Bajo los pinos, a partir de octubre, brota una seta menuda y gris que se confunde con el suelo hasta que el ojo se acostumbra: Tricholoma terreum, la negrilla. Es frágil, sale en grupos numerosos y forma parte del paisaje micológico de los pinares mediterráneos desde el Levante hasta el interior de Castilla. También es el punto de partida obligado para entender el grupo de tricolomas grises, un conjunto de especies que se parecen entre sí y en el que está el tricoloma tigrado, Tricholoma pardinum, que provoca cuadros digestivos severos.
Para qué sirve este texto
Aquí se describe una especie; no se enseña a recolectarla. Ninguna seta debe acabar en la sartén porque encaje con un texto o con una fotografía, por muchos detalles que coincidan. Los caracteres que vienen a continuación son datos para entender qué se está mirando, no una lista de comprobación que dé permiso para nada. La determinación válida la hace un micólogo o una sociedad micológica —muchas revisan cestas gratis durante la temporada— con el ejemplar entero delante, incluido el pie con su base sin cortar. Esa base es lo primero que se pierde cuando se siega con navaja y es justo lo que separa una Amanita de lo que no lo es.
Nombres y lugar en el género
Tricholoma terreum (Schaeff.) P. Kumm. recibe en castellano los nombres de negrilla, ratón, terrera o seta de tierra; en catalán y valenciano se la conoce como fredolic o negreta, y en euskera como ziza arrunta. El epíteto terreum alude al color de tierra del sombrero.
Dentro del género ocupa la sección Terrea, que agrupa a los tricolomas de sombrero gris cubierto de fibrillas o escamillas, láminas blanquecinas y esporada blanca. Es un grupo taxonómicamente incómodo: nombres como Tricholoma myomyces o Tricholoma gausapatum se han usado unas veces como especies independientes y otras como formas de terreum, según el autor y la década. Ese vaivén tiene una consecuencia práctica: quien maneje una guía antigua puede estar leyendo una descripción que hoy corresponde a otra cosa.
Cómo reconocerla en el campo
El sombrero mide entre 3 y 8 centímetros, rara vez más. Empieza cónico o acampanado y se abre hasta quedar convexo o casi plano, a menudo con un mamelón bajo y romo en el centro. La superficie es seca y está recubierta de fibrillas grises a negruzcas dispuestas de forma radial, que con la edad se disgregan en escamillas finas y dejan ver el fondo más pálido. El margen es delgado, con frecuencia ondulado y agrietado en los ejemplares maduros.
Las láminas son blanquecinas y viran a gris ceniza con los años, están escotadas junto al pie —el borde se curva hacia arriba antes de llegar a él, que es el rasgo típico del género— y resultan relativamente espaciadas y quebradizas. El pie mide de 3 a 7 centímetros por poco más de un centímetro de grosor, es cilíndrico, blanquecino o grisáceo, fibriloso, hueco con la edad y carece de anillo, aunque algunos ejemplares jóvenes conservan restos algodonosos de un velo fugaz.
La carne es blanca, muy fina y notablemente frágil: un sombrero de negrilla se rompe entre los dedos con poca presión. El sabor es dulce, sin acritud, y el olor es débil, casi nulo, o levemente terroso. Este último punto importa, porque otras especies parecidas huelen claramente a harina fresca o a pimienta, y ese contraste es uno de los pocos caracteres organolépticos con valor real en el grupo. La esporada es blanca.
Ecología y calendario
La negrilla es una especie micorrícica: sus hifas envuelven las raíces finas del árbol y forman con ellas un órgano mixto por el que el hongo entrega agua y minerales del suelo a cambio de azúcares. Su pareja preferida son los pinos, y en España aparece sobre todo bajo Pinus halepensis, Pinus nigra, Pinus pinaster y Pinus sylvestris, con preferencia por suelos calizos y por masas aclaradas donde la hojarasca de acículas no es demasiado espesa. También se cita bajo abetos y, con menos frecuencia, en parques y pinares de repoblación urbana.
Fructifica en otoño e invierno, con un arranque habitual entre octubre y noviembre que puede prolongarse hasta enero en las zonas más templadas del litoral mediterráneo. Necesita lluvias abundantes seguidas de temperaturas suaves, y sale en corros o en filas de decenas de ejemplares, muchas veces medio enterrados en la capa de acículas, de manera que lo que asoma es solo la cúpula gris del sombrero.
El rompecabezas de los tricolomas grises
La negrilla no se confunde con una Amanita ni con nada mortal, pero sí con media docena de tricolomas de sombrero gris, y uno de ellos es un problema serio.
Tricholoma pardinum, el tricoloma tigrado. Es la confusión que hay que tener presente. Provoca gastroenteritis violentas y prolongadas, con vómitos y diarreas que aparecen entre una y tres horas después de la comida y que en algunos casos han requerido reposición de líquidos en hospital. Se distingue por el tamaño —el sombrero pasa a menudo de 10 centímetros y puede llegar a 15 o 20, frente a los 8 escasos de la negrilla—, por la carne gruesa y firme en lugar de quebradiza, por las escamas grises anchas y separadas dispuestas en círculos concéntricos sobre fondo claro, en vez de fibrillas radiales finas, por el pie robusto y engrosado hacia la base, y por el olor claramente harinoso. La ecología también difiere: el tigrado prefiere hayedos y abetales sobre caliza en montaña, y no es la especie típica del pinar mediterráneo litoral. Ninguno de estos rasgos por separado resuelve el caso, y el conjunto tampoco autoriza a nadie a cocinar: el asunto está desarrollado en el artículo dedicado a Tricholoma pardinum.
Tricholoma atrosquamosum. Sombrero gris cubierto de escamillas oscuras bien delimitadas y, sobre todo, un olor a pimienta molida que la negrilla no tiene. Comestible mediocre, sin interés.
Tricholoma scalpturatum. Muy parecida de porte y también frecuente, se separa porque sus láminas y su carne amarillean con el tiempo, especialmente en el borde de las láminas y en los ejemplares manipulados o pasados.
Tricholoma virgatum. Sombrero gris con fibrillas radiales innatas y un mamelón agudo y puntiagudo en el centro. Su carácter decisivo es el sabor, intensamente acre, que la hace incomible.
Tricholoma orirubens y Tricholoma squarrulosum. Dos parientes cercanos del grupo, la primera con tonos rosados en el filo de las láminas y matices verdosos en la base del pie, la segunda con escamas oscuras también sobre el pie.
Una duda abierta sobre su inocuidad
La negrilla figura en las guías clásicas como comestible de buena calidad y así se ha consumido durante generaciones. Conviene, aun así, contar lo que ha ocurrido después sin adornarlo en ninguna de las dos direcciones.
A partir de los casos franceses de rabdomiólisis atribuidos a Tricholoma equestre a finales de los años noventa, varios equipos revisaron la química del género. En 2014, un trabajo publicado en Journal of Agricultural and Food Chemistry por un grupo chino aisló de Tricholoma terreum dos compuestos del tipo saponaceolida —bautizados así, por cierto, porque se describieron primero en Tricholoma saponaceum— y describió efectos tóxicos sobre el músculo en ratones a los que se administraron dosis elevadas.
Ese hallazgo no equivale a un caso humano. No hay una casuística clínica de intoxicaciones por negrilla comparable a la de equestre, los ensayos se hicieron con extractos y con cantidades que no reproducen una comida normal, y otros autores han cuestionado la extrapolación. Lo razonable, con lo que hoy se sabe, es no tratarla como una seta de consumo masivo y repetido: sale en cantidades enormes y es fácil comerla varios días seguidos y en raciones grandes, que es justamente el patrón que aparecía en los casos franceses. Ese episodio y lo que enseñó están explicados en el artículo sobre Tricholoma equestre.
Reglas de toda la vida que no valen
En el grupo de los tricolomas grises circulan las mismas recetas caseras que en el resto de la micología popular, y ninguna funciona. La cuchara de plata no ennegrece ante ninguna toxina fúngica: reacciona con compuestos de azufre, que hay en cebollas y huevos y no en las amatoxinas. Que los caracoles, los ciervos o las larvas hayan comido de un ejemplar no dice nada, porque su fisiología no es la nuestra. El olor agradable no es un salvoconducto, y de hecho el tigrado huele bien. Pelar el sombrero, cocer y tirar el agua, o añadir vinagre, no eliminan toxinas termoestables. Ninguna de estas prácticas ha evitado jamás una intoxicación; lo único que hacen es dar confianza donde no la hay.
Ante una sospecha
Si después de una comida con setas alguien presenta vómitos, diarrea, sudoración o malestar, el destino es urgencias, y hay que ir llevando restos de las setas crudas, de la comida cocinada o incluso de la basura: identificar la especie cambia el manejo del caso. El Instituto Nacional de Toxicología atiende consultas las 24 horas en el 91 562 04 20.
Un detalle que conviene tener grabado: cuando los síntomas tardan en aparecer entre seis y veinticuatro horas, la sospecha se dirige a las amatoxinas, y ese es el escenario grave. En esas intoxicaciones hay además una fase de aparente mejoría en la que el enfermo se encuentra mejor mientras el hígado sigue dañándose, y esa tregua engañosa ha retrasado ingresos con consecuencias fatales. Un cuadro digestivo que empieza tarde tras una comida de setas es una urgencia, aunque quien lo sufra diga que ya se le ha pasado.
En resumen
Tricholoma terreum es una seta pequeña de pinar mediterráneo, con sombrero gris cubierto de fibrillas radiales, láminas escotadas blanquecinas que grisean, carne blanca muy frágil, olor casi nulo y sabor dulce. Fructifica de octubre a enero sobre suelos calizos, en grupos abundantes y micorrizada con pinos. Su parecido con Tricholoma pardinum —mayor, carnoso, de escamas concéntricas y olor harinoso, y causante de gastroenteritis severas— es el motivo por el que este grupo exige atención, junto a la confusión con atrosquamosum, scalpturatum y virgatum. Los trabajos publicados desde 2014 sobre sus saponaceolidas aconsejan prudencia con el consumo muy abundante y reiterado, sin que exista alarma clínica. Y nada de lo anterior sustituye a lo único que funciona: llevar la recolección completa a quien sabe determinarla antes de cocinar.