El sasafrás (Sassafras albidum) es un árbol caducifolio del este de Norteamérica, de la familia de las lauráceas, la misma del laurel, el aguacate y el alcanforero. Se reconoce por una rareza que casi ningún otro árbol enseña: en una misma rama conviven hojas enteras, hojas con dos lóbulos en forma de manopla y hojas con tres lóbulos, y todas huelen intensamente a cítrico y especia cuando se estrujan entre los dedos.
Antes de nada, un aviso que ninguna ficha antigua da y que cambia por completo lo que puedes hacer con este árbol: el aceite esencial de la corteza de su raíz está formado en su mayor parte por safrol, una sustancia que resultó cancerígena en ensayos con animales y que por eso dejó de emplearse como aromatizante alimentario. En la Unión Europea el safrol no puede añadirse como tal a los alimentos, y donde aparece de forma natural está sujeto a límites máximos; lo recoge el Reglamento (CE) 1334/2008, sobre aromas y determinados ingredientes alimentarios con propiedades aromatizantes. Ni la raíz ni su corteza son, por tanto, un ingrediente de cocina ni material para una infusión casera, por mucho que la receta siga circulando por internet.
Cómo es el árbol
Es un árbol de porte mediano, que en su tierra alcanza los quince o veinte metros, con copa irregular y ramas gruesas y algo tortuosas. La corteza del tronco viejo es pardo rojiza y se agrieta en surcos profundos; los brotes jóvenes, en cambio, son de un verde amarillento liso y llamativo.
Es dioico, es decir, hay pies macho y pies hembra por separado. Florece a final de invierno o en primavera, antes de echar la hoja, en racimos pequeños de flores amarillo verdosas que en un ejemplar grande tiñen toda la silueta. Solo los pies hembra dan fruto: drupas de color azul oscuro casi negro, sostenidas cada una por un pedúnculo rojo y engrosado que hace de reclamo. Son muy buscadas por los pájaros, que es como se dispersa el árbol.
En otoño la hoja pasa por el naranja, el amarillo y el escarlata, a menudo en la misma copa y a la vez, y esa es la razón principal por la que se planta como ornamental en su área de origen.
Hojas de sasafrás en la rama, con las formas entera y lobulada mezcladas.
Las hojas, el rasgo que lo delata
El polimorfismo foliar del sasafrás es su carta de presentación. En un mismo ejemplar, y muchas veces en el mismo ramo, encuentras tres tipos de hoja: ovada y sin lóbulos, con un solo lóbulo lateral que le da forma de manopla o de guante, y con tres lóbulos, más parecida a la del arce. No son variedades distintas ni fases de la edad: conviven.
Todas son mucilaginosas al masticarlas y aromáticas al romperlas. Ese aroma viene de los aceites esenciales que impregnan toda la planta, un rasgo de familia: las lauráceas son, en conjunto, un grupo de árboles aromáticos, y por el mismo motivo el alcanforero huele a lo que huele.
La hoja de tres lóbulos junto a otra entera, en el mismo ramo.
De mercancía colonial a sustancia restringida
El sasafrás tiene un papel curioso en la historia del comercio atlántico: fue uno de los primeros productos que los europeos exportaron en cantidad desde Norteamérica, en los siglos XVI y XVII. Se embarcaban fardos de leño y de raíz porque se le atribuían virtudes curativas extraordinarias, atribución que no tiene ningún respaldo y que hoy se lee como lo que era, una burbuja comercial.
Después vino su etapa como aromatizante. La corteza de raíz fue el sabor original del refresco americano conocido como root beer y de la tisana llamada allí sassafras tea. Ese uso terminó cuando se identificó el problema del safrol, y hoy esas bebidas se elaboran con otros aromas o con extracto de sasafrás al que se le ha retirado el safrol.
Hay una consecuencia adicional que explica por qué el aceite de sasafrás no se encuentra en el comercio normal: el safrol es además un precursor químico controlado, por su empleo en la fabricación ilegal de drogas de síntesis, y su circulación está vigilada.
Lo que sí sigue usándose
La hoja seca y molida es el filé, el polvo que espesa y perfuma el gumbo de la cocina criolla de Luisiana y que se añade fuera del fuego, al final. Es un uso alimentario vigente, y la clave está en la parte de la planta: el safrol se concentra en el aceite de la corteza de la raíz, no en la hoja seca.
La madera, ligera y aromática, se ha usado en mobiliario y en pequeñas embarcaciones. Y el árbol tiene un valor ecológico claro en su área nativa, porque sus frutos alimentan a las aves y sus hojas a las orugas de varias mariposas.
Los pueblos indígenas del este de Norteamérica dieron a esta planta usos tradicionales documentados, en la comida y en su medicina. Eso se cuenta como tradición y como historia, no como indicación: no sustituye a un tratamiento ni a una consulta médica. Conviene decirlo una vez y con claridad: no hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas en la Unión Europea para prácticamente ninguna de estas plantas, y las que existen están en el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión, no un artículo de internet.
¿Se puede tener en España?
Se puede, pero no en cualquier sitio y no es un árbol que encuentres en un vivero corriente. El sasafrás pide suelo ácido o neutro, suelto y bien drenado, y agradece veranos con algo de humedad ambiental. En suelo calizo amarillea por bloqueo del hierro, y en el clima seco de media España sufre sin riego.
Donde tiene sentido intentarlo es en la mitad norte atlántica y en zonas de suelo ácido: Galicia, la cornisa cantábrica, el oeste peninsular, además de zonas de montaña con suelos silíceos. Es resistente al frío invernal, así que el limitante no es la helada sino el suelo y la sequía estival.
Dos advertencias prácticas. La primera, que tiene una raíz pivotante fuerte y se trasplanta mal; se planta de contenedor y de tamaño pequeño, y se acierta más plantando joven que grande. La segunda, que rebrota de raíz y tiende a formar colonias de hijuelos alrededor del pie, lo que en un bosquete queda bien y en un jardín pequeño se convierte en trabajo de escarda cada primavera.
Multiplicación
Por semilla es posible pero lento: el hueso necesita pasar frío y humedad durante el invierno para romper su letargo, así que se siembra en otoño al aire libre o se estratifica en nevera. Conviene limpiar la pulpa del fruto antes de sembrar. Y como la especie es dioica, si lo que quieres es fruto necesitas al menos un pie de cada sexo, algo que solo sabrás cuando florezcan.
En la práctica, la vía fácil es aprovechar su propia manía de rebrotar: se separan hijuelos de raíz en reposo, con un trozo de raíz madre, o se hacen esquejes de raíz. Es como se propaga habitualmente y es mucho más agradecido que la semilla.
Cuidado con el nombre
En América se llama sasafrás a varias lauráceas distintas, del género Ocotea y de otros, que no son Sassafras albidum y que tienen composición y usos propios. Si te ofrecen madera, aceite o corteza bajo ese nombre común, no puedes dar por hecho de qué especie se trata. Dentro del propio género hay además otras dos especies vivas, una del centro de China y otra de Taiwán, un reparto entre el este de Asia y el este de Norteamérica que se repite en muchos géneros de árboles caducifolios y que es una de las pistas clásicas sobre cómo estaban repartidos los bosques templados hace millones de años.
En resumen
El sasafrás es un árbol bonito y fácil de reconocer, con tres formas de hoja en la misma rama, color de otoño espectacular y frutos azules sobre pedúnculos rojos. Como planta de jardín en España es una rareza viable solo en suelos ácidos y climas sin sequía dura, mejor plantada joven y sabiendo que va a echar hijuelos por la raíz.
Como planta de uso, en cambio, hay que ser tajante: su raíz y su corteza dejaron de emplearse en alimentación porque el safrol que contiene su aceite resultó cancerígeno en animales, y el Reglamento (CE) 1334/2008 impide añadirlo como tal a los alimentos. La hoja seca del filé criollo es otra cosa y sigue en las cocinas. Todo lo demás que se lee sobre infusiones y remedios de sasafrás pertenece a la historia del comercio colonial, no a la de la salud.