Una flor marchita no es solo un resto feo en la mata. Cuando una flor se poliniza y empieza a formar semilla, la planta redirige hacia esa semilla una parte importante de sus reservas y, en muchas especies, deja de emitir botones nuevos. Cortar la flor pasada antes de que cuaje la semilla interrumpe esa señal y devuelve a la planta al modo de floración. En jardinería se conoce como despunte de flores marchitas o, por el término inglés extendido incluso entre profesionales españoles, deadheading.
No funciona en todas las plantas ni de la misma manera, y ahí está la diferencia entre hacerlo bien y limitarse a arrancar pétalos feos.
Por qué la planta deja de florecer
Una planta anual tiene un objetivo biológico único: producir semilla viable antes de morir. Mientras no lo consiga, seguirá emitiendo flores. En cuanto una parte suficiente de sus flores cuaja fruto, el balance hormonal cambia —caen los niveles relativos de giberelinas y citoquininas asociados al crecimiento vegetativo y a la formación de botones— y la planta entra en fase de maduración de semilla. Deja de florecer, amarillea y se agota.
En anuales y vivaces de floración larga este mecanismo es muy marcado. Petunias, tagetes, cosmos, cinias, pensamientos, dalias o Salvia responden de forma casi inmediata: si se retira la flor pasada cada semana, la planta encadena floración hasta que la fecha o el frío la paran. Si se deja semillar, en tres o cuatro semanas está acabada.
En arbustos y vivaces de floración única el efecto es distinto. Una lila (Syringa vulgaris) o una peonía no van a volver a florecer ese año por mucho que se les corten las flores secas; lo que se consigue es evitar que gasten energía en semilla y que la reserven para las yemas del año siguiente. También se gana en aspecto.
Dónde cortar exactamente
El error más común es pellizcar solo los pétalos y dejar el ovario en pie. Si queda el engrosamiento verde bajo la flor, la planta sigue formando semilla y no se ha ganado nada. Hay que cortar por debajo del receptáculo, es decir, por debajo de la parte engrosada donde se está formando el fruto.
La regla general: seguir el tallo floral hacia abajo hasta el primer par de hojas sanas o hasta el primer brote lateral visible, y cortar justo por encima. Ese brote es el que dará la siguiente flor. Cortar demasiado alto deja un tocón seco antiestético que además puede ser puerta de entrada de Botrytis; cortar demasiado bajo elimina yemas útiles.
Casos concretos que conviene tener claros:
Rosales reflorecientes. Durante décadas se enseñó a cortar siempre sobre la primera hoja de cinco foliolos, mirando hacia fuera. Los ensayos del Royal National Rose Society mostraron que un corte más sencillo —simplemente romper o cortar el ramillete pasado justo bajo la flor— da rebrote igual de bueno y más rápido, porque conserva más hoja fotosintética. En rosales sanos y vigorosos basta con eso. Reserve el corte largo sobre hoja de cinco foliolos para cuando además quiera dar forma a la mata.
Geranios vivaces (Geranium). No se despuntan flor a flor: cuando la mata empieza a decaer, se siega entera a unos 5 cm del suelo. En un mes rebrota con follaje limpio y da una segunda floración. Es la técnica del corte de rejuvenecimiento y funciona igual en Nepeta x faassenii, Alchemilla mollis y Salvia nemorosa.
Espigas florales (lupinos, digitales, Delphinium, Salvia). Cortar la espiga principal en cuanto las flores del tercio superior estén pasadas. Las yemas laterales del tallo emiten espigas más pequeñas y se alarga la floración varias semanas.
Bulbosas. En narcisos y tulipanes hay que cortar la flor pasada —forman cápsula de semilla que consume mucho— pero nunca las hojas. La hoja es lo que recarga el bulbo para el año siguiente. Debe dejarse hasta que amarillee sola, unas seis semanas después de la floración. Anudarlas o trenzarlas, costumbre muy extendida, reduce la superficie expuesta a la luz y merma el bulbo.
Plantas a las que no se les debe quitar la flor
Aquí es donde el consejo automático hace daño. Hay especies que florecen sobre madera vieja o que forman el fruto ornamental a partir de la flor, y despuntarlas es contraproducente:
Hortensias (Hydrangea macrophylla): las inflorescencias secas protegen del frío las yemas florales del año siguiente, situadas justo debajo. Se retiran a finales de invierno, no en otoño.
Especies de fruto decorativo: Pyracantha, acebo (Ilex aquifolium), rosales de escaramujo como Rosa rugosa o Rosa moyesii, Callicarpa. Si se les quitan las flores pasadas no habrá bayas en otoño.
Gramíneas ornamentales y vivaces de estructura invernal: Sedum spectabile, equináceas, Miscanthus. Su interés está precisamente en el esqueleto seco.
Cualquier planta de la que se quiera recoger semilla, y las que se dejan a propósito para la fauna: los cardos, girasoles y equináceas granados alimentan jilgueros y verderones todo el invierno.
También hay un grupo de plantas modernas que sencillamente no lo necesitan: las petunias tipo Surfinia y Calibrachoa, los Bidens, las begonias de la serie Dragon Wing o los Impatiens de Nueva Guinea son autolimpiantes, sueltan la flor pasada y siguen. En ellas el despunte es solo estético.
Cómo y cuándo hacerlo
Frecuencia. En plena temporada, una pasada semanal es suficiente en un jardín normal. En balcón, con seis o siete macetas, cinco minutos cada dos o tres días. Lo importante es no dejar que llegue a haber cápsulas maduras: a partir de ahí la planta ya ha «decidido».
Herramienta. Tijera de podar bien afilada o simplemente las uñas en tallos tiernos (petunias, pensamientos, tagetes). Desinfecte la hoja con alcohol al pasar de una planta enferma a otra sana, sobre todo en rosales con problemas fúngicos.
Momento del día. Mejor por la mañana temprano, con la planta turgente, y en día seco. Cortar con hoja mojada favorece la entrada de hongos por la herida.
Abonado. El despunte obliga a la planta a producir de nuevo, y eso consume nutrientes. En macetas y jardineras conviene acompañarlo de un abono líquido rico en potasio cada 10-15 días durante la temporada de flor. Sin ese apoyo, la planta rebrota cada vez más débil.
Cuándo parar. A finales de septiembre u octubre, según zona, deje de despuntar las vivaces: forzar brotación tierna en otoño produce crecimiento que el primer frío quema. En las anuales de temporada da igual, porque van a retirarse.
Errores frecuentes
Dejar el pedúnculo largo y seco: además de feo, es tejido muerto que se pudre hacia dentro.
Confundir botón sin abrir con flor pasada. En las dalias y las peonías el botón cerrado es redondo y firme; la flor pasada es blanda y de punta cónica. Palpe antes de cortar.
Despuntar arbustos de floración primaveral en verano o después: forsitia, jazmín de invierno, celindo (Philadelphus) o lilo forman las yemas del año siguiente poco después de florecer. Hay que actuar en las dos o tres semanas siguientes a la caída de la flor; más tarde se cortan las yemas del año que viene.
Creer que el despunte sustituye a la poda. Son cosas distintas: el despunte gestiona la floración en curso, la poda gestiona la estructura de la planta.
Tirar los restos al pie de la mata. Las flores pasadas, sobre todo en rosales y peonías, son foco de Botrytis cinerea. Retírelas; al compost solo si están sanas.
En resumen
Retirar la flor marchita antes de que forme semilla mantiene a la planta en fase de floración y alarga la temporada varias semanas, sobre todo en anuales y vivaces refloreciantes. El corte debe ir por debajo del ovario engrosado, hasta la primera hoja o brote sano. Las vivaces de mata —geranios, nepetas, salvias— agradecen más un siegue completo a 5 cm que un despunte flor a flor. No se despuntan las hortensias, las plantas de fruto ornamental, las de interés invernal ni las autolimpiantes. Acompañe la operación de abonado potásico en maceta, hágala en seco y con herramienta limpia, y deje de hacerla a la entrada del otoño en las plantas que van a pasar el invierno en el jardín.