Moja las hojas de una begonia dos o tres veces y tendrás oídio antes de que acabe el mes. Es el fallo que más ejemplares se lleva por delante, y viene de aplicar a este género el mismo pulverizador que usamos con los helechos o las calatheas. Las begonias quieren aire húmedo, sí, pero hoja seca. Entender esa distinción resuelve la mitad de los problemas que da la planta.

La otra mitad viene de tratarlas a todas igual. Bajo el nombre Begonia hay más de mil quinientas especies descritas y varios grupos hortícolas con exigencias bastante distintas: la begonia de flor que se planta en macetas de balcón, la de hoja de colores que vive en interior, la que se compra en flor en noviembre y la que desaparece bajo tierra cada invierno. Comparten familia y comparten algunos vicios, pero el riego, la luz y el calendario cambian según cuál tengas.

Begonia en flor con hojas verdes brillantes

Identifica primero qué begonia tienes

Antes de decidir dónde la pones, mira la base de la planta. Ahí está casi toda la información que necesitas.

Begonias de flor tuberosas (Begonia × tuberhybrida, y las colgantes derivadas de Begonia boliviensis). Bajo el sustrato hay un tubérculo aplanado. Flores grandes, dobles, muy vistosas, de junio a octubre. En otoño la parte aérea se seca y la planta entra en reposo: no está muerta, está durmiendo.

Begonia de flor pequeña o begonia de cera (Begonia × semperflorens-cultorum, derivada de Begonia cucullata). Es la de jardinera pública, mata compacta, hojas carnosas verdes o bronce, flores continuas. Raíz fibrosa, sin tubérculo. La más tolerante al sol de todo el género.

Begonia elatior o de Rieger (Begonia × hiemalis). La que se vende cargada de flores dobles en otoño e invierno en cualquier centro de jardinería. Es un híbrido entre tuberosas y Begonia socotrana, y florece con días cortos.

Begonias de hoja: las rizomatosas (Begonia rex-cultorum, Begonia masoniana) tienen un rizoma grueso que repta por la superficie del sustrato y raíces muy someras. Se cultivan por el follaje, plateado, granate o metalizado; las flores son insignificantes y muchos cultivadores las cortan.

Begonias de caña o de tallo bambú (Begonia maculata, Begonia coccinea y los híbridos «alas de ángel»). Tallos erguidos con nudos marcados, hojas asimétricas moteadas, ramos de flores colgantes. Son las más longevas en interior y las que menos exigen.

Luz: brillante, pero filtrada

La regla general para el género es mucha claridad sin sol directo en las horas centrales. Son plantas de sotobosque tropical, acostumbradas a luz tamizada y constante. En una ventana orientada al este funcionan casi todas: reciben sol suave hasta media mañana y luego claridad. Al norte también van bien si la ventana es amplia. Al sur y al oeste hacen falta visillos entre mayo y septiembre.

La begonia de cera es la excepción: en el norte peninsular y en la costa aguanta pleno sol sin despeinarse, y en Madrid o Sevilla tolera sol de mañana, pero de julio a agosto agradece sombra a partir de las doce. Las tuberosas, en cambio, se queman con facilidad; su sitio es el nordeste de un patio, bajo una pérgola o a la sombra de un árbol de copa ligera.

Las de hoja son las más delicadas con la radiación. Una Begonia rex a pleno sol pierde el contraste de color en una semana y aparecen manchas secas blanquecinas en el limbo. Si el envés violáceo empieza a apagarse, sobra luz. Si, al revés, los tallos se estiran y los entrenudos se separan, falta.

Riego: la parte que hay que hacer bien

Los tallos y las hojas de las begonias son suculentos, con mucha agua almacenada. Eso significa que toleran mucho peor el exceso que la falta. Una begonia que se pasa dos días seca se recupera; una que está una semana con el cepellón encharcado desarrolla podredumbre en el cuello y ya no hay marcha atrás.

El criterio práctico: mete el dedo dos o tres centímetros en el sustrato y riega solo cuando ese primer tramo esté seco al tacto. En verano, en balcón, pueden ser dos riegos por semana; en enero, en interior, uno cada diez o quince días. No hay calendario fijo, hay que comprobarlo.

Tres detalles que marcan la diferencia:

Riega al pie, nunca por encima. El agua que queda retenida entre las hojas y en el cuello es la puerta de entrada del oídio y de la botritis. Si la maceta es densa o la roseta muy cerrada, riega por inmersión: pon el tiesto en un barreño con cuatro dedos de agua, déjalo veinte minutos y sácalo a escurrir.

Vacía el plato. Diez minutos después del riego, fuera el agua sobrante. El plato lleno permanente es la causa número uno de begonias muertas en interior.

Agua templada y, si puedes, blanda. En buena parte de España el agua del grifo es dura y llena de carbonatos. Las begonias son ligeramente acidófilas y con agua muy caliza acaban con clorosis intervenal, las hojas amarilleando entre nervios. Agua de lluvia, o del grifo reposada, y de vez en cuando un riego con unas gotas de vinagre por litro corrige bastante.

Humedad ambiental sin pulverizar

Aquí está el matiz que casi nadie explica bien. Las begonias piden entre un 50 y un 70 % de humedad relativa, y en un piso español con calefacción en invierno se baja del 30 %. Con aire tan seco los bordes de las hojas se vuelven marrones y quebradizos, y las rex directamente se deshojan.

La solución no es el pulverizador. Las hojas de begonia, sobre todo las pilosas de Begonia rex y Begonia masoniana, retienen las gotas durante horas y ese agua estancada mancha el tejido y alimenta hongos. Lo que funciona es subir la humedad del aire alrededor:

Coloca la maceta sobre un plato ancho con arcilla expandida o grava y agua que no llegue a tocar el fondo del tiesto. Agrupa varias plantas juntas, porque entre ellas se crea un microclima más húmedo. Aleja la begonia de radiadores y de la salida del aire acondicionado. Y si tienes un baño con ventana, es probablemente el mejor sitio de la casa para una rex.

Sustrato y trasplante

Sustrato ligero, aireado y con retención media: turba rubia o fibra de coco con un 25-30 % de perlita, y un puñado de humus de lombriz. El pH ideal ronda 5,5-6,5. Los sustratos universales baratos, muy compactos, se apelmazan a los pocos meses y asfixian la raíz; si es lo único que tienes, córtalo con perlita generosamente.

El formato de maceta importa más de lo que parece. Las rizomatosas y las rex tienen el sistema radicular somero: en una maceta profunda queda un volumen de tierra abajo que nunca seca y que termina fermentando. Para ellas, tiestos anchos y bajos, tipo cuenco. Para las de caña, maceta normal pero con buen drenaje y algo de peso para que no vuelquen.

Trasplanta a principios de primavera, cuando arranca el crecimiento, y sube solo dos o tres centímetros de diámetro. Una begonia ligeramente estrecha florece mejor que una nadando en tierra.

Abonado

De marzo a septiembre, abono líquido cada quince días con el riego, a mitad de la dosis que indique el envase. Las begonias son sensibles a la salinidad y las raíces se queman con concentraciones altas; es mejor poco y a menudo.

Para las de flor, un abono con más potasio que nitrógeno (los de tomate o de geranios sirven perfectamente) da flores más abundantes y tallos más firmes. Para las de hoja, uno equilibrado o algo más nitrogenado mantiene el color y el tamaño del limbo. De octubre a febrero, suspende el abonado: la planta apenas crece y las sales se acumulan.

El ciclo de las tuberosas: plantar, florecer, guardar

Las tuberosas tienen un calendario propio que conviene respetar.

Febrero-marzo. Saca los tubérculos del almacén y colócalos en bandejas con turba húmeda, con la cara cóncava hacia arriba (es la que lleva las yemas), enterrados solo hasta la mitad. Al interior, a unos 18 ºC y con luz. Riega poco hasta que broten.

Abril-mayo. Cuando los brotes midan cinco centímetros y haya pasado el riesgo de helada, pasa a maceta definitiva o al exterior. En la costa mediterránea se puede a finales de abril; en el interior y en la meseta, mejor esperar a mediados de mayo.

Junio-octubre. Floración. Retira las flores marchitas en cuanto se ajan: además de prolongar la floración, evitas que el pétalo mojado y podrido se pegue a una hoja e inicie una botritis. Un apunte que sorprende: la begonia es monoica y produce flores masculinas y femeninas separadas. Las femeninas se reconocen por el ovario alado, triangular, justo detrás de los pétalos, y son más pequeñas. Si las eliminas cuando aparecen, la planta concentra energía y las flores masculinas grandes salen mayores.

Otoño. Cuando las hojas amarilleen espontáneamente, reduce el riego progresivamente hasta cortarlo. Deja que la parte aérea se seque del todo y luego corta el tallo a dos centímetros. Desentierra el tubérculo, límpialo de tierra, déjalo secar unos días a la sombra y guárdalo en una caja con turba seca, serrín o vermiculita, en un sitio oscuro, seco y fresco, entre 8 y 12 ºC. Revísalo un par de veces durante el invierno y descarta los que tengan zonas blandas.

Ese periodo de reposo no es opcional. Un tubérculo que se fuerza a vegetar todo el año se agota y en dos temporadas deja de florecer.

Las elatior después de la floración

La begonia elatior se compra en plena flor y suele terminar en la basura seis semanas después, tratada como si fuera un ramo. No hace falta. Cuando termine la floración, poda los tallos a la mitad, reduce el riego durante cuatro o cinco semanas y déjala reposar en un sitio fresco y luminoso. Después reanuda el riego normal y abona.

El punto que hay que conocer: es una planta de día corto. Vuelve a formar botones cuando recibe menos de doce horas de luz diaria, que es lo que ocurre de forma natural desde octubre. Si la tienes en un salón con luz artificial hasta medianoche, no volverá a florecer aunque el cultivo sea impecable.

Multiplicación

Pocas plantas se reproducen tan fácilmente, y esto es una buena red de seguridad: si un ejemplar empieza a deteriorarse, saca esquejes antes de que sea tarde.

Esqueje de tallo (de caña, elatior, semperflorens). Corta una punta de ocho a diez centímetros por debajo de un nudo, quita las hojas inferiores y ponla en agua o directamente en sustrato ligero. Enraíza en dos o tres semanas a 20-22 ºC. La primavera es el momento óptimo.

Esqueje de hoja (rex y rizomatosas, el método clásico). Corta una hoja sana con un trozo de peciolo, dale la vuelta y haz cortes transversales sobre los nervios principales con una cuchilla limpia. Apoya la hoja sobre sustrato húmedo con el envés hacia abajo y sujétala con horquillas o piedrecitas para que haga contacto. Tapa con plástico o una campana, mantén a 21 ºC, y en cuatro o seis semanas brotarán plantitas en cada corte. También funciona cortar la hoja en triángulos y clavar el vértice (la parte que apuntaba al peciolo) en el sustrato.

División de rizoma. En primavera, al trasplantar, parte el rizoma en trozos de cinco centímetros que tengan al menos una yema, deja secar el corte unas horas y plántalos superficialmente.

Problemas frecuentes y qué los causa

Polvo blanco harinoso en hojas y tallos. Oídio, el hongo característico del género. Prospera con humedad alta y poca ventilación, y no necesita que la hoja esté mojada para instalarse, aunque el agua lo acelera. Retira las hojas afectadas, mejora la circulación de aire, separa las plantas y trata con azufre mojable o bicarbonato potásico. Si es recurrente, revisa dónde está colocada la planta.

Manchas marrones blandas con moho gris. Botritis (Botrytis cinerea). Aparece sobre flores marchitas y hojas mojadas en ambientes fríos y húmedos. Se combate con higiene: quitar restos vegetales, no mojar, ventilar.

Hojas amarillas y base del tallo blanda y oscura. Podredumbre por exceso de agua. Si el cuello ya está afectado, la planta no se salva; corta esquejes de la parte sana inmediatamente.

Puntos plateados y deformaciones en los brotes nuevos. Trips. Frecuentes en verano en exterior. Trampas azules y jabón potásico o aceite de neem, insistiendo en el envés.

Algodones blancos en axilas y envés. Cochinilla algodonosa. Con pocas, alcohol y bastoncillo; con muchas, jabón potásico repetido cada semana.

La planta se marchita de golpe pese a estar el sustrato húmedo, en una tuberosa. Sospecha de larvas de otiorrinco (Otiorhynchus sulcatus). Vuelca la maceta y busca larvas blancas en forma de C royendo el tubérculo. Se controlan con nematodos entomopatógenos (Heterorhabditis) aplicados con el riego cuando el sustrato esté por encima de 12 ºC.

Bordes secos y quebradizos. Aire demasiado seco o exceso de sales por abonado. Sube la humedad ambiental y lava el cepellón con un riego abundante que drene libremente.

Errores de manual que conviene desmontar

Que la begonia es planta de sombra. Es planta de luz sin sol directo, que no es lo mismo. En un rincón oscuro se estira, deja de florecer y las rex pierden el dibujo.

Que hay que pulverizarla a diario porque es tropical. Ya está explicado más arriba: sube la humedad del aire, no la de la hoja.

Que si pierde las hojas en otoño se ha muerto. En las tuberosas es exactamente lo que tiene que pasar.

Que aguantan el invierno fuera. Ninguna begonia de cultivo común resiste la helada. Por debajo de 10 ºC ya sufren y a 5 ºC el daño es irreversible en las de hoja. En zonas de invierno suave, como el litoral mediterráneo o Canarias, la begonia de cera puede pasar el invierno en el jardín; en la meseta, no.

En resumen

Cuidar begonias se reduce a cuatro decisiones bien tomadas. Sitúalas en luz abundante pero filtrada, evitando el sol de mediodía de mayo a septiembre. Riega al pie, solo cuando los primeros centímetros de sustrato estén secos, y vacía siempre el plato. Sube la humedad ambiental con bandejas de grava o agrupando plantas, sin mojar nunca el follaje. Y usa sustrato ligero y ácido en maceta ajustada, ancha y baja si es de hoja rizomatosa.

A partir de ahí, adapta el calendario al tipo que tengas: las tuberosas plantan en marzo y se guardan en otoño, las elatior necesitan días cortos para volver a florecer, las de caña se pinzan para que no se desnuden por abajo y la de cera se comporta como planta de temporada al exterior. Con esa base, y con la costumbre de sacar un esqueje de vez en cuando por seguridad, una begonia deja de ser una planta difícil.


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