Una tormenta de 20 mm sobre una cubierta de 120 m² descarga 2.160 litros en unos minutos. En la mayoría de las parcelas ese volumen entra en una bajante, sale a la acera o al alcantarillado y desaparece, mientras el jardín de al lado se riega con agua potable en agosto. Corregir ese absurdo es hoy el rasgo que mejor distingue un jardín contemporáneo de uno que solo lo parece, y tiene más consecuencias de proyecto que la elección del mobiliario. Los otros rasgos formales del jardín actual —geometría, materiales, plantación en masas— están en las características de los jardines modernos; esto va de agua.
El balance de agua de la parcela, en una tarde
Antes de decidir nada, hay que saber cuánta agua entra y por dónde se marcha. Dibuja la planta y anota la superficie de cada tipo de acabado con su coeficiente de escorrentía, que es la fracción de lluvia que se convierte en agua corriente:
Cubierta inclinada o terraza, 0,85-0,95. Hormigón o porcelánico continuo, 0,85. Adoquín con junta cerrada, 0,7. Adoquín con junta drenante o grava confinada, 0,4-0,5. Césped sobre suelo franco, 0,15-0,25. Césped sobre arcilla compactada, hasta 0,45. Macizo acolchado sobre suelo mullido, 0,10.
El volumen que genera un aguacero se calcula multiplicando superficie (m²) × precipitación (m) × coeficiente. Con 20 mm son 0,02 m. Conviene hacer la cuenta dos veces: con un episodio corriente de 15-20 mm, que es el que se puede aprovechar, y con uno fuerte de 50 mm, que en la fachada mediterránea cae en menos de una hora y es el que hay que poder evacuar sin que entre agua en el garaje.
El segundo dato es la infiltración del terreno. Se mide excavando un hoyo de 30 cm de lado y otros tantos de hondo, saturándolo la víspera y cronometrando el descenso del nivel a la mañana siguiente. Por encima de 25 mm/h se puede infiltrar en el propio jardín; entre 10 y 25 hay que sobredimensionar y añadir salida de emergencia; por debajo de 10 mm/h la infiltración deja de ser una opción y hay que ir a almacenamiento y evacuación lenta.
Dimensionar un jardín de lluvia
Un jardín de lluvia es una depresión plantada que recibe el agua de una cubierta o de un pavimento, la retiene unas horas y la infiltra. No es un estanque: la mayor parte del año está seco.
Superficie. Entre el 15 y el 20 % de la superficie impermeable que le vierte, si el terreno infiltra bien. Para los 120 m² de cubierta del ejemplo, de 18 a 24 m². En terrenos lentos hay que subir hasta el 30 %, o repartir en dos cuencos.
Profundidad de encharcamiento. De 15 a 25 cm por debajo del terreno circundante, con el fondo perfectamente horizontal para que el agua se reparta y no erosione una esquina.
Tiempo de vaciado. Menos de 24 horas es lo deseable y 48 el límite. Por debajo de ese plazo no hay ciclo de mosquito posible, porque las larvas necesitan bastantes más días para completar su desarrollo.
Situación. A tres metros como mínimo de cualquier cimentación y siempre en cota inferior a ella, nunca sobre una fosa séptica ni sobre el trazado de un pozo, y lejos de taludes que puedan desestabilizarse. Si el nivel freático está a menos de un metro del fondo previsto, no se hace.
Entrada y salida. La entrada se protege con un lecho de cantos rodados o una franja de vegetación densa que frene el chorro de la bajante y retenga la arenilla, que es lo que colmata el sistema. La salida es un aliviadero por rebose —un simple rebaje en el borde, empedrado— que conduce el exceso a la red o a una zona donde no haga daño. Todo jardín de lluvia necesita saber qué hace cuando se llena.
El suelo, que es la máquina
El terreno natural rara vez sirve. El relleno técnico habitual, prestado de la biorretención urbana, es una mezcla de 55-65 % de arena silícea lavada de 0,5-2 mm, 20-30 % de tierra franca y 10-15 % de compost maduro, colocada en un espesor de 40 a 60 cm sobre una capa de transición de gravilla y, si el fondo es arcilloso, sobre un dren de tubo ranurado que evacúe lentamente.
El compost aporta la capacidad de retener metales y nutrientes; la arena, la conductividad. Pasarse de materia orgánica es contraproducente: por encima del 15 % se liberan fosfatos con el agua de salida y el conjunto se compacta. Y no se pisa: una vez extendido, el fondo de un jardín de lluvia no se transita, porque una sola pasada de rueda deja una franja que ya no infiltra.
La plantación se organiza por tiempo bajo el agua
El requisito es exigente y descarta buena parte del catálogo mediterráneo: la planta tiene que aguantar uno o dos días de asfixia radicular en marzo y dos meses de sequía en agosto. Se trabaja en tres anillos.
Fondo, encharcado varias veces al año. Juncus effusus y Juncus inflexus, Carex pendula en sombra, Carex flacca, Molinia caerulea, Deschampsia cespitosa, Lythrum salicaria, Euphorbia palustris, Salvia uliginosa en zonas frescas y Mentha aquatica, que cubre rápido pero corre por rizoma y conviene confinar. Iris pseudacorus es autóctono, espectacular y muy vigoroso: en un cuenco pequeño lo ocupa entero en tres temporadas.
Talud, humedad intermitente. Hemerocallis, Sesleria autumnalis, Geranium × cantabrigiense, Alchemilla mollis en la mitad norte, Iris de la sección Spuria, y arbustos de ribera de porte medio como Cornus sanguinea, Viburnum opulus o Frangula alnus. En parcelas grandes, Salix atrocinerea o Fraxinus angustifolia, pero lejos de conducciones: son especies de raíz ávida.
Borde superior, seco. Aquí entra el repertorio mediterráneo habitual, con Salvia yangii, Achillea, Lavandula, Stipa o Teucrium. La transición entre el anillo húmedo y este es lo que da al conjunto aspecto de jardín y no de obra hidráulica.
Densidad: de 6 a 9 plantas por metro cuadrado en vivaces y gramíneas. Un jardín de lluvia con el suelo desnudo entre plantas se erosiona en la primera tormenta fuerte, y el acolchado orgánico ligero flota y acaba amontonado en el aliviadero; si se acolcha, con gravilla o con astilla gruesa que no navegue.
Pavimentos que dejan pasar el agua
Reducir el coeficiente de escorrentía del propio pavimento es más eficaz que aumentar el cuenco que recoge lo que escurre.
Adoquín con junta drenante. Piezas con separadores que dejan una junta de 8 a 10 mm rellena de gravilla 2/5 lavada. Debajo, base de árido de granulometría única 20/40 sin finos, que tiene alrededor de un 30 % de huecos: 30 cm de esa capa almacenan unos 90 litros por metro cuadrado mientras infiltra. Es la solución más fiable y la que mejor envejece.
Grava confinada en celdas. Rejilla de polipropileno rellena de gravilla angular. Resuelve accesos y aparcamientos, evita que la grava se desplace y mantiene el drenaje casi total. Necesita la misma base sin finos.
Hormigón o aglomerado poroso. Funcionan, pero se colmatan con polvo y hojas: exigen aspiración o barrido a presión cada uno o dos años, y en zonas con mucha materia orgánica cerca acaban perdiendo casi toda su capacidad.
La colmatación es el punto débil de todos ellos. La medida que más alarga su vida es evitar que llegue tierra: no acumular acopios encima, mantener los macizos limítrofes a cota inferior y no desaguar sobre el pavimento drenante el agua sucia de una zona sin plantar.
Guardar el agua: el aljibe y sus condiciones
Recoger lluvia para riego es rentable donde el volumen es apreciable. Una cubierta de 100 m² en una zona de 500 mm anuales recoge, con un coeficiente de 0,9 y contando pérdidas, unos 40 m³ al año. El problema es que llega cuando no hace falta, así que el depósito se dimensiona por lo que se quiere cubrir del periodo seco, no por lo que se recoge en total: un jardín de plantación mediterránea establecida gasta poco, y depósitos de 3.000 a 5.000 litros resuelven los riegos de apoyo del verano.
Tres detalles técnicos deciden si el agua sirve. Un filtro de hojas en la bajante, accesible para limpiarlo. Un desviador de primeras aguas, que descarta el primer medio litro por metro cuadrado de cubierta, que es el que arrastra polvo y excrementos de aves. Y la separación absoluta de la red potable: circuito independiente, tomas rotuladas como agua no apta para consumo y ningún punto en el que ambos sistemas puedan conectarse. Para riego por goteo hay que añadir un filtro de anillas de 120 mesh, o los goteros se atascan en una temporada.
La reutilización de aguas grises domésticas es técnicamente posible, pero está sujeta a autorización y a las ordenanzas municipales, exige tratamiento previo y, en cualquier caso, no se aplica por aspersión ni sobre partes comestibles. Antes de proyectarla, conviene consultarlo en el ayuntamiento.
Los fallos que arruinan el sistema
Pegarlo a la casa. Un cuenco de infiltración junto a la cimentación es una vía de humedad. Tres metros y cota inferior, sin excepciones.
Excavar en arcilla y confiar. Sin sustitución de suelo y sin dren de fondo, el cuenco se convierte en una charca permanente, con lo que eso implica para las raíces y para los insectos.
Poner malla geotextil bajo el fondo plantado. Reduce la infiltración con el tiempo y complica cualquier reposición. El geotextil va en las envolturas de dren y en las separaciones de árido, no bajo un macizo.
Olvidar el aliviadero. Todo dimensionado se supera algún año; lo que no puede pasar es que el agua decida por su cuenta hacia dónde ir.
Abonar dentro. El nitrógeno y el fósforo que se aplican en la zona de biorretención salen por el dren. El jardín de lluvia se planta con especies que no necesiten abonado.
En resumen
Empieza por medir: superficie impermeable por su coeficiente de escorrentía, volumen generado por una lluvia de 20 mm y por otra de 50, y velocidad de infiltración del terreno con un ensayo de hoyo.
El jardín de lluvia ocupa del 15 al 20 % de la superficie que le vierte, se encharca de 15 a 25 cm, vacía en menos de 24-48 horas, va a tres metros de la casa y en cota inferior, y siempre lleva aliviadero.
Su suelo es una mezcla de arena lavada, tierra franca y algo de compost, de 40 a 60 cm, que no se pisa ni se abona. Se planta denso, en tres anillos según el tiempo de encharcamiento, con juncos, cárices y Molinia en el fondo y el repertorio mediterráneo seco en el borde.
Bajar el coeficiente del propio pavimento —adoquín de junta drenante o grava en celdas sobre base 20/40 sin finos— rinde más que agrandar el cuenco, y su mantenimiento consiste en impedir que le llegue tierra fina.
Y si se guarda agua, con filtro de hojas, desviador de primeras aguas, circuito totalmente separado del de consumo y filtro de anillas antes del goteo.