El Kalanchoe blossfeldiana es una suculenta de Madagascar, de la familia de las crasuláceas, que se vende por millones en otoño e invierno como planta de flor. Sus cuidados son los de una suculenta, no los de una planta de temporada: mucha luz, riego espaciado y drenaje real. Lo que la mata casi siempre es la maceta decorativa sin agujero en la que llega envuelta.

Y la pregunta que trae aquí a casi todo el mundo tiene una respuesta concreta: si dejó de florecer y no vuelve, no es por falta de abono. El kalanchoe es una planta de día corto, y solo forma botones cuando encadena varias semanas de noches largas e ininterrumpidas. Con una lámpara encendida por la tarde en la misma habitación, o con la luz de una farola entrando por la ventana, no florece.

Cómo es la planta

Es un subarbusto suculento que en maceta se queda habitualmente entre veinte y cuarenta centímetros, más ancho que alto si se poda bien. Las hojas son opuestas, carnosas, ovaladas, de verde oscuro brillante y con el borde festoneado, que a plena luz se tiñe de rojizo.

Las flores son pequeñas y se agrupan en ramilletes densos por encima del follaje. Tienen cuatro pétalos, un rasgo del género que sirve para reconocerlo, y se encuentran en rojo, naranja, amarillo, rosa, magenta y blanco. Cada tanda de flores dura muchas semanas, y de ahí viene la fama de la planta.

Las calandivas que se ven junto a ella no son una especie distinta: son un grupo de cultivares de flor doble del mismo Kalanchoe blossfeldiana, con más pétalos por flor y aspecto de rosita en miniatura. Se cuidan exactamente igual.

Aviso de toxicidad

Los kalanchoes contienen bufadienólidos, glucósidos con acción sobre el corazón, y el género está considerado tóxico para perros, gatos y ganado. La ingestión de hojas o flores por una mascota puede provocar salivación, vómitos y diarrea, y en cantidades mayores alteraciones del ritmo cardíaco.

Si un animal ha mordisqueado la planta, la indicación es llamar al veterinario, y al médico o al Instituto Nacional de Toxicología si el afectado es una persona. No se provoca el vómito ni se dan remedios en casa. Con perros jóvenes y gatos que muerden lo que se mueve, lo práctico es tener la planta en un sitio inalcanzable o no tenerla.

Luz

Quiere luz abundante. En interior, la mejor posición es junto a una ventana muy clara, a menos de un metro del cristal; a más distancia empieza a estirarse, las hojas se separan y los botones no llegan a abrirse. Lo que no tolera es el sol directo de verano a través de un cristal, que concentra calor y quema las hojas.

En exterior aguanta bien la vida en una terraza de primavera a otoño, con sol de mañana y sombra en las horas centrales. Como cualquier suculenta que ha vivido en interior, hay que aclimatarla de forma gradual a lo largo de dos o tres semanas antes de dejarla al sol, o se quema en una tarde.

Riego

Se riega cuando el sustrato está seco, no por calendario. En la práctica eso suele significar cada semana o cada dos en primavera y verano, y bastante menos en invierno, cuando la planta está parada. Con floración abierta el consumo sube un poco.

Se riega bien, hasta que salga agua por el agujero, y se tira lo que caiga en el plato. Si la planta viene en una funda de papel metalizado o en un cubremacetas sin drenaje, se saca para regar y se devuelve escurrida. El agua acumulada en el fondo de esos envoltorios es la primera causa de podredumbre de raíz en esta planta.

No hace falta pulverizarla y es mejor no hacerlo: las hojas mojadas y el agua acumulada entre ellas favorecen las podredumbres, y con agua dura quedan manchas de cal.

Sustrato, maceta y abonado

Una mezcla al cincuenta por ciento de sustrato para cactus y suculentas y sustrato universal de calidad va bien. Si solo hay sustrato universal a mano, se le añade un tercio de árido grueso, como perlita, arena de sílice gruesa o piedra pómez. Todo lo que hace falta saber sobre proporciones está en el sustrato ideal para suculentas.

Maceta con agujero y ajustada al cepellón, sin pasarse de tamaño. El trasplante se hace después de la floración, no durante.

Abona poco: un abono equilibrado para plantas de interior en primavera y verano, siguiendo la dosis del envase, y nada en otoño e invierno. El exceso de abono acumula sales, quema las puntas de las raíces y sale como manchas pardas en las hojas. Una planta seca o encharcada no se abona nunca.

Temperatura

No resiste las heladas. Por debajo de unos diez grados empieza a sufrir y el frío húmedo le hace más daño que el frío seco. En el litoral mediterráneo, en el sur y en Canarias puede quedarse fuera todo el año en sitio resguardado; en el interior peninsular entra a casa antes de los primeros fríos.

Por arriba, cuanto más calor haga en la habitación, más deprisa se abren y se pasan las flores. Una estancia fresca alarga la floración de forma muy apreciable.

Cómo hacer que vuelva a florecer

Aquí está lo que casi nunca se cuenta. El kalanchoe necesita noches largas y completamente oscuras para inducir los botones florales. Los viveros lo consiguen tapando los cultivos; en casa se reproduce así:

  • Terminada la floración, se cortan las varas florales por la base y se recorta la planta para que rebrote compacta. Se deja descansar unas semanas con riego escaso.
  • Cuando ha rebrotado y está sana, se le dan alrededor de seis semanas con unas catorce horas de oscuridad absoluta cada noche y el resto del día a plena luz.
  • La oscuridad tiene que ser total. Basta encender la luz de la habitación un rato, o que entre el resplandor de una farola, para que el proceso se interrumpa y haya que empezar de nuevo. Lo más sencillo es meter la planta en un armario o taparla con una caja opaca a la misma hora cada tarde y sacarla por la mañana.
  • Durante ese periodo se riega poco y no se abona.
  • Cuando se ven los botones, la planta vuelve a su sitio luminoso y se olvida el tapado.

Al aire libre en clima suave el ciclo ocurre solo: los días se acortan en otoño y la planta florece a finales de invierno y en primavera. En interior no ocurre porque la luz artificial de la casa alarga artificialmente el día.

Poda y multiplicación

La poda es lo que mantiene la planta bonita. En cuanto se marchitan las flores se cortan las varas enteras, y si la planta se ha estirado se recortan los tallos a la altura que interese; rebrota por debajo del corte y se ramifica.

Multiplicarlo es de lo más fácil que hay. Se toma un esqueje de tallo de unos ocho o diez centímetros, se le quitan las hojas de la parte baja, se deja secar el corte un par de días a la sombra para que cicatrice y se planta en sustrato ligero, apenas humedecido, hasta que enraíce. También enraízan hojas sueltas, aunque tardan más. La mejor época es primavera y principios de verano.

Problemas habituales

  • Hojas blandas, amarillentas y base oscura. Exceso de agua o falta de drenaje. Se saca la planta, se revisan raíces, se retira lo podrido y se replanta en sustrato seco y drenante. Si el tallo está afectado, lo que se salva son los esquejes de la parte sana.
  • Tallos largos y hojas separadas. Falta de luz. Se poda y se acerca a la ventana.
  • Botones que no abren. Poca luz, o corriente de aire frío, o cambio brusco de sitio.
  • Cochinilla algodonosa. Algodoncillos en las axilas de las hojas. Se retiran uno a uno con un bastoncillo antes de plantearse nada más.
  • Oídio y botritis. Aparecen con humedad alta y poca ventilación. Se corrige aireando y no mojando el follaje.

En resumen

El kalanchoe se cuida como la suculenta que es: luz muy abundante sin sol abrasador tras el cristal, riego solo cuando el sustrato está seco, mezcla drenante, maceta con agujero y nada de agua estancada en el cubremacetas. No aguanta heladas y prefiere estancias frescas, donde la floración dura mucho más. Contiene bufadienólidos y está considerado tóxico para perros y gatos, así que conviene ponerlo fuera de su alcance y llamar al veterinario si lo mordisquean.

Para que vuelva a florecer no hace falta un producto, hace falta oscuridad: unas seis semanas con catorce horas de noche completa cada día, sin ninguna luz que la interrumpa, después de haber podado las varas viejas y dejado rebrotar la planta. Y si algún ejemplar se pierde, con un esqueje de tallo secado dos días y plantado en sustrato ligero se recupera la planta sin comprar otra.


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