El sakaki es Cleyera japonica, un arbusto o arbolito de hoja perenne del este de Asia que en Japón no se planta por su flor ni por su porte, sino por lo que significa: es el árbol cuyas ramas se ofrecen a los kami en el sintoísmo. Una rama de sakaki con tiras de papel plegado colgando forma el tamagushi, la ofrenda que se deposita sobre el altar en bodas, purificaciones y ceremonias de inicio de obra, y un par de ramas frescas en jarrones es lo que preside el kamidana, el pequeño altar doméstico. En los supermercados japoneses se venden esas parejas de ramas como se vende el pan.
Antes del cultivo conviene aclarar un enredo de nombres que arrastra cualquier búsqueda sobre esta planta, porque con la etiqueta de sakaki circulan al menos tres especies distintas. Y conviene aclarar también que no es una planta comestible: sus frutos no se comen, y el hecho de que en Japón exista toda una tradición de recolección de brotes silvestres, los sansai, no tiene nada que ver con este árbol, que se recoge para el altar y no para la cocina.
El rasgo por el que se cultiva: follaje perenne, lustroso y denso, que se mantiene igual todo el año.
Qué árbol es exactamente
Cleyera japonica pertenece a las pentafilacáceas, una familia próxima a la de las camelias, en la que estuvo clasificada durante mucho tiempo. Es originaria de las zonas templadas y cálidas de Japón, Corea, Taiwán y el sur de China. En su medio crece en el sotobosque de los encinares perennifolios asiáticos, bajo cubierta, y no es un árbol de primera fila: forma parte del estrato intermedio del bosque.
Se queda normalmente en arbusto grande o arbolito de varios pies, con corteza lisa y parda y ramas que salen casi en horizontal. Las hojas son alternas, coriáceas, enteras, de un verde oscuro brillante por el haz y más claro por el envés, elípticas u obovadas, y se disponen en dos filas a lo largo de la rama, lo que da al ramillete un aspecto muy plano y ordenado. Los brotes nuevos y los que reciben más luz salen con un tinte rojizo.
Las flores son pequeñas, de cinco pétalos, blanco crema y perfumadas, y aparecen a principios de verano sobre la madera del año anterior, colgando hacia abajo. Después vienen bayas que pasan de verde a rojo y acaban negras, y que se quedan en la rama buena parte del invierno. Son alimento de pájaros, no de personas.
El detalle que lo identifica: la yema
Si hay un carácter de campo que resuelve la identificación, es la yema terminal: en el sakaki es alargada, curvada como una uña o una hoz, y a menudo rojiza. Ninguna de las plantas con las que se confunde tiene esa yema.
El segundo carácter es el borde de la hoja. En Cleyera japonica el margen es entero, liso, sin ningún diente. Esto separa de golpe al sakaki del hisakaki, Eurya japonica, que es la planta que más se le parece y que tiene el borde claramente aserrado. En muchas regiones de Japón, donde el sakaki no llega por frío, es precisamente el hisakaki el que se usa en su lugar en los altares, y ese reparto geográfico explica buena parte de las descripciones contradictorias que circulan.
Las tres plantas que se venden como sakaki
Este es el punto que más confusión genera, sobre todo en catálogos en inglés.
- Cleyera japonica: el sakaki verdadero. Hoja entera, yema curva, flores colgantes en verano.
- Eurya japonica: el hisakaki. Muy parecido de porte y de la misma familia, pero con la hoja aserrada. Se usa con el mismo fin ritual en las zonas frías de Japón.
- Ternstroemia gymnanthera: la planta que en el comercio de jardinería, en especial el norteamericano, se vende con el nombre de cleyera o incluso como Cleyera japonica. Es otra especie, con las hojas obovadas y agrupadas en falsos verticilos en la punta de las ramas, a menudo teñidas de rojo o bronce.
La consecuencia práctica es sencilla: una fotografía de follaje, por sí sola, no basta para saber cuál de las tres es. Hay que mirar el borde de la hoja, la yema y la disposición de las hojas en la rama. Si lo que se busca es el sakaki auténtico para un uso ritual, el nombre en la etiqueta no es garantía suficiente.
Existe además una forma abigarrada, con las hojas jaspeadas de verde claro y ribete amarillento, que se vende como Tricolor y que florece poco o nada.
El tamagushi y el papel ritual
El uso del sakaki en el sintoísmo está documentado desde las crónicas más antiguas de Japón. En el relato del mito de la cueva, en el que la diosa del sol se esconde y el mundo queda a oscuras, los dioses instalan un sakaki delante de la entrada y lo cuelgan de un espejo, de cuentas y de telas para atraerla fuera. Ese gesto, un árbol perenne convertido en soporte de ofrendas, es el que sigue vivo hoy.
El sakaki aparece en tres situaciones:
- El tamagushi, la rama con tiras de papel plegado en zigzag que el oficiante o el asistente deposita en el altar.
- El kamidana doméstico, donde dos ramas frescas se cambian con regularidad.
- Las delimitaciones de espacio sagrado, en las que ramas o árboles enteros marcan el recinto de una ceremonia al aire libre, por ejemplo la que se celebra antes de empezar a construir en un solar.
El propio carácter con el que se escribe, 榊, es una invención japonesa que junta los signos de árbol y de divinidad. No existe en chino: se creó para esta planta y para esta función.
Fuera del uso ritual, su empleo más corriente es el seto perenne de sombra.
Suelo ácido, sombra y humedad
Sus exigencias son las de una planta de sotobosque de clima templado húmedo, y se parecen mucho a las de la camelia, que es su pariente próxima.
Suelo ácido, esponjoso y rico en materia orgánica. Es el requisito que decide todo lo demás: en terreno calizo amarillea y se queda parado. Un acolchado de pinocha o de corteza y un aporte regular de compost mantienen la acidez y la humedad a la vez.
Sombra parcial. Tolera el sol si tiene la raíz fresca, pero prefiere la luz filtrada, y la forma abigarrada agradece protección del sol de tarde. En sombra densa crece, aunque se hace ralo y florece poco.
Humedad constante y aire sin resecar. No soporta la sequía prolongada ni el viento seco y frío del invierno continental, que le quema la hoja por deshidratación. Riego regular sin encharcar, y drenaje bueno, porque su raíz es fina y ramificada.
Es de crecimiento lento, lo que en un seto es una ventaja: no obliga a recortar cada dos por tres. La poda, cuando toca, se hace en primavera, después del frío y antes de que empuje el brote nuevo, cortando justo por encima de una yema.
En España, dónde puede funcionar
La regla es la misma que para camelias y rododendros. La cornisa cantábrica, Galicia y en general la España atlántica, con suelos ácidos, lluvia repartida y veranos suaves, le van bien. En el interior peninsular, con suelo calizo, agua de riego dura, sequía estival y heladas secas, no es una planta razonable en pleno suelo: acaba clorótica y con la hoja quemada.
La alternativa en esas zonas es la maceta grande con sustrato para plantas acidófilas, en un patio resguardado y a media sombra, regando con agua de lluvia si el agua corriente es muy caliza. Como planta de interior permanente no funciona bien: necesita el descanso fresco del invierno y una humedad ambiental que una casa con calefacción no da.
Se multiplica por esqueje de punta tomado a final de invierno o principios de primavera, en mezcla ligera y con ambiente húmedo. Enraíza sin dificultad, aunque, como todo en esta planta, sin prisa.
Nada de propiedades
La ficha original de la que procede este artículo atribuía al sakaki beneficios de belleza y de cuidado del cabello. No hay nada de eso aquí, por dos razones. Una, que ese tipo de afirmación en la Unión Europea está regulada por el Reglamento (CE) 1924/2006: solo son válidas las declaraciones de propiedades saludables autorizadas por la Comisión, y para esta planta no existe ninguna. Y dos, que el papel del sakaki es cultural y ornamental, no alimentario ni sanitario. Su madera se ha usado para objetos pequeños y sus frutos los comen los pájaros, y ahí acaba la lista.
En resumen
El sakaki es Cleyera japonica, un arbusto perenne asiático de la familia de las pentafilacáceas cuyas ramas son la ofrenda vegetal del sintoísmo: el tamagushi del altar y las dos ramas del kamidana doméstico. Se reconoce por la hoja entera y lustrosa dispuesta en dos filas, por la yema terminal curvada como una hoz y por sus flores blanco crema colgantes de principios de verano, seguidas de bayas que acaban negras y que no son comestibles.
Con su nombre se venden otras dos plantas, el hisakaki (Eurya japonica, de hoja aserrada) y Ternstroemia gymnanthera, así que la etiqueta no basta y hay que mirar la hoja. En cultivo pide suelo ácido, media sombra y humedad constante, lo que en España lo limita en la práctica a la franja atlántica o a maceta con sustrato acidófilo. Crece despacio, hace un seto perenne excelente y no tiene ningún uso medicinal ni cosmético que contar.