El lechero africano es un arbusto de la familia de las euforbiáceas que rezuma un látex blanco espeso en cuanto se le hace el menor corte, y ese látex es corrosivo. No es un jugo que pique un poco: quema la piel, produce ampollas y quemaduras químicas en las mucosas, y una salpicadura en el ojo es una urgencia oftalmológica que puede dejar lesiones graves en la córnea. Si vas a podarla o a sacar esquejes, guantes y gafas, y nada de llevarte la mano a la cara.

Hay que decir lo segundo antes de seguir, porque es la razón por la que mucha gente busca esta planta. En Latinoamérica se vende como planta del cáncer, árbol de la vida o cancerillo, y circulan instrucciones para beber gotas de su látex diluido. Eso no se hace. Hay casos descritos de intoxicación por ingerir el látex de este grupo de plantas justamente con esa intención, con quemaduras en boca, faringe y tubo digestivo. En la Unión Europea, las declaraciones de propiedades saludables están reguladas por el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión Europea, no una página web ni un vendedor: esta planta no tiene ninguna, y ante un diagnóstico oncológico quien decide es el médico. Ante una ingestión, al servicio de urgencias o al Instituto Nacional de Toxicología, que atiende en el 91 562 04 20.

Hojas y ciatios del lechero africano Hojas obovadas agrupadas hacia el extremo de las ramas y ciatios de color rojizo. Los tallos son semisuculentos y sueltan látex al partirse.

Qué planta es exactamente

Aquí hay una confusión que conviene deshacer, porque el nombre de lechero africano se ha usado para varias euforbias distintas. La planta que se vende con ese nombre, la de hojas obovadas agrupadas en el extremo de las ramas y umbelas densas de flores rojizas, es la que la botánica clásica llamó Synadenium grantii. El género Synadenium se ha acabado incluyendo dentro de Euphorbia, así que hoy el nombre que se maneja para ella es Euphorbia umbellata. En viveros, en foros y en la bibliografía anterior seguirás encontrándola como Synadenium grantii, y las dos etiquetas apuntan a la misma planta.

No es la corona de cristo, que es Euphorbia milii y tiene espinas largas y brácteas rojas vistosas. No es la flor de Pascua, que es Euphorbia pulcherrima. No es el cactus catedral ni el árbol africano de leche de los catálogos de suculentas, que es Euphorbia trigona y tiene tallos de sección triangular sin hojas grandes. Lo que sí comparten todas ellas es el látex y el problema que da.

Los nombres populares no ayudan: planta de la vida, janauna, sinadenio y una lista larga de apodos que cambian de un país a otro, casi todos acuñados en el circuito de venta de remedios. Si la compras por el nombre común, mira la etiqueta botánica.

El látex: qué hace y qué hacer

El látex de las euforbias contiene ésteres diterpénicos, los compuestos del grupo de los forboles, que son irritantes potentes de piel y mucosas. En esta especie el efecto es marcado. El contacto con la piel produce escozor, enrojecimiento y, según la cantidad y el tiempo, ampollas; el contacto con el ojo es lo verdaderamente serio, porque provoca una queratoconjuntivitis química con dolor intenso y visión borrosa que requiere valoración oftalmológica. Y la ingestión provoca quemaduras en la boca y el tubo digestivo.

Lo que toca hacer es sencillo y no incluye ningún remedio casero: lavar la zona con agua abundante, no frotar, y acudir al médico. En el ojo, agua abundante y urgencias oftalmológicas sin esperar a ver si mejora. En caso de ingestión, no provocar el vómito y llamar al Instituto Nacional de Toxicología o ir a urgencias. Con sustancias cáusticas, el vómito hace pasar el producto una segunda vez por el esófago.

También es tóxica para perros y gatos

Es una pregunta frecuente y la respuesta es que sí. El mismo látex que irrita tu piel irrita el hocico, la boca y los ojos de un animal que mordisquee la planta, y provoca salivación, vómitos y enrojecimiento. Los gatos son especialmente propensos a morder tallos tiernos de plantas de interior. Si tienes animales en casa, esta planta va fuera de su alcance o directamente no entra; y si sospechas que la han mordido, al veterinario.

Lechero africano cultivado en maceta Ejemplares jóvenes en maceta. Las hojas se concentran en la punta de los tallos y las inferiores se van cayendo con la edad.

Cómo es la planta

Es un arbusto o arbolito lechoso de porte abierto, con tallos cilíndricos poco ramificados, algo carnosos y verdes cuando son jóvenes, que con los años engrosan y desarrollan una corteza gris marcada por las cicatrices de las hojas caídas. En clima favorable alcanza un porte de varios metros; en maceta se queda bastante por debajo y se maneja con poda.

Las hojas son alternas, obovadas, de consistencia algo carnosa, sin espinas, y se agrupan hacia el extremo de las ramas, de manera que la planta adulta tiene un aspecto de candelabro con penachos de hoja arriba y tallos desnudos abajo. La variedad más vendida es la de hoja teñida de púrpura, que se ofrece como rubra, y en ella el envés y los brotes nuevos tiran a vino tinto mientras el haz se queda verde oscuro.

La floración es la parte que mejor la identifica: umbelas densas y ramificadas de estructuras pequeñas de color rojo púrpura. No son flores en el sentido corriente. Como en todas las euforbias, lo que se ve es un ciatio, una copita de brácteas soldadas que envuelve varias flores masculinas reducidas a un solo estambre y una flor femenina central. El fruto es una cápsula pequeña de tres lóbulos.

Umbelas de flores rojizas del lechero africano Las umbelas ramificadas de ciatios rojizos son el carácter que mejor separa a esta planta del resto de euforbias arbustivas de jardín.

Cultivo en España

Es una planta de origen tropical africano y aquí eso se nota enseguida: no aguanta la helada. Al aire libre y todo el año solo tiene sentido en Canarias y en enclaves muy resguardados del litoral más cálido. En el resto del país es planta de interior luminoso, de galería o de invernadero, y como mucho sale a la terraza de mayo a octubre.

Quiere luz abundante. A pleno sol directo de verano peninsular, detrás de un cristal, se quema; en sombra se estira, pierde color y las hojas se separan. El término medio es un sitio muy claro con sol filtrado o sol de primeras horas.

El sustrato tiene que drenar bien. Un sustrato universal aligerado a partes iguales con perlita, arena gruesa o picón funciona sin complicaciones. El riego es el punto donde más ejemplares se pierden: se riega cuando el sustrato está seco en profundidad, se vacía el plato y en invierno se reduce mucho, porque con frío y tierra mojada la base del tallo se pudre. Aguanta la sequía bastante mejor que el exceso de agua.

El trasplante se hace en primavera, con guantes, y con la maceta justa: un tiesto demasiado grande retiene agua que la planta no consume.

Esquejes sin cortarse

Se multiplica por esqueje de tallo con facilidad, y es la vía habitual porque la semilla casi nunca está disponible. La operación entera es un ejercicio de manejar látex, así que va por orden: guantes, gafas si vas a cortar varios, tijeras o cuchillo limpio, y un sitio donde las gotas que caigan no manchen lo que no debe mancharse.

Se corta un trozo de tallo de la primavera al verano y se deja escurrir. El corte sangra abundantemente y hay que dejar de manipularlo hasta que pare. Después se seca el esqueje unos días a la sombra, hasta que la herida cierre y forme callo, y solo entonces se planta en sustrato arenoso ligeramente húmedo, en un sitio cálido y luminoso. Enterrarlo recién cortado y con la herida abierta es la forma más segura de que se pudra.

Las herramientas se limpian después, y el material de poda va a la basura, no al compost ni a la hoguera: el humo del material vegetal rico en látex irrita las vías respiratorias.

Mata de lechero africano con brotes teñidos de púrpura Ejemplar arbustivo con los brotes nuevos teñidos de púrpura, el aspecto de la variedad que se vende como rubra.

Por qué se vende como planta medicinal

El uso tradicional existe y no tiene sentido negarlo: en varias zonas de África oriental y austral se han empleado preparados de esta planta y de otras euforbias con fines muy diversos, y de ahí pasó a Brasil y al resto de Latinoamérica a mediados del siglo pasado, donde la reputación se disparó. Contar eso es hacer etnobotánica, y la etnobotánica documenta lo que la gente ha hecho, no demuestra que funcione ni que sea seguro.

Lo que se ha construido encima es otra cosa. La promesa de que cura tumores, diabetes, lupus o VIH no se sostiene en ninguna parte, las historias de Napoleón y de la Madre Teresa que aparecen en estas páginas son leyenda, y el perjuicio real no es solo el dinero: es que alguien retrase o abandone un tratamiento oncológico y además se queme el esófago. Si tienes un problema de salud, la consulta es con tu médico, y una planta ornamental no sustituye un tratamiento ni una consulta.

En resumen

El lechero africano es Synadenium grantii, hoy Euphorbia umbellata, un arbusto africano de hoja obovada y umbelas rojizas que se cultiva bien en maceta, con luz abundante, sustrato drenante y riego escaso, y que en la Península no pasa el invierno fuera. Es una planta ornamental atractiva y de cuidados sencillos, con una condición innegociable: todo el manejo se hace con guantes, porque su látex es corrosivo para la piel, grave en el ojo y peligroso si se ingiere, también para perros y gatos.

Y lo que se cuenta de ella en el circuito de la planta del cáncer no es un adorno inofensivo del anuncio. Beber ese látex ha mandado gente al hospital. Si la planta te gusta, tenla por lo que es, tenla lejos de los animales y de los niños, y deja la salud donde corresponde.


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