Si en tu césped aparecen en junio unas espigas cortas de flores violetas que sobreviven al cortacésped una siega tras otra, lo más probable es que sea Prunella vulgaris, la consuelda menor o brunela. Es una labiada nativa de la Península, común en prados de siega, céspedes, claros de bosque, cunetas y bordes de camino, y tiene la particularidad que explica todo lo demás: está construida para aguantar que la corten.

La ficha anterior de esta página la presentaba como hierba curalotodo y le atribuía usos contra la enfermedad de Crohn, el VIH, la diarrea o las hemorragias internas. Eso se ha retirado entero. En la Unión Europea las declaraciones de propiedades saludables están reguladas por el Reglamento (CE) 1924/2006 y las autoriza la Comisión, no un artículo de internet, y para esta planta no hay ninguna. Que un nombre popular diga curalotodo o hierba de las heridas describe una tradición, no un efecto comprobado, y ante cualquier problema de salud quien decide es el médico.

Cómo reconocerla

Es una planta pequeña y perenne, de tallo cuadrado en sección, como todas las labiadas, a menudo teñido de rojizo, con las hojas opuestas, enteras o apenas dentadas, ovaladas a lanceoladas y con peciolo corto. Rara vez pasa de un palmo o dos de altura, y en terrenos segados se queda en mucho menos.

Lo que la delata es la inflorescencia: una espiga terminal densa y corta, casi cuadrada de perfil, formada por brácteas anchas y peludas de color verde con el borde pardo rojizo. Entre esas brácteas asoman las flores en pisos, por grupos de seis, en dos verticilos de tres. La corola es violeta, bilabiada, con el labio superior en forma de capucha, cubierto de un vello blanquecino, y el labio inferior desplegado hacia abajo con el lóbulo central flecado.

Mata de Prunella vulgaris en flor con espigas violetas

La espiga corta y densa, con brácteas pardo rojizas, es la señal de identificación más segura.

Cuando la espiga termina de florecer no desaparece: se queda de pie, seca y parda, sujetando los frutos, y es reconocible durante meses. En invierno, un prado lleno de espiguillas oscuras y rígidas a ras de suelo suele ser un prado lleno de prunella.

Por qué sobrevive a la siega

Aquí está lo interesante de esta planta, y es la misma estrategia de la margarita común del césped. Tres rasgos la hacen prácticamente inmune al cortacésped.

El primero es el porte. Los tallos no crecen erguidos desde el principio: se extienden tumbados sobre el suelo y solo levantan la punta. Las hojas quedan pegadas al terreno, por debajo de la altura de corte de cualquier máquina, así que la siega se lleva poca cosa.

El segundo es el enraizamiento. Esos tallos tumbados echan raíces en los nudos allí donde tocan tierra. Cada trozo que arraiga es una planta nueva independiente, y así una mata se convierte en una mancha de varios palmos sin depender de la semilla. Es la razón por la que arrancarla a tirones deja siempre pedazos vivos.

El tercero es la altura de floración. En un prado sin segar levanta la espiga a la altura de la hierba; en un césped segado a menudo florece a dos dedos del suelo, con el pedúnculo acortado. La planta ajusta la altura a la que la cortan y consigue igualmente dejar semilla.

Sumado, el resultado es una vivaz que gana terreno precisamente donde el césped lo pierde: zonas pisadas, algo compactadas, más bien frescas y con el abonado nitrogenado justo. Si te sobra en el césped, lo que hay que corregir es eso, porque el arrancado manual solo funciona en manchas pequeñas y con la planta entera, nudos incluidos.

La flor y los abejorros

La flor de la prunella es un ejemplo de manual de flor labiada: el labio inferior actúa de pista de aterrizaje, el superior forma una capucha que protege estambres y estilo, y el néctar queda al fondo del tubo. Quien entra al fondo se lleva el polen en el lomo y lo deja en la siguiente flor.

Detalle de una espiga de prunela con flores violetas abiertas

El labio superior en capucha, con vello blanco, y el inferior flecado: la flor bilabiada típica de las labiadas.

La visitan sobre todo abejas y abejorros, y en verano es una de las fuentes de néctar más constantes en prados y céspedes, precisamente porque florece durante semanas y en oleadas. Ésa es una buena razón para dejarla en una esquina del jardín en vez de perseguirla: en un prado florido aporta color bajo y alimento para polinizadores sin necesidad de riego extra.

Si la quieres cultivar

No tiene ninguna dificultad, que es justo el problema cuando se planta donde no toca. Prefiere sol o sombra ligera, suelos frescos y no le importa el tipo de tierra. Aguanta pisoteo y encharcamientos cortos, y en verano seco se agosta y rebrota con las lluvias.

Prunella vulgaris creciendo entre gramíneas de un prado

Entre las gramíneas de un prado se ve su estrategia: hojas abajo y solo la espiga levantada.

Se multiplica por semilla, sembrada en superficie o apenas cubierta a finales de otoño o a principios de primavera, y por división de mata, que es más rápido y da planta hecha. Como se extiende por tallos que enraízan, en un arriate mixto acaba metiéndose entre las vecinas: si la plantas, conviene reservarle un borde, una zona de pradera o el pie de un seto en vez de un macizo cuidado. Cortar las espigas al terminar la floración reduce mucho la resiembra.

En la Península hay más especies del género que se venden o aparecen silvestres, entre ellas Prunella grandiflora, de flores bastante mayores y muy usada como ornamental de rocalla, y Prunella laciniata, de flor blanca o crema y hojas más divididas. Se cultivan igual.

Consuelda menor no es consuelda mayor

Este es el punto donde conviene ser explícito, porque el parecido de los nombres lleva a error. La prunella se llama en castellano consuelda menor, brunela o hierba de las heridas. La consuelda mayor es otra planta completamente distinta, Symphytum officinale, de la familia de las boragináceas, con hojas grandes y ásperas y flores acampanadas colgantes. Tienes su ficha en la consuelda (Symphytum officinale).

La diferencia importa por algo más que la botánica: el Symphytum contiene alcaloides pirrolizidínicos, motivo por el que su consumo interno está desaconsejado. Confundir una con otra a partir de un nombre popular es exactamente el tipo de error que hay que evitar con las plantas. Si vas a identificar cualquiera de las dos, hazlo por los caracteres de la planta y por el binomio, no por el nombre común.

Sobre el uso alimentario de la prunella, lo que puede decirse es corto: hay tradición de comer las hojas tiernas cocinadas como verdura de recolección en varias zonas, con un sabor amargo que se acentúa en las hojas viejas. No es un uso extendido en España y no lo recomendamos sin identificación segura, que es la regla para cualquier planta silvestre.

En resumen

La prunella o consuelda menor es Prunella vulgaris, una labiada perenne nativa que vive en prados, céspedes y cunetas de casi toda la Península. Se reconoce por la espiga corta y densa con brácteas pardo rojizas y por las flores violetas bilabiadas con el labio superior en capucha, y se mantiene reconocible en invierno por la espiga seca.

Su éxito se explica por su forma de crecer: tallos tumbados que enraízan en los nudos, hojas por debajo de la altura de corte y flores que se abren a la altura que le deje el cortacésped. Eso la convierte en mala hierba de césped y en buena planta de prado florido, según lo que busques. De las propiedades medicinales que esta página le atribuía no queda ninguna, y no por descuido: no hay declaraciones de salud autorizadas para ella en la Unión Europea.


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