Las apocináceas (Apocynaceae) son una familia de plantas con flor que reúne varios miles de especies repartidas por casi todo el planeta, con el grueso de la diversidad en las regiones tropicales y subtropicales. La mayoría comparten un rasgo que se reconoce al instante: al romper una hoja o un tallo sueltan látex, un jugo lechoso y pegajoso que en muchas especies es tóxico. Ese detalle es tan constante que sirve de primera pista de campo.

En jardinería española la familia aparece por dos vías muy distintas. Por un lado, la adelfa, la vinca y la plumeria, plantas de exterior de toda la vida en el sur y el litoral mediterráneo. Por otro, un grupo de suculentas de coleccionista (Adenium, Hoya, Ceropegia, Stapelia) que llegan de África y del sudeste asiático y se cultivan en maceta. Son mundos de cultivo tan diferentes que conviene tratarlos por separado.

Cómo se reconoce una apocinácea

Las hojas suelen ser simples y de borde entero, casi siempre opuestas, aunque hay géneros con hojas alternas o verticiladas (la adelfa las lleva en verticilos de tres). Las flores tienen simetría radial y la corola soldada en tubo, con los cinco lóbulos frecuentemente torcidos en molinillo, un detalle muy característico si te fijas en un capullo a medio abrir.

El fruto típico es un folículo doble: dos vainas alargadas que se abren por una sola línea y liberan semillas provistas de un penacho de pelos sedosos. Ese penacho, el vilano, es lo que hace que las semillas de Asclepias o de Araujia vuelen con el viento y aparezcan a cientos de metros de la planta madre.

La familia actual es más amplia de lo que fue. Las antiguas asclepiadáceas, con las flores complejas de Stapelia, Ceropegia, Hoya y Asclepias, se integraron dentro de Apocynaceae como subfamilias. Por eso en libros antiguos aparecen como familia aparte y en las bases de datos actuales no.

Toxicidad: lo primero que hay que saber

Buena parte de las apocináceas contienen glucósidos cardiotónicos y otros compuestos activos. La adelfa (Nerium oleander) es el caso más serio y más común en España: todas sus partes son tóxicas por ingestión, hojas, flores, tallos, semillas y también el agua en la que hayan estado sumergidos restos de poda. El humo de quemar restos de adelfa también es irritante, y las varas nunca deben usarse para ensartar o remover alimentos.

Esto no significa que no se pueda plantar. Se planta por millones en medianas de autovía y jardines públicos precisamente porque resiste sequía, salinidad y contaminación como pocas. Significa que hay que podarla con guantes, no dejar los restos al alcance de animales de granja o caballos, y valorar el riesgo si hay niños pequeños o perros que roen ramas. Ante ingestión o contacto con síntomas, se acude al médico o al veterinario. La ficha específica de la adelfa lo detalla.

El resto de la familia merece el mismo respeto general: el látex de Euphorbia no es de esta familia, pero el de plumeria, vinca o Adenium irrita la piel y las mucosas. Guantes al podar y lavado de manos después es una rutina razonable con cualquier planta de esta familia.

Las apocináceas de exterior en España

La adelfa es la reina del grupo. Es un arbusto grande, de tres a cinco metros si se le deja, que florece de mayo a septiembre y aguanta suelos calizos, secos y pobres sin quejarse. Se poda a finales de invierno para renovar madera y controlar el porte, y se rejuvenece cortando ramas viejas desde la base en vez de recortar la silueta a tijera, que es lo que la convierte en una bola desgarbada. Resiste heladas ligeras, pero en el interior peninsular con inviernos duros sufre.

La vinca (Vinca major y Vinca minor) es una tapizante de sombra que cubre bancales y pies de árbol donde el césped no cuaja. Enraíza en los nudos y avanza rápido, así que conviene meterla donde tenga un límite físico. Florece en azul violáceo entre finales de invierno y primavera.

La plumeria o frangipani (Plumeria rubra) solo prospera al aire libre en el litoral mediterráneo cálido, Canarias y zonas libres de heladas. Pierde la hoja en la estación seca, quiere sol pleno, drenaje muy bueno y riego escaso en invierno. En el interior se cultiva en maceta y se guarda a cubierto.

La trepadora de jazmín estrellado que se ve en pérgolas por toda España, Trachelospermum jasminoides, también es una apocinácea. Es de las mejores trepadoras para clima mediterráneo: hoja perenne, floración blanca muy perfumada en mayo y junio, tolerancia a media sombra y crecimiento controlable.

El comportamiento invasor de algunas especies

Dentro de la familia hay dos casos que dan problemas fuera de su área natural. La planta cruel o miraguano (Araujia sericifera), originaria de Sudamérica, se ha naturalizado en huertas, riberas y setos del litoral mediterráneo. Trepa sobre arbustos y árboles jóvenes hasta ahogarlos, produce frutos grandes cargados de semillas plumosas que se dispersan lejos, y sus flores atrapan por la trompa a las mariposas nocturnas que las visitan, de donde le viene el nombre. Rebrota de raíz, así que arrancarla exige insistencia durante varias temporadas.

Asclepias curassavica, la algodoncillo tropical de flor naranja y roja, se escapa de cultivo en zonas cálidas y persiste en cunetas y regadíos. Antes de plantar cualquiera de las dos conviene comprobar si están señaladas como problemáticas en tu comunidad autónoma, porque la regulación de especies exóticas invasoras se aplica por territorio y cambia.

Las suculentas de la familia

Es el grupo que más interés despierta entre coleccionistas y el que peor se lleva con el riego que se aplica al resto de las plantas de casa.

La rosa del desierto (Adenium obesum) forma un caudex, una base engrosada que almacena agua, y florece en rosa intenso. Quiere sol directo, sustrato mineral que drene en segundos y un invierno seco: cuando pierde la hoja, deja de regarse casi por completo. Es sensible al frío y no tolera heladas.

Las hoyas (Hoya carnosa y muchas otras) son trepadoras de hoja gruesa y cerosa que producen umbelas de flores como de porcelana, con un olor fuerte al anochecer. Toleran interior con luz clara sin sol directo, riego moderado y sustrato aireado. Un detalle importante: no se corta el pedúnculo floral una vez que ha florecido, porque vuelve a florecer sobre el mismo eje año tras año.

Las ceropegias, con el rosario chino (Ceropegia woodii) a la cabeza, forman tubérculos y tallos colgantes de hojas en corazón. En maceta colgante junto a una ventana luminosa van muy bien; el error habitual es regarlas como a una planta de hoja blanda.

Las estapelias (Stapelia, Huernia, Orbea) son suculentas de tallo, sin hojas, con flores grandes y estrelladas que huelen a carroña para atraer moscas. Es exactamente lo que hacen y no es un defecto de tu planta. Piden luz muy fuerte, ventilación y un invierno completamente seco.

Cultivo de las apocináceas suculentas paso a paso

El error que mata a estas plantas no es la falta de agua, es el riego de invierno sobre un sustrato que retiene humedad. Con temperaturas bajas y poca luz, la planta está parada y no consume; el agua se queda alrededor de la raíz y las raíces se pudren en días. La regla práctica es sencilla: de octubre a marzo, riego mínimo o nulo en interior fresco, y reanudarlo poco a poco cuando la planta rebrota.

El sustrato debe llevar una proporción alta de material mineral: arena gruesa lavada, pómice, picón o arlita fina mezclados con una parte pequeña de sustrato orgánico. Macetas con agujero, siempre, y sin plato con agua estancada debajo.

En cuanto a luz, casi todas quieren mucha, pero una planta que ha pasado el invierno en interior no se saca de golpe al sol de junio: se quema en una tarde. La aclimatación se hace en dos o tres semanas, primero a media sombra.

Las plagas habituales son cochinilla algodonosa en las axilas de las hojas y araña roja en ambiente seco y caluroso. La revisión visual periódica y la retirada manual resuelven la mayoría de los brotes antes de que haga falta nada más.

En resumen

Las apocináceas son una familia enorme unida por el látex y por la flor de corola soldada, y en España se traducen en dos grupos que no se parecen: los arbustos y trepadoras de exterior, con la adelfa y el jazmín estrellado como cabezas de cartel, y las suculentas de maceta como Adenium, Hoya, Ceropegia y Stapelia.

Dos cosas no se negocian. La primera es la toxicidad: la adelfa lo es en todas sus partes y el látex de la familia en general irrita, así que guantes al podar y cuidado con los restos y con los animales. La segunda es el riego invernal de las suculentas, que es la causa real de casi todas las pérdidas. Sustrato mineral, maceta con drenaje y agua contada de octubre a marzo resuelven el 90 % de los problemas de cultivo.


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