La mosquera es Dittrichia viscosa, y casi seguro la conoces aunque no sepas su nombre: es la mata de flores amarillas que se apodera de las cunetas, los taludes de carretera y los solares abandonados de media España en otoño, justo cuando el resto del paisaje mediterráneo está agostado. Si le rozas una hoja se te queda la mano pegajosa y con un olor resinoso fuerte que tarda en irse.
Ese pegamento es el motivo de su nombre popular. Los pelos glandulares del tallo y de la hoja segregan una resina a la que se quedan adheridos los insectos pequeños, y de ahí que también se la llame matamoscas o hierba mosquera. Ese mismo contacto puede provocar dermatitis en personas sensibles, así que si vas a arrancarla o a desbrozar donde abunda, guantes y manga larga. No es una planta comestible ni se usa en cocina.
Capítulos de Dittrichia viscosa. Las lígulas amarillas son estrechas y algo desordenadas, y todo el tallo está cubierto de pelos glandulares.
Cómo reconocerla
Es una mata leñosa por la base y herbácea por arriba, que rebrota cada año desde la cepa. No suele pasar de la altura de la cintura, aunque en cuneta profunda y con agua puede acercarse al metro y medio.
Las hojas salen alternas a lo largo del tallo, son lanceoladas, sin peciolo y abrazan un poco el tallo por la base. Tienen el borde algo dentado, un verde grisáceo apagado y esa viscosidad que la delata al tacto. El olor, al frotarlas, es intenso y balsámico, entre resina y alcanfor.
La floración es lo más característico. Los capítulos amarillos, de tamaño modesto, se agrupan en racimos largos en la punta de los tallos, y aparecen a finales de verano y en otoño, cuando prácticamente nada más florece en la cuneta mediterránea. Después vienen frutos pequeños coronados de vilano, que el viento reparte a distancia. Ese calendario invertido es la mejor pista de identificación: una mata amarilla y pegajosa en octubre, en el borde de una carretera, es olivarda casi con seguridad.
Dónde vive
Es una planta nativa de la cuenca mediterránea, presente de forma natural en la Península, en Baleares y en Canarias, además de en el norte de África y en Asia occidental. Al ser autóctona no figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras (Real Decreto 630/2013), que recoge especies introducidas. Fuera de su área sí se comporta como invasora, y en países como Australia se la trata como maleza declarada.
Su hábitat es el terreno removido: bordes de carretera, terraplenes, escombreras, campos abandonados, cortafuegos, cauces secos. Es una pionera de manual, capaz de instalarse en suelos pobres, compactados y con muy poca materia orgánica, y aguanta la sequía de verano gracias a un sistema radicular que llega hondo. Precisamente por eso se ha estudiado su uso en la revegetación de suelos degradados y en la fijación de taludes, aunque conviene tomarlo como una línea de trabajo y no como una recomendación cerrada.
Olivarda, mosquera, altabaca: un nombre por comarca
Pocas plantas tienen tantos nombres locales. Olivarda es el más extendido, y alude al parecido de la hoja con la del olivo. Altabaca se oye sobre todo en el sur y en Levante. Mosquera, matamoscas y hierba mosquera vienen del uso doméstico antiguo: se cortaban ramas y se colgaban o se dejaban en un recipiente para que los insectos quedaran atrapados en la resina. Es una trampa física, sin ningún producto, y esa es toda su explicación.
Hay además una confusión de la que conviene avisar. El epíteto viscosa lo comparte con Dodonaea viscosa, el granadillo, un arbusto ornamental de origen tropical y subtropical que no es pariente suyo ni se le parece. Coinciden en el nombre científico de la especie y en poco más. Y en el propio género hay otra especie parecida, Dittrichia graveolens, anual, más fina, también pegajosa y muy dada a extenderse por los márgenes de autovías.
Detalle del capítulo y del tallo. Los pelos glandulares que lo cubren todo son los responsables de la viscosidad y del olor.
Su papel en el olivar
Esta es la parte que hace que la olivarda interese a mucha más gente que el resto de las plantas de cuneta. En el olivar mediterráneo se ha observado que las matas de Dittrichia viscosa del entorno albergan insectos auxiliares, entre ellos parasitoides que también atacan a la mosca del olivo. De ahí que en manejo integrado se recomiende a menudo conservar los rodales de olivarda de linderos y ribazos en lugar de desbrozarlos a conciencia.
Dicho esto, conviene ser honesto con el alcance de esa afirmación. La relación está descrita en la literatura de olivicultura mediterránea, pero el detalle de qué especies concretas intervienen y cuánto se traduce eso en menos daño en la aceituna es algo que depende mucho de la finca, y no es un dato que podamos confirmar aquí con una referencia cerrada. Tómalo como un motivo razonable para no arrasar los márgenes, no como un método de control con resultado garantizado.
Lo que sí es sólido, y vale para cualquier cultivo, es el marco. En España el uso de productos fitosanitarios se rige por el Real Decreto 1311/2012, que establece la gestión integrada de plagas: primero prevención, medios físicos y biológicos, y el producto químico como último recurso. El uso profesional exige carné de aplicador, el doméstico se limita a productos autorizados para jardinería exterior doméstica que se consultan en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio, y la dosis válida es la de la etiqueta del envase. Nunca se trata en floración ni en horas de vuelo de las abejas.
No la confundas con la coniza
En la misma cuneta y en la misma época crece otra compuesta muy común, la coniza (Erigeron bonariensis, antes Conyza bonariensis), esta sí de origen americano y muy extendida como mala hierba. Se distingue bien: es una hierba anual de porte estirado, con capítulos pequeños, verdosos y sin lígulas amarillas vistosas, y no tiene nada de pegajosa.
Esta no es la olivarda: es Erigeron bonariensis, la coniza, otra compuesta de cuneta con capítulos verdosos y sin lígulas amarillas.
Si la tienes donde no la quieres
Rebrota de cepa, así que segarla a ras solo la hace más densa. Para retirarla de un terreno pequeño, lo eficaz es arrancarla con raíz cuando el suelo está húmedo, antes de que el vilano se disperse en otoño. Guantes puestos.
A escala mayor, lo que la mantiene a raya es tapar el hueco: la olivarda entra donde hay suelo desnudo y removido. Una cubierta vegetal establecida le deja mucho menos sitio que un desbroce repetido.
Una nota sobre usos tradicionales
La olivarda aparece en la etnobotánica mediterránea con usos tradicionales variados, desde la trampa para moscas hasta aplicaciones caseras sobre la piel. Eso se cuenta como tradición y nada más: no existen declaraciones de propiedades saludables autorizadas en la Unión Europea para esta planta. Las que existen figuran en el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión Europea tras evaluación, no un artículo de internet. Ningún uso tradicional sustituye a un tratamiento ni a una consulta médica, y en una planta que ya se sabe irritante al contacto, menos aún.
En resumen
La mosquera u olivarda (Dittrichia viscosa) es una mata autóctona del Mediterráneo, pionera de suelos removidos, que se reconoce por tres cosas: hoja pegajosa de olor resinoso, capítulos amarillos y floración en otoño, cuando la cuneta ya no da más de sí. Su nombre viene de que los insectos se quedan adheridos a su resina.
No es una maleza que haya que eliminar por sistema. Fija taludes, florece fuera de temporada y en el olivar se la valora como refugio de fauna auxiliar, aunque ese punto conviene manejarlo con prudencia. Si te toca quitarla, arráncala con raíz antes de que suelte la semilla y protégete las manos, porque el contacto con sus pelos glandulares irrita.