El farolillo chino es una de las plantas con más nombres y más confusiones de todo el jardín. Se la llama también alquequenje, vejiga de perro, tomatito del diablo o linterna japonesa, y en los últimos años se ha mezclado en las conversaciones de huerto con el physalis que venden las fruterías como fruta exótica. No son la misma planta, aunque sean parientes cercanas, y la diferencia importa: una se cultiva para cortar ramos secos y la otra para comer.
Qué es exactamente el farolillo chino
El farolillo chino es Alkekengi officinarum, nombre aceptado hoy y que durante mucho tiempo fue Physalis alkekengi. Es una solanácea, de la misma familia que el tomate, la patata y la berenjena, y es vivaz y rizomatosa: rebrota cada primavera desde raíces subterráneas que se extienden lateralmente.
Alcanza entre 40 y 60 cm. Las flores, en junio y julio, son pequeñas, blanquecinas y bastante insignificantes. Lo llamativo llega después: tras la fecundación, el cáliz sigue creciendo —lo que los botánicos llaman cáliz acrescente— hasta envolver por completo la baya en una vejiga de nervios marcados que, al madurar en septiembre, vira del verde al naranja intenso. Esa linterna es la razón de su cultivo. Dentro, protegida, hay una baya redonda de un centímetro escaso, roja o anaranjada.
Es originaria del sur de Europa y de Asia templada, no de China pese al nombre. En la Península aparece asilvestrada en huertas viejas, ribazos y bordes de acequia de media España.
La confusión con el physalis comestible
Esta es la parte que conviene tener clara antes de sembrar nada. Bajo la etiqueta comercial «physalis» conviven al menos tres plantas distintas:
Alkekengi officinarum (farolillo chino, alquequenje). Ornamental. La planta entera —hojas, tallos y frutos verdes— contiene solanina y physalinas y es tóxica. Solo la baya completamente madura, roja y blanda, se ha consumido tradicionalmente, y en cantidades pequeñas. Su sabor es ácido y algo amargo. No es una planta de huerto.
Physalis peruviana (uchuva, aguaymanto, capulí, «physalis» de frutería). Ésta sí es la fruta que se vende en bandejitas, del tamaño de una cereza, dorada y dulce con un fondo ácido. Es la que tiene interés nutricional real.
Physalis philadelphica (tomatillo o tomate verde mexicano). Hortaliza de fruto grande y verde, base de la salsa verde. Se cultiva como un tomate y necesita dos plantas para cuajar, porque es autoincompatible.
Si alguien le vende «semillas de farolillo chino para comer», casi con seguridad hay un error de identificación. Compruebe siempre el nombre científico del sobre.
Qué aporta el physalis comestible
La uchuva tiene fama de bomba de vitamina C, y conviene matizarla. Los valores publicados oscilan bastante según variedad, madurez y procedencia, en un rango aproximado de 10 a 40 mg de vitamina C por cada 100 g de fruto fresco. Es una cifra buena para una fruta pequeña —del orden de la fresa en su parte alta del rango, claramente por debajo del kiwi o del pimiento crudo— pero no es la fuente más concentrada que se pueda encontrar.
Lo que sí es notablemente rico es su contenido en carotenoides, sobre todo betacaroteno y criptoxantina, responsables del color naranja y precursores de la vitamina A. También destaca en niacina (vitamina B3), poco frecuente en fruta, y aporta fibra y polifenoles. Tiene unas 50-55 kcal por 100 g.
Dicho de otro modo: es una fruta interesante y de perfil poco común, y ese es su mérito. No hace falta exagerarlo.
Cómo cultivar el farolillo chino
Es de las plantas más agradecidas que existen, hasta el punto de que el problema no es que prospere sino que se pare.
Rusticidad. Aguanta sin daño hasta -20 °C. Vale para toda la Península, incluidas la meseta norte y zonas de montaña.
Exposición. Sol pleno o media sombra. En el sur y en el interior, con veranos de más de 35 °C, agradece sombra de tarde: los cálices conservan mejor el color.
Suelo. Indiferente, con tal de que drene. Prefiere los frescos y algo profundos, pero vegeta bien en suelos pobres y calizos, que son mayoría en España.
Siembra. En semillero protegido entre febrero y marzo, a 18-20 °C. La germinación tarda de dos a cuatro semanas y es irregular; un paso previo de estratificación en frío —tres o cuatro semanas en la nevera dentro de arena húmeda— la mejora bastante. Trasplante al exterior cuando pasen las heladas, hacia abril o mayo. La primera floración suele llegar el segundo año.
Marco. Unos 50 cm entre plantas. También se multiplica muy fácilmente dividiendo la mata en otoño o extrayendo trozos de rizoma con brote.
Riego. Moderado. Tolera la sequía una vez arraigada, aunque con sequía prolongada reduce el tamaño de los cálices.
Aviso importante: es invasora. Los rizomas colonizan varios metros cuadrados en pocas temporadas y se meten entre las raíces de las vivaces vecinas. Lo sensato es plantarla en maceta enterrada, o rodear su espacio con una barrera antirrizoma hundida 30 cm, como se hace con la menta o el bambú. Quien la plante suelta en un arriate mixto acabará arrancándola durante años.
Recolección y uso en ramo seco
Los cálices se cortan cuando han virado a naranja pleno, generalmente en septiembre y octubre. Corte el tallo entero por la base, deshoje y cuelgue boca abajo en un lugar oscuro, seco y ventilado durante dos o tres semanas. Secos conservan el color más de un año si no les da el sol directo.
Si se dejan en la planta hasta el invierno, la lluvia y las heladas van descomponiendo el tejido del cáliz y queda solo la nervadura, una filigrana transparente con la baya roja dentro. Es un efecto muy decorativo, pero hay que aceptar que la mayoría se rompen.
Precauciones
Conviene decirlo con claridad porque es una planta atractiva para los niños: los frutos verdes y toda la parte vegetativa del farolillo chino son tóxicos. Contienen alcaloides que causan molestias digestivas, vómitos y, en dosis altas, alteraciones nerviosas. La ingestión de bayas inmaduras es una causa relativamente frecuente de consultas toxicológicas pediátricas en otoño, precisamente porque el farolillo naranja parece un caramelo.
La medicina popular le atribuyó propiedades diuréticas y antigotosas —de ahí el epíteto officinarum— y llegó a figurar en farmacopeas antiguas. No es motivo suficiente para preparar infusiones caseras con ella.
Lo mismo vale para Physalis peruviana: el fruto maduro es perfectamente comestible, pero el verde no lo es. Espere a que la envoltura esté seca, apergaminada y de color paja, y la baya de dentro naranja intensa.
En resumen
El farolillo chino (Alkekengi officinarum) es una vivaz rústica y ornamental que se cultiva por sus cálices naranjas de otoño, muy usados en ramo seco. No es la planta del physalis de frutería: esa es Physalis peruviana, la que aporta vitamina C, carotenoides y niacina y la que tiene sentido cultivar para comer. El farolillo se siembra en febrero-marzo con estratificación previa, aguanta hasta -20 °C y crece casi en cualquier suelo drenante, pero sus rizomas son invasores y hay que contenerlos. Sus frutos verdes y su follaje son tóxicos, de modo que si hay niños en casa conviene situarla donde no tenga acceso fácil o prescindir de ella.