Bajo el nombre de lavanda se venden cuatro plantas distintas que no se cultivan igual ni huelen igual, y confundirlas es el motivo más común de que una lavanda dure dos temporadas y se muera. La que aguanta el frío no es la que aguanta la caliza, y la de los campos de la Provenza no es la que suele haber en los viveros españoles.
Todas piden lo mismo en un punto, y es el que más se incumple: suelo que drene y muy poca agua. Una lavanda se muere de riego con mucha más frecuencia que de sequía.
Las cuatro que hay que distinguir
| Especie | Nombre común | Cómo reconocerla | Dónde va bien |
|---|---|---|---|
| Lavandula angustifolia | lavanda, espliego | espiga corta y compacta, hoja estrecha y gris, sin brácteas | zonas frescas, resiste bien el frío, sufre con el calor húmedo |
| Lavandula latifolia | alhucema | hoja más ancha, tallo ramificado con tres espigas, aroma alcanforado | calor y suelo calizo, es la más adaptada al interior peninsular |
| Lavandula x intermedia | lavandín | mata grande, espigas largas sobre tallos altos y ramificados | la de los campos de cultivo, estéril, muy vigorosa |
| Lavandula stoechas | cantueso | penacho de brácteas moradas en la punta de la espiga, como orejas | suelo ácido o silíceo, no tolera la caliza |
La distinción que más cuesta y más importa es la última. El cantueso es la lavanda nativa de buena parte de España y la que más se vende en primavera por su penacho llamativo, pero es calcífuga: en suelo calizo o con agua dura entra en clorosis y se apaga en un par de años. Si el agua del grifo deja cal en la mampara de la ducha, el cantueso no es la lavanda para ese jardín.
El lavandín es un híbrido natural entre angustifolia y latifolia, y es estéril: no da semilla viable, así que se multiplica solo por esqueje. Es el que ocupa los campos fotografiados de la Provenza y el que más aceite rinde, aunque de calidad aromática inferior al de angustifolia.
Dónde plantarla
Sol. Pleno y sin discusión. A media sombra crece estirada, florece poco y se apelmaza por dentro.
Suelo. Pobre, suelto y sobre todo con drenaje. Prospera en terrenos pedregosos donde otras plantas no cuajan, y se estropea en suelos ricos y compactos. En terreno arcilloso, plantar en caballón o en talud es lo que decide que viva.
Nada de abono. Un suelo fértil da una mata grande, blanda y con menos aroma, más propensa a hongos y que aguanta peor el invierno. El aceite esencial se concentra en condiciones duras, no en condiciones cómodas.
Aire. Necesita circulación. En un rincón cerrado y húmedo coge hongos con facilidad.
Riego, que es donde se falla
El primer verano hay que regarla para que arraigue, de forma espaciada y profunda, dejando secar entre riegos. A partir del segundo año, una lavanda establecida en el suelo prácticamente no se riega en la mayor parte de España: le basta la lluvia, y en el sur unos riegos de socorro en la peor parte del verano.
En maceta la cosa cambia, porque el cepellón se seca de verdad. Aun así, la regla es la misma: regar cuando el sustrato esté seco varios centímetros hacia dentro, nunca antes, y vaciar siempre el plato.
Los síntomas se confunden. Una lavanda con las hojas grises y mustias puede estar pasando sed o estar ahogada, y la diferencia se ve en la base: si el tallo está oscuro y blando junto al suelo, sobra agua.
La poda, que decide cuánto vive
Es lo que separa una lavanda que dura diez años de una que a los cuatro es un montón de leña con cuatro ramas verdes en la punta.
La regla que no se salta: nunca se corta en madera vieja sin hojas. La lavanda no rebrota de la madera desnuda, y una poda severa sobre el leño no rejuvenece la mata, la mata.
Cuándo. Dos veces al año. Después de la floración, retirando las espigas gastadas y unos centímetros de la mata. Y a finales de invierno o principios de primavera, dando forma redondeada y cortando en torno a un tercio del crecimiento del año, siempre por zona con hojas.
Desde el primer año. Una lavanda joven a la que se le da forma compacta desde el principio mantiene la base cubierta muchos más años. La que se deja crecer libre se abre por el centro y ya no hay vuelta atrás.
Cuando la mata ya está descarnada, la única salida es sustituirla, y la buena noticia es que los esquejes agarran con mucha facilidad.
Multiplicación por esqueje
Es el método normal, y el único posible con el lavandín, que es estéril, y con cualquier cultivar con nombre, que por semilla no sale igual.
Se toman esquejes de diez centímetros de brotes del año, semileñosos, en verano tras la floración o a principios de otoño. Se les quitan las hojas de la mitad inferior y se plantan en una mezcla muy drenante, arena con turba o perlita, a la sombra y con el sustrato apenas húmedo. Enraízan en cuatro o seis semanas.
Por semilla es posible con las especies puras, pero la germinación es lenta e irregular y las plantas resultantes varían entre sí.
Para qué sirve en el jardín
Para insectos. Es de las mejores plantas melíferas que se pueden poner, y atrae abejas, abejorros y mariposas durante semanas. Si el jardín busca polinizadores, la lavanda cumple.
Como seto bajo. Plantada a treinta o cuarenta centímetros forma un borde compacto y aromático que no necesita riego. Es una alternativa mediterránea al boj, que hoy arrastra la oruga Cydalima perspectalis y el hongo del decaimiento.
En jardín seco. Combina bien con romero, tomillo, santolina, salvias arbustivas y gramíneas, que piden lo mismo: sol, drenaje y poca agua.
Sobre los mosquitos: se repite mucho que la lavanda los ahuyenta, y una planta en una maceta no lo hace. El aceite esencial aplicado sobre la piel tiene cierto efecto repelente descrito, pero eso es otra cosa distinta de tener la mata en la terraza.
El corte y el secado
Para secar, se cortan las espigas cuando la mitad inferior de las flores está abierta y el resto aún en botón. Cortadas del todo abiertas, se desgranan al manipularlas.
Se atan en manojos pequeños y se cuelgan boca abajo en un sitio oscuro, seco y ventilado. La oscuridad importa porque conserva el color; secadas a la luz quedan pardas. En dos o tres semanas están listas.
Problemas frecuentes
Se pone gris y se muere por partes. Suele ser exceso de agua o mal drenaje, sobre todo en invierno. Es la causa más común de muerte con diferencia.
Amarillea entre nervios en hoja joven. Clorosis férrica, y en la práctica significa que hay un cantueso plantado en suelo calizo. La solución de fondo es cambiar de especie, no echar quelatos indefinidamente.
Se abre por el centro. Falta de poda de formación en los primeros años.
No florece. Poca luz, exceso de abono nitrogenado o poda hecha en el momento equivocado.
Espuma blanca en los tallos. Es el cárabo o mosquito espumador, y no hace daño real a la planta; se quita con un chorro de agua.
En resumen
Lavanda son cuatro plantas distintas: angustifolia para zonas frescas, latifolia para calor y caliza, el lavandín estéril y vigoroso de los campos de cultivo, y el cantueso stoechas, nativo y de penacho llamativo, que no tolera la caliza y por eso se pierde en medio país. Elegir la especie según el suelo y el agua de riego es la decisión que más importa.
Sol pleno, suelo pobre y drenante, nada de abono y muy poca agua a partir del segundo año. Dos podas al año, después de florecer y a final de invierno, cortando siempre por zona con hojas, porque la lavanda no rebrota de madera desnuda: esa regla es la que decide si la mata dura diez años o cuatro. Se multiplica por esqueje con facilidad, es de las mejores plantas para abejas y mariposas, y no ahuyenta mosquitos por tenerla en la terraza.