De la corteza del sauce blanco salió la salicina, y de la salicina acabó derivando el ácido acetilsalicílico, que es el principio activo de la aspirina. Esa cadena existe de verdad y está documentada paso a paso, y es la razón por la que este árbol de ribera tiene más historia en la farmacia occidental que cualquier otra planta europea. Salguera es uno de los nombres que ese árbol recibe en español, del latín salix, en la misma familia de palabras que sauce, salguero, sarga o salce; la especie es Salix alba.

Y conviene decir lo segundo antes que nada, porque es lo que suele faltar cuando se cuenta esta historia: masticar corteza de sauce no es tomar una aspirina. La cantidad de salicina de un trozo de corteza depende del árbol, de la rama, de la época del año y del tamaño del trozo, así que la dosis es sencillamente incontrolable. Comparte además los riesgos conocidos de los salicilatos (irritación gástrica, sangrado digestivo, interacción con anticoagulantes, reacciones en personas alérgicas a la aspirina) y no se da a niños ni adolescentes, por el riesgo de síndrome de Reye asociado a los salicilatos durante infecciones víricas. Lo que sigue es historia de la ciencia, no un remedio. Ante un dolor o una fiebre, el sitio es el médico o la farmacia.

Amentos de sauce blanco recién abiertos en una rama en primavera Amentos de sauce en primavera. La corteza de las ramas jóvenes es la parte que aparece en toda esta historia.

Qué árbol es la salguera

Es un árbol caducifolio de la familia Salicaceae, propio de las riberas de casi toda Europa, el norte de África y buena parte de Asia templada, y autóctono en la península ibérica. Crece deprisa, vive poco, tiene madera blanda y hoja lanceolada, estrecha, con el envés cubierto de pelos sedosos que le dan ese aspecto plateado cuando el viento le da la vuelta. Es dioico, con pies macho y pies hembra, y florece en amentos a la vez que brota, en marzo y abril.

Ese es el retrato rápido. Si lo que buscas es plantarlo o cuidarlo, la ficha de cultivo con riego, distancias de seguridad por las raíces, poda y multiplicación por estaquilla está en el artículo de Salix alba, y aquí no la repito.

Aviso de nombres: salguera, salguero, sarga o bardaguera designan en España varias especies distintas de Salix, no solo el sauce blanco.

Lo que dicen las fuentes antiguas

La corteza y las hojas de sauce aparecen en los textos médicos grecolatinos. En el corpus hipocrático se menciona el uso de hojas de sauce para dolores, y Dioscórides describe el sauce en su tratado de materia médica entre las plantas de uso. También se cita el empleo de cortezas de sauce por pueblos indígenas de Norteamérica.

Conviene leer esas menciones con la cabeza fría. Son constancia de que una planta se usaba, no prueba de que funcionara ni de para qué. La historia de la medicina está llena de plantas igual de citadas que resultaron ser inútiles, y de unas pocas que resultaron tener dentro una molécula. El sauce fue de las segundas, pero eso no se supo hasta mucho después y no se supo leyendo a los antiguos.

1763: el reverendo Edward Stone

El punto de partida moderno es una carta. En 1763, Edward Stone, clérigo inglés de Chipping Norton, en Oxfordshire, remitió a la Royal Society un informe sobre el uso de corteza de sauce en pacientes con fiebres intermitentes, las llamadas entonces tercianas o agues, tan comunes en las zonas encharcadas de Inglaterra.

Lo interesante es cómo llegó ahí. Stone razonó según la vieja doctrina de las signaturas, que sostenía que el remedio de una enfermedad se encuentra donde la enfermedad abunda: como las fiebres palúdicas se daban en terrenos húmedos y los sauces crecen precisamente en terrenos húmedos, el sauce debía de servir. También pesaba que su corteza es muy amarga, como la de la quina, que sí era eficaz contra la malaria. El razonamiento era falso de principio a fin. Stone secó corteza, la molió y la administró a medio centenar de enfermos, y describió la mejoría de los síntomas febriles.

Es un episodio precioso de historia de la ciencia: un razonamiento equivocado que conduce a un hallazgo real, y que solo se convierte en conocimiento porque alguien se molestó en probarlo y en escribir lo que había visto.

Rama de sauce blanco con amentos y hojas jóvenes contra el cielo Sauce en plena brotación. Los amentos masculinos son amarillos y muy visitados por las abejas al comienzo de la temporada.

De la corteza a la molécula

Hizo falta el siglo XIX y la química para pasar de «la corteza sirve» a saber qué había dentro.

En 1828, el farmacéutico alemán Johann Andreas Buchner obtuvo de la corteza de sauce un principio amargo al que llamó salicina, por el nombre del género. Al año siguiente el francés Henri Leroux consiguió cristalizarla en cantidad suficiente para trabajar con ella. En 1838, el italiano Raffaele Piria transformó la salicina en ácido salicílico, que es el compuesto realmente activo.

El ácido salicílico no es exclusivo del sauce. También se obtuvo de la reina de los prados, Filipendula ulmaria, entonces llamada Spiraea ulmaria, y de ahí viene, curiosamente, la sílaba central del nombre comercial de la aspirina. Durante la segunda mitad del siglo XIX se aprendió a sintetizarlo de forma industrial, y dejó de depender de ninguna planta.

El ácido salicílico funcionaba, pero era un castigo para el estómago y de sabor infame. El paso siguiente fue acetilarlo para obtener ácido acetilsalicílico, mejor tolerado. La síntesis la había descrito Charles Frédéric Gerhardt a mediados de siglo sin sacarle partido, y fue en los laboratorios de Bayer, en 1897, donde Felix Hoffmann la retomó y la puso a punto; el producto se comercializó como Aspirina a partir de 1899. La autoría se discute todavía, porque Arthur Eichengrün reclamó años después haber dirigido el trabajo.

La historia tiene un último capítulo, ya en el siglo XX: hasta 1971 no se entendió cómo actúa. Fue el trabajo de John Vane sobre la inhibición de la síntesis de prostaglandinas, que le valió el Nobel en 1982. Es decir, que la aspirina llevaba más de setenta años vendiéndose antes de que nadie supiera explicar por qué hace lo que hace.

Por qué la corteza no es el medicamento

Con la cadena completa delante se ve claro por qué el atajo no vale.

Primero, la corteza no contiene aspirina. Contiene salicina, que es otra molécula. El organismo la transforma en parte, y el rendimiento de esa transformación no es algo que puedas calcular en tu cocina.

Segundo, el contenido es variable. Depende de la especie de Salix (y hay muchas, y se hibridan sin parar), del ejemplar, de la edad de la rama, del momento del año y de cómo se haya secado. Un medicamento es, sobre todo, una cantidad conocida y constante. Eso es justo lo que una corteza no puede darte.

Tercero, los riesgos siguen ahí. Que algo venga de una planta no lo hace suave. Los efectos adversos de los salicilatos (molestias gástricas, úlcera, sangrado, interacción con anticoagulantes, reacciones en asmáticos y en alérgicos a la aspirina) no desaparecen porque el origen sea vegetal, y la precaución con niños y adolescentes tampoco.

Y cuarto, existe la alternativa evidente: un comprimido con una cantidad exacta, un prospecto, contraindicaciones escritas y un farmacéutico a mano.

Lo que no vas a leer aquí

El artículo original de esta página traía una lista larga de indicaciones para la corteza, las hojas y las flores del sauce, con preparaciones y dolencias concretas. Eso se ha retirado entero, y no por prudencia estilística.

En la Unión Europea no hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas para prácticamente ninguna de estas plantas, y las que existen están en el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión, no un artículo de internet. Un producto vegetal que se vende como alimento o complemento no puede atribuirse efectos terapéuticos, y un medicamento a base de plantas necesita su propia evaluación y su registro. Contar la historia de la salicina es una cosa; decirte para qué tomar corteza es otra distinta, y esa no la voy a hacer.

El sauce, más allá de la aspirina

El árbol tiene su propio interés sin necesidad de botiquín. Su madera es ligera y elástica, y de una variedad seleccionada en Inglaterra salen los bates de críquet. Las varas de las especies de mimbre sostienen toda la cestería tradicional. En las riberas se planta por estaquilla para sujetar taludes y márgenes fluviales, y es de los pocos árboles que aguanta el encharcamiento prolongado. Sus amentos masculinos son una fuente de polen muy temprana para las abejas, cuando casi nada más está en flor.

Y queda un detalle de jardinería que sí es aprovechable: los tejidos del sauce son ricos en sustancias que favorecen el enraizamiento, y macerar ramas jóvenes troceadas en agua durante un par de días da un líquido que mucha gente usa para mojar esquejes de otras plantas. Eso ocurre en un vaso, no en un cuerpo.

En resumen

La salguera es el sauce blanco, Salix alba, y su papel en la historia de la medicina es real: de su corteza se aisló la salicina en 1828, de la salicina se obtuvo el ácido salicílico en 1838, y de ahí salió en 1897 el ácido acetilsalicílico que se vende desde 1899 como aspirina. Por el camino están la carta de Edward Stone a la Royal Society en 1763, con su razonamiento equivocado y su observación acertada, y el descubrimiento del mecanismo de acción en 1971, setenta años después de llegar a las farmacias.

Lo que no se deduce de esa historia es que masticar corteza de sauce sustituya a nada. La dosis es incontrolable, los riesgos de los salicilatos son los mismos, no se da a niños ni adolescentes, y existe un comprimido con la cantidad escrita en la caja. El sauce merece que se le reconozca lo que aportó; merece también que se le deje de pedir lo que ya no tiene que dar.


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