Una semilla de tomate pesa unos tres miligramos y lleva dentro reservas para unos diez días de vida. Ese es todo el margen que tiene la plántula para desplegar cotiledones, encontrar luz y empezar a fabricar su propio alimento. Lo que ocurra en esos diez días marca la planta durante toda la campaña, y por eso el semillero no es un trámite previo al huerto: es la fase donde más fácil resulta arruinar una cosecha y donde menos cuesta hacerlo bien.

Sembrar en semillero, en lugar de hacerlo directamente en el suelo, sirve para tres cosas concretas: adelantar el ciclo cuando el terreno todavía está frío, controlar las condiciones de germinación de semillas caras o delicadas, y ocupar el bancal solo con plantas que ya han demostrado que están vivas. No sirve para todo ni conviene a todas las hortalizas, y esa es la primera decisión que hay que tomar.

Bandejas de semillero con plántulas de hortalizas recién nacidas

Qué hortalizas van a semillero y cuáles no

Toleran bien el trasplante, y por tanto se benefician del semillero, las solanáceas (tomate Solanum lycopersicum, pimiento Capsicum annuum, berenjena Solanum melongena), las brasicáceas (coles, brócoli, coliflor, todas Brassica oleracea), las lechugas (Lactuca sativa), las alliáceas de siembra (puerro Allium porrum, cebolla Allium cepa), la acelga y la remolacha (Beta vulgaris) y el apio (Apium graveolens).

Aceptan el trasplante solo si se hace muy joven y con el cepellón intacto las cucurbitáceas: calabacín, pepino, melón, sandía y calabaza. Su raíz principal se daña con facilidad y no rebrota bien. Si se siembran en alvéolo, hay que trasplantarlas con dos hojas verdaderas como mucho, nunca cuando ya han enrollado las raíces en el fondo.

No van a semillero, salvo empeño, las umbelíferas de raíz y las de raíz pivotante en general: zanahoria (Daucus carota), chirivía, rábano, nabo. Cualquier daño en la raíz principal produce raíces bifurcadas o deformes. Las leguminosas (judía, guisante, haba) germinan tan rápido y con tanta fuerza en el suelo que el semillero solo añade trabajo, aunque en zonas de primaveras frías se adelantan guisantes en macetita para ganar dos o tres semanas. Las espinacas se siembran directas: trasplantadas espigan antes.

El sustrato: ni tierra del huerto ni abono

Llenar las bandejas con tierra del bancal es el error más repetido y el más caro. La tierra de huerto se compacta al regar, forma costra, se queda sin aire y trae inóculo de hongos del suelo. Un sustrato de semillero tiene que ser ligero, poroso, uniforme, con baja salinidad y baja fertilidad de partida.

La mezcla estándar en profesional es turba rubia de fibra fina con perlita o vermiculita en una proporción cercana a 80:20. La fibra de coco lavada funciona igual de bien y drena algo más; conviene comprobar que está desalinizada, porque el coco sin lavar puede llegar con una conductividad alta que quema las raicillas. Un sustrato genérico de "plantación" o "universal" suele ser demasiado grueso y demasiado abonado: el exceso de sales retrasa la germinación y provoca puntas quemadas.

Si se reutilizan bandejas de años anteriores, hay que lavarlas y desinfectarlas. Un remojo de diez minutos en lejía diluida al 1 % y aclarado posterior elimina la mayor parte de los restos de hongos y de algas. Las bandejas de poliestireno viejas y agrietadas son un depósito perfecto de Pythium.

Recipiente y profundidad de siembra

El tamaño del alvéolo decide cuánto tiempo puede estar la planta en el semillero antes de que se estrangule. Como orientación:

Alvéolos de 150 a 264 celdas (unos 10-15 cm³ cada uno): lechuga, apio, puerro, cebolla, escarola. Trasplante en cuatro a seis semanas.
Alvéolos de 60 a 104 celdas (25-40 cm³): tomate, pimiento, berenjena, coles. Trasplante en seis a ocho semanas.
Macetas de 8-10 cm: cucurbitáceas, y también tomates y pimientos si se van a tener más tiempo o se busca una planta grande para plantación tardía.

La profundidad de siembra es aproximadamente dos a tres veces el diámetro de la semilla. En la práctica: tomate, pimiento y berenjena a 0,5-1 cm; cucurbitáceas a 2 cm, con la semilla de canto para que el agua no se acumule sobre ella; lechuga y apio apenas cubiertos, porque su germinación mejora con luz y enterrarlos un centímetro los deja sin nacer. Se siembra una o dos semillas por alvéolo y se elimina la más débil cuando ambas han nacido, cortándola a ras con tijera en vez de arrancarla, para no mover la raíz de la que se queda.

Temperatura: la variable que de verdad manda

La germinación depende mucho más de la temperatura del sustrato que de la del aire, y ahí se juega casi todo. Rangos óptimos de suelo, aproximados:

Tomate: 20-25 °C, nace en 5-8 días. Por debajo de 12 °C no germina.
Pimiento y berenjena: 25-28 °C, entre 10 y 15 días. Son los más exigentes del huerto y la causa habitual de semilleros que "no nacen" es simplemente frío.
Cucurbitáceas: 22-28 °C, 4-6 días.
Coles: 18-22 °C, 4-7 días.
Lechuga: 15-20 °C. Por encima de 25-28 °C entra en termoinhibición y no germina; los semilleros de lechuga de julio y agosto se hacen a la sombra o en el sitio más fresco de la casa, no al sol.
Puerro y cebolla: 15-20 °C, hasta 12 días.

Un cable calefactor o una manta térmica con termostato bajo la bandeja resuelve los semilleros de invierno de solanáceas mejor que cualquier ubicación soleada. Y hay que retirar el calor de fondo en cuanto emergen: mantener 25 °C con plántulas nacidas y poca luz produce tallos largos y débiles en cuestión de días.

Luz: el momento crítico es la nascencia

Hay una creencia extendida de que la plántula necesita luz "cuando ya está crecidita". Es al revés. Mientras la semilla está bajo el sustrato, la luz apenas importa. En el instante en que asoma el hipocótilo, la necesidad de luz es máxima y cualquier déficit se paga con ahilamiento: tallo largo, fino, pálido, que ya no se recupera.

Un alféizar orientado al sur da luz suficiente en marzo, pero no en enero, y además da luz por un solo lado, lo que obliga a girar la bandeja a diario. Si se hacen semilleros tempranos de pimiento o berenjena en interior, una pantalla LED a 15-25 cm de las plantas y 14-16 horas diarias es la diferencia entre plantas cortas y compactas y un montón de hilos verdes. Una plántula ahilada de tomate se puede salvar enterrando el tallo en el trasplante; una de lechuga o de col, no.

Riego y damping-off

El damping-off o mal de los almácigos —causado sobre todo por Pythium, Rhizoctonia solani y Phytophthora— es la principal causa de pérdida de semilleros caseros. La plántula aparece tumbada con el cuello estrangulado y ennegrecido, y en pocas horas se lleva por delante todo el alvéolo vecino. No se cura: se previene.

Las medidas que funcionan son aburridas y muy efectivas: sustrato nuevo, bandejas limpias, siembra no demasiado densa, ventilación diaria aunque el semillero esté tapado, y riego que moje el sustrato pero no lo encharque. Regar por subirrigación, poniendo agua en una bandeja ciega bajo el alvéolo durante diez o quince minutos y retirando el sobrante, mantiene la superficie relativamente seca y el fondo húmedo, que es justo lo contrario de lo que consigue el riego por encima con regadera.

Las tapas y minipropagadores de plástico ayudan a germinar, pero deben retirarse en cuanto nace el primer 60-70 % de las plantas. Dejar la tapa "un poco más, por si acaso" es la receta directa del damping-off.

Abonado del semillero

Los sustratos de semillero llevan una carga de arranque que dura entre dos y tres semanas. A partir de la segunda hoja verdadera, si la planta va a permanecer más tiempo en la bandeja, conviene empezar a fertirrigar de forma muy diluida: un abono equilibrado y soluble a en torno a 1 g por litro, una o dos veces por semana, alternando con riegos de agua sola. Las hojas viejas amarilleando de forma uniforme, con la planta aún pequeña, indican falta de nitrógeno; un morado intenso en el envés de tomates y coles suele ser bloqueo de fósforo por frío y se corrige subiendo la temperatura, no echando abono.

Repicado

Cuando se siembra a voleo en una bandeja o semillero corrido, hay que repicar: pasar cada plántula a su alvéolo individual. El momento es con los cotiledones bien desplegados y la primera hoja verdadera apuntando, no más tarde. Se sujeta la plántula por el cotiledón, nunca por el tallo —un tallo aplastado no se regenera, un cotiledón perdido sí se compensa—, se levanta con un palo o un lápiz por debajo de la raíz y se coloca en un agujero previamente hecho, sin doblar la raíz hacia arriba. Se riega inmediatamente y se deja un par de días a media sombra.

Endurecimiento antes de plantar

Una planta criada a 22 °C, sin viento y con luz filtrada no está preparada para el bancal, y si se planta directamente puede quedarse parada tres semanas o quemarse en una tarde. El endurecimiento consiste en sacar el semillero al exterior de forma progresiva durante siete a diez días: primero unas horas a media sombra, luego el día entero, luego también la noche si no hay riesgo de heladas, reduciendo un poco el riego. La planta engrosa el tallo, cutiniza las hojas y sale al huerto sin frenarse.

Plántulas de hortaliza listas para el trasplante al huerto

Cuándo sembrar en España

La fecha del semillero se calcula hacia atrás desde la fecha de plantación segura, que es aquella en la que ya no hay riesgo de helada y el suelo ha alcanzado unos 14-15 °C para solanáceas. Se restan las semanas que la planta necesita en bandeja.

Litoral mediterráneo y sur: semillero de tomate, pimiento y berenjena de enero a mediados de febrero, con calor de fondo, para plantar de mediados de marzo a abril. Cucurbitáceas en marzo, para abril.
Interior peninsular y meseta: semillero de solanáceas de febrero a principios de marzo, para plantar del 1 al 15 de mayo según altitud. Adelantar más no gana nada: la planta se hace vieja en la bandeja.
Norte y zonas de montaña: solanáceas en marzo, para plantar a finales de mayo o principios de junio.

Para el ciclo de otoño-invierno, el semillero de coles, brócoli y coliflor se hace de junio a agosto, y el de lechugas de invierno de agosto a octubre. El puerro se siembra en semillero de febrero a mayo y se trasplanta con el grosor de un lápiz, recortando raíces y puntas de hojas, que es una de las pocas hortalizas donde ese recorte tiene sentido.

Errores frecuentes

Sembrar demasiado pronto. Adelantar el semillero un mes no adelanta la cosecha un mes: produce una planta que agota el alvéolo, se estresa, adelanta la floración prematuramente y da menos. Vale más una planta de seis semanas plantada a tiempo que una de doce esperando en la bandeja.

Trasplantar con el cepellón seco. Un cepellón seco se deshace al sacarlo y las raíces finas se rompen. Se riega el semillero una hora antes de plantar.

Enterrar el cuello de plantas que no lo admiten. El tomate emite raíces adventicias por el tallo y agradece plantarse hondo, incluso tumbado. El pimiento, la berenjena, las cucurbitáceas y las coles no: enterrarles el cuello favorece podredumbres.

Guardar semilla de híbridos F1. La descendencia segrega y no se parece a la planta madre. Para guardar semilla propia hay que trabajar con variedades de polinización abierta.

Fiarse solo de la fecha del sobre. Las semillas viejas germinan, pero peor y más despacio. La longevidad práctica va desde uno o dos años en cebolla, puerro y chirivía hasta cinco o seis en tomate, pepino y calabaza. Ante duda, una prueba de germinación entre dos papeles de cocina húmedos durante una semana ahorra un semillero perdido.

En resumen

El semillero se resuelve controlando cuatro cosas: sustrato ligero y limpio en lugar de tierra del huerto, temperatura de germinación adecuada a cada especie, luz abundante desde el momento exacto de la nascencia y riego por debajo sin encharcar. A eso se añade sembrar en la fecha que corresponde —no antes—, repicar sujetando por el cotiledón y endurecer las plantas durante una semana antes de llevarlas al bancal. Las hortalizas de raíz pivotante y las leguminosas se siembran directas y no ganan nada pasando por bandeja. Hecho así, el semillero deja de ser la fase incierta del huerto y se convierte en la más controlable.


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