Lo primero, porque condiciona todo lo demás: la cabeza de medusa no es un cactus, es una euforbia, y al romperse cualquier parte de la planta suelta un látex blanco muy irritante. Sobre la piel produce enrojecimiento y ampollas, en la boca quema y provoca vómitos, y en el ojo es lo más grave de todo, porque puede causar una inflamación intensa de la córnea y de la conjuntiva con daño duradero. Es tóxica también para perros y gatos. Se poda con guantes y gafas, no se manipula con niños alrededor y, ante una salpicadura en el ojo, una ingestión o un contacto que no mejora, se acude al médico o al veterinario, o se llama al Instituto Nacional de Toxicología.

Y lo segundo: hay muchas probabilidades de que la planta que tienes en casa no sea Euphorbia caput-medusae. Bajo el nombre de cabeza de medusa se venden varias especies sudafricanas de aspecto casi idéntico, y también una bromelia que no tiene nada que ver con ninguna de ellas. Distinguirlas es justo lo que aquí importa, porque la etiqueta del vivero acierta menos de lo que parece.

Ciatios de una euforbia medusoide con glándulas blanquecinas Ciatios de una euforbia medusoide en su hábitat. Las glándulas rematadas en flecos blanquecinos son el carácter que separa unas especies de otras dentro del grupo.

El látex, con detalle

Todas las euforbias llevan látex, y el de las especies suculentas sudafricanas está entre los más agresivos del género. Sale a presión en cuanto se corta un brazo, se arranca una rama o se rompe la planta al trasplantarla, y se seca rápido dejando una costra blanca.

Sobre la piel actúa por contacto y la reacción no siempre es inmediata: puede tardar horas en aparecer, lo que hace que mucha gente no relacione la dermatitis con la planta que podó por la mañana. En el ojo el problema es de otro orden, y por eso conviene no tocarse la cara mientras se manipula y quitarse los guantes antes de hacerlo. La ingestión, aunque el sabor acre disuade enseguida, es el riesgo real con animales domésticos y con niños pequeños.

Nada de esto convierte a la planta en algo que no se pueda tener. Significa que se coloca fuera del alcance de mascotas y de críos, que se poda con guantes de nitrilo y protección ocular, y que las herramientas se limpian después. No hay remedios caseros que aplicar: si hay contacto ocular o ingestión, se va al médico o al veterinario.

Qué planta es Euphorbia caput-medusae

Euphorbia caput-medusae fue descrita por Linneo en Species Plantarum. El nombre del género viene de Euforbo, médico del rey Juba II de Mauritania, y el epíteto significa literalmente cabeza de medusa, por el parecido con la figura mitológica.

Es sudafricana, y conviene decirlo claro porque el dato circula mal por internet: no es sudamericana. Vive en la provincia Occidental del Cabo, en el entorno de la península del Cabo y de las llanuras arenosas próximas, sobre suelos de arena profunda y afloramientos rocosos de la franja costera.

Su estructura es un caudex, un tallo engrosado más o menos cónico que en el campo vive casi enterrado, con solo la corona asomando. De esa corona salen decenas de brazos radiales, cilíndricos, recubiertos de tubérculos dispuestos en espiral, que se alargan con los años y acaban tendiéndose. Las hojas existen pero pasan desapercibidas: son diminutas, lineares y caducas, y aparecen en las puntas durante el crecimiento. En los ejemplares viejos, el conjunto de brazos puede cubrir bastante superficie.

Lo que parecen flores son ciatios, la inflorescencia característica del género: pequeñas copas con las glándulas rematadas en apéndices blanquecinos festoneados, que en esta especie son bastante llamativos y perfumados. No son pétalos, aunque lo parezcan.

Euforbia medusoide formando una mata amplia de brazos tuberculados Con los años, los brazos se alargan y se tienden hasta formar una mata amplia sobre el suelo.

No es un cactus, y eso tiene consecuencias

Euforbias suculentas y cactus se parecen porque han resuelto el mismo problema, almacenar agua y reducir la superficie de evaporación, por caminos evolutivos independientes. Es un caso de manual de convergencia, y confunde a cualquiera.

Las diferencias que sirven para distinguirlos son dos y se comprueban en un segundo. Los cactus tienen areolas, esos cojinetes de los que salen espinas y flores, y las euforbias no. Y las euforbias tienen látex blanco, mientras que la savia de un cactus es acuosa y transparente. Si al arañar un tallo sale leche, no es un cactus.

La consecuencia práctica va más allá de la nomenclatura: quien maneja esta planta creyendo que es un cactus la trata como tal, la corta sin guantes y se lleva la sorpresa. El otro efecto es de compra: las euforbias suculentas toleran algo menos el sol abrasador directo que muchos cactus de desierto y agradecen algo de sombra en las horas centrales del verano peninsular.

Las otras cabezas de medusa

En el género hay un grupo entero de especies de forma medusoide, todas sudafricanas y todas con el mismo esquema de caudex más brazos radiales. Las que aparecen en el comercio son, sobre todo, estas:

  • Euphorbia flanaganii. Es la que casi siempre se vende como cabeza de medusa en España, hasta el punto de que a veces se la llama falsa cabeza de medusa. Tiene los brazos más finos, más largos y menos marcados de tubérculos, y ciatios verde amarillentos. Sus cuidados están desarrollados en su propia ficha.
  • Euphorbia woodii. Muy próxima a la anterior y confundida con ella de forma sistemática en vivero.
  • Euphorbia gorgonis. Más pequeña y compacta, con el caudex obcónico y brazos cortos formando una roseta apretada.
  • Euphorbia esculenta. Robusta, de brazos gruesos y bien tuberculados, la que más se parece a caput-medusae a simple vista.
  • Euphorbia decepta. Casi enterrada, con los brazos del color del suelo, muy difícil de ver en su hábitat.

Para el cultivo, la distinción es casi irrelevante: todas piden lo mismo. Para saber qué tienes, no. Y aquí viene la parte incómoda: la identificación fiable dentro del grupo medusoide se hace mirando los ciatios, en concreto la forma y el fleco de las glándulas, y no el porte de la planta. Sin flores, ni un especialista se compromete. Si has comprado una cabeza de medusa en un centro de jardinería, lo prudente es asumir que es Euphorbia flanaganii mientras no florezca.

Y la que ni siquiera es una euforbia

Hay una tercera planta que se vende con este nombre y que no tiene ninguna relación: Tillandsia caput-medusae, una bromelia epífita de América Central de hojas retorcidas que sale de un bulbo hueco. Es una planta del aire, vive sin sustrato, no tiene látex y no presenta ningún riesgo de los descritos arriba.

Confundirlas es imposible si se tienen delante, porque una es una suculenta de caudex y la otra un manojo de hojas grises, pero es fácil comprar una creyendo que es la otra si solo se busca por el nombre común. El nombre científico es lo que resuelve el problema.

Euforbia medusoide cultivada en rocalla entre piedras calizas La misma forma medusoide cultivada en rocalla, con el caudex asomando entre las piedras.

Comprarla con papeles

Las euforbias suculentas están incluidas en el Apéndice II del convenio CITES, que la Unión Europea aplica a través del Reglamento (CE) 338/97. En la práctica, el ejemplar se compra en vivero con su justificante de propagación artificial, y una planta recolectada en el campo o traída de un viaje sin documentación es ilegal.

En resumen

Euphorbia caput-medusae es una suculenta sudafricana de la provincia Occidental del Cabo, formada por un caudex casi enterrado del que salen decenas de brazos tuberculados, con ciatios de glándulas festoneadas blanquecinas. No es un cactus: no tiene areolas y sí tiene látex blanco, muy irritante para la piel, peligroso para el ojo y tóxico por ingestión, también para perros y gatos. Se poda con guantes y gafas, y ante un contacto ocular o una ingestión se acude al médico, al veterinario o al Instituto Nacional de Toxicología.

El nombre común se reparte entre varias especies medusoides casi idénticas, y la que se vende habitualmente en España es Euphorbia flanaganii, no la especie de Linneo. La identificación fiable está en los ciatios y no en el porte, así que sin flores conviene no dar por buena la etiqueta. Y hay una tercera planta que se llama igual sin serlo, la bromelia Tillandsia caput-medusae, que ni comparte familia ni comparte riesgos.


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