'Madame Alfred Carrière' es la rosa trepadora blanca que casi todos los jardineros acaban recomendando. Es una noisette de finales del siglo XIX, muy vigorosa, con ramas flexibles y prácticamente sin aguijones, que florece desde la primavera hasta el otoño y aguanta una pared orientada al norte sin dejar de dar flor. Muy pocos rosales reúnen esas cuatro cosas a la vez.

Sus flores son blancas de lejos y no tanto de cerca: al abrirse muestran matices crema, un rubor rosado en el centro y algún reflejo amarillento en la base de los pétalos. Son globulares, grandes, de unos 8 a 10 centímetros, con unos treinta pétalos, y desprenden un perfume suave, dulce y muy limpio. Si se dispone de un muro, una pérgola o un arco y se quiere una trepadora que no arañe al pasar, la búsqueda puede terminar aquí.

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Qué es una noisette y por qué importa aquí

El grupo de las noisettes nació a comienzos del siglo XIX en Charleston, en Carolina del Sur, del cruce entre una rosa de China y la almizcleña Rosa moschata. De ahí pasó a Francia, donde los viveristas lo desarrollaron hasta convertirlo en el grupo de trepadoras refloreciente por excelencia del siglo XIX. 'Madame Alfred Carrière' la introdujo el viverista lionés Joseph Schwartz a finales de la década de 1870.

Ese origen explica su comportamiento. Las noisettes heredan de la sangre china la refloración continua y de moschata el perfume y el vigor, pero también una cierta sensibilidad al frío intenso. Son rosales pensados, sin quererlo, para climas como el español: veranos largos y cálidos, inviernos suaves y una temporada de floración que se estira mucho más que en el norte de Europa. 'Madame Alfred Carrière' es, además, la más resistente al frío del grupo, y por eso se cultiva sin problemas también en la meseta.

El rosal

Es una trepadora muy vigorosa, capaz de alcanzar entre cuatro y seis metros de altura en buenas condiciones, con unos tres metros de anchura si se le deja extenderse. Las varas son largas, flexibles y verdes, y ese es uno de sus grandes atractivos: se doblan sin partirse, lo que facilita mucho guiarla, y llevan muy pocos aguijones, de modo que se puede plantar junto a un paso estrecho, una puerta o una zona de juego sin que enganche a nadie.

El follaje es verde claro y brillante, abundante, y se mantiene bastante limpio. La floración es en oleadas: la primera, a finales de primavera, es la más espectacular; después sigue produciendo ramilletes de forma irregular durante todo el verano y da una segunda tanda apreciable en otoño, que en el sur peninsular puede llegar hasta noviembre.

La trepadora para la pared difícil

Aquí está su fama. Casi todas las trepadoras necesitan sol pleno para florecer con generosidad. 'Madame Alfred Carrière' es de las poquísimas que dan una floración razonable en una pared orientada al norte o en una fachada que solo recibe sol una parte del día. No hace milagros: crecerá más despacio y dará menos flor que a pleno sol, y en una sombra profunda no florecerá. Pero con cuatro o cinco horas de luz directa cumple.

Esa tolerancia, sumada al vigor y a la ausencia de espinas, la convierte en la elección lógica para arcos de entrada, pérgolas de paso, vallas medianeras y muros de patio interior. También funciona guiada sobre un árbol viejo, aunque en ese caso hay que resolver antes la competencia por el agua.

Guiarla bien es la mitad del trabajo

Un rosal trepador florece sobre los brotes laterales que emite la vara principal, y esos laterales solo brotan con fuerza cuando la vara pierde la verticalidad. La consecuencia práctica es clara: si se dejan las varas rectas hacia arriba, todas las flores saldrán arriba y el pie quedará pelado.

Lo que hay que hacer es guiar las varas principales lo más horizontales posible, en abanico sobre el muro o en espiral alrededor del poste de la pérgola, atándolas con material blando que no estrangule. Cada vara así colocada emite laterales floríferos a lo largo de toda su longitud, y el resultado es un muro cubierto de flor de arriba abajo. Con esta variedad la operación es fácil porque sus varas son flexibles, pero conviene hacerla mientras son jóvenes: una vara lignificada de tres años ya no se dobla.

Cultivo en España

Plantación: a raíz desnuda entre noviembre y febrero, que es la mejor opción y la más barata, o en contenedor en cualquier momento salvo el verano. El hoyo, amplio, y el punto de injerto a ras de suelo o ligeramente enterrado. Si es una pared, se planta a unos cuarenta centímetros de la base para que la raíz no quede en el rincón seco que el alero deja sin lluvia.

Riego: profundo y espaciado, al pie. Los dos primeros veranos son los decisivos; un ejemplar joven en Madrid, Sevilla o Zaragoza necesita agua abundante dos veces por semana en julio y agosto. Una vez establecida, es bastante resistente, pero al pie de una pared que refleja calor conviene no descuidarla.

Suelo: se adapta bien, con la salvedad habitual de los suelos calizos del este y el sur. Con pH alto es fácil que aparezca clorosis férrica, con hojas amarillas de nervios verdes. Se previene con materia orgánica abundante y un acolchado permanente de cinco centímetros, y se corrige con quelato de hierro de los que siguen siendo asimilables por encima de pH 7,5.

Abonado: compost o estiércol maduro al final del invierno, extendido en la zona de raíces sin tocar el tronco. En un rosal reflorecente, un segundo aporte ligero después de la primera oleada ayuda a la floración de verano.

Poda

Los primeros dos o tres años prácticamente no se poda: se dedica ese tiempo a construir y atar la estructura de varas principales. A partir de ahí, la poda anual se hace al final del invierno y consiste en tres operaciones: acortar los brotes laterales que florecieron a dos o tres yemas, retirar la madera seca o muy fina, y eliminar cada varios años una vara principal envejecida desde la base para que la sustituya un chupón nuevo.

Durante la temporada, cortar las flores marchitas mantiene la producción. Esta variedad tiende a hacerse muy grande, así que la contención de tamaño se hace en verano, después de la primera oleada, y no en invierno, que es cuando se estimula el rebrote.

Sanidad

Es un rosal sano en general, con buena resistencia natural, pero al ser tan frondoso y crecer con frecuencia contra un muro sufre lo que sufren todas las trepadoras en esa posición: poca ventilación. Eso favorece el oídio y la mancha negra en primavera y otoño. Se combate aclarando el interior de la planta, separando la estructura unos centímetros del muro con un enrejado en lugar de clavarla contra él, regando al pie y recogiendo la hoja caída.

El pulgón aparece en los brotes tiernos de abril y suele bastar con agua jabonosa aplicada directamente sobre las colonias, o con dejar que la fauna auxiliar haga su trabajo. Cualquier tratamiento fitosanitario debe ajustarse al marco del Real Decreto 1311/2012, que ordena empezar por la prevención y los medios físicos y biológicos, con la dosis de la etiqueta como única referencia válida, y sin aplicar nada durante la floración ni en horas de vuelo de las abejas.

En resumen

'Madame Alfred Carrière' es una trepadora noisette introducida por Joseph Schwartz a finales de la década de 1870, de flores globulares blanco crema con rubor rosado, unos treinta pétalos, perfume suave y floración repetida de primavera a otoño. Alcanza fácilmente cuatro o cinco metros, tiene varas flexibles casi sin aguijones y es de las pocas trepadoras que florecen de forma aceptable en una orientación norte.

Su cultivo en España es sencillo: plantación invernal a raíz desnuda, riego profundo los dos primeros veranos, materia orgánica y acolchado en los suelos calizos, y sobre todo varas guiadas en horizontal desde el principio. Con eso se obtiene un muro cubierto de flor blanca durante media temporada y sin espinas que molesten al pasar.

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