Para que las mariposas visiten un jardín o una terraza hacen falta dos cosas distintas, y la mayoría de la gente solo pone una. Las flores con néctar atraen a los adultos, que pasan de largo si no encuentran nada más. Las plantas nutricias, aquellas donde la hembra pone los huevos y de las que come la oruga, son las que consiguen que se queden y críen. Sin las segundas tienes visitas de paso; con las dos, población estable.

La segunda condición es no tratar. Un jardín con mariposas es un jardín donde se acepta ver hojas mordidas y donde no se pulveriza insecticida a la ligera, porque casi cualquier insecticida mata orugas, incluidos los de origen biológico. Es un cambio de criterio más que de plantas.

La Inachis io, llamada pavo real por el diseño de sus alas, es una de las mariposas más atractivas de los jardines españoles.

Qué buscan y cómo lo encuentran

Las mariposas son la fase adulta de los lepidópteros, orden que debe su nombre a las escamas (lepis) que cubren sus alas (pteron). Su aparato bucal es una espiritrompa enrollada con la que succionan líquidos, y eso condiciona qué flores les sirven: necesitan corolas donde el néctar quede accesible y una superficie donde posarse mientras liban. Las flores muy profundas o colgantes, adaptadas a abejorros o polillas de trompa larga, les resultan incómodas.

Localizan el néctar sobre todo por el olfato, y a corta distancia por la vista. Ven bien en la franja del ultravioleta y responden a masas de color, no a flores sueltas, de manera que tres ejemplares de la misma planta juntos funcionan mejor que quince especies dispersas. Las inflorescencias planas o en umbela, tipo Achillea o Scabiosa, y las espigas densas de las labiadas son las que más las convocan.

Necesitan además calor. Son insectos de sangre fría que no pueden volar hasta que la temperatura corporal sube, y por eso las verás con las alas abiertas sobre una piedra o un muro a media mañana. Una zona soleada, resguardada del viento y con superficies minerales donde asolearse vale tanto como un macizo de flores.

Plantas de néctar para adultos

Lo que interesa es una floración escalonada de marzo a octubre, y en la costa mediterránea prácticamente todo el año. Estas van bien en clima peninsular y aguantan el verano sin riego constante:

  • Labiadas mediterráneas. Lavandas (Lavandula stoechas, L. angustifolia, L. dentata), romero (Salvia rosmarinus), tomillos, orégano, mejorana, salvias, Nepeta. Son la base de cualquier jardín de mariposas en España: resisten sequía, suelo calizo y pobre, y florecen mucho tiempo.
  • Compuestas. Echinacea purpurea, ásteres, Erigeron karvinskianus, caléndula, cosmos, girasol, Gaillardia, Centaurea. Los ásteres son especialmente valiosos porque florecen en septiembre y octubre, cuando ya queda poco abierto.
  • Umbelíferas. Hinojo, eneldo, cilantro dejado subir a flor, Foeniculum silvestre. Dan néctar y además son nutricias de la macaón.
  • Otras herbáceas. Verbena bonariensis, escabiosas, Sedum de floración otoñal, aliso marítimo (Lobularia maritima), Zinnia, Ageratum.
  • Arbustos y trepadoras. Abelia, Ceanothus, lilo (Syringa vulgaris), madroño (Arbutus unedo), madreselvas (Lonicera), hiedra en flor, romero rastrero, Vitex agnus-castus.

El madroño y la hiedra merecen mención aparte porque florecen en otoño e invierno y sostienen a los adultos que hibernan y a los que vuelan en días templados de enero, que en el sur peninsular son bastantes.

El caso del llamado arbusto de las mariposas

Buddleja davidii se ha vendido durante décadas justamente por lo bien que atrae mariposas, y lo hace: sus panículas producen mucho néctar. El problema es lo que pasa después. Es originaria de China, produce enormes cantidades de semilla muy ligera que el viento dispersa lejos, coloniza gravas de ríos, taludes, escombreras y vías de tren, y desplaza a la vegetación de ribera.

Figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, regulado por el Real Decreto 630/2013. La inclusión en ese catálogo conlleva la prohibición genérica de su posesión, transporte, tráfico y comercio de ejemplares vivos o muertos, de sus restos y propágulos, así como su introducción en el medio natural. En la práctica esto significa que no debe plantarse ni comprarse, y que si ya lo tienes en el jardín lo razonable es retirarlo, cortando y eliminando las inflorescencias antes de que semillen para que no se disperse. No lo lleves al compost ni lo tires en un descampado.

Nada de lo que aporta es insustituible. Para el mismo efecto, una masa de lavandas, una Verbena bonariensis y un grupo de ásteres cubren toda la temporada y no dan ningún problema.

Plantas nutricias: la parte que casi nadie pone

Cada especie de mariposa depende de un grupo concreto de plantas para su oruga, y ahí la sustitución no es posible: si no está la planta, no hay puesta. Algunas correspondencias fáciles de aplicar:

  • Macaón (Papilio machaon): hinojo, eneldo, zanahoria, ruda. Basta con dejar un pie de hinojo en una esquina.
  • Ortiguera (Aglais urticae), pavo real (Aglais io) y almirante rojo (Vanessa atalanta): ortigas (Urtica dioica, U. urens). Un rodal de ortigas al sol, en un rincón, es la inversión más rentable del jardín de mariposas.
  • Vanesa de los cardos (Vanessa cardui): cardos, malvas, borraja.
  • Blanquita de la col (Pieris rapae) y blanca de la col (Pieris brassicae): crucíferas. Si tienes huerto, ya las conoces.
  • Podalirio (Iphiclides podalirius): endrino, espino albar y frutales de hueso del género Prunus.
  • Licénidas azules (varias especies): leguminosas, sobre todo tréboles, Lotus y retamas.

De aquí sale la conclusión incómoda: buena parte de las nutricias son plantas que se arrancan por sistema. Dejar sin segar un rectángulo de pradera, tolerar un rodal de ortigas y no eliminar los cardos que salgan en el borde hace más por las mariposas que cualquier compra en vivero.

Agua, sales y refugio

Los machos de muchas especies practican lo que en inglés se llama puddling: se posan en barro húmedo o arena mojada para absorber sales minerales y aminoácidos que no obtienen del néctar. Un plato ancho con arena o grava fina, mantenido húmedo y a ras de suelo en zona soleada, cumple esa función. No hace falta añadirle sal de mesa: el mineral del propio sustrato y del agua es suficiente, y una salinidad alta lo hace inservible.

Para invernar y refugiarse del viento necesitan estructura: un seto de arbustos autóctonos, un montón de leña, hojarasca sin recoger bajo los arbustos, muros de piedra seca. Muchas mariposas pasan el invierno como crisálida adherida a un tallo seco o entre hojarasca, así que la limpieza de otoño a fondo se lleva por delante la generación siguiente. Deja las herbáceas secas en pie hasta finales del invierno.

Fitosanitarios: la regla es no tratar

Un insecticida no distingue entre la oruga de una plaga y la de una mariposa. Esto vale también para los productos de origen biológico: las formulaciones a base de Bacillus thuringiensis var. kurstaki actúan precisamente sobre larvas de lepidópteros, de modo que en un jardín de mariposas son de las peores opciones, no de las mejores.

El marco legal en España es el Real Decreto 1311/2012, que establece el uso sostenible de los productos fitosanitarios y sitúa la gestión integrada de plagas como principio: primero prevención y medios físicos y biológicos, y solo después, si hace falta, tratamiento químico. Los productos que un particular puede usar en jardinería exterior doméstica son únicamente los autorizados para ese uso, que se consultan en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio, y la dosis aplicable es siempre la de la etiqueta del envase.

Dos indicaciones concretas que no dependen del producto: no tratar nunca sobre plantas en floración, y no tratar en las horas de vuelo de polinizadores. Si en algún momento resulta inevitable actuar, hacerlo de forma localizada sobre la planta afectada y no en pulverización general del jardín.

En la práctica, un jardín con diversidad de flores acumula depredadores (crisopas, sírfidos, mariquitas, avispas parásitas) que mantienen a raya al pulgón sin intervención. Contra un foco puntual de pulgón, agua jabonosa aplicada sobre la colonia funciona y es lo bastante selectiva si se moja solo lo afectado.

Una excepción real

Gracias a la especificidad entre oruga y planta nutricia, las mariposas rara vez causan daños serios en ornamentales. La excepción conocida es Cacyreus marshalli, la taladradora del geranio, un licénido introducido desde Sudáfrica cuyas larvas perforan los tallos de geranios y gitanillas (Pelargonium) y pueden matar la planta. Se detecta por los agujeros en los tallos y los brotes que se secan de golpe. La respuesta razonable es revisar las plantas con frecuencia y cortar y eliminar los tallos afectados en cuanto aparecen, no pulverizar el balcón entero.

En resumen

Un jardín con mariposas se construye combinando flores de néctar escalonadas de marzo a octubre, con las labiadas mediterráneas y las compuestas como base, y plantas nutricias donde puedan criar las orugas: hinojo, ortigas, cardos, leguminosas. Añade un punto de barro húmedo para sales, piedras al sol donde asolearse y un rincón sin segar donde puedan invernar las crisálidas.

Deja fuera Buddleja davidii, que figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013 y por tanto no debe plantarse ni comerciarse. Y no trates: cualquier insecticida, incluidos los basados en Bacillus thuringiensis, mata orugas. La normativa española de uso sostenible de fitosanitarios, el Real Decreto 1311/2012, pone la prevención por delante del tratamiento, y en un jardín de mariposas ese principio es además la única forma de que funcione.


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