Lirio vudú no es el nombre de una planta, sino una etiqueta comercial que se pone a varias aráceas distintas que tienen en común una cosa: la flor huele a carne podrida. Bajo ese nombre se venden tubérculos de Amorphophallus konjac, de Sauromatum venosum y de Dracunculus vulgaris, que son tres plantas diferentes, de tres géneros diferentes, con cuidados y tamaños distintos. Ninguna de ellas es un lirio, por cierto: los lirios verdaderos son otra familia.
Antes de nada, lo importante para una casa con animales o niños. Todas estas plantas son aráceas y sus tejidos contienen cristales de oxalato cálcico, que irritan la boca, la garganta y el tubo digestivo si se muerden. El tubérculo crudo no es comestible, la savia irrita la piel sensible y conviene manipularlo con guantes. Están citadas como plantas tóxicas para perros y gatos, igual que el resto de las aráceas de interior. Ante una ingestión, al médico o al veterinario, o al Instituto Nacional de Toxicología. Nada de remedios caseros.
Qué planta te venden con ese nombre
Amorphophallus konjac es la más habitual en el comercio español y la que más se ajusta al tópico. Es una arácea del sudeste asiático, con un cormo grande y una inflorescencia que puede superar el metro, de espata granate y espádice oscuro que sobresale por encima. También se vende como lengua de diablo o planta vudú. Su cultivo, que tiene bastante miga porque el cormo debe alcanzar cerca de un kilo para florecer, está detallado en la ficha del Amorphophallus konjac.
Sauromatum venosum, que también encontrarás como Typhonium venosum, es el clásico de los catálogos de bulbos. Es más pequeño y tiene una particularidad que ha vendido muchísimos tubérculos: florece en seco, sin plantar, sobre un plato y sin agua ni tierra, a partir de las reservas del propio tubérculo. Después se planta y saca la hoja. Es la planta que suele haber detrás de los anuncios de "florece sin tierra".
Dracunculus vulgaris, la dragontea o dragonaria, es mediterránea y la más fácil de cultivar aquí de las tres. Tiene una espata enorme, de un granate casi negro, con un espádice negro y erguido en el centro, y hojas pedatinadas muy divididas sobre un pecíolo moteado que parece piel de serpiente. Es la que ves en la foto de abajo.

Dracunculus vulgaris, la dragontea. No es un Amorphophallus, pero se vende con el mismo nombre comercial.
Fuera del comercio general hay además decenas de especies de Amorphophallus en manos de coleccionistas, algunas con inflorescencias de formas muy distintas. Identificarlas por una foto es arriesgado, y quien te venda "un lirio vudú" sin binomio no te está diciendo qué planta es.

Inflorescencia de un Amorphophallus de espádice ancho y espata muy ondulada. El género reúne más de doscientas especies y no todas se distinguen por la foto.
Por qué huelen a carroña
El olor no es un accidente ni una rareza, es publicidad dirigida a un cliente concreto. Estas plantas no atraen abejas ni mariposas: atraen moscas y escarabajos carroñeros, los mismos insectos que buscan un animal muerto. Y para convencerlos montan una imitación bastante completa.
Primero, el color y la textura. La espata es granate oscuro, a veces con manchas, y su superficie es mate y algo arrugada, parecida a la carne. Segundo, el olor, que procede de compuestos azufrados y de aminas, los mismos que produce la descomposición real. Y tercero, el detalle que hace funcionar todo lo demás: el espádice es termogénico. Quema reservas del tubérculo y se calienta bastante por encima de la temperatura ambiente, y ese calor volatiliza los compuestos volátiles y los dispersa mucho más lejos de lo que llegarían en frío. En algunas especies el espádice está tan caliente que se nota con la mano.
El resultado es que las moscas llegan, entran, se mueven entre las flores verdaderas, que están escondidas en la base de la estructura, y cargan o depositan polen. En varias aráceas las flores femeninas y las masculinas maduran en momentos distintos, y los insectos quedan retenidos dentro hasta el día siguiente, cuando ya se ha soltado el polen. Es un engaño completo, sin recompensa: el insecto no se lleva ni néctar ni alimento.
Para el cultivador esto se traduce en dos avisos prácticos. Una planta en flor no se tiene dentro de casa, se saca al patio o a la terraza. Y el olor es fuerte pero corto: intenso la primera noche y el primer día, y muy disminuido a las cuarenta y ocho horas, aunque la inflorescencia siga en pie una semana.
La versión española: la rapa mosquera
No hace falta irse a Sumatra para ver este mecanismo. En Baleares crece Helicodiceros muscivorus, la rapa mosquera, una arácea endémica de las islas mediterráneas occidentales, presente en Baleares, Córcega y Cerdeña. Su inflorescencia es peluda, de color carne, tiene el mismo olor a animal muerto y es termogénica, y crece con frecuencia en islotes con colonias de gaviotas, un ambiente donde las moscas carroñeras abundan de verdad.
Y por toda la Península hay aráceas mucho más corrientes de la misma familia y la misma estrategia, empezando por el aro (Arum italicum), ese que saca en otoño hojas con nervios blancos en las cunetas y en los taludes sombríos, y que en verano deja una espiga de bayas rojas muy llamativa. Esas bayas son tóxicas y atraen a los niños precisamente por el color. Mismo aviso que arriba.

Inflorescencia de Amorphophallus konjac: espata acampanada y espádice oscuro sobresaliendo por encima.
Del tubérculo al konjac de la cocina
El Amorphophallus konjac tiene una segunda vida que poco tiene que ver con la jardinería. De su cormo se obtiene en Japón y en China una harina con la que se hacen el konnyaku, esos bloques gelatinosos de la cocina japonesa, y los fideos shirataki. El componente responsable de esa textura es el glucomanano, una fibra soluble que absorbe mucha agua y forma un gel.
Ese producto alimentario y el tubérculo del jardín no son lo mismo. La harina de konjac pasa por un procesado con agentes alcalinos que elimina la irritabilidad de los oxalatos; el cormo que tienes en la maceta no ha pasado por nada de eso y no se cocina. Es un punto importante porque el nombre comercial invita a la confusión.
Sobre lo que se le atribuye, conviene ser claro. El glucomanano se vende como saciante, y en la Unión Europea las declaraciones de propiedades saludables están reguladas por el Reglamento (CE) 1924/2006 y las autoriza la Comisión: lo que no figure ahí, no se puede afirmar. Este artículo no le atribuye adelgazar ni ningún otro efecto. Sí hay algo que merece decirse por seguridad: al tratarse de una fibra que se hincha mucho con el agua, los productos de gelatina de konjac se han asociado a episodios de atragantamiento, sobre todo en niños pequeños y personas mayores.
En resumen
Lirio vudú es un nombre de catálogo que agrupa a Amorphophallus konjac, Sauromatum venosum y Dracunculus vulgaris, tres aráceas con flor de olor a carroña. Ninguna es un lirio, todas son irritantes por los oxalatos que contienen y todas se citan como tóxicas para perros y gatos, así que el tubérculo se maneja con guantes y se guarda fuera de su alcance.
El olor, el color de la espata y el calor que genera el espádice forman un engaño dirigido a moscas y escarabajos carroñeros, y lo puedes ver funcionando sin salir de España en la rapa mosquera balear o, en versión discreta, en cualquier aro de cuneta. Si compras una, pide el nombre científico: es la única forma de saber qué va a salir de ese tubérculo y cuánto va a ocupar.