Basta mirar de cerca la unión de un tallo de Cissus con su hoja para saber de qué familia estamos hablando: enfrente de cada hoja, exactamente opuesto a ella, sale un zarcillo. Esa disposición —zarcillo opuesto a la hoja, no axilar— es la firma de las vitáceas, la familia de la parra, y Cissus la comparte con Vitis vinifera punto por punto. Lo que cambia es el destino: donde la vid da uva y vino, este género da follaje, y en interior es de los más resueltos que existen.

Cissus rhombifolia con su follaje trifoliolado

Vitáceas: qué comparte con la vid y en qué se aparta

La familia Vitaceae agrupa unos quince géneros y alrededor de 900 especies, de las que Cissus es con diferencia el mayor: unas 350, repartidas por todos los trópicos y subtrópicos, con centros de diversidad en África, Sudamérica, Asia y Australia. Sus parientes cercanos son Vitis, Parthenocissus, Ampelopsis y Tetrastigma.

Los rasgos compartidos con la parra son fáciles de comprobar en cualquier ejemplar:

Zarcillo opuesto a la hoja. En casi todas las trepadoras el zarcillo nace en la axila, entre la hoja y el tallo. En las vitáceas nace enfrente, y el motivo es evolutivo: ese zarcillo es un tallo modificado, una rama simpodial desplazada, no un órgano axilar. En la vid es exactamente igual, y el viticultor lo usa como referencia al podar.

Ritmo del zarcillo. Muchas vitáceas producen zarcillos siguiendo un patrón regular: dos nudos con zarcillo, uno sin él, y vuelta a empezar. Se aprecia bien en Cissus rhombifolia.

Flor pequeña y tetrámera, en cimas o corimbos, verdosa o rojiza, con disco nectarífero conspicuo; y fruto en baya con una a cuatro semillas, que en Cissus es pequeña, negra o púrpura, y en general no comestible: muchas especies acumulan rafidios, cristales de oxalato cálcico en forma de aguja que irritan boca y garganta. Esa es la razón de la toxicidad leve que se atribuye al género en listados de plantas de interior con niños o gatos.

Nudos hinchados y tallo con médula amplia, otro rasgo familiar.

Lo que separa a Cissus de Vitis: la hoja suele ser simple o compuesta de tres foliolos en vez de palmatilobada, muchas especies son perennifolias, y la corteza no se exfolia en tiras. Además el género ha hecho algo que la vid no: colonizar el desierto, produciendo formas suculentas.

Las especies de interior

Cissus rhombifolia Vahl —hoy aceptada por muchas floras como Cissus alata Jacq.—, la vid de interior o parra de habitación. Originaria de Centroamérica, el Caribe y el norte de Sudamérica. Hoja compuesta de tres foliolos romboidales de borde dentado, verde brillante, con el envés y los brotes cubiertos de pelillos ferruginosos. Cuelga o trepa con soltura y llega a tres metros. Es la más común y la más tolerante: aguanta rincones con poca luz, aire seco moderado y descuidos de riego mejor que casi cualquier otra planta de follaje. El cultivar 'Ellen Danica', de foliolos más lobulados y aspecto de hoja de roble, es el que más se ve en vivero.

Cissus antarctica Vent., la parra de kangaroo, australiana. Hoja simple, ovada, de borde aserrado, de 6 a 10 centímetros, verde oscuro coriácea con nervadura marcada. Más rústica que la anterior: soporta hasta unos 3-5 °C y en el litoral mediterráneo español se cultiva al aire libre, sobre pérgola o muro. Vigorosa, llega a cinco metros.

Cissus discolor Blume, del sudeste asiático, la única que se cultiva por color y no por verde. Hoja acorazonada aterciopelada, verde oscuro con jaspeado plateado y rosado entre los nervios y envés púrpura intenso. Espectacular y exigente: pide humedad ambiental muy alta —terrario o vitrina, más que salón—, calor constante por encima de 18 °C, y en invierno tiende a perder hoja y entrar en reposo, momento en que hay que reducir el riego sin llegar a secarla.

Cissus striata Ruiz & Pav., de Chile y Argentina, de hoja pequeña palmeada con cinco foliolos, la más resistente al frío del grupo: tolera heladas ligeras y sirve como tapizante de muro en el norte de España.

Cissus amazonica, de hoja lanceolada con nervadura plateada, y Cissus verticillata (antes C. sicyoides), de raíces aéreas colgantes que forman cortinas, completan la lista de las que se encuentran con cierta facilidad.

Las suculentas y caudiciformes

La otra mitad del género vive en zonas áridas de África, Madagascar, Arabia y la India, y ha resuelto la sequía por dos caminos distintos.

El primero es engrosar el tallo aéreo hasta convertirlo en el órgano fotosintético y de reserva, reduciendo la hoja a algo pequeño y caduco. El caso emblemático es Cissus quadrangularis, de tallo cuadrangular articulado, al que dedicamos un artículo aparte. Del mismo tipo son C. cactiformis y C. subaphylla.

El segundo es formar un caudex: una base engrosada, leñosa o carnosa, a menudo con la corteza exfoliándose en láminas papiráceas, de la que salen ramas anuales delgadas que se pierden en la estación seca. Cissus tuberosa, mexicana, y sobre todo las malgaches Cissus quinquangularis y las antiguas Cyphostemma —Cyphostemma juttae, C. bainesii, de Namibia, hoy en género propio pero muy próximas— son piezas de coleccionista muy buscadas por su porte de árbol botella en miniatura.

El cultivo de todas ellas invierte las reglas del grupo de interior: sustrato mineral muy drenante, sol, riego solo en el periodo de crecimiento y reposo completamente seco cuando pierden la hoja. Regar una caudiciforme en reposo es la forma segura de pudrirla.

Facilidad de cultivo y tolerancia a la sombra

La fama de planta fácil que arrastra el género —merecida en rhombifolia y antarctica— tiene una explicación ecológica. Son lianas de sotobosque tropical: germinan en el suelo del bosque, en penumbra profunda, y ascienden por el tronco hasta la luz. Toda su fisiología juvenil está calibrada para funcionar con poca radiación, con hojas de bajo punto de compensación lumínica capaces de mantener balance positivo de carbono con muy poca luz.

De ahí que prosperen en un rincón de salón donde la mayoría de las plantas de follaje se ahilan. No conviene exagerar: poca luz no es ninguna luz, y por debajo de cierto umbral alargan entrenudos, sacan hojas pequeñas y se despueblan por abajo. El sitio ideal es luz clara indirecta, sin sol directo de mediodía, que decolora la hoja.

El resto del manejo, en pocas líneas. Riego moderado, dejando secar los dos primeros centímetros de sustrato entre riegos —soporta el olvido bastante mejor que el exceso, y el encharcamiento es su forma habitual de morir—. Sustrato universal de calidad con un cuarto de perlita. Temperatura de 15 a 25 °C, con mínimo de 10 °C en rhombifolia. Humedad ambiental media; con aire muy seco aparece araña roja. Abono líquido quincenal de primavera a verano. Trasplante cada dos años en primavera. Pinzado de las guías para que ramifique y no quede desnuda por la base, que es su defecto más frecuente. Y soporte: como trepan por zarcillo y no por adherencia, necesitan algo que agarrar —tutor de coco, celosía, alambre, hilo tenso—, cosa que las descarta para un muro liso. Sobre este punto hay más en el artículo de consejos para colocar enredaderas y en el de mejores trepadoras para la sombra.

Multiplicación por esqueje

Es donde el género resulta más agradecido, porque enraíza con una facilidad que roza lo absurdo. De primavera a principios de verano se toman trozos de tallo semimaduro de diez a quince centímetros con dos o tres nudos, se elimina la hoja inferior y se cortan por debajo de un nudo, que es donde se concentra el tejido capaz de emitir raíz.

En sustrato: turba y perlita a partes iguales, humedad constante, bolsa transparente por encima y 20-24 °C. Enraízan en dos o tres semanas y las hormonas de enraizamiento no hacen falta. En agua: un vaso con el nudo sumergido, cambio de agua cada tres días, raíces visibles en diez o quince días —conviene pasarlo a tierra cuando midan dos centímetros, porque la raíz de agua se adapta mal si se retrasa—. Y por acodo aéreo en ejemplares viejos que se han quedado calvos por la base: se practica en un nudo y se recupera una planta compacta a partir de la parte alta.

Las suculentas se multiplican igual, pero dejando cicatrizar el corte dos o tres días al aire antes de plantar, y con sustrato apenas húmedo.

En resumen

Cissus es el género más numeroso de las vitáceas y comparte con la vid el rasgo diagnóstico de la familia: el zarcillo opuesto a la hoja, que no es un órgano axilar sino un tallo modificado. Reúne dos mundos distintos: las especies de sotobosque tropical —rhombifolia, antarctica, discolor, striata— que sirven como plantas de interior por su tolerancia a la sombra, y las suculentas de zonas áridas, de tallo engrosado o con caudex, que piden sol y reposo seco. Todas trepan por zarcillo, de modo que necesitan soporte al que enrollarse, y todas enraízan de esqueje con una facilidad notable, en tierra o en agua.


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