La belesa es Plumbago europaea, la única especie del género Plumbago que crece silvestre en Europa. No es el arbusto de flor azul celeste que se vende en vivero: es una mata de secano, de flor lila pálida en espigas apretadas, que sale sola en cunetas, ribazos, escombreras y laderas pedregosas del interior y del este de España, y que florece cuando casi todo lo demás está ya seco, de pleno verano a bien entrado el otoño.

Y lo primero que hay que saber de ella no es de jardinería. Su savia es irritante y vesicante: contiene plumbagina, un compuesto que en contacto con la piel produce enrojecimiento, escozor y, con exposición suficiente, ampollas. La planta se manipula con guantes, y en ningún caso se machaca para aplicarla sobre el cuerpo, que es exactamente lo que se hacía antiguamente con ella y de lo que viene su fama. Tampoco se ingiere ninguna parte. Si hay contacto con la savia, se lava la zona con agua y jabón sin frotar, y ante una irritación importante o ante cualquier ingestión, propia o de un animal, se acude al médico, al veterinario o al Instituto Nacional de Toxicología.

Flores lilas de Plumbago europaea con el cáliz cubierto de pelos glandulosos Corola lila pálida de cinco lóbulos y, debajo, el cáliz erizado de pelos con glándula en la punta: ese es el carácter que identifica al género.

Cómo se reconoce en el campo

Es una planta vivaz de cepa leñosa que rebrota cada primavera y seca la parte aérea en invierno. Forma una mata de tallos angulosos y estriados, tendidos o apoyados en la base y erectos y muy ramificados arriba, que le dan un aspecto desmadejado, entre la hierba alta y el matorral bajo.

Las hojas son alternas y de dos clases, cosa que conviene mirar. Las de abajo tienen pecíolo y son más anchas y ovaladas. Las de arriba son sentadas, abrazan el tallo con dos orejuelas en la base y son más estrechas y lanceoladas, con el borde ondulado y áspero al tacto.

La floración se agrupa en espigas densas y cortas en el extremo de las ramas. Cada flor tiene una corola tubular que se abre en cinco lóbulos planos, de un violeta azulado pálido tirando a rosa, de alrededor de un centímetro. El detalle decisivo está debajo: el cáliz es tubular, con cinco dientes, y está cubierto de pelos rematados en una glándula que segrega una sustancia pegajosa. Al tocar la planta en flor se queda enganchada en la ropa o en el pelo, y esa es su forma de dispersar la semilla: viaja pegada a lo que pase por delante.

El fruto es una cápsula pequeña y seca con una sola semilla, que se abre en cinco piezas.

No es el plumbago azul del jardín

La confusión es constante, así que vale la pena ponerlas en paralelo. El plumbago de jardín es Plumbago auriculata, antes llamado Plumbago capensis, un arbusto sarmentoso originario de Sudáfrica.

  • Origen. La belesa es nativa de la cuenca mediterránea, incluida la península ibérica. El de jardín viene de la provincia sudafricana de El Cabo.
  • Porte. La belesa es una mata herbácea de cepa leñosa que no pasa de poco más de un metro y seca cada invierno. El de jardín hace ramas largas y flexibles de dos o tres metros y en el sur se mantiene perenne.
  • Flor. La belesa da espigas cortas de flores lilas o rosadas. El de jardín da cabezuelas de un azul celeste limpio, mucho más vistoso, y ese color es justamente la razón por la que se cultiva.
  • Sitio. La belesa aparece sola en terreno removido y seco. El de jardín hay que plantarlo, regarlo el primer año y guiarlo si se quiere sobre una valla.

Lo que sí comparten es el cáliz pegajoso y la plumbagina de la savia. En el de jardín la savia también es irritante y en podas largas se recomiendan guantes; en la belesa el efecto es más acusado.

Flores azul celeste de Plumbago auriculata Este es el otro, el plumbago de jardín: azul celeste y flor mucho mayor. Quien busque belesa y encuentre esto, está mirando otra especie.

Dónde crece en España

La belesa es planta de ambiente mediterráneo seco, propia de suelos básicos y de sitios abiertos y soleados. Su hábitat típico es el que la botánica llama ruderal y nitrófilo: bordes de camino, cunetas, taludes, eriales, escombreras, pies de muro y campos abandonados. Terreno removido, pobre, pisado y con poca competencia.

En la península se reparte sobre todo por la mitad oriental y meridional, con presencia en el interior manchego y aragonés y en el litoral mediterráneo, y falta en la España atlántica húmeda. Es una planta que se ve poco porque florece en la peor época para salir al campo y porque su aspecto, hasta que se mira de cerca, no llama la atención: parece una mata polvorienta más en una cuneta de agosto.

Resiste la sequía estival completa, el calor y los suelos calizos y pedregosos, y no tolera el encharcamiento ni la sombra.

Mata de Plumbago europaea florecida en un erial seco Su sitio: un erial seco en pleno verano, entre restos de hierba agostada. La foto es del Campo de Calatrava, en Ciudad Real.

La savia que levanta ampollas

La plumbagina que da a esta planta su carácter es una naftoquinona presente en toda la familia de las plumbagináceas, y en Plumbago europaea se concentra sobre todo en la raíz.

Eso explica el único uso histórico realmente documentado de la belesa, y es un uso incómodo de contar: se empleaba precisamente para producir ampollas a propósito. La medicina antigua consideraba que provocar una irritación en la piel tenía valor terapéutico, y las plantas vesicantes se usaban con ese fin. La belesa era una de ellas.

Ese es el pasado y así hay que leerlo. Hoy no es una técnica médica, es una quemadura química autoinfligida. La planta se manipula con guantes, no se aplica sobre la piel bajo ninguna forma y no se prepara con ella nada. Aquí no hay ni recetas, ni cantidades, ni procedimientos, porque no debe haberlos.

De dónde vienen sus nombres

Los nombres populares de esta planta cuentan su historia, y dos de ellos necesitan una aclaración.

Dentelaria. Viene del latín dens, diente, y recoge la costumbre antigua de morder la raíz contra el dolor de muelas. Se entiende bien qué pasaba: la raíz irrita fuertemente la mucosa y esa quemazón tapaba el dolor original. No es un remedio, es sustituir un dolor por otro, y con daño añadido. El nombre ha acabado transferido en muchos sitios al plumbago de jardín, que no tuvo ese uso.

Hierba del cáncer. Este nombre alarma y conviene desactivarlo. En la nomenclatura popular antigua, la palabra cáncer designaba úlceras y llagas crónicas de la piel, no la enfermedad que hoy entendemos por ese nombre. El apodo recuerda que se aplicaba sobre llagas, con los efectos irritantes ya descritos, y no guarda ninguna relación con la oncología. Ninguna planta trata el cáncer, y desde luego no esta.

Plumbago. El nombre del género viene del latín plumbum, plomo. El motivo se ha explicado de varias maneras a lo largo de los siglos y ninguna está cerrada, así que conviene quedarse con lo que sí es seguro, que es la raíz de la palabra.

Nada de propiedades ni de indicaciones

La ficha original de la que procede este texto incluía un apartado de propiedades y hasta una receta con pesos y medidas para preparar un ungüento. Eso no está aquí y no va a estar.

En la Unión Europea las declaraciones de propiedades saludables están reguladas por el Reglamento (CE) 1924/2006, solo son válidas las que autoriza la Comisión, y para esta planta no existe ninguna. Lo que hay es etnobotánica histórica de una planta irritante, que se cuenta como historia y que no sustituye a un tratamiento ni a una consulta médica.

¿Tiene sitio en un jardín?

No se vende en vivero y no es una planta ornamental en sentido corriente: su flor es discreta y su porte, desgarbado. Pero en jardinería mediterránea seca, de la que busca especies de aquí y riego cero, tiene un argumento a su favor que pocas plantas ofrecen, y es cuándo florece. Da flor en julio, agosto y septiembre, en pleno secarral, y esa flor la trabajan los insectos.

Si aparece sola en un talud o en un borde de finca, lo razonable es dejarla estar. Si se quiere multiplicar, lo hace por semilla, que se recoge de las espigas secas de otoño y se siembra en el sitio definitivo sobre suelo pobre y drenado, y también por división de la cepa a final de invierno. En ambos casos, con guantes.

En resumen

La belesa es Plumbago europaea, el plumbago silvestre del Mediterráneo y el único del género que crece en Europa. Es una mata vivaz de cepa leñosa, de hojas superiores que abrazan el tallo y de espigas cortas con flores lilas de cinco lóbulos sobre un cáliz erizado de pelos pegajosos. Vive en cunetas, eriales y laderas secas de la mitad oriental y sur de España, florece en pleno verano y otoño y no tiene nada que ver con el arbusto sudafricano de flor azul celeste que se vende como plumbago.

Su savia contiene plumbagina y es irritante y vesicante, hasta el punto de que su único uso histórico documentado consistía precisamente en levantar ampollas. Por eso se maneja con guantes, no se aplica sobre la piel, no se ingiere y no se prepara nada con ella. Sus nombres antiguos, dentelaria y hierba del cáncer, se explican por ese carácter irritante y por el sentido viejo de la palabra llaga, y no son ninguna indicación: no hay declaraciones de propiedades saludables autorizadas para esta planta.


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