La botellera es Nuphar lutea, el nenúfar amarillo, y lo que de verdad la separa del nenúfar blanco de jardín no es el color de la flor, sino que tiene dos clases de hoja. Además de las hojas flotantes, ovaladas y correosas, que todo el mundo reconoce, produce bajo el agua unas hojas finas, onduladas y casi transparentes que parecen hojas de lechuga mojada. Con ese doble juego de hojas, y con un rizoma muy grueso clavado en el fango, aguanta en sitios donde el nenúfar blanco no prospera: aguas con corriente lenta, aguas turbias y fondos negros sin oxígeno.

Si has llegado buscando "lirio amarillo del estanque", conviene aclararlo antes de seguir, porque ese nombre se lo reparte con una planta que no tiene nada que ver: el lirio amarillo de orilla, que es Iris pseudacorus y ni flota ni es un nenúfar. Aquí se habla de la otra, la de la flor amarilla redonda que asoma sobre el agua como una pelota de golf.

Hojas flotantes y flores amarillas de Nuphar lutea en una orilla con carrizo Nuphar lutea en su sitio: aguas quietas o de corriente lenta, con carrizo detrás. Fíjate en que las flores se levantan sobre la superficie en vez de apoyarse en ella.

Qué planta es exactamente

Pertenece a las ninfeáceas, la misma familia que los nenúfares del género Nymphaea, y es una vivaz acuática de rizoma grueso, del tamaño de un antebrazo en ejemplares viejos, que repta por el fango del fondo. De ese rizoma salen los peciolos largos que llevan las hojas hasta la superficie, y también los pedúnculos que sacan la flor al aire.

Vive de forma natural en Europa, el noroeste de África y el oeste de Asia. En la península ibérica aparece sobre todo en la mitad norte, en remansos de ríos, meandros muertos, canales, lagunas y zanjas de agua permanente. No es una planta de vivero exótica: es flora propia de nuestras riberas.

Del nombre común hay una explicación que encaja bien con lo que se ve. El fruto que queda después de la floración es una cápsula panzuda con el cuello estrecho, muy parecida a una botella o a una garrafa pequeña, y en inglés a la planta se la llama justamente brandy-bottle. Botellera apunta al mismo sitio.

Las dos clases de hoja, que es lo que la hace distinta

Las hojas flotantes son gruesas, con nervadura marcada, de contorno oval y con una escotadura profunda donde se une el peciolo. Son las que hacen el trabajo cuando la planta está a pleno rendimiento en verano.

Las sumergidas son otra cosa: membranosas, de borde muy ondulado, blandas y translúcidas, y viven permanentemente bajo el agua sin llegar nunca a la superficie. Aparecen antes que las flotantes al arrancar la primavera y se mantienen todo el año. Esa es la carta que el nenúfar blanco no tiene, o casi no tiene, porque en Nymphaea las hojas sumergidas son cosa de plantas jóvenes y luego desaparecen.

El resultado práctico es una planta que no se queda sin nada que hacer cuando pierde la superficie. Si sube el nivel del agua tras una crecida, si el arrastre le arranca hojas flotantes o si simplemente aún no es temporada, las sumergidas siguen funcionando. En un nenúfar de hoja exclusivamente flotante, quedarse sin lámina en la superficie es quedarse parado.

Por qué el agua turbia no le molesta

Aquí conviene deshacer un malentendido frecuente. Una planta enteramente sumergida depende de que la luz atraviese el agua, y en un río cargado de limo o en un canal removido por las carpas eso no pasa: la luz se queda en los primeros centímetros. La botellera resuelve el problema por la vía directa, sacando la hoja principal al aire. Su lámina flotante recibe luz plena esté como esté el agua por debajo.

El segundo motivo está enterrado. Los fondos de fango orgánico donde vive están prácticamente sin oxígeno, y ahí un rizoma normal se pudriría. Nuphar es el ejemplo de libro de la ventilación a presión: las hojas jóvenes captan aire, lo empujan por dentro del peciolo hasta el rizoma y el aire viejo sale por los peciolos de las hojas maduras. Es un circuito que renueva el aire de la parte enterrada de la planta y le permite ocupar barros donde poco más echa raíz.

Y el tercero es mecánico. El rizoma, muy pesado y bien sujeto al sustrato, más unos peciolos largos y flexibles que ceden con la corriente en vez de romperse, le dan una resistencia al arrastre que una acuática de anclaje ligero no tiene. Por eso la ves en tramos de río de corriente lenta y no solo en balsas quietas.

La flor y el olor

La flor es amarilla, casi esférica, de unos pocos centímetros, y no llega a abrirse del todo: lo que parecen pétalos son en realidad sépalos gruesos y cóncavos, y los pétalos verdaderos son pequeños y quedan escondidos dentro, alrededor de un estigma ancho con forma de disco radiado. Se sostiene por encima del agua, no apoyada en ella, que es otra forma fácil de distinguirla de un nenúfar blanco.

Huele, y el olor se describe como alcohólico, de fruta fermentada. Atrae a moscas y a pequeños escarabajos, que son los que hacen el trabajo de polinización. La floración se reparte por buena parte del verano.

Si la quieres en un estanque de jardín

Es una planta para estanques grandes, no para una tina en la terraza. El rizoma extiende y las hojas cubren mucha superficie, así que en un estanque pequeño acaba tapándolo entero en pocos años.

  • Profundidad. Se maneja bien en agua de medio metro a un metro sobre el rizoma. En aguas más someras funciona, pero se descontrola antes.
  • Contenedor. Plantada en cesta de acuáticas con suelo pesado, arcilloso, y el rizoma tumbado en horizontal con los brotes hacia arriba y apenas cubierto. Coronar con grava gruesa evita que los peces remuevan la tierra.
  • Luz. Sol o media sombra. Es de las pocas acuáticas de hoja flotante que tolera de verdad una sombra ligera.
  • Control. Dividir el rizoma cada pocos años, sacando la cesta y cortando las porciones jóvenes de las puntas, que son las que rebrotan bien.
  • Dónde no ponerla. Nunca se echa una acuática, ni esta ni ninguna, a un cauce, una laguna o una acequia públicos. Y si recoges material, hazlo con permiso y nunca dentro de un espacio protegido.

Lo que decía el texto anterior y por qué no está

La ficha que ocupaba antes esta página terminaba con un apartado de "propiedades y beneficios" que atribuía a la raíz efectos astringentes y antiinflamatorios, y daba preparaciones concretas para tratar diarreas, forúnculos e inflamaciones de la piel. Nada de eso se mantiene. En la Unión Europea las declaraciones de propiedades saludables están reguladas por el Reglamento (CE) 1924/2006 y las autoriza la Comisión Europea, no un artículo de internet, y para esta planta no hay ninguna.

Tampoco se conservan las recetas de cocina que traía. Que un rizoma se haya comido en época de escasez, después de remojarlo largamente para quitarle el amargor, es un dato etnográfico, no una invitación a probarlo: el rizoma crudo es amargo porque lleva alcaloides, y las acuáticas de aguas continentales acumulan además lo que lleve el agua y el fango donde crecen. La botellera es una planta para mirar en la orilla o para plantar en un estanque, y su interés está en cómo resuelve vivir dentro del agua.

En resumen

La botellera, Nuphar lutea, es el nenúfar amarillo de nuestros ríos lentos. Su rasgo definitorio son las hojas sumergidas, membranosas y onduladas, que conviven con las flotantes y le permiten seguir funcionando cuando pierde la superficie. La luz la toma arriba, al aire, de modo que el agua turbia no la frena; el aire lo bombea hacia abajo por dentro de los peciolos, de modo que el fango sin oxígeno tampoco; y el rizoma pesado le da agarre frente a la corriente.

En un estanque de jardín es una acuática rústica y agradecida, siempre que el estanque sea grande y que asumas dividirla cada pocos años. Y si lo que buscabas era el lirio amarillo de orilla, esa es Iris pseudacorus y tiene su propia ficha.


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