raíces se enredan y se rompen.

Se levanta la plántula haciendo palanca por debajo con un palito o un lápiz y se sujeta siempre por un cotiledón, nunca por el tallo. Un cotiledón roto es prescindible; un tallo aplastado mata la planta. Se coloca en el hoyo nuevo a la misma profundidad que estaba, salvo el tomate, que se puede hundir más.

Antes de plantar fuera viene el endurecimiento, y saltárselo cuesta plantas. Durante siete o diez días se saca la bandeja al exterior en un sitio resguardado: dos horas el primer día, cuatro el segundo, y así hasta dejarla toda la jornada, incluida la noche, si no hay riesgo de heladas. En ese proceso la planta engrosa cutículas, cierra estomas y acumula reservas. Una planta de invernadero llevada directamente al sol de mayo se quema en una tarde: las hojas aparecen con manchas blancas y traslúcidas.

Tiempos orientativos desde la siembra hasta el trasplante definitivo: lechuga 25-30 días, calabacín y pepino 20-25, coles 30-40, tomate 45-60, pimiento y berenjena 60-75, cebolla y puerro 60-80 (se plantan cuando tienen el grosor de un lápiz). Pasarse de plazo es tan malo como quedarse corto: una planta con las raíces enrolladas en el fondo del alvéolo sufre un parón del que tarda semanas en salir.

Calendario para clima peninsular

Las fechas dependen mucho de la zona, así que la referencia útil es la última helada de tu comarca, no el mes.

Enero-febrero: pimiento y berenjena con calor y luz artificial. Cebolla de día largo. En el litoral mediterráneo y en Andalucía, tomate temprano.

Marzo: tomate, pimiento, berenjena en la mitad norte e interior. Lechuga, apio, acelga, puerro, coles de verano.

Abril: calabacín, pepino, melón, sandía y calabaza, con vistas a plantar en mayo. Albahaca, que necesita más de 18 °C para germinar y no perdona el frío.

Mayo-junio: segunda tanda de lechuga, apio, puerro de otoño, coles de invierno.

Julio-agosto: brócoli, coliflor, repollo y lombarda para la cosecha de otoño-invierno, sembrados a la sombra. Escarola, acelga y lechuga resistente al calor.

Septiembre-octubre: lechuga de invierno, espinaca (mejor directa), cebolla de día corto, habas y guisantes en siembra directa. En el sur, coles.

El trasplante al exterior de las solanáceas se hace cuando el suelo está por encima de 15 °C y ha pasado el riesgo de helada tardía: mediados de abril en la costa mediterránea y en el valle del Guadalquivir, primeros de mayo en el interior de las mesetas, mediados o finales de mayo en zonas de montaña y en el norte húmedo.

En resumen

El semillero en recipientes adelanta la temporada y ahorra semilla, pero solo con las especies que toleran el trasplante: solanáceas, hojas, coles y bulbosas sí; zanahoria, rábano, nabo, judía y guisante, no. Necesitas recipientes con drenaje y profundidad adecuada, sustrato fino y poco fértil —nunca tierra del huerto ni compost fresco—, siembra somera, riego por inmersión y la temperatura de germinación propia de cada especie. En cuanto nacen, la prioridad cambia: luz abundante, algo menos de calor y ventilación, que es lo que separa un plantel recio de un montón de tallos ahilados. Repica sujetando por el cotiledón, endurece las plantas una semana antes de sacarlas y trasplanta en plazo, sin dejar que el cepellón se enrolle. Y si no puedes garantizar luz suficiente en febrero, siembra en marzo: adelantarás menos sobre el papel y recogerás antes en el huerto.


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