Eritrina no es una planta: es un género entero, Erythrina, de la familia de las leguminosas, con más de un centenar de especies repartidas por los trópicos y subtrópicos de América, África, Asia y Oceanía. Casi todas comparten el mismo golpe de efecto, que es lo que hace que se planten en medio mundo: flores rojas o anaranjadas, grandes, agrupadas en racimos densos y muchas veces abiertas sobre la rama desnuda, antes de que salgan las hojas. El nombre viene del griego erythros, rojo, y no se refiere solo a la flor.
Porque hay una parte roja que conviene conocer antes que ninguna otra: las semillas. Son duras, brillantes y de un rojo intenso, a veces con una mancha negra, y en muchos países se han usado para hacer collares, pulseras y sonajeros. Contienen alcaloides tóxicos del grupo que da nombre al género, con actividad sobre la transmisión nerviosa y muscular, y eso las convierte en un problema serio justo por lo que las hace atractivas: parecen caramelos y están al alcance de la mano de un niño bajo el árbol. Si alguien las ingiere, al médico; si las mastica un perro, al veterinario. El Instituto Nacional de Toxicología atiende las 24 horas en el 91 562 04 20. Nada de remedios caseros.
Flores estrechas y encendidas, apretadas en racimos densos: la marca de la casa del género Erythrina.
Un árbol, veinte nombres
Pocas plantas tienen una colección de nombres comunes tan larga, y eso complica mucho leer sobre ellas. Estos son los que más vas a encontrar:
- Ceibo o seibo. En Argentina y Uruguay, para Erythrina crista-galli, cuya flor es emblema nacional en ambos países. No confundir con la ceiba, Ceiba, que es otra cosa completamente distinta.
- Bucare. En Venezuela y Colombia, para las especies que se plantan dando sombra a los cafetales.
- Gallito, pito, poró, elequeme. En Centroamérica, según el país y la especie.
- Colorín, tzompantli, patol, pichoco. En México, donde el nombre náhuatl alude al uso ritual de la madera y de las semillas.
- Cámbulo, písamo, amasisa. En la región andina y amazónica.
- Wiliwili. En Hawái, para la especie endémica de las islas, Erythrina sandwicensis.
- Árbol de coral. El nombre de catálogo en España y en jardinería internacional, por el color y la forma de la inflorescencia.
Traducido a la práctica: cuando leas "cuidados del ceibo" o "el bucare", comprueba primero de qué especie habla el texto, porque el comportamiento en el jardín cambia muchísimo de una a otra, empezando por el frío que aguantan.
Cómo se reconoce una eritrina
Aunque el género sea grande, el conjunto de rasgos se repite y es fácil de retener:
- Hoja trifoliada. Tres foliolos anchos, el terminal más grande, con el peciolo largo. Es la señal más constante.
- Espinas. Muchas especies llevan aguijones cortos y curvos en ramas, tronco y hasta en el nervio de la hoja. No todas, pero sí una mayoría.
- Flor papilionácea deformada. Es una leguminosa, pero la flor no parece la de una judía: el pétalo estandarte se alarga y domina, y el conjunto se estira como una lengua o una espada.
- Vaina estrangulada entre semilla y semilla, que se abre y deja ver las semillas rojas colgando.
- Madera muy ligera y blanda, y ramas quebradizas. Esto tiene consecuencias prácticas de las que hablo más abajo.
La flor roja y tubular no es casual. Estos árboles están polinizados por aves: colibríes en América, suimangas y otros paseriformes en África y Asia. Los pétalos abiertos hacia abajo o hacia un lado funcionan como percha o como guía, el néctar es abundante y está al fondo, y el color rojo es una señal que las aves ven perfectamente y la mayoría de los insectos, no tanto. Por eso florecen muchas veces sin hojas: para que nada tape el reclamo.
El ceibo, Erythrina crista-galli, con su flor granate y la hoja de tres foliolos característica del género.
Qué eritrinas se ven en España
Son árboles de clima cálido, así que su cultivo aquí se concentra en la costa mediterránea templada, el suroeste y Canarias. Fuera de esas zonas, la helada manda.
La más extendida con diferencia es el ceibo, Erythrina crista-galli, que es también la más tolerante al frío del grupo: en zonas de invierno suave se comporta casi como un arbusto que pierde la parte aérea y rebrota. En parques y paseos de la costa se ven también Erythrina caffra, la sudafricana de flor naranja escarlata, y Erythrina speciosa, brasileña, de inflorescencias erguidas muy llamativas. En Canarias el abanico se amplía, porque el clima permite especies que en la península no pasarían el invierno.
Un detalle a tener en cuenta antes de plantar una: la madera es ligera y quebradiza, las ramas pesan mucho cuando están cargadas de hoja y flor, y las raíces superficiales pueden levantar pavimento con los años. Un ejemplar mal situado, regado y abonado en exceso, crece rápido, se hace pesado y termina partiendo ramas. No es un árbol para un patio estrecho ni para plantar pegado a un muro.
Para qué se han usado
Más allá de lo ornamental, el género tiene usos documentados que explican su presencia en tantos países:
- Sombra de cultivos. Los bucares se plantan sobre café y cacao para tamizar la luz. Al ser leguminosas fijan nitrógeno en simbiosis con bacterias del suelo, y la hojarasca que sueltan aporta materia orgánica al cultivo.
- Cercas vivas. Varias especies enraízan a partir de estacas gruesas clavadas directamente en el suelo, lo que permite levantar un vallado vivo en una temporada. De ahí nombres como poró de cerca.
- Madera ligera. El caso más conocido es el wiliwili hawaiano, con cuya madera, extraordinariamente ligera, se fabricaban flotadores de red, flotadores de canoa de balancín y las tablas de surf largas reservadas a la nobleza.
- Usos rituales y artesanales. Las semillas rojas se han usado como cuentas y como amuletos en América y en África, y la madera blanda, para tallar máscaras y figuras.
Sobre alimentación, una precisión importante. En algunas regiones de México se consumen cocinadas las flores de ciertas eritrinas, con recetas locales de tradición larga. Eso no convierte al género en comestible ni mucho menos extiende el permiso a las semillas, que son la parte peligrosa. Sin conocimiento local de primera mano, con una eritrina no se cocina.
Lo que este artículo no va a decirte
Las fichas antiguas del género cerraban con una lista de dolencias que la corteza, la hoja o la raíz supuestamente curan. Aquí no vas a encontrarla. En la Unión Europea, las declaraciones de propiedades saludables están reguladas por el Reglamento (CE) 1924/2006 y las autoriza la Comisión Europea, no un artículo de internet, y para estas plantas no hay ninguna.
Lo que sí existe es un cuerpo grande de usos tradicionales documentados en la etnobotánica americana y africana, y un campo de investigación sobre los alcaloides del género, que precisamente son estudiados por su actividad sobre el sistema nervioso. Ese es justo el motivo por el que no hay que jugar con ellos: no son una infusión inocente, son compuestos activos con un margen estrecho. Nada de preparados caseros, y ante un problema de salud, consulta médica.
Una plaga que ha cambiado el paisaje
Merece la pena conocerla porque afecta al género entero. A comienzos de este siglo se describió una avispilla agalladora, Quadrastichus erythrinae, específica de Erythrina, que deforma hojas y brotes con agallas y puede llegar a defoliar y matar árboles adultos. Se extendió con rapidez por zonas tropicales y subtropicales de varios continentes, y en Hawái causó una mortandad grave en las poblaciones de wiliwili, hasta el punto de obligar a programas de conservación de la especie.
Si detectas agallas y deformaciones repetidas en una eritrina, lo que corresponde es avisar al servicio de sanidad vegetal de tu comunidad autónoma, no improvisar tratamientos. En sanidad vegetal el marco de referencia en España es el Real Decreto 1311/2012, con la gestión integrada de plagas como principio: prevención y medios físicos y biológicos antes que el químico, dosis siempre las de la etiqueta del producto y nada de tratar en floración ni en horas de vuelo de las abejas.
En resumen
Las eritrinas son un género tropical y subtropical de leguminosas de flor roja polinizadas por aves, con más de cien especies y una lista interminable de nombres locales: ceibo, bucare, gallito, colorín, pito, wiliwili, árbol de coral. En España se cultivan en la costa cálida y en Canarias, y la más habitual es el ceibo, la única que aguanta algo de frío.
De todo lo que hay que retener, lo primero son las semillas: rojas, duras, muy vistosas y tóxicas por los alcaloides que contienen. Si tienes una eritrina y niños o mascotas cerca, recoge las vainas cuando caigan. Y lo segundo, que es un árbol grande, quebradizo y de raíces superficiales, así que el sitio donde lo plantas importa tanto como el riego.