En un jardín español hay al menos media docena de bichos blancos, alados o cubiertos de cera, que reciben el mismo nombre en la conversación de mostrador. Solo algunos son aleuródidos. Los demás son psílidos, flátidos, cochinillas o mosquitos de sustrato, y cada uno responde a un manejo distinto, así que la identificación no es un lujo académico: decide si hay que hacer algo, cuándo y con qué.
El insecto verdadero, su ciclo, los virus que transmite y cómo se controla están tratados en el artículo dedicado a la mosca blanca. Aquí va la otra mitad del asunto: cómo se separa de todo lo que se le parece.
Aleuródidos que sí lo son y casi no se nombran
Antes de descartar, conviene ampliar la lista. En coles, brócoli, coliflor y berza aparece Aleyrodes proletella, la mosca blanca de la col, con dos manchas grisáceas en cada ala anterior que se ven con lupa y una tolerancia al frío que le permite pasar el invierno activa sobre las crucíferas del huerto y sobre las silvestres del ribazo. Es la razón de que en enero haya moscas blancas en un bancal de coles cuando en el resto del huerto no hay ninguna.
En Canarias y en algunos puntos del litoral está Aleurodicus dispersus, la mosca blanca espiral, que deposita los huevos describiendo espirales de cera sobre el envés. Esa figura, un caracol blanco perfectamente dibujado, es diagnóstica: ninguna otra especie la hace.
Metcalfa, la que salta
Metcalfa pruinosa es un flátido americano que entró en Europa a finales de los años setenta y hoy está repartido por buena parte de la Península. Sus ninfas se cubren de filamentos céreos blancos y se colocan en hilera bajo las ramas de arbustos y trepadoras, de manera que a distancia parecen borra de algodón o un ataque masivo de cochinilla.
Se separa fácil de un aleuródido por dos rasgos. El primero es el tamaño: el adulto mide unos 7 u 8 milímetros, es gris azulado con una pruina clara y resulta enorme comparado con el milímetro y medio de una mosca blanca. El segundo es el comportamiento: al acercar la mano, la ninfa salta con fuerza y desaparece, mientras que la ninfa de mosca blanca está fijada al envés y no se mueve por nada. Produce mucha melaza y ensucia coches, mesas y suelos bajo el arbolado urbano, pero rara vez compromete a la planta. En varias zonas se ha establecido su parasitoide Neodryinus typhlocybae, introducido para contenerla.
Los psílidos: borra blanca sobre brotes
En olivo, el algodoncillo Euphyllura olivina llena las inflorescencias de primavera de una masa blanca y algodonosa que hace pensar en una plaga gravísima. Dentro están las ninfas del psílido, y salvo en ataques muy fuertes sobre árboles jóvenes o en primaveras secas, el olivo cuaja igual.
En laurel, Trioza alacris provoca que el borde de la hoja se enrolle hacia el envés y se engruese, formando una vaina amarillenta o rojiza; al abrirla aparecen las ninfas rodeadas de cera blanca. Ahí no sirve de nada pulverizar: la colonia está dentro del pliegue, y lo que funciona es cortar y retirar las hojas afectadas.
La diferencia general con la mosca blanca es que los psílidos adultos saltan, tienen antenas largas y visibles y no llevan el cuerpo espolvoreado de cera blanca uniforme, sino que son verdosos, pardos o casi negros.
Cochinillas: blancas, sí; voladoras, casi no
Planococcus citri, la cochinilla algodonosa, forma masas cerosas en axilas, envés y frutos, y comparte con la mosca blanca la melaza y la negrilla. Se distingue porque no vuela y porque, al aplastarla, deja una mancha rojiza o anaranjada. Hay un detalle que despista: los machos adultos de estas cochinillas sí vuelan, son diminutos, blanquecinos y de aspecto de mosquito con dos filamentos caudales largos. Verlos revolotear en una planta de interior en invierno confunde, pero indica cochinilla, no aleuródido.
Icerya purchasi, la cochinilla acanalada, es inconfundible una vez vista: la hembra arrastra un ovisaco blanco estriado, alargado, mucho mayor que su cuerpo. Y en manzano, Eriosoma lanigerum cubre heridas de poda y el cuello del árbol de una borra blanca que no tiene nada que ver con la mosca blanca, porque debajo hay pulgones.
Lo que sale del sustrato al regar
En plantas de interior, la escena habitual es esta: se riega la maceta y se levanta una nube de insectos pequeños que revolotea alrededor. Casi siempre son esciáridos, mosquitos del sustrato de los géneros Bradysia o Lycoriella. Son oscuros, no blancos, con patas largas y vuelo torpe, y lo importante es de dónde salen: del sustrato, no del envés de la hoja.
Sus larvas viven en los primeros centímetros de tierra alimentándose de materia orgánica en descomposición y, cuando abundan, de raicillas. El manejo no tiene nada en común con el de un aleuródido: se basa en dejar secar la capa superficial entre riegos, retirar el exceso de materia orgánica sin descomponer, y en casos serios recurrir a nematodos entomopatógenos o a Bacillus thuringiensis subsp. israelensis aplicados en el riego. Pulverizar la hoja no cambia nada.
Tres preguntas que resuelven la duda
¿De dónde despega? Si al mover la planta el vuelo sale del envés de las hojas y los insectos vuelven a posarse allí en unos segundos, es mosca blanca. Si sale del sustrato, es esciárido. Si el bicho salta en lugar de volar, es flátido o psílido.
¿Qué hay debajo de la hoja cuando no vuela nada? Escamas ovaladas, translúcidas o blanquecinas, pegadas al envés y perfectamente inmóviles, son ninfas de aleuródido. Bultos algodonosos que se desprenden con una uña y dejan un insecto con patas debajo son cochinillas.
¿Cuánto mide? Un milímetro y medio o dos, con las alas cubiertas de un polvo blanco céreo, es mosca blanca. Cinco milímetros o más, aunque sea blanco, es otra cosa.
Por qué cambia lo que hay que hacer
El manejo diverge en cuanto se sale del aleuródido. Contra el psílido del laurel, la poda de las hojas enrolladas resuelve y el pulverizador no llega. Contra Metcalfa, lo que molesta es la melaza y suele bastar con lavar, sin tratamiento insecticida. Contra el mosquito del sustrato, la intervención es en la maceta y en el riego. Contra la cochinilla con escudo o con manto ceroso grueso, un producto de contacto resbala y hace falta otra estrategia. Aplicar el mismo tratamiento a todos los casos garantiza fallar en la mayoría y, de paso, eliminar a los parasitoides que estaban trabajando.
Cuando la identificación confirme que hay que intervenir, en España la jardinería particular solo puede emplear productos autorizados con la mención de uso reservado a jardinería exterior doméstica en la etiqueta, y respetar el plazo de seguridad en lo que se vaya a comer. Los preparados improvisados en casa no son inocuos por ser caseros: queman hojas, afectan a quien los aplica sin protección y eliminan fauna auxiliar exactamente igual que un producto registrado.
En resumen
No todo lo blanco que revolotea es un aleuródido. Aleyrodes proletella en coles y Aleurodicus dispersus en Canarias sí lo son, y conviene tenerlos en la lista. Metcalfa pruinosa salta y mide cuatro veces más; los psílidos Euphyllura olivina y Trioza alacris dejan borra blanca en inflorescencias y en bordes de hoja enrollados; las cochinillas no vuelan, salvo sus machos, que parecen mosquitos blanquecinos; y lo que despega del sustrato al regar es un esciárido que se maneja secando la superficie de la maceta. Tres preguntas bastan casi siempre: de dónde despega, qué hay pegado al envés y cuánto mide. Del acierto en esa identificación depende que la intervención sirva de algo o que solo elimine a los aliados.