La curuba es el fruto alargado de unas cuantas pasifloras andinas de montaña. No es el maracuyá, aunque sea prima suya: el maracuyá es redondo, de piel dura y morada o amarilla, y crece en tierra caliente; la curuba es oblonga, de piel fina y amarilla, con pelusa cuando está verde, y necesita el frío suave de los dos mil metros de altitud. En Ecuador y en el norte de Perú a esa misma fruta la llaman taxo, y en Bolivia y el sur de Perú, tumbo. En inglés se la conoce como banana passionfruit, el maracuyá plátano, que describe bastante bien la forma.
Hay una segunda cosa que conviene decir desde el principio, porque es la más importante y la que nunca aparece en las fichas de esta fruta: fuera de los Andes, la curuba es una de las trepadoras invasoras más destructivas que existen. Donde se ha escapado de los cultivos ha tapado bosques enteros, cubriendo la copa de los árboles hasta hundirlos por peso y falta de luz. Por eso, al final del artículo, la respuesta a si conviene plantarla en España no es un calendario de siembra.
Qué especie es exactamente la curuba
Aquí no hay una sola planta, y quien te diga lo contrario está simplificando. Bajo el nombre de curuba se agrupan varias pasifloras del mismo grupo, y las dos que llegan al mercado son:
- La curuba de Castilla, Passiflora tripartita var. mollissima. Es la clásica de Colombia, de fruto con la piel blanda y cubierta de una pelusa fina, y la que más se cultiva para consumo.
- La curuba india o curuba quiteña, Passiflora tarminiana. De piel más lisa y firme, más resistente en campo, y la que con más frecuencia aparece asilvestrada. Durante mucho tiempo se confundió con la anterior y solo hace unas décadas se separó como especie propia, así que buena parte de la literatura antigua sobre «curuba» mezcla las dos.
A esas se suman otras del mismo grupo, como Passiflora mixta, que en algunas zonas también reciben el nombre de curuba o de tumbo. Si en tu caso lo que importa es cerrar la especie, con la fruta comprada en una frutería normalmente no se puede: hace falta ver la flor, las brácteas y la pelusa del fruto joven, y no es infrecuente que ni siquiera el vendedor lo sepa.
La flor de la curuba cuelga hacia abajo y el tubo verdoso que sostiene los pétalos es largo y estrecho, muy distinto de la flor plana y abierta del maracuyá.
Cómo es la planta
Es una trepadora herbácea vigorosa, de tallos jóvenes redondeados y cubiertos de pelo, que se agarra por zarcillos enrollados nacidos en las axilas de las hojas. Crece deprisa, se arrastra por el suelo cuando no encuentra apoyo y sube por la vegetación que tenga a mano hasta alcanzar la copa de un árbol.
La hoja es la marca de la casa del grupo: profundamente trilobulada, con el borde dentado y los lóbulos acabados en punta, verde y casi lampiña por el haz, suavemente vellosa por el envés, sobre un pecíolo también peludo. Si vienes de mirar un maracuyá, la diferencia salta a la vista: las hojas del maracuyá son de un verde oscuro brillante y sin pelo.
Una flor colgante hecha para el pico de un colibrí
La flor es lo más característico de la curuba y lo que la separa a primera vista del resto de las pasifloras. Es rosada, cuelga hacia abajo y, en lugar de abrirse plana como la flor de la pasión que todo el mundo conoce, mantiene los pétalos y sépalos reunidos sobre un tubo floral verdoso muy largo y estrecho. La corona de filamentos, que en otras pasifloras es el elemento más vistoso, aquí queda reducida a un anillo apenas visible en la boca del tubo. En la base de cada flor hay un par de brácteas anchas que se confunden con sépalos.
Ese tubo largo no es un capricho. Guarda el néctar al fondo, donde solo llega un pico largo, y en los Andes las flores de este grupo las visitan colibríes de pico muy desarrollado. Es un ejemplo de libro de cómo la forma de una flor y el animal que la poliniza encajan uno en otro. Si te interesa la anatomía de estas flores y por qué se llaman flores de la pasión, está contada en el artículo sobre la flor de la pasión.
El fruto: cómo se reconoce y cuándo está en su punto
El fruto es una baya alargada u ovalada, de bastantes centímetros de largo y mucho más estrecha, que pasa de verde a amarillo o naranja pálido al madurar. Los frutos jóvenes son vellosos; según la especie, esa pelusa se conserva o desaparece. Dentro, la cáscara es fina y algo esponjosa, y la pulpa es anaranjada, jugosa y muy aromática, repleta de semillas oscuras y planas envueltas en su arilo, que es lo que realmente se come.
Cortada a lo largo se ve la pared fina y la pulpa anaranjada con las semillas. Es lo que se cuela para hacer jugo o sorbete.
El punto de madurez se nota por el color y por el tacto: la piel amarillea del todo y cede ligeramente al apretarla, y el aroma se vuelve evidente sin necesidad de abrirla. Está bastante más ácida que el maracuyá, así que se consume casi siempre en jugo, batida con agua o con leche, en sorbete, en helado y en mermelada, más que a cucharadas. Como en el resto del género, la curuba se come madura: en las pasifloras se han descrito glucósidos cianogénicos en la hoja y en el fruto verde, así que el fruto sin madurar no es cosa de probar, y las hojas no tienen uso alimentario.
La trepadora que tapa bosques
Fuera de su área de origen la curuba se comporta como una invasora de primer orden, y su historial es largo. Se cultivó por la fruta en zonas de clima templado y húmedo de varios continentes, los pájaros y los mamíferos dispersaron las semillas y la planta se instaló en los bordes de bosque. A partir de ahí hace siempre lo mismo: trepa por los árboles, forma una cortina continua sobre la copa, roba la luz y añade un peso considerable que acaba desgajando ramas y tumbando ejemplares enteros. Bajo esa manta no germina casi nada, de modo que el bosque deja de regenerarse.
Frutos en distintos estados de madurez sobre la propia planta. Una mata bien instalada produce mucho y dispersa semilla con facilidad.
El problema es especialmente grave en islas y en zonas de montaña de clima suave, que es justo donde la planta encuentra el fresco húmedo que le gusta y donde la flora nativa tiene menos margen. No me consta que la especie figure en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, así que no lo afirmo; lo que sí está documentado es ese comportamiento allá donde se ha naturalizado, y es razón suficiente para no soltarla en el campo.
¿Se puede cultivar en España?
En la práctica, mal y en muy pocos sitios. La curuba no es una fruta tropical de tierra caliente sino de montaña tropical: quiere temperaturas suaves todo el año, sin heladas y sin los picos de calor seco de un verano peninsular. En el interior se hiela en invierno; en el litoral mediterráneo, el calor y la sequedad del verano la castigan; y donde mejor podría encontrarse es en medianías húmedas y frescas de Canarias, que es exactamente el tipo de enclave donde su capacidad invasora resulta más peligrosa.
Súmale que necesita estructura de soporte firme, que la mata pesa mucho y que es una planta de vida corta que se agota en pocos años, y el balance queda claro: como frutal casero en España no compensa, y como planta de colección en un sitio de clima favorable la responsabilidad de que no salte la valla es tuya. Si lo que buscas es una pasiflora de fruto en clima español, el maracuyá es una elección mucho más razonable, y si la quieres por la flor, hay pasifloras ornamentales rústicas tratadas en la guía del género.
En resumen
Curuba, taxo y tumbo son nombres de una misma fruta andina, repartida entre varias especies próximas de Passiflora, principalmente Passiflora tripartita var. mollissima y Passiflora tarminiana. Se reconoce por la hoja trilobulada y peluda, por la flor rosada colgante con un tubo largo adaptado al pico de los colibríes y por el fruto oblongo y amarillo de pulpa naranja muy aromática, que se come maduro y se consume sobre todo en jugo.
Es una planta de montaña tropical, y esa doble exigencia de fresco y humedad sin heladas la deja prácticamente fuera del cultivo español. Además tiene un historial serio como invasora en las regiones templadas y húmedas donde se ha escapado, donde cubre y hunde el arbolado nativo. Merece la pena conocerla y probarla; plantarla es otra decisión, y conviene tomarla sabiendo esto.