Una colonia de pulgón casi nunca está sola. A su alrededor hay un tráfico constante de hormigas que suben y bajan por el tallo, y dentro de cada pulgón viven bacterias sin las cuales el insecto no podría alimentarse ni defenderse. Esas dos alianzas, la de fuera y la de dentro, explican bastantes cosas que desconciertan al jardinero: por qué una colonia vigilada no se reduce sola, por qué a veces las mariquitas no aparecen y por qué un mismo tratamiento funciona en un rosal y no en el de al lado.
El comportamiento del insecto, sus especies y el ciclo reproductivo que provoca las explosiones de primavera están contados en el artículo general sobre el pulgón. Aquí interesa lo otro: la red de organismos que lo sostiene y lo que se puede hacer con ella.
Comida a cambio de guardaespaldas
La relación entre hormiga y pulgón se llama trofobiosis, y es un intercambio con precio fijado por las dos partes. El pulgón bebe savia elaborada, riquísima en azúcares y muy pobre en aminoácidos, de modo que filtra un volumen enorme y expulsa el sobrante azucarado por el ano en forma de gotitas. La hormiga vive de hidratos de carbono y ha convertido ese residuo en su fuente principal de energía.
Lo que hace que la relación sea algo más que un aprovechamiento oportunista es que el pulgón modifica su conducta cuando hay hormigas encima. Un pulgón atendido no dispara la gota al vacío: la retiene en el extremo del abdomen y espera a que la obrera la recoja, lo que se dispara con el golpeteo de las antenas de la hormiga sobre su dorso. Un pulgón sin atender la lanza lejos para que no se pegue a la colonia. La conducta cambia, y con ella la cantidad y la concentración del azúcar que produce.
Quién hace de ganadera en un jardín español
No todas las hormigas se dedican a esto con la misma intensidad. En el interior peninsular la protagonista es Lasius niger, la hormiga negra de jardín, que atiende colonias de Aphis fabae en habas y adelfilla y monta caminos permanentes por troncos y tutores. Crematogaster scutellaris, de abdomen acorazonado y hábitos arborícolas, hace lo propio en encinas, pinos y frutales. En prados y céspedes viejos, Lasius flavus mantiene bajo tierra pulgones de raíz que nunca llegan a verse.
El caso serio del litoral mediterráneo es Linepithema humile, la hormiga argentina, una especie invasora que forma supercolonias sin fronteras entre nidos. Donde se instala desplaza a las hormigas nativas, patrulla la copa de los cítricos día y noche y sostiene poblaciones de pulgón y de cochinilla muy por encima de lo que habría sin ella. En parcelas con hormiga argentina el control biológico deja de funcionar como cabría esperar, y ese es un dato de campo bien documentado en la citricultura valenciana y andaluza.
Lo que la hormiga le hace a la colonia
La atención no se reduce a defenderla. Las obreras limpian: retiran la melaza acumulada y los individuos muertos, lo que reduce el desarrollo de negrilla y el riesgo de que la colonia se ahogue en su propio azúcar. Transportan pulgones de un brote agotado a otro tierno, y en algunas especies llevan a las fundadoras al nido para pasar el invierno. Se ha descrito también que la presencia de hormigas retrasa la aparición de formas aladas y que las obreras llegan a mutilar las alas de los alados ya formados, con lo que la colonia se queda quieta donde a la hormiga le conviene.
El resultado práctico es que una colonia atendida crece más rápido, se mantiene más tiempo en el mismo brote y sobrevive al invierno con más facilidad que una desatendida. No es una impresión: es la diferencia que se ve entre dos rosales del mismo arriate cuando uno tiene camino de hormigas y el otro no.
Por qué no llegan tus aliados
La parte cara de la trofobiosis la pagan los depredadores. Las obreras muerden y arrojan al suelo a las larvas de mariquita, hostigan a las hembras de sírfido que intentan poner el huevo junto a la colonia y molestan a las avispillas parasitoides mientras buscan hospedador. Varias especies de Aphidius reducen su tasa de parasitación en colonias vigiladas, sencillamente porque no las dejan trabajar el tiempo suficiente.
De ahí sale una consecuencia contraintuitiva: en un jardín con hormiga establecida, soltar o atraer auxiliares sin ocuparse antes del camino de hormigas rinde poco. El orden importa. Primero se corta el acceso, después se espera al auxiliar.
Las bacterias que lleva dentro
El segundo aliado es invisible. Todos los pulgones albergan en unas células especializadas del abdomen a Buchnera aphidicola, una bacteria heredada de madre a hija desde hace más de cien millones de años, que fabrica los aminoácidos esenciales que la savia no aporta. Sin ella el pulgón no crece ni se reproduce, y esa dependencia es tan estrecha que la bacteria ha perdido buena parte de su genoma.
Junto a esa hay otras bacterias facultativas, que unos clones llevan y otros no, y que cambian por completo el comportamiento de la población frente a sus enemigos. Hamiltonella defensa confiere protección frente a las avispillas parasitoides: la larva de la avispa muere dentro del hospedador y la momia no llega a formarse. Regiella insecticola se asocia a mayor resistencia frente a hongos entomopatógenos. Serratia symbiotica mejora la tolerancia a los golpes de calor.
Esto explica algo que se atribuye a la mala suerte. Dos colonias de la misma especie, en la misma parcela, pueden responder de forma muy distinta al control biológico según qué simbiontes lleve el clon que ha colonizado cada planta. No es un factor manejable, pero conviene saber que existe antes de concluir que los auxiliares no sirven.
El hongo que a veces cierra el episodio
Con humedad relativa alta y temperaturas suaves, las poblaciones de pulgón pueden colapsar en pocos días por una epizootia de hongos entomoftorales, sobre todo Pandora neoaphidis. Los cadáveres quedan pegados a la hoja, hinchados, de color pardo o rosado apagado y con un halo de esporas alrededor.
Merece la pena distinguirlos de las momias de parasitoide, porque ambos indican lo mismo: que no hay que tratar. La momia de Aphidius es rígida, abombada, de color caramelo o dorado, y a menudo tiene un agujero circular limpio por donde salió la avispa. El pulgón micosado es más oscuro, mate y polvoriento, y suele aparecer en grupo tras unos días de niebla o de lluvia fina. Cualquiera de las dos señales aconseja retirar el pulverizador.
Qué se hace con todo esto
La palanca real es la hormiga, porque es lo único de esta red que se puede intervenir sin efectos colaterales sobre la fauna útil. En árbol y arbusto de pie alto, una banda de cola entomológica interrumpe el camino, siempre aplicada sobre una cinta o una tira de plástico que rodee el tronco y nunca directamente sobre la corteza, que se resiente. La banda solo funciona si se eliminan los puentes: hierba alta que toque las ramas bajas, tutores, cables de riego, ramas que se apoyen en un muro o en la tapia del vecino. Un solo puente anula el trabajo.
En planta de porte bajo y en maceta, donde la banda no cabe, el recurso es actuar sobre el nido y sobre la ruta, revisar el pie de la planta y el plato inferior, y evitar el sustrato permanentemente seco de los tiestos grandes, que las hormigas usan como nidal. En España, los productos contra hormigas y contra pulgón que puede emplear un particular son solo los autorizados con la mención de uso reservado a jardinería exterior doméstica; los cebos en portacebos cerrados son la presentación menos agresiva para el resto de invertebrados del jardín. Los preparados caseros no están exentos de dañar la planta, al aplicador y a los auxiliares, y algunos remedios de circulación popular ni siquiera son legales.
Lo demás es no estorbar. Setos y bordes con flor pequeña y abierta para que sírfidos y crisopas tengan de qué vivir, contención con el nitrógeno, y paciencia cuando aparecen momias o cadáveres micosados. Si te interesa el caso concreto de los morfos rosados y su confusión con la araña roja, está tratado aparte en el artículo sobre el pulgón rojo.
En resumen
El pulgón sobrevive gracias a dos alianzas. Fuera, las hormigas cambian su conducta, lo limpian, lo transportan, retrasan su dispersión y expulsan a los depredadores que iban a resolver el problema; Lasius niger en el interior y Linepithema humile en el litoral son las que más pesan. Dentro, Buchnera aphidicola le fabrica los aminoácidos que la savia no tiene, y bacterias facultativas como Hamiltonella defensa o Regiella insecticola lo blindan frente a avispillas y hongos, lo que explica que dos colonias vecinas respondan distinto. Como el simbionte interno no se maneja, la intervención útil es la externa: cortar el camino de las hormigas con banda sobre cinta y eliminar todos los puentes, dejar sitio a la fauna auxiliar y no pulverizar cuando ya se ven momias doradas o pulgones micosados, que son la señal de que el control ya está en marcha.