Berenjena africana no es una especie, son dos. Bajo ese nombre se venden semillas de Solanum aethiopicum, la que en Brasil llaman jiló y en el mundo anglosajón berenjena escarlata, y de Solanum macrocarpon, la gboma de África occidental. Ninguna de las dos es Solanum melongena, la berenjena morada de toda la vida, que es asiática y llegó a España con los árabes. Son parientes cercanas, del mismo género, pero se comportan distinto en la mata y sobre todo en la sartén.

Antes de nada, lo que hay que tener claro por seguridad: son solanáceas, y en las solanáceas lo comestible es el fruto en su punto y cocinado. Las hojas, los tallos y los frutos inmaduros de este grupo llevan glicoalcaloides, que es lo mismo que hace que no te comas una patata verde. En África occidental sí se comen las hojas de S. macrocarpon, pero siempre hervidas y como verdura de guiso, nunca crudas. Y ojo con una trampa frecuente: parte de lo que se vende en jardinería como berenjena africana ornamental, con frutitos rojos o naranjas muy vistosos, pertenece al grupo Aculeatum, que se planta para adornar y no para comer.

Fruto de berenjena africana acostillado, virando de verde a naranja El fruto acostillado que vira del verde al naranja rojizo es la imagen típica del grupo Gilo de Solanum aethiopicum.

Las dos especies que comparten el nombre

Solanum aethiopicum es la más extendida. Es una mata anual de porte erguido, con frutos redondeados y acostillados que empiezan verdes o verdes con rayas y acaban virando a naranja o a rojo intenso al madurar. Se cultiva en toda África subsahariana y, por la emigración, también en Brasil, donde el jiló es un producto corriente de mercado. Sus cultivares se agrupan por lo que se aprovecha de la planta: el grupo Gilo por el fruto, el grupo Shum por la hoja, el grupo Kumba por ambos y el grupo Aculeatum como ornamental.

Solanum macrocarpon, la gboma, tiene la hoja más grande y carnosa, el fruto más aplanado y con el cáliz muy desarrollado, que envuelve buena parte de la base. En su zona de origen se cultiva sobre todo como verdura de hoja y el fruto es un aprovechamiento secundario. Es más exigente en calor y humedad que la anterior, y eso se nota cuando se intenta cultivar en clima mediterráneo.

Cómo distinguirlas de la berenjena común

Si tienes la planta delante, hay tres cosas que miras y sales de dudas. La primera es el fruto: la berenjena común da frutos alargados o aperados, de piel lisa y brillante, morada, blanca o jaspeada, y sigue siendo comestible en verde inmaduro porque se recolecta precisamente antes de madurar. Los de la berenjena africana del grupo Gilo son redondeados, claramente acostillados, y cambian de color al madurar de forma muy visible.

La segunda es el cáliz, el casquete verde de la base. En S. macrocarpon es grande y se pega al fruto mucho más que en la berenjena común. La tercera es la hoja: la de S. macrocarpon es ancha, poco recortada y de tacto blando, mientras que las de S. aethiopicum suelen ser más estrechas y algunos cultivares tienen espinas en el tallo y en el nervio.

Fruto de berenjena africana con franjas moradas y verdes Hay cultivares con franjas moradas sobre fondo verde. El acostillado profundo es el carácter que se repite en todos.

El amargor no es un defecto

Quien prueba por primera vez un jiló y espera el sabor suave de una berenjena asada se lleva un susto. El fruto de Solanum aethiopicum amarga, y amarga a propósito: en Brasil y en África ese punto amargo es justamente lo que se busca, igual que aquí se busca el amargor de la endibia o el de la alcachofa. No es señal de que esté en mal estado ni de que se haya pasado.

El amargor sube con la madurez y con el estrés hídrico. Si te resulta excesivo, recoge los frutos más jóvenes, todavía verdes o recién iniciado el viraje, y cocínalos en rodajas después de dejarlos un rato en agua con sal. Es el mismo recurso de toda la vida para la berenjena común. Lo que no se hace es comerlos crudos.

Aquí conviene separar dos cosas que se confunden. El amargor propio de estos cultivares es normal. Distinto es el amargor fuerte y raspante de una cucurbitácea, que sí es señal de alarma. En las solanáceas la regla práctica es otra: fruto en su punto, siempre cocinado, y nada de hojas ni de tallos si no sabes exactamente qué cultivar tienes.

Cultivo en España

Se cultiva igual que una berenjena común, con dos matices: pide más calor y tiene el ciclo algo más largo. Eso la deja cómoda en el litoral mediterráneo, en el valle del Guadalquivir, en Extremadura y en Canarias, y bastante justa en el interior norte y en la cornisa cantábrica, donde conviene invernadero o al menos un buen abrigo. No aguanta nada la helada.

Se siembra en semillero caliente a finales de invierno o principios de primavera, porque la semilla necesita el suelo templado para nacer y es lenta. El trasplante al terreno va cuando ha pasado el riesgo de helada y las noches ya no refrescan de golpe, con la planta bien formada y varias hojas verdaderas. Marco amplio, porque la mata se hace grande y una plantación apretada acaba en oídio.

Quiere sol directo todo el día, suelo profundo, con materia orgánica y que drene bien. El riego es regular y sin altibajos: los golpes de sequía seguidos de riegos abundantes son lo que produce frutos rajados y plantas que abortan flor. Las matas más vigorosas agradecen un tutor, sobre todo si cuajan mucho fruto y viene viento.

Plagas y qué se puede hacer

Las de siempre en solanáceas de huerto: pulgón en los brotes, mosca blanca en verano, araña roja cuando el ambiente es seco y caliente, y escarabajo de la patata donde lo haya. La prevención pesa más que el tratamiento: rotación, no repetir solanácea en el mismo bancal año tras año, riego por goteo para no mojar la hoja y retirada de las plantas afectadas al final del ciclo.

Si llegas a plantearte un tratamiento fitosanitario, el marco es el Real Decreto 1311/2012, que establece la gestión integrada de plagas como principio: primero prevención y medios físicos y biológicos, y solo después el químico. En huerto y jardinería doméstica únicamente pueden emplearse productos autorizados para ese uso, que se consultan en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio, y la dosis válida es la de la etiqueta del envase, no la que recomiende ninguna página. No se trata en floración ni en horas de vuelo de las abejas.

Berenjena africana de piel blanca sostenida en la mano También hay cultivares de piel blanca o crema. El tamaño es el de un puño, muy por debajo del de una berenjena común.

Recolección y cocina

El fruto se recoge tierno, con la piel todavía brillante y antes de que la semilla endurezca. Se corta con tijera dejando un trozo de pedúnculo, porque arrancarlo de un tirón desgarra la rama. La planta produce de forma escalonada durante semanas, así que se pasa a recolectar cada pocos días.

En la cocina se trata como una berenjena pequeña: en rodajas a la plancha, frito, salteado, o en guiso con tomate y carne, que es como se usa en buena parte de África occidental. La pulpa es más firme y con más semilla visible que la de la berenjena común, y suelta menos agua al freírse.

Sobre propiedades y salud

El texto que ocupaba antes esta página atribuía a la berenjena africana una lista de beneficios y propiedades medicinales. No hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas en la Unión Europea para esta planta; las que existen están recogidas en el Reglamento (CE) 1924/2006 y las concede la Comisión Europea tras evaluación, no un artículo de internet.

Lo que sí se puede decir es lo que es: una hortaliza de fruto, es decir, un alimento con mucha agua, poca grasa y la fibra de la piel y la pulpa. Eso es composición, no una promesa. Aquel texto describía además cultivares de berenjena común como si fueran variedades de la africana, cosa que no son, y mezclaba sin avisar dos especies distintas bajo un solo nombre.

En resumen

Berenjena africana designa a dos especies, Solanum aethiopicum y Solanum macrocarpon, ninguna de las cuales es la berenjena común Solanum melongena. La primera se cultiva sobre todo por su fruto acostillado que vira a naranja o rojo, la segunda por su hoja. Se distinguen de la común por el fruto redondeado y costillado, por el cáliz grande y por el cambio de color al madurar.

En España sale bien en el sur, en el litoral mediterráneo y en Canarias, con el mismo manejo que una berenjena normal pero pidiendo algo más de calor y una temporada un poco más larga. Y dos avisos que valen siempre: el fruto va cocinado y en su punto, y de las hojas, los tallos y los cultivares ornamentales del grupo Aculeatum, nada. Si tienes dudas sobre el cultivo básico de la especie más común, el punto de partida está en cómo plantar berenjena.


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