El nombre ya es la advertencia. Matacaballos es como se conoce en el noroeste peninsular a la Lobelia urens, una hierba de prado húmedo que el ganado evita y que se considera tóxica en toda la planta. Las lobelias contienen alcaloides, y el látex de ésta es irritante: el epíteto urens significa precisamente "que quema". No se come, no se da a los animales y no se usa como remedio casero. Si alguien la ha ingerido, o si un animal lo ha hecho, hay que acudir al médico o al veterinario, o llamar al Instituto Nacional de Toxicología, llevando un trozo de la planta para que la identifiquen. Nada más: ni remedios ni antídotos de internet.

Y lo segundo, que es casi igual de importante: matacaballos no designa a una sola planta. Es un nombre de aviso, de los que el campo pone a lo que mata ganado, y por eso se ha aplicado a plantas muy distintas en sitios muy distintos. Antes de decidir qué tienes delante conviene saber cuáles son las candidatas, porque una de ellas es bastante más peligrosa que la lobelia y tiene unos frutos que se confunden con las moras.

Cómo es la Lobelia urens

Es una planta herbácea perenne, erecta, normalmente con un solo tallo poco o nada ramificado, que no suele levantar más de medio metro. Las hojas de abajo forman una roseta y son más anchas y algo dentadas; las del tallo van estrechándose a medida que suben. Al partir cualquier parte verde suelta un jugo lechoso.

La flor es lo que la identifica. Va en una espiga alargada y poco poblada en el extremo del tallo, y cada flor es pequeña, de un azul violáceo intenso, con la corola partida en dos labios muy desiguales: tres lóbulos hacia abajo, anchos, y dos hacia arriba, estrechos y como retorcidos. Florece en verano. El fruto es una cápsula seca que se abre por arriba y suelta una semilla diminuta, no una baya. Si una ficha te dice que esta planta da bayas rojas comestibles, está mezclando especies: ese dato circula por la red copiado de un texto a otro y es falso.

Dónde crece en España

Es una especie de ambiente atlántico, ligada a suelos ácidos que se encharcan en invierno: prados juncales, bordes de brezal, claros de bosque húmedo y cunetas herbosas que no se secan del todo. En la Península aparece sobre todo en la mitad occidental y en la franja norte, con Galicia y la cornisa cantábrica como territorio principal, y continúa por Portugal y el oeste de Francia hasta el sur de Inglaterra, donde es rara y está protegida.

No es una planta que vayas a encontrarte en un jardín ni en un parterre. Se la ve andando por el campo, y quien la busca suele hacerlo por una de estas dos razones: porque le ha salido en una finca donde pasta ganado, o porque alguien le ha dicho que la planta que ha visto "es venenosa".

Por qué se llama matacaballos

El nombre, y su variante revientacaballos, recoge la reputación que la planta tiene entre ganaderos. Los herbívoros en general la rechazan por el sabor acre del látex, así que el riesgo real no está en el pasto en verde, donde el animal la esquiva, sino en dos situaciones concretas: cuando entra mezclada y seca en el heno, porque entonces ya no se distingue ni sabe igual, y cuando el prado está tan agotado que el animal come lo que queda.

Con eso en la cabeza, el manejo de una finca donde aparece es sencillo y no necesita química: identificarla, marcar el rodal, no segar ese trozo para heno y arrancarla con guantes antes de que granee, sacándola con la raíz y retirándola, no dejándola tirada donde el ganado pueda picarla. Si alguna vez te plantean un tratamiento fitosanitario para un caso así, ten presente el marco: el Real Decreto 1311/2012 pone la gestión integrada como principio, o sea medios físicos y biológicos antes que el químico, la dosis es la de la etiqueta del envase y los productos de uso doméstico autorizados se consultan en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio. Para un rodal de una hierba localizada, los guantes bastan.

El otro matacaballos: cuidado con el emborrachacabras

En la mitad mediterránea de España, los nombres de esta familia (matacabras, emborrachacabras, roldón) señalan a una planta distinta y bastante más peligrosa: la Coriaria myrtifolia, un arbusto de ramas largas y arqueadas, hojas opuestas de aspecto mirtáceo y frutos que pasan de rojo a un negro brillante.

El problema de la Coriaria es que esos frutos se parecen a las moras y aparecen en los mismos ribazos y bordes de camino en la misma época. Se han descrito intoxicaciones graves en niños que los han comido confiados. Toda la planta es tóxica y no hay ninguna parte aprovechable. Si andas con críos por el monte, esa es la confusión que de verdad hay que enseñarles: las moras salen de una zarza con espinas y en racimillos de granos; los frutos del emborrachacabras salen de un arbusto sin espinas, con las hojas enfrentadas dos a dos y las ramas largas y flexibles. Ante cualquier duda, no se comen, y ante una ingestión, al médico.

Y los matacaballos americanos

El texto del que sale este artículo arrastraba, además, una lista de nombres que no pinta nada aquí: tutiá, ñuatí pitá, espina colorada, guindilla de campo, vila vila. Todos ésos son nombres de plantas sudamericanas, y varios corresponden a una solanácea espinosa de campo abierto que no tiene ningún parentesco con la lobelia. Es el rastro típico de estos textos: se fusilan párrafos de varias fuentes y acaban tres plantas dentro del mismo artículo.

La consecuencia práctica es que si llegas a "matacaballo" desde una web argentina, paraguaya o brasileña, lo más probable es que no estéis hablando de la misma planta. Fíate de la descripción y de la foto, no del nombre.

Las lobelias de jardinería no son ésta

Conviene separar las cosas, porque el género tiene socios muy conocidos en el vivero. La Lobelia erinus es la mata compacta cubierta de flores azules, blancas o rosas que se vende para jardineras y cestas colgantes, y la Lobelia cardinalis es la de espigas rojas para zonas encharcadas. Ninguna se parece de cerca a la Lobelia urens, que es una hierba de aspecto pobre y silvestre.

Lobelia de jardinería en flor, con pétalos blancos y el labio inferior azul

La foto de arriba es justo eso, una lobelia ornamental de las de jardinera, no la matacaballos. La incluyo para que veas la diferencia de porte y de flor. Dicho lo cual, tampoco esas se comen: el género entero contiene alcaloides y conviene mantener las macetas fuera del alcance de perros, gatos y niños que se lo llevan todo a la boca. Si lo que te interesa son las de jardín, tienes su cultivo en cómo es una lobelia y en la ficha de Lobelia erinus.

Sobre sus supuestos usos medicinales

El material original presentaba esta planta como un remedio respiratorio administrado bajo control. Hay que decirlo con todas las letras: no hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas en la Unión Europea para prácticamente ninguna de estas plantas, y las que existen figuran en el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión Europea, no una página web. Aquí no vas a leer ni una indicación, ni una preparación, ni una dosis.

Lo que sí existe es una tradición ajena: la Lobelia inflata, una especie norteamericana distinta de ésta, tuvo un uso extendido en la herboristería del siglo XIX en Estados Unidos, y arrastró un historial de intoxicaciones que es parte de por qué hoy se la mira con recelo. Eso es historia, no una recomendación, y no sustituye a un tratamiento ni a una consulta médica.

En resumen

Matacaballos es, en el noroeste de España, la Lobelia urens: una hierba perenne de prado ácido y húmedo, de flores azules en espiga y látex irritante, tóxica y sin ningún uso doméstico. Si te sale en una finca con ganado, el trabajo consiste en reconocerla, arrancarla con guantes antes de que semille y no meterla en el heno.

Pero el nombre viaja mal. En la España mediterránea, un matacabras o emborrachacabras es la Coriaria myrtifolia, cuyos frutos se confunden con moras y han causado intoxicaciones serias en niños; y en Sudamérica el mismo nombre señala plantas completamente distintas. Con este tipo de nombres, lo que identifica es la planta, no la palabra: mira la flor, la hoja y el fruto, y ante una ingestión, al médico o al veterinario sin perder tiempo.


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