Con una planta que se extiende por rizomas no se gana arrancando. El rizoma es un tallo subterráneo que va emitiendo brotes nuevos a distancia de la planta madre, y cada fragmento que se queda en el suelo se convierte en una planta entera. Tirar de la parte aérea, cavar o pasar la motoazada no la eliminan: la trocean y la multiplican. Lo que sí funciona es quitarle la luz durante una temporada completa, o encerrarla detrás de una barrera física antes de que se extienda más.

Y antes de eso hay una comprobación que cambia por completo lo que puedes y no puedes hacer: averiguar si lo que tienes es una ornamental simplemente agresiva o una especie del Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras. En el primer caso decides tú cuánto terreno le cedes. En el segundo hay una norma de por medio que prohíbe tenerla, moverla y regalarla.

Brote joven de una planta invasora asomando entre los restos vegetales del suelo

Agresiva no es lo mismo que invasora catalogada

La palabra invasora se usa en el jardín para dos cosas muy distintas.

Una es la ornamental de crecimiento agresivo: una planta que compramos a sabiendas y que se expande más de lo que esperábamos. La menta, los bambúes corredores del género Phyllostachys, la Aegopodium podagraria de hoja variegada, el muguete (Convallaria majalis) o la Houttuynia cordata entran en esta categoría. Son legales, se venden con normalidad y el problema es doméstico: se comen el arriate.

La otra es la especie exótica invasora catalogada. El Real Decreto 630/2013 regula el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, y la inclusión de una especie conlleva la prohibición genérica de su posesión, transporte, tráfico y comercio, tanto de ejemplares vivos como de sus restos o propágulos, además de la prohibición de introducirla en el medio natural. No es una recomendación: es una prohibición administrativa.

Entre las que figuran en ese catálogo y que todavía hoy se encuentran en jardines particulares españoles están:

  • Cortaderia selloana, el plumero de la Pampa, que se plantó durante décadas como gramínea ornamental.
  • Ailanthus altissima, el ailanto o árbol del cielo, que rebrota de raíz a metros del tronco.
  • Carpobrotus edulis, la uña de gato, plantada masivamente en taludes y jardines de costa.
  • Pennisetum setaceum, el rabo de gato, muy extendido en Canarias y en el sureste peninsular.
  • Acacia dealbata, la mimosa de floristería, habitual en el noroeste.
  • Eichhornia crassipes, el jacinto de agua, que arrasa cuando alcanza un cauce.

El catálogo se ha modificado varias veces desde su aprobación y hay especies incluidas con restricción territorial, así que conviene consultar el listado vigente antes de dar nada por hecho. Si tienes dudas sobre una planta concreta, trátala con la prudencia de una catalogada: no la compartas, no la muevas de sitio y no tires sus restos fuera de tu parcela.

Identifica antes de cortar

El método correcto depende por completo de cómo se reproduzca la planta, y eso obliga a saber qué es. Una que solo se propaga por semilla se controla cortando las inflorescencias a tiempo. Una que rebrota de cualquier trozo de rizoma se controla justo al revés, sin trocearla.

Mira dos cosas. Primera, si los brotes nuevos aparecen a distancia de la mata madre y salen de un tallo horizontal enterrado: eso es un rizoma corredor. Segunda, si al tirar de un brote sale un cordón blanco largo con yemas a lo largo: también. Si en cambio la planta forma una mata compacta que engorda por el borde, el problema es mucho menor y se resuelve recortando el perímetro cada año.

El método de la oscuridad

Es el sistema más eficaz para limpiar una superficie tomada por una rizomatosa, y no usa ningún producto. Toda planta verde necesita luz para fabricar azúcares. Si se la privas por completo durante una temporada de crecimiento entera, la planta agota las reservas del rizoma intentando brotar y muere.

Lona opaca cubriendo el suelo bajo un acolchado de corteza en un macizo

Cómo se hace bien:

  • Lona opaca, no malla antihierba. El geotextil de jardinería deja pasar algo de luz, y con algo de luz una rizomatosa aguanta. Hace falta material realmente opaco.
  • Siega primero al ras. Reduce el volumen y facilita que la lona apoye. Los restos salen de la zona, no se quedan debajo.
  • Cubre más superficie que la mata. Un margen generoso por todo el perímetro, porque en cuanto note la oscuridad mandará rizomas hacia fuera buscando luz.
  • Sujeta bien los bordes. Piedras, ladrillos, tablones o piquetas. Una lona que se levanta con el viento deja entrar luz por el lateral y no sirve de nada.
  • Déjala una temporada de crecimiento completa, de primavera a final de otoño, y mejor hasta la primavera siguiente. Con las más tenaces hacen falta dos años.
  • Revisa el perímetro cada pocas semanas y arranca los brotes que asomen por fuera del borde. Ese es el punto por donde fracasa la mayoría de los intentos.

El inconveniente es obvio: la oscuridad mata todo lo que hay debajo, incluidas las plantas que querías conservar. Si es un macizo mixto, saca antes lo que te interese y cultívalo en maceta durante ese año, revisando raíz por raíz que no se haya colado ningún trozo de rizoma de la invasora. Si se cuela uno, replantarás el problema con tus propias manos.

Contener en lugar de eliminar

Con una ornamental agresiva que te gusta y quieres conservar, la solución no es eliminarla sino ponerle límites.

La barrera de rizoma es una lámina rígida enterrada en vertical alrededor de la planta, formando un anillo cerrado. Funciona con bambúes corredores y con la mayoría de las herbáceas rastreras, siempre que se cumplan tres condiciones: que llegue a suficiente profundidad para que el rizoma no pase por debajo, que sobresalga unos centímetros del suelo para que tampoco pase por encima, y que el solape entre los extremos de la lámina esté bien cerrado, porque el rizoma encuentra cualquier rendija.

Para la menta y compañía hay una versión casera que funciona igual de bien: plantarla en una maceta grande sin fondo, o con fondo, enterrada hasta el borde. Queda integrada en el arriate y no se escapa. Eso sí, hay que recortar cada temporada los tallos que intenten saltar por encima del borde.

Cortar la flor antes de que semille

Con las que se propagan por semilla, esta es la medida que más rinde por minuto invertido. Cortar las inflorescencias antes de que maduren corta el suministro de golpe. En una gramínea grande como Cortaderia selloana, una sola inflorescencia produce una cantidad enorme de semillas que el viento reparte a kilómetros de distancia, así que el plumero se corta antes de que se abra, se embolsa y se retira cerrado.

Y cuenta con el banco de semillas del suelo: aunque elimines la planta madre, seguirán naciendo plántulas durante años. Arrancarlas cuando son pequeñas cuesta un minuto; dejarlas crecer cuesta una tarde.

Por qué arrancar y cavar empeoran las cosas

Deshierbe manual con guantes en un arriate

El deshierbe manual da resultado con las plantas de raíz somera y de ciclo corto. Con una rizomatosa es contraproducente: al tirar, el rizoma se rompe y se queda en el suelo en varios trozos, cada uno con yemas viables. Donde había una planta acaban saliendo cinco.

Cavar tiene el mismo efecto multiplicado, y la motoazada es el peor escenario posible: pica el rizoma en decenas de fragmentos y los reparte por toda la parcela. Si vas a usar máquina, que sea después de haber eliminado la planta, no antes.

La excepción es la plántula recién nacida. Ahí sí, arrancar en cuanto asoma es lo más barato y lo más eficaz que existe, y vale para cualquier especie.

Los restos no van al compost

Es la parte que más se incumple y la que convierte un jardín en foco de dispersión. Un trozo de rizoma o de tallo de una invasora sobrevive perfectamente en un montón de compost doméstico, que no alcanza las temperaturas necesarias para matarlo. Tampoco se deja el material cortado tirado en el monte, en una cuneta o en un solar, ni se transporta suelto en un remolque abierto.

Los restos de una especie catalogada salen en saco cerrado y se gestionan según indique tu ayuntamiento o tu comunidad autónoma. Varias comunidades tienen protocolos propios y, en algunos casos, servicios de retirada. Y no se comparten esquejes, ni bulbos, ni plantas de estanque con vecinos y amigos: ese intercambio informal es una de las vías de propagación más constantes que existen.

Y los herbicidas

En una rizomatosa muy establecida pueden ser la única opción realista, pero con condiciones. La aplicación dirigida sobre el corte fresco, con pincel y en los minutos siguientes al corte, es mucho más eficaz y mucho menos contaminante que la pulverización general, porque aprovecha el momento en que la planta transporta hacia la raíz. En jardinería doméstica solo se pueden emplear productos autorizados para ese uso, que se consultan en el Registro de Productos Fitosanitarios del ministerio, y la dosis válida es siempre la de la etiqueta del envase. Guantes y protección, nunca cerca de un cauce o un pozo sin autorización, y nada de tratar plantas en flor visitadas por abejas.

En resumen

Lo primero es identificar. Si la planta está en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013, su posesión, transporte, tráfico y comercio están prohibidos, y eso incluye no regalar esquejes y no tirar restos al monte ni al compost. Si es simplemente una ornamental agresiva, decides tú, y la solución suele ser contenerla con una barrera de rizoma o con una maceta enterrada en lugar de eliminarla.

Para limpiar una zona tomada, el método que mejor funciona sin producto es la oscuridad: lona opaca, bien sujeta, cubriendo más superficie que la mata, durante una temporada de crecimiento entera y revisando el perímetro. Arrancar a mano o pasar la motoazada trocea el rizoma y multiplica el problema. Y con las que semillan, cortar la inflorescencia antes de que madure vale más que cualquier otra cosa que hagas ese año.


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