En español, glicina nombra dos cosas que no tienen ninguna relación entre sí: la trepadora leñosa de racimos colgantes del género Wisteria, y un aminoácido, el más pequeño de todos, presente en las proteínas. Si buscas lo segundo, esto es un sitio de plantas y no es el lugar: cualquier cuestión sobre suplementos o sobre salud se consulta con un profesional sanitario, no en una página de jardinería.
Lo curioso es que la coincidencia no es casual. Los dos nombres salen de la misma raíz griega, y el camino que los une explica también por qué en España se dice glicina y glicinia indistintamente, y por qué en los viveros y en las tiendas online se venden como glicina plantas que no lo son. De eso va este artículo. El cultivo, la poda y las estructuras que hacen falta para sostenerla están en la glicina, trepadora de racimos.

Glicina formada como arbolito sobre tutor. Es la misma planta que trepa por una pérgola, conducida de otra manera.
De dónde viene el nombre
La glicina se describió en su día dentro del género Glycine, que procede del griego glykýs, dulce. Hoy ese género es otro: Glycine es el de la soja, Glycine max, y la trepadora se separó de allí para pasar a Wisteria. Pero el nombre popular español se había formado ya sobre el género antiguo, y ahí se quedó. Por eso la planta se llama glicina y no wisteria, salvo en catálogos que usan directamente el latín.
El aminoácido llegó al mismo sitio por su cuenta: se llama glicina porque tiene sabor dulce, de la misma raíz griega. No hay parentesco, hay homonimia. Dos cosas bautizadas por separado con la misma palabra porque las dos remitían a lo dulce.
¿Glicina o glicinia? Las dos formas se usan en español y las dos son correctas. Glicinia es algo más frecuente en textos de jardinería y glicina, en el habla corriente. En América se oye también glicina y, en algunos países, vistaria o wisteria sin más. No hay una forma «buena» y otra «mala», aunque si escribes para un buscador conviene saber que la gente teclea más «glicina».
Y ya que estamos con nombres: el género se llama Wisteria porque el botánico Thomas Nuttall lo dedicó a Caspar Wistar, anatomista de Filadelfia. La letra que sobra en medio es un desliz que ha alimentado dos siglos de discusión sobre si debería escribirse Wistaria. La grafía válida es la que se usa hoy, Wisteria, y encontrarás la otra en literatura antigua y en algún vivero británico nostálgico.
Qué planta es, en tres líneas
Es una leguminosa leñosa caduca, pariente de la retama y del guisante, con hoja compuesta imparipinnada y flores papilionáceas agrupadas en racimos colgantes que abren en abril y mayo. Trepa por volubilidad: el extremo del brote gira en el aire buscando apoyo y, al encontrarlo, se enrolla. No tiene zarcillos ni ventosas, así que no se agarra a una pared lisa, y cuando el tallo engorda aplasta lo que esté abrazando. Tras la floración forma vainas aterciopeladas que se secan en otoño y se abren con un chasquido.
Del género se cultivan sobre todo cinco especies, y no son intercambiables: Wisteria sinensis, la china, de racimos cortos y densos que abren todos a la vez antes de la hoja; Wisteria floribunda, la japonesa, de racimos muy largos que abren de arriba abajo; Wisteria brachybotrys, la sedosa; Wisteria frutescens, la americana, mucho menos vigorosa y apta para un patio pequeño; y Wisteria macrostachya. Cuál conviene a cada clima y cómo se distinguen está en tipos de wisteria.

El ciclo completo de la glicina: racimo en flor, vaina verde, vaina seca y semillas. Las semillas planas y castañas son la parte tóxica.
Lo que se vende como glicina sin serlo
Aquí está el problema práctico, y aparece sobre todo en tiendas online de semillas. Circulan lotes anunciados como «semillas de glicina» ilustrados con collages de flores turquesas, rojas, amarillas o multicolores. La glicina da flores en la gama del violeta, el azul lila, el rosa y el blanco, y punto. Cualquier otro color de esa foto es otra planta o una imagen retocada.

Un collage típico de anuncio de semillas. El árbol violeta del centro sí es una glicina; las flores turquesas de abajo a la derecha no lo son en absoluto.
Estas son las plantas que aparecen en esos anuncios o que se etiquetan con el nombre de glicina:
- La flor de jade, Strongylodon macrobotrys. Es la de las flores turquesas en forma de garra, una liana filipina que también es leguminosa y también cuelga en racimos, de ahí el parecido de silueta. No es una glicina, no resiste el frío y fuera de un invernadero cálido y muy húmedo no hay nada que hacer con ella en España.
- El codeso o lluvia de oro, Laburnum anagyroides. Racimos colgantes amarillos sobre un arbolito caducifolio, tan parecidos de lejos que a veces se anuncia como «glicina amarilla». Es otra leguminosa y sus semillas son tóxicas por ingestión, igual que las de la glicina.
- La glicina de verano, Callerya reticulata, antes Millettia reticulata. Trepadora leguminosa de hoja casi perenne y racimos más cortos y oscuros, que florece en verano. Se vende con ese nombre comercial y no es del género Wisteria.
- La glicina africana, Bolusanthus speciosus. Un arbolito surafricano de racimos violetas colgantes al que le han pegado el nombre por puro parecido.
Hay además un motivo más de fondo para no comprar glicina en semilla, aunque el lote sea legítimo: un pie de semilla puede tardar más de una década en florecer y da flor mediocre, y no reproduce el color ni el tamaño de racimo de la planta madre. Las glicinas de jardín se compran injertadas o de esqueje, que florecen en dos o tres años. Es la diferencia entre ver flor pronto y no verla nunca.
El aviso que hay que dar siempre
Las semillas y las vainas de la glicina son tóxicas por ingestión. Son planas, castañas y llamativas, y las vainas al secarse las lanzan a varios metros, con lo que acaban repartidas por el suelo del jardín. No tienen sabor desagradable ni efecto inmediato, así que un niño o un perro pueden comer varias antes de que nadie se dé cuenta. Con una cantidad pequeña bastan para una intoxicación.
La medida práctica es cortar las vainas en cuanto se ven y recoger las que caigan. El resto de la planta también es irritante si se mastica. No tiene ningún uso alimentario ni casero. Ante una ingestión, al médico o al veterinario, o al Instituto Nacional de Toxicología.
Y ya que la homonimia con el aminoácido lleva a mucha gente a mezclar las dos cosas, conviene decirlo claro: la planta no es una fuente de nada ni tiene propiedades para la salud. No hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas en la Unión Europea para prácticamente ninguna de estas plantas, y las que existen están en el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión, no un artículo de internet.
En resumen
Glicina designa a la vez una trepadora del género Wisteria y un aminoácido, y la coincidencia viene de la misma raíz griega que significa dulce: la planta estuvo en el género Glycine, hoy el de la soja, y el aminoácido se llamó así por su sabor. Glicina y glicinia son las dos correctas en español. El género se dedicó a Caspar Wistar, de ahí Wisteria, con una letra de más que todavía se discute.
En jardinería, lo importante es que la glicina florece en violeta, azul lila, rosa y blanco, y que cualquier semilla anunciada en turquesa, rojo o multicolor es otra planta o una foto retocada: la flor de jade, el codeso, la Callerya o el Bolusanthus se venden con ese nombre sin serlo. Aunque el lote sea auténtico, la glicina no se compra en semilla, porque tarda más de una década en florecer y no sale fiel; se compra injertada o de esqueje. Y sus semillas y vainas son tóxicas por ingestión, así que se cortan y se recogen si hay niños o perros en el jardín.