Las ventajas reales de tener suculentas son tres y son muy prosaicas: aguantan que te olvides de ellas, caben en sitios donde no cabe ninguna otra planta y se multiplican solas a partir de un trozo. A eso se suma que son baratas y que soportan el sol de un balcón español en julio, que fríe a casi todo lo demás. Con eso basta para justificar una colección.

Lo que no hacen es limpiar el aire de tu casa, subir el oxígeno del dormitorio, curar nada ni servir de alimento salvo un par de excepciones concretas. Todo eso circula copiado de un artículo a otro, y una parte es directamente peligrosa. Vamos con lo uno y con lo otro, porque el balance sigue saliendo a favor de la planta.

Colección de suculentas en macetas pequeñas

Aguantan el olvido, y esto sí tiene explicación

Una suculenta lleva encima su propio depósito. Las hojas o los tallos carnosos almacenan agua, y su fotosíntesis está adaptada para gastarla con una tacañería extraordinaria: abren los estomas de noche, cuando el aire está fresco y húmedo, capturan el dióxido de carbono en forma de ácido y de día lo procesan con los estomas cerrados. Pierden mucha menos agua que una planta corriente por cada unidad de carbono que fijan.

La consecuencia práctica es la que buscas: una crasa bien plantada sobrevive a unas vacaciones de tres semanas en agosto sin que nadie entre a regarla. Ninguna planta de interior de hoja fina hace eso. Y el fallo típico va en la dirección contraria a la que uno espera: en casi todas las casas, las suculentas mueren regadas de más, no de menos.

Caben donde no cabe nada

La mayoría tiene un sistema radicular superficial y modesto, así que se conforman con macetas pequeñas y poco profundas. Esto abre sitios que no existen para otras plantas: un alféizar estrecho, una repisa, una jardinera de veinte centímetros, un cuenco, un hueco entre las piedras de un muro. También toleran bien el trasplante y el manejo, porque llevan su reserva encima y no se vienen abajo por pasar unas horas fuera del sustrato.

En el clima español hay además una ventaja específica. Un balcón orientado al sur, con la barandilla de obra devolviendo calor y el suelo abrasando desde mayo, es un sitio hostil para casi cualquier planta ornamental. Muchas crasas de roquedo están perfectamente cómodas ahí, siempre que se aclimaten poco a poco y no queden atrapadas detrás de un cristal, que es donde de verdad se queman.

Se multiplican solas

Es el beneficio que más engancha. De una hoja de echeveria o de crásula apoyada sobre sustrato seco sale, en unas semanas, una plantita con sus raíces. Un trozo de tallo de sedum enraiza sin más ceremonia. Las gallinas y pollitos (Sempervivum) producen hijuelos alrededor de la roseta madre que se separan con la mano. No hacen falta semillas quisquillosas, ni hormonas, ni invernadero: solo dejar que el corte cicatrice unos días antes de plantarlo, para que no se pudra.

De ahí sale una colección entera sin gastar dinero, y de ahí salen también los regalos. Esa es, probablemente, la razón por la que estas plantas se han extendido tanto: circulan de mano en mano en forma de esqueje.

Esquejes de suculentas enraizando en sustrato

En el jardín: menos agua, y una advertencia

En jardinería mediterránea las crasas rústicas tienen un papel claro. Los Sedum de porte bajo, los Sempervivum y los Delosperma cubren taludes, alcorques y grava con muy poco riego una vez arraigados, aguantan las heladas del interior peninsular mejor que la mayoría de las crasas de colección y no piden abonado. Los sedums son, de hecho, la base de las cubiertas vegetales extensivas que se ponen en tejados, precisamente porque viven con un espesor mínimo de sustrato.

La advertencia es necesaria. No todo lo que cubre suelo rápido y sin agua es buena idea: la uña de gato (Carpobrotus edulis), esa crasa tapizante de flor rosa o amarilla que se plantó durante décadas en taludes y paseos marítimos, figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013, con lo que eso implica, incluida la prohibición de su comercio. Desplaza a la flora de dunas y acantilados. Si la tienes, sus restos de poda no van al monte ni al compost.

Lo de purificar el aire: de dónde viene y por qué no vale

El origen es un trabajo de la NASA de finales de los años ochenta, en el contexto de los hábitats espaciales cerrados. Se metieron plantas en cámaras selladas de muy poco volumen, se inyectaron compuestos orgánicos volátiles como el formaldehído o el benceno y se midió cómo bajaba su concentración. Bajaba. El resultado era correcto para lo que se estaba estudiando, que era un módulo hermético.

El salto a «pon plantas y limpiarás el aire de tu salón» es donde se rompe la cadena. Una casa no es una cámara sellada: intercambia aire continuamente por rendijas, puertas y ventanas, y ese intercambio mueve un volumen de aire que deja en nada lo que retira una maceta. Revisiones posteriores que reanalizaron aquellos datos llevándolos a condiciones de edificio real concluyeron que haría falta una densidad de plantas por metro cuadrado que sencillamente no cabe en una vivienda. Abrir la ventana diez minutos hace más que un estante entero de crasas.

Lo mismo pasa con la variante nocturna: es verdad que las suculentas y los cactus abren los estomas de noche, y de ahí salió la idea de que oxigenan el dormitorio mientras duermes. La cantidad de oxígeno que produce una planta pequeña es irrelevante frente a la que hay en una habitación y frente a la ventilación. Ponerlas en el dormitorio no es malo, sencillamente no tiene ese efecto.

Lo que no se puede decir de ellas

Aquí hay que ser rotundo, porque el corpus original de estos artículos venía cargado de afirmaciones de salud que no se sostienen y que además exponen a la gente.

  • No curan el cáncer ni ninguna otra enfermedad. Los kalanchoes circulan por internet con esa fama. Contienen bufadienólidos, glucósidos que actúan sobre el corazón, y están descritas intoxicaciones en ganado. No se comen, ni en infusión ni masticadas.
  • No son comestibles en general. Se come la penca y el fruto de la chumbera (Opuntia ficus-indica), que es la excepción de peso, y poco más entre lo que hay en una colección ornamental. Muchas de las demás son directamente tóxicas.
  • El aloe no es un botiquín. En la hoja de Aloe vera hay dos cosas distintas: el gel interior y el acíbar, el jugo amarillo amargo de debajo de la piel, que es un laxante potente y nada inocuo. No des por buenos los usos internos que se leen por ahí.
  • Las euforbias sueltan látex irritante. Muchas crasas que se venden como cactus son Euphorbia, igual que la corona de Cristo (Euphorbia milii). Ese látex blanco irrita piel y ojos y es tóxico por ingestión: guantes al podar, lavarse después y, si salpica en un ojo, al médico.
  • Varias son tóxicas para perros y gatos. Aloe vera, los kalanchoes, las euforbias y la lengua de suegra (Dracaena trifasciata) entran en esa lista. Si tienes animales, esto pesa más que cualquier otra consideración a la hora de elegir dónde las pones.

Y el beneficio que sí es difícil de medir

Queda uno que no se puede cuantificar y tampoco hace falta disfrazar de estudio: cuidar plantas gusta, ordena una rutina y da algo que mirar. Una colección de crasas tiene además la ventaja de que responde deprisa, cambia de color con las estaciones y produce plantas nuevas continuamente, así que el que empieza suele seguir. No es terapia, es una afición barata y agradecida. Con eso ya sobra.

En resumen

Las suculentas valen la pena por lo que hacen de verdad: sobreviven a la falta de riego gracias a sus reservas y a su fotosíntesis nocturna, viven en macetas mínimas, se reproducen a partir de una hoja, resisten el sol de un balcón mediterráneo y, en el jardín, cubren superficies difíciles con muy poca agua. Son, con diferencia, las plantas ornamentales con mejor relación entre lo que dan y lo que piden.

No valen la pena por nada de lo que se les atribuye en materia de salud. Ni purifican el aire de una casa, ni curan, ni se comen salvo excepciones contadas, y algunas son tóxicas para las personas y para los animales que viven con ellas. Quédate con la planta y deja fuera la propaganda: sale ganando la colección y sale ganando quien la lea.


Contenidos relacionados