El koa es Acacia koa, el árbol nativo más grande de Hawái y la madera con la que se han hecho las canoas, las tablas de surf y, en el último siglo, los ukeleles de las islas. Es una leguminosa endémica del archipiélago, es decir, que no crece de forma natural en ningún otro sitio del mundo, y su nombre en hawaiano significa valiente, y también guerrero.

Pero lo que lo hace realmente raro no es la madera, es la hoja. Un koa adulto no tiene hojas. Lo que parecen hojas, esas láminas alargadas y curvadas como una hoz que cuelgan de las ramas, son filodios: pecíolos ensanchados y aplanados que han asumido la función de la hoja. Las hojas de verdad, compuestas y plumosas como las de una mimosa, solo las tiene de pequeño, y las pierde al crecer.

Filodios curvados, flores en bola amarillentas y legumbres de Acacia koa Los tres rasgos del koa adulto: filodios en forma de hoz, cabezuelas florales de un amarillo pálido y legumbres planas que pardean al secar.

Qué es un filodio y por qué importa

Una hoja normal de leguminosa tiene un pecíolo, un raquis y una serie de folíolos. En las acacias del grupo al que pertenece el koa, el pecíolo se ensancha hasta convertirse en una lámina verde, los folíolos desaparecen y el trabajo de la fotosíntesis pasa a esa lámina. A eso se le llama filodio, y no es una hoja modificada: es un rabo de hoja haciendo de hoja.

La diferencia se nota si se mira cómo se orientan. Una hoja corriente se coloca horizontal, de cara al cielo. Los filodios del koa cuelgan de canto, en vertical, con el borde hacia arriba. Eso tiene dos consecuencias prácticas: reciben menos radiación en las horas centrales del día, cuando el sol está alto y el calor es un problema, y dejan pasar la luz hacia las ramas de abajo y hacia el suelo, en vez de tapar todo lo que tienen debajo.

Y aquí está la parte más llamativa del asunto. El koa cambia de sistema a mitad de camino. Una plántula recién nacida saca hojas compuestas bipinnadas de verdad, con muchos pares de folíolos, exactamente igual que una mimosa. Al cabo de unos meses empiezan a aparecer, en las mismas ramas, las primeras láminas curvadas, y durante un tiempo el arbolito lleva las dos cosas a la vez: formas de transición en las que el filodio ya está formado y todavía remata en un resto de hoja plumosa. Después ya no vuelve a hacer hojas compuestas nunca más.

El resultado es que una planta joven y un árbol adulto de la misma especie parecen dos plantas distintas.

Cómo es el árbol

En bosque cerrado y en buen suelo el koa hace un tronco recto y limpio y alcanza tallas grandes, de las mayores del archipiélago. En terreno abierto, en cambio, se ramifica desde abajo y hace una copa ancha y extendida, mucho más baja. Es una de las especies leñosas de crecimiento más rápido de las islas en sus primeros años.

Las flores son cabezuelas esféricas de un amarillo muy pálido, casi crema, del tipo de las que dan todas las acacias, formadas por muchos estambres largos que son lo que se ve. Salen en racimos y, según la localidad, puede florecer de forma estacional o de manera repartida a lo largo del año.

El fruto es una legumbre plana y alargada que pasa de verde a parda y que contiene varias semillas, oscuras y de cubierta muy dura. Esa dureza es la clave de su ecología: la semilla no germina hasta que la cubierta se rompe, y mientras tanto aguanta enterrada en el suelo del bosque durante años. Un banco de semillas de koa puede responder de golpe cuando un incendio, un derrumbe o una tala abren un hueco de luz.

Fija nitrógeno y por eso coloniza la lava

Como otras leguminosas, el koa vive asociado a bacterias del suelo que fijan el nitrógeno del aire en sus raíces. Eso le permite instalarse en suelos volcánicos jóvenes, pobres en nitrógeno, donde pocas plantas leñosas arrancan, y es una de las razones por las que es una pieza central de la sucesión en las islas.

En los bosques húmedos y mésicos de Hawái el koa comparte el dosel con el ʻōhiʻa lehua, Metrosideros polymorpha, y entre los dos organizan buena parte de la vegetación nativa. Bajo el koa crece un sotobosque de helechos y de plantas endémicas que depende de esa sombra.

El árbol sostiene además una fauna propia. Hay insectos endémicos hawaianos ligados exclusivamente a él, entre ellos una chinche que se alimenta de sus semillas y mariposas nativas cuyas orugas comen sus flores y sus frutos. Perder koa no es perder un árbol, es perder el soporte de un conjunto de especies que no existen en ningún otro sitio.

La madera: canoas, tablas y ukeleles

La madera de koa es de color pardo rojizo, a menudo con vetas onduladas y reflejos cambiantes según el ángulo de la luz, y es dura y pesada sin llegar a serlo en exceso. Es una de las maderas más caras del mundo, y eso se debe a la combinación de dos cosas: es bonita de una forma reconocible y es escasa, porque solo sale de un archipiélago pequeño y de árboles que ya no abundan.

Los usos tradicionales hawaianos eran los de un árbol grande y fiable. De un tronco de koa salía una canoa de una pieza, vaciada, y también tablas de surf y recipientes.

El uso moderno es musical. El koa es lo que en lutería se llama una madera de tono, y es la madera identitaria del ukelele hawaiano. Se emplea también en guitarras acústicas, en las guitarras hawaianas de sobremesa y en instrumentos eléctricos de gama alta. De la corteza se han obtenido además tintes pardos.

Un árbol endémico con problemas

El koa no es una especie que se pueda dar por asegurada. Su superficie se redujo mucho con la tala histórica y, sobre todo, con la conversión de bosque en pastos para ganado, y ese sigue siendo el problema de fondo: donde hay ganado suelto o ungulados asilvestrados, las plántulas de koa no llegan a árbol porque se las comen antes.

A eso se suman problemas sanitarios. Existe una enfermedad vascular del koa causada por un hongo del suelo que mata árboles jóvenes, sobre todo en cotas bajas, y un pequeño escarabajo barrenador de ramillas que deforma las plantaciones. Por eso la reforestación con koa en Hawái es un asunto técnico y no una cuestión de plantar y esperar.

Una nota de manejo que sí conviene retener: podar un koa suele hacer más daño que bien. Las heridas grandes cicatrizan mal y abren la puerta a pudriciones del duramen, y el árbol se autopoda las ramas bajas por su cuenta.

El pariente que está al otro lado del mundo

Hay un detalle de este árbol que cuesta creer la primera vez que se oye. Su pariente más próximo no es una acacia australiana ni americana: es Acacia heterophylla, el tamarin des Hauts de la isla de La Reunión, en el océano Índico, a medio planeta de distancia.

Los dos son extraordinariamente parecidos, los dos son endémicos de islas volcánicas oceánicas y entre ellos hay un océano entero. La explicación es una dispersión a larguísima distancia, y es uno de los ejemplos que más se citan al hablar de cómo se puebla una isla remota.

En Hawái tiene además un pariente cercano y propio, el koaiʻa, Acacia koaia, más pequeño, de zonas secas y con la madera todavía más densa.

¿Se puede cultivar en España?

En la práctica, no. El koa es un árbol de clima subtropical oceánico, sin heladas, con lluvia repartida y humedad alta, y no aguanta el invierno peninsular ni la sequía estival mediterránea. En Canarias las condiciones se acercan más, pero ahí entra otra consideración.

Varias acacias introducidas se han convertido en España en un problema serio de conservación. La mimosa, Acacia dealbata, está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013, con la prohibición de posesión, transporte, comercio y plantación que eso implica, y ha desplazado a la vegetación nativa en amplias zonas del norte y el noroeste. No me consta que Acacia koa figure en ese catálogo, pero el historial del género con las leguminosas leñosas fijadoras de nitrógeno en islas y en litorales aconseja no experimentar. Un árbol que fija nitrógeno, crece deprisa y deja un banco de semillas duras que aguanta años en el suelo reúne exactamente el perfil que conviene no soltar fuera de su sitio.

Nada de propiedades

La ficha original de la que procede este texto incluía usos medicinales atribuidos al koa. Quedan fuera. En la Unión Europea las declaraciones de propiedades saludables están reguladas por el Reglamento (CE) 1924/2006, solo son válidas las que autoriza la Comisión y para esta especie no existe ninguna. Lo que hay documentado son prácticas tradicionales hawaianas, que se cuentan como etnografía y no sustituyen a un tratamiento ni a una consulta médica. No es una planta alimentaria: de ella no se come ninguna parte.

En resumen

El koa es Acacia koa, una leguminosa endémica de Hawái y el árbol nativo más grande del archipiélago. Su rareza botánica es que el adulto no tiene hojas sino filodios, pecíolos aplanados y curvados como hoces que cuelgan de canto, mientras que la plántula sí saca hojas compuestas de verdad y las abandona a los pocos meses. Fija nitrógeno, coloniza suelos volcánicos jóvenes, forma dosel junto al ʻōhiʻa lehua y sostiene insectos endémicos que no viven en ningún otro árbol.

Su madera, pardo rojiza y de veta ondulada, fue la de las canoas y las tablas de surf hawaianas y hoy es la madera del ukelele y de guitarras de gama alta, una de las más caras del mercado. El árbol está en retroceso por la conversión histórica de bosque en pasto, por el ramoneo de las plántulas y por problemas sanitarios propios. En España no es cultivable fuera de condiciones subtropicales, y dado lo que han hecho aquí otras acacias introducidas, tampoco es un árbol con el que convenga experimentar.


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