La algarabía, Parentucellia viscosa, es una hierba anual de flores amarillas y tacto pegajoso que hace algo que no se ve desde fuera: bajo tierra, sus raíces se enganchan a las raíces de las hierbas vecinas, sobre todo gramíneas, y les roban agua y sales minerales. Es una semiparásita de raíz. Tiene clorofila y fabrica sus propios azúcares, pero el agua y los minerales prefiere sacárselos a otra planta antes que buscarlos ella.
Esa es la razón de que nadie la cultive, y es la respuesta a la pregunta con la que suele llegarse a esta planta. No hay semilla de algarabía en los catálogos, no se trasplanta y no se tiene en maceta: necesita hospedadores vivos alrededor y suelo desnudo y húmedo donde germinar. Lo que sí se puede es entenderla cuando aparece sola en un prado o en un terreno removido, que es lo normal.
Flores de Parentucellia viscosa. La corola amarilla es bilabiada, con el labio inferior grande, y toda la planta está cubierta de pelos glandulares que la hacen pegajosa al tacto.
Cómo se llama y cómo se escribe
Aquí conviene ir con cuidado, porque el nombre popular es más ambiguo que el científico. La grafía algaravía, con uve, es la antigua; hoy se escribe algarabía. Y el nombre se aplica a esta planta, pero también a otras parientes suyas de flor parecida, señaladamente Bellardia trixago, que es otra semiparásita de la misma familia y del mismo tipo de terreno. En muchas zonas se llama igual a las dos.
Por eso, si buscas información sobre una planta concreta que has visto, el nombre que sirve es el binomio. Parentucellia viscosa pertenece a las orobancáceas, la familia que reúne hoy a las plantas parásitas que antes se repartían entre escrofulariáceas y orobancáceas. Sus parientes cercanas son la cresta de gallo (Rhinanthus), los Odontites y los jopos.
Cómo es
Es una anual erecta, de tallo por lo general poco ramificado y de una altura que ronda el medio metro. Toda ella está cubierta de pelos glandulares que la vuelven viscosa: se nota al pasar la mano, y al epíteto viscosa le viene de ahí el nombre. Las hojas son sentadas, alargadas, con el borde dentado, y se disponen enfrentadas.
Las flores se agrupan en una espiga terminal que se va alargando a medida que la planta florece. Cada corola es amarilla y de dos labios, con el superior en forma de capucha y el inferior ancho y extendido, todo ello encerrado en un cáliz tubular igualmente peludo. El fruto es una cápsula con muchísimas semillas diminutas, que es la moneda con la que se paga una estrategia de vida como la suya.
Qué significa ser semiparásita facultativa
El órgano que define el parasitismo vegetal es el haustorio: una estructura que perfora los tejidos del hospedador hasta empalmar con sus conductos. En el caso de la algarabía, los haustorios se forman en las raíces y pinchan el xilema de las raíces vecinas, que es por donde circulan el agua y los minerales que suben desde el suelo. No toca el floema, que es por donde viajan los azúcares, y por eso sigue siendo verde y sigue haciendo la fotosíntesis por su cuenta.
Es además facultativa, lo que significa que puede germinar, crecer y completar su ciclo sin hospedador, solo que mucho peor: una planta conectada crece más, florece más y produce muchísima más semilla que una aislada. Y no es especialmente selectiva. Se la encuentra enganchada sobre todo a gramíneas, que son las que dominan los pastos donde vive, pero acepta una gama amplia de hospedadores.
Todo esto está explicado en general, con más ejemplos ibéricos, en plantas parásitas.
Dónde aparece
Es una planta mediterránea y atlántica europea, nativa en la Península y también en Macaronesia y el norte de África. Vive en pastos húmedos en invierno y secos en verano, sobre suelos arenosos o de tendencia ácida, pobres, y aparece con mucha frecuencia en terrenos removidos: bordes de camino, cortafuegos, claros, dehesas pastoreadas, parcelas abandonadas y márgenes de obra.
Suelo pobre y removido, colonizado por herbáceas pioneras. Este es el tipo de ambiente en el que aparece la algarabía: tierra desnuda en invierno y hierba fina alrededor a la que engancharse.
Fuera de su área nativa la historia cambia de tono. Se ha extendido a Norteamérica, a Sudamérica, a Australia y a Nueva Zelanda, casi siempre viajando como contaminante de semilla de pradera, y en algunos de esos sitios se considera mala hierba de pastos, precisamente porque resta vigor a las gramíneas forrajeras. En España, al ser nativa, no procede hablar de invasora: no figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013, que solo recoge especies exóticas.
Si te sale en el prado o en el césped
Primero, la parte tranquilizadora: en un jardín corriente no es un problema. Es anual, muere en verano y no tiene órganos de resistencia subterráneos.
La palanca está en su ciclo. Para instalarse necesita dos cosas: suelo desnudo y húmedo en otoño e invierno, y hierba viva alrededor a la que engancharse. Si el suelo se cubre, con un césped compacto, con un acolchado o con una siembra densa, las plántulas no prosperan. Y como toda su descendencia está en unas cápsulas que se abren a final de primavera, lo que de verdad reduce el problema año tras año es arrancarla o segarla antes de que la semilla madure. Arrancada es fácil: la raíz es floja y sale entera, haustorios incluidos.
En pasto extensivo, el manejo va por el mismo camino: evitar el sobrepastoreo que deja calvas de tierra desnuda, no mover el terreno más de lo necesario y usar semilla limpia, que es exactamente como esta planta ha viajado por el mundo.
Sobre los tratamientos químicos hay poco que decir y conviene decirlo bien. Aquí no hacen falta, y la gestión integrada de plagas, que es el principio que ordena el Real Decreto 1311/2012, coloca la prevención y los medios físicos y biológicos por delante del producto. En jardinería doméstica solo pueden usarse productos autorizados para ese uso, que se consultan en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio; la dosis legal es siempre la de la etiqueta del envase, el uso profesional exige carné de aplicador, y no se trata en floración ni en horas de vuelo de las abejas.
Por qué merece la pena mirarla
Hay un detalle que redondea el asunto. Su prima la cresta de gallo, Rhinanthus, se siembra a propósito en restauración de prados de siega en el centro y norte de Europa: al frenar a las gramíneas dominantes, abre hueco a las herbáceas de flor y el prado gana diversidad. Es el mismo mecanismo de la algarabía puesto a trabajar a favor.
No es una invitación a sembrar algarabía, que ni se vende ni haría falta. Es un recordatorio de que una planta que le quita agua a la hierba no es automáticamente una calamidad: depende de qué quieras del terreno. En un césped inglés es un intruso; en un pastizal pobre es una pieza más de un sistema que lleva funcionando así mucho tiempo.
En resumen
La algarabía es Parentucellia viscosa, una anual pegajosa de flor amarilla de la familia de las orobancáceas que vive semiparasitando las raíces de las hierbas vecinas. Forma haustorios que pinchan el xilema de sus hospedadores y les toman agua y minerales, pero conserva la clorofila y puede vivir sola, aunque mucho peor. Ese comportamiento explica que no exista en cultivo: sin vecinas a las que engancharse no llega a nada.
Es nativa de la Península y propia de pastos pobres y arenosos y de terrenos removidos, así que no procede llamarla invasora aquí, por más que lo sea en los países a los que llegó con semilla de pradera. Y si aparece donde molesta, lo que funciona es el calendario: arrancarla o segarla antes de que la cápsula suelte semilla, y no dejar el suelo desnudo en invierno.