En un gambario, la planta importa menos que lo que viene pegado a la planta. Las gambas de acuario, sobre todo las Neocaridina y las Caridina, son mucho más sensibles al cobre que cualquier pez, y el cobre llega casi siempre por dos vías domésticas: los abonos líquidos para plantas acuáticas y los tratamientos antiplanarias o anticaracoles. Un abono pensado para un acuario plantado normal puede vaciarte el gambario en unos días.
La segunda regla es que las plantas que compras vienen tratadas. Buena parte de las que se venden en maceta se han cultivado fuera del agua, en vivero, y muchas pasan por baños para eliminar caracoles. Ese residuo entra en tu tanque con la planta. Por eso el planteamiento sensato de un gambario es el contrario al de un acuario de diseño: pocas especies, de crecimiento lento, que no pidan abono ni CO2, y todas en cuarentena antes de entrar.

Las gambas pasan el día pastando superficies. Lo que comen no son las hojas, es la película de microorganismos que las cubre.
El cobre: por qué es el problema número uno
Las gambas, como el resto de crustáceos y los moluscos, transportan el oxígeno en la sangre con hemocianina, una proteína que lleva cobre en lugar del hierro de nuestra hemoglobina. Necesitan trazas, pero el margen entre lo que necesitan y lo que las mata es estrechísimo, mucho más estrecho que en los peces. Una dosis de medicamento o de abono perfectamente segura para un acuario comunitario puede ser letal en un gambario.
En la práctica: lee la composición de cualquier producto antes de echarlo, descarta los que declaren cobre y desconfía de los tratamientos contra caracoles, planarias e hidras, que con frecuencia lo usan como principio activo. Si tu instalación tiene tubería de cobre, deja correr el agua antes de llenar el cubo. Y si tienes que medicar a un pez, sácalo a otro tanque: en el gambario no se medica.
Cuarentena: la planta también entra en cuarentena
Una planta nueva se saca del cesto, se le quita toda la lana de roca de las raíces (que retiene residuos y es lo que más problemas da), se aclara bien bajo el grifo y se mantiene en un recipiente aparte con agua, unas semanas, con cambios de agua frecuentes. Es aburrido y es lo único que evita el desastre. Si puedes elegir, las plantas de cultivo in vitro, las que vienen en tarrina de gel, salen del laboratorio sin caracoles, sin algas y sin residuos de tratamiento: para un gambario son la compra más segura que existe.
Los musgos: refugio y comida de verdad
El musgo es la planta del gambario por dos razones y ninguna tiene que ver con la decoración. La primera es mecánica: una mata densa de musgo es una maraña de huecos diminutos donde las crías recién nacidas, que miden lo que una coma, se meten y no las alcanza nada. La segunda es alimentaria. Sobre cualquier superficie sumergida y estable se desarrolla una película de bacterias, algas microscópicas y protozoos, el biofilm, y eso es exactamente lo que pastan las gambas todo el día. El musgo, por su enorme superficie enredada, produce muchísimo más biofilm por centímetro que una hoja lisa. Las crías no comen la comida que echas: comen esa película.

Una mata de musgo es refugio para las crías y la mayor superficie de biofilm que puedes ofrecer en poco volumen.
Aquí conviene aclarar un lío de nombres que arrastran las tiendas. Lo que se vende como musgo de Java suele ser Taxiphyllum barbieri, aunque la etiqueta ponga Vesicularia dubyana, que es una especie distinta y bastante menos frecuente en el comercio. Para el cultivo da igual, porque ambas piden lo mismo, pero si buscas información conviene saberlo. Tienes los cuidados detallados en la ficha del musgo de Java.
Los musgos no se plantan: no tienen raíces verdaderas, solo rizoides de anclaje. Se atan con hilo de algodón o con sedal a una piedra o a una raíz, y en unas semanas se sujetan solos. Recórtalos con tijera cuando el interior de la mata empiece a amarillear, porque la luz no llega al fondo y ahí se pudre.
Lento, sin abono y sin CO2
Además del musgo, las plantas que encajan en un gambario son las de crecimiento lento que viven con poca luz y sin fertilización intensiva. Las anubias (Anubias barteri y sus variedades) y las criptocorinas son las dos de manual, junto al helecho de Java (Microsorum pteropus). Las tres tienen rizoma o corona que no se entierra, aguantan luz baja y se mantienen años sin tocarlas; el helecho de Java tiene además su propia ficha, y cómo se fija cada tipo de planta está en plantas de acuario, cómo se planta cada tipo.
Conviene desmentir algo que circula desde hace años: que las anubias y las criptocorinas matan gambas al podarlas porque liberan ácido oxálico y acidifican el agua. No es así. Ninguna poda de una planta de acuario cambia el pH de un tanque de forma apreciable, y esas dos especies son de las más recomendadas en acuarios de gamba precisamente por su hoja dura y estable, que sostiene biofilm durante meses. Lo que sí hacen las criptocorinas es fundir las hojas cuando cambian las condiciones, soltar todo el follaje de golpe y rebrotar desde el rizoma: eso ensucia el agua si no retiras los restos, y es lo más parecido a un problema que vas a tener con ellas.

La anubias florece incluso sumergida. Su hoja dura es una de las mejores superficies de pasto para las gambas.
La bola de musgo o marimo, que en las tiendas sigue etiquetada como Cladophora aegagrophila y hoy se sitúa en Aegagropila linnaei, no es un musgo sino un alga que crece formando esferas en lagos fríos del hemisferio norte. Crece muy despacio, no necesita nada y las gambas la pastan encantadas. Es de las pocas compras sin pega para un gambario, con una condición: apriétala suavemente y enjuágala de vez en cuando en agua del acuario, porque acumula suciedad en el interior.

El marimo no es un musgo, es un alga esférica de crecimiento lentísimo. Conviene enjuagarla de vez en cuando.
Las que piden CO2 no encajan aquí
Las tapizantes de acuariopaisajismo y las hepáticas como la Riccia fluitans dan el aspecto de las fotos, pero necesitan luz fuerte, abonado y CO2 inyectado. En un gambario eso es contraproducente por dos motivos: obliga a fertilizar, con el riesgo que ya conoces, y la inyección de CO2 mueve el pH a lo largo del día. Las gambas toleran mal los vaivenes bruscos, especialmente durante la muda. Un gambario funciona mejor cuanto más aburrido y estable es.
Dos de las plantas de siempre están prohibidas
Este punto no suele aparecer en las listas de plantas para gambarios y es el más importante. Dos de las especies que tradicionalmente se recomiendan están incluidas en la lista de especies exóticas invasoras preocupantes para la Unión del Reglamento (UE) 1143/2014, de aplicación directa en España, lo que prohíbe comercializarlas, cultivarlas, transportarlas y liberarlas en el medio natural.
Una es Salvinia molesta, el helecho flotante que se vende como repollo de agua. La otra es Myriophyllum aquaticum, la cola de zorro o pluma de agua, que no debe confundirse con las Myriophyllum autóctonas. Si las tienes, no se vierten al desagüe ni a un cauce ni a una cuneta: se secan por completo antes de tirarlas a la basura. Y en cualquier compra de flotantes pide el nombre científico, porque a simple vista todas se parecen y en el grupo hay varias prohibidas.

Salvinia molesta figura en la lista de invasoras de la Unión del Reglamento (UE) 1143/2014: no puede comercializarse.

La cola de zorro Myriophyllum aquaticum está en esa misma lista. No se vierte jamás a un desagüe ni a un cauce.
Flotantes: sombra y nitratos, con la especie comprobada
Las flotantes cumplen dos funciones útiles en un gambario. Consumen nitratos con avidez porque crecen deprisa y toman el CO2 del aire, y sobre todo tamizan la luz, cosa que las gambas agradecen porque salen más y se esconden menos. La contrapartida es que hay que retirar el exceso cada semana, o acaban tapando el tanque entero. Elige siempre por nombre científico, y no por el nombre comercial.
En resumen
Un gambario se monta al revés que un acuario plantado de concurso: pocas especies, crecimiento lento, luz moderada, sin CO2 y sin abonos, porque el cobre de la fertilización y de los tratamientos antiparásitos es lo que de verdad mata gambas. Toda planta nueva pasa cuarentena y se le quita la lana de roca; las de cultivo in vitro se ahorran ese paso.
El musgo es la pieza central, no por decoración sino porque da refugio a las crías y produce el biofilm del que comen; junto a él, anubias, criptocorinas y helecho de Java resuelven el resto sin trabajo, y lo del ácido oxálico de sus podas es un bulo. Antes de comprar flotantes, comprueba el nombre científico: Salvinia molesta y Myriophyllum aquaticum están prohibidas por el Reglamento (UE) 1143/2014, y ninguna planta de acuario se tira nunca por el desagüe.