En una artesa de 80 × 50 cm caben veinte especies de montaña bien plantadas, se atienden de pie y sin agacharse, y el sustrato es exactamente el que uno decide, sin negociar con la arcilla del terreno. En el clima peninsular, donde lo que mata a las plantas de roca no es el frío sino el verano templado y húmedo del suelo, los formatos pequeños y elevados dan mejores resultados que un montículo grande, y permiten cultivar especies que a nivel de suelo se pierden. La rocalla clásica, con su drenaje profundo, su colocación de piedra y sus listas por orientación, está en mejores plantas para rocallas; aquí van los tres formatos que caben en cualquier patio.
Por qué el recipiente gana en clima mediterráneo
Cuatro ventajas concretas, y ninguna es estética.
Drenaje absoluto. El agua sale por la base y no hay capa freática colgada ni terreno de fondo que la retenga. En una tormenta de octubre, el sustrato queda escurrido en minutos.
Movilidad. Una artesa se puede desplazar a una posición con sombra de tarde en julio y devolver a pleno sol en septiembre. Eso resuelve el punto crítico de las plantas de montaña en el sur: las noches cálidas de verano, en las que la respiración consume más de lo que la planta fabricó durante el día.
Control del agua invernal. Las especies de roseta pelosa mueren por pudrición en invierno mucho más que por congelación. En un recipiente se puede colocar una lámina inclinada por encima durante los meses de lluvia, dejando los laterales abiertos, y el problema desaparece.
Escala. Una planta de cuatro centímetros pasa desapercibida en un talud y es protagonista a 70 cm de altura. Elevar el conjunto sobre pies de piedra o sobre un murete deja el jardín a la altura de la vista.
El recipiente y lo que va dentro
Sirve cualquier recipiente ancho y poco profundo, siempre que cumpla tres condiciones: al menos 18-20 cm de profundidad útil, mejor 25 o 30; paredes que no se degraden con las heladas; y agujeros de drenaje generosos, de 2 a 3 cm de diámetro, uno cada 20 cm de fondo. Los pilones viejos de granito, los abrevaderos de piedra, las jardineras de acero galvanizado y las cajas de hormigón visto funcionan igual de bien. Lo que no sirve es un recipiente de plástico oscuro y hondo: se calienta y retiene.
La mezcla que da mejores resultados aquí es más pobre de lo que parece razonable: alrededor de dos tercios de árido —gravilla de 3 a 6 mm y arena gruesa de río, a partes iguales—, una quinta parte de tierra franca de jardín y el resto de materia orgánica bien madura. Ni turba ni sustrato universal, que retienen agua y se colapsan. Encima, dos centímetros de gravilla del mismo material, metida bajo las rosetas hasta tocar el cuello.
Antes de plantar conviene hincar una o dos piedras planas en vertical, enterradas más de la mitad. No es decoración: bajo la piedra se mantiene un volumen fresco y sombreado al que las raíces se dirigen, y en la cara norte se genera un microclima donde prosperan especies que a pleno sol se abrasan. Levanta el conjunto sobre tacos o pies para que la base no quede sellada contra el suelo.
Hipertufa: fabricar la artesa
La hipertufa imita la toba caliza, pesa una fracción de lo que pesaría la piedra y se hace en un rato. La proporción habitual, en volumen, es una parte de cemento gris, una y media de perlita o vermiculita y una y media de fibra de coco —sustituta razonable de la turba, que conviene evitar por su origen—, con agua hasta obtener una masa que se sostenga al apretarla con la mano.
Se moldea entre dos cajas encajadas, o sobre un molde forrado de plástico, con un espesor de pared de 4 a 5 cm; los agujeros de drenaje se forman colocando tacos de madera antes de rellenar. Se desmoldea a las 48 horas, se cepilla para darle textura y se deja curar tres o cuatro semanas a la sombra, húmeda y cubierta. Antes de plantar hay que lavarla: varios llenados y vaciados a lo largo de dos o tres semanas rebajan la alcalinidad del cemento, que de otro modo perjudica a la mayoría de las especies.
Qué se planta en cuarenta litros
La selección va por tamaño adulto: nada que pase de 15-20 cm de diámetro en cinco años, salvo que se acepte reponer.
Rosetas suculentas, las más agradecidas y las que aguantan el olvido: Sempervivum en sus muchas variedades, Jovibarba heuffelii, Sedum dasyphyllum y Sedum brevifolium, este último ibérico y diminuto.
Cojines de montaña mediterránea, que es el grupo que mejor se comporta en España: Dianthus subacaulis y Dianthus brachyanthus, de flor rosa sobre almohadillas apretadas; Hormathophylla spinosa, espinosa y plateada; Thymus membranaceus, con brácteas blancas muy vistosas; Teucrium polium; Globularia repens, que forma esteras leñosas con capítulos azules.
Saxífragas de roca caliza, de la sección de hojas encaladas: Saxifraga callosa y Saxifraga cochlearis, que soportan el sol de mañana y piden sombra de tarde, y desarrollan panículas colgantes en mayo.
Crucíferas y afines de floración temprana: Draba hispanica, Aethionema saxatile, Erysimum de porte enano.
Bulbos minúsculos, que ocupan el invierno y desaparecen en verano: Narcissus rupicola, Narcissus asturiensis, Muscari parviflorum, Crocus de especie.
Un aviso importante: buena parte de estas plantas son endemismos ibéricos, varios de ellos con protección legal en su comunidad autónoma, y recolectar ejemplares o semillas en el campo puede constituir una infracción además de dañar poblaciones pequeñas. Se compran en viveros especializados, que trabajan con material propagado, o se obtienen por intercambio de semilla entre aficionados.
El muro de piedra seca como rocalla vertical
Un muro sin mortero es, botánicamente, un acantilado en miniatura, y resuelve desniveles que de otro modo exigirían obra. La construcción tiene sus reglas: talud hacia el terreno de un 10 a un 15 % —el muro se inclina hacia atrás, no es vertical—, piedras colocadas con la mayor dimensión hacia el interior, un tizón que atraviese todo el espesor cada metro cuadrado de paramento, trasdós relleno de grava para que drene y juntas rellenas con la misma mezcla mineral del recipiente.
Lo ideal es plantar mientras se levanta: se coloca la hilada, se extiende la raíz desnuda de la planta hacia el interior, se rellena y se asienta la piedra siguiente. En un muro ya construido se puede introducir planta joven de alvéolo en las juntas, con ayuda de un destornillador, en octubre o noviembre, y regar con constancia el primer año.
Repertorio para juntas, por exposición. En solana: Sedum album, Sedum sediforme, Antirrhinum sempervirens, Chaenorhinum origanifolium, Erinus alpinus en zonas frescas, Petrorhagia saxifraga. En umbría o cara norte: Umbilicus rupestris, el ombligo de Venus, autóctono, que brota con las lluvias de otoño y se seca en verano; Cymbalaria muralis, que se siembra sola en las juntas; Sarcocapnos enneaphylla en muros calizos protegidos, una de las plantas rupícolas más elegantes de la flora ibérica.
El mantenimiento de un muro plantado se limita a retirar las leñosas que se instalen —una higuera silvestre en una junta desmonta el muro en pocos años— y a resembrar los huecos.
Riego, verano e invierno
Riego. En recipiente no vale la regla del jardín. En julio, un riego cada tres o cuatro días, abundante hasta que salga agua por los drenajes, y siempre a primera hora o al atardecer. Nunca un chorro diario y ligero, que mantiene la superficie mojada y el fondo seco. En invierno, prácticamente nada.
El verano es el filtro. Lo que elimina a las especies alpinas centroeuropeas en el interior y el sur no es la sequía, que se puede corregir regando, sino la combinación de calor nocturno y humedad en el cuello. De ahí la gravilla en superficie, la sombra de tarde en las zonas cálidas y la preferencia por especies de montaña mediterránea, que están adaptadas a esa misma situación.
Invierno. El frío rara vez es el problema; una artesa de hipertufa resiste heladas fuertes sin daño. Lo que sí conviene es proteger de la lluvia continua a las especies de hoja pelosa o de roseta muy apretada, con una lámina rígida elevada 15-20 cm sobre el recipiente y abierta por los lados, colocada de diciembre a febrero.
Reponer y multiplicar
Un recipiente de rocalla se replanta cada cinco o siete años: se saca todo, se renueva el sustrato y se dividen las matas que hayan crecido de más. Entre medias, se retiran los cojines que se abren por el centro y se sustituyen.
La multiplicación es sencilla en la mayoría de estas plantas. Esqueje de brote joven en julio, en arena pura y a la sombra, con enraizamiento en cuatro a seis semanas para tomillos, Teucrium, Dianthus y saxífragas. Las rosetas de Sempervivum se separan y se plantan directamente. Y la semilla de muchas especies de montaña necesita estratificación en frío: sembrada en otoño y dejada a la intemperie, germina con las oscilaciones del invierno, o bien un mes en nevera a 4 °C dentro de arena húmeda antes de sembrar en febrero.
En resumen
En clima mediterráneo, la rocalla en recipiente elevado bate a la rocalla en el suelo: drena por completo, se puede mover a sombra en julio, se puede tapar de la lluvia invernal y pone las plantas pequeñas a la altura de los ojos.
Recipiente de 20-30 cm de profundidad con agujeros de 2-3 cm, mezcla de dos tercios de árido, una quinta parte de tierra franca y algo de materia orgánica, gravilla en superficie y una piedra hincada que dé sombra a las raíces. La artesa se puede fabricar con hipertufa —cemento, perlita y fibra de coco— y hay que lavarla varias semanas antes de plantar.
Planta cojines de montaña mediterránea, Sempervivum, saxífragas encaladas y bulbos minúsculos, siempre de vivero especializado: muchas de estas especies son endemismos protegidos y no se recolectan.
El muro de piedra seca es la versión vertical: se inclina un 10-15 %, se planta mientras se levanta y admite Umbilicus rupestris y Cymbalaria en la cara norte, sedums y Antirrhinum sempervirens en la sur.
Riego copioso y espaciado en verano, casi nulo en invierno, y protección de la lluvia continua para las hojas pelosas. Renovación del sustrato cada cinco o siete años y multiplicación por esqueje en julio o por semilla estratificada en frío.