La mayoría de la gente que tiene una Huernia la compró sin flor, por los tallos carnosos de cinco aristas, y lleva un par de años esperando. Y la espera tiene arreglo, porque estas suculentas no son difíciles de florecer: lo que pasa es que casi todo lo que se hace con ellas por instinto (regarlas en invierno, ponerlas a pleno sol, trasplantarlas a una maceta grande) va justo en contra de lo que necesitan para botonar.
Huernia es un género africano y arábigo de la familia de las apocináceas, emparentado de cerca con Stapelia y Orbea, y su flor es una de las más raras que se pueden tener en una terraza: una estrella carnosa de cinco puntas, a menudo con el centro engrosado en un anillo brillante, y con olor a carne descompuesta. Ese olor no es un defecto. Es todo el plan de la planta.
Huernia zebrina, la más buscada del género. El anillo granate y brillante del centro de la corola es su marca de identidad y el motivo de que se la llame ojos de búho.
Qué planta es, y qué no es
El género reúne alrededor de setenta especies, la mayoría del sur y el este de África, con unas pocas en Yemen y Arabia Saudí. Son plantas bajas, que forman matas apretadas de tallos suculentos cortos, de cuatro a seis aristas, con dientes blandos a lo largo de las aristas que parecen espinas pero no pinchan. No son cactus, aunque se vendan en la misma estantería: los cactus tienen areolas, y estos tallos no.
Conviene aclarar una cosa antes de seguir, porque circula lo contrario. Ni Huernia ni ninguna otra suculenta de este grupo tiene uso alimentario ni efecto estimulante de ningún tipo, y no existe ninguna preparación con ella que sirva para nada. En la Unión Europea, las declaraciones de propiedades saludables están reguladas por el Reglamento (CE) 1924/2006 y las autoriza la Comisión Europea, no un artículo de internet, y para estas plantas no hay ninguna. Tampoco hay un dato de toxicidad publicado y fiable para el género, así que lo que corresponde es lo obvio: es una planta ornamental, no se come, y con niños y animales en casa vale la prudencia general que se aplica a cualquier planta de interior.
Por qué la flor huele a carroña
Las plantas de este grupo, conocidas en conjunto como estapelieas, no atraen abejas. Atraen moscas y moscardas, y para conseguirlo imitan lo que a una mosca le interesa: un cadáver. La imitación es sorprendentemente completa y trabaja en tres frentes a la vez.
- El olor. Compuestos volátiles de azufre y aminas que reproducen el olor de la carne en descomposición. Es intenso, se percibe a un par de metros y se nota más con calor y sol directo.
- El color y el brillo. Los tonos granate, pardo rojizo, amarillo sucio y las rayas irregulares recuerdan a tejido animal, y muchas especies tienen la corola cerosa y brillante, como si estuviera húmeda.
- La textura. Papilas, pelillos y rugosidades sobre la cara interna de la corola, que en algunas especies cubren la flor entera.
La mosca aterriza, busca, no encuentra nada, y al moverse por el centro de la flor se lleva pegadas las masas de polen. La planta no le da recompensa. Es un engaño puro, y funciona lo suficiente como para que el sistema se haya mantenido en decenas de especies.
En la práctica doméstica, eso significa dos cosas. Que una Huernia en flor dentro de casa se nota, y que lo razonable es sacarla al balcón esos días. Y que si aparecen larvas blancas en la flor, no es una plaga de la planta: es una mosca que se ha dejado convencer del todo y ha puesto los huevos ahí. Las larvas no tienen de qué alimentarse y mueren solas.
Qué especies se consiguen aquí
Tres nombres cubren casi toda la oferta de viveros y de intercambios entre aficionados en España.
- Huernia zebrina. La más buscada y la más agradecida. Corola en estrella con rayas transversales rojas sobre fondo crema y, en el centro, un anillo grueso, liso y brillante de color granate oscuro que parece de plástico. De ahí el apodo de ojos de búho. Florece con facilidad y en tandas sucesivas a lo largo del verano.
- Huernia hystrix. Se distingue porque toda la cara interna de la flor está cubierta de papilas prominentes, de aspecto erizado, que le han dado el nombre de puercoespín. Fondo amarillento con bandas rojas, muy variable de un clon a otro. Tallos algo más vigorosos que los de zebrina.
- Huernia pillansii. La rareza del trío y la que menos se parece a las demás: los tallos están cubiertos por completo de tubérculos terminados en una cerda blanda, de modo que la mata entera parece peluda. La flor es pequeña, rosada y con papilas.
Hay muchas más (H. keniensis, H. brevirostris, H. schneideriana) y bastantes híbridos, porque el grupo cruza con facilidad. Una advertencia al comprar: la etiqueta de estas plantas es poco fiable, y es habitual que una Huernia venga rotulada como Stapelia o al revés. La diferencia práctica es el tamaño de la flor. Las Stapelia de cultivo corriente dan flores grandes, a menudo peludas, de entre diez y veinte centímetros; las Huernia las dan pequeñas, casi siempre por debajo de los cinco. Si quieres el cultivo del otro género, está en Stapelia, cuidados de la flor de carroña, y el de un pariente cercano en Orbea variegata.
Cómo conseguir que florezca
Los botones salen en la base de los tallos, no en el ápice, y aparecen sobre tallos maduros del año anterior. Todo lo que sigue va dirigido a tener tallos maduros y a darles la señal de que toca florecer.
Luz intensa pero filtrada. En su hábitat crecen a la sombra de arbustos, entre piedras. A pleno sol de julio en el interior peninsular los tallos se tiñen de rojo violáceo y acaban quemándose, con manchas secas que ya no se recuperan. Con poca luz ocurre lo contrario: tallos largos, finos, pálidos y sin un solo botón. El sitio bueno es una orientación este, o el sur detrás de una malla de sombreo.
Sequía invernal completa. Este es el punto que lo decide casi todo. Desde octubre hasta marzo la planta no se riega, y se mantiene fresca, sin bajar de unos diez grados. Ese reposo seco es la señal que necesita para diferenciar botones florales. Una Huernia regada todo el invierno en un salón caldeado no florece nunca, y además es la que se pudre.
Riego de verano por debajo y espaciado. En crecimiento se riega cuando el sustrato está seco del todo, y se deja escurrir. Los tallos no deben mojarse en la base. La podredumbre negra basal, que es la enfermedad que se lleva a estas plantas, empieza casi siempre por un cuello húmedo.
Maceta pequeña y sustrato mineral. El sistema radicular es superficial y modesto. Una maceta ancha y baja, mejor de barro, con una mezcla en la que dominen la pómice, la gravilla o la arena silícea gruesa sobre una fracción menor de sustrato orgánico. En una maceta grande y profunda el sustrato del fondo se queda mojado durante semanas, y ahí se acaba la planta.
Multiplicación
Es de lo más sencillo que hay. Se corta un tallo por una articulación en primavera o a principios de verano, se deja secar el corte a la sombra unos días hasta que cicatrice, y se apoya sobre sustrato seco sin enterrarlo apenas. No se riega hasta que se ve que ha agarrado, y a partir de ahí se riega muy poco. Un esqueje puesto en tierra húmeda se pudre antes de enraizar, que es el error clásico.
Estas plantas son además excelentes para intercambiar: un solo ejemplar da esquejes de sobra cada temporada, y así es como circulan la mayoría de las Huernia que hay en España, de aficionado en aficionado y no de vivero en vivero.
En resumen
Huernia es un género africano de suculentas de tallos cortos y flores en estrella que huelen a carroña porque están hechas para engañar a las moscas, que son sus polinizadores. H. zebrina, con su anillo granate brillante, es la más fácil de encontrar y de florecer; H. hystrix y H. pillansii completan lo que se consigue con normalidad en España.
Para que florezca hacen falta tres cosas y ninguna cuesta dinero: luz muy abundante pero sin sol directo en verano, una maceta pequeña con sustrato mineral que se seque rápido, y un invierno completamente seco y fresco entre octubre y marzo. Ese reposo seco es lo que dispara los botones, y también lo que evita la podredumbre basal, que es lo único que de verdad mata a estas plantas.