Todo lo que se ve de una welwitschia son dos hojas. No dos por temporada ni dos por rama: dos en total, las mismas que sacó al germinar y las únicas que tendrá mientras viva, que pueden ser mil años. No existe otro caso igual en el reino vegetal, y de ese rasgo se derivan casi todos los demás.

Welwitschia mirabilis creciendo en la grava del desierto del Namib

Una planta sola en su familia

Welwitschia mirabilis Hook.f. es la única especie de su género, de su familia (Welwitschiaceae) y de su orden. La describió Joseph Hooker en 1863 a partir del material que el botánico austríaco Friedrich Welwitsch había encontrado cuatro años antes en el suroeste de Angola.

Su área se reduce a una franja del desierto del Namib, en Namibia y el sur de Angola, que se interna como mucho unos 150 km desde la costa atlántica. Allí la lluvia anual se cuenta en pocos milímetros y hay años en que no cae ninguno; lo que sí llega, con regularidad casi diaria, es la niebla que el océano frío empuja tierra adentro de madrugada. En namibio local se la llama onyanga, la cebolla del desierto, y tumboa.

Dos hojas que no se caen nunca

La plántula germina y despliega, como cualquier otra, dos cotiledones. Después emite un primer par de hojas verdaderas, opuestas, acintadas. Y ahí termina la producción foliar de toda su existencia: el ápice del tallo deja de funcionar, no vuelve a formar hojas ni ramas, y la planta se queda con ese par.

Esas dos cintas no se renuevan, no se caen y no cambian con las estaciones. Crecen sin parar, año tras año, empujadas desde su base, mientras el extremo opuesto se va secando, deshilachando y desmenuzando por el roce con la grava y el viento. Una hoja de welwitschia es, a la vez, tejido nuevo en un extremo y tejido muerto de hace décadas en el otro.

El aspecto desgreñado del conjunto engaña. Las hojas se rasgan longitudinalmente por efecto del viento, se enrollan sobre sí mismas y se enredan hasta simular una maraña de docenas de correas. Contando siempre desde la base, la longitud acumulada supera con frecuencia los cuatro metros por hoja, aunque la parte viva sea mucho más corta.

Entre ambas hojas hay un tallo leñoso corto, con forma de disco cóncavo o de tocón invertido, que engorda con los años hasta superar el metro de diámetro en los ejemplares grandes y que apenas se levanta del suelo. Es lo único que hace de tronco.

El meristemo que empuja desde abajo

La clave anatómica está en la posición de la zona de crecimiento. En la mayoría de las plantas, las hojas crecen y se detienen: alcanzan su tamaño definitivo y ahí se quedan. En la welwitschia, la base de cada hoja alberga un meristemo basal permanente, una banda de células que nunca deja de dividirse y que va alargando la lámina desde abajo, igual que crece una brizna de césped después de segarla, pero durante siglos.

El ritmo, medido en poblaciones naturales, ronda los 8 a 15 cm al año. Como la punta se destruye a un ritmo parecido, la longitud aparente de la planta se estabiliza y no crece indefinidamente: lo que crece sin límite es la cantidad total de tejido producido.

Ese diseño tiene una ventaja evidente en un desierto: no gasta recursos en fabricar hojas nuevas. Renovar el follaje cada temporada es caro en agua y en carbono, y ninguno de los dos abunda en el Namib. Mantener y prolongar el que ya se tiene sale mucho más barato.

Mil años, y más

Las dataciones por carbono 14 de tejido del tallo sitúan a los ejemplares medianos entre quinientos y mil años, y a los mayores por encima de los mil quinientos, con estimaciones que en algún caso se acercan a los dos mil. Las plantas jóvenes son escasas: el reclutamiento depende de que coincidan años excepcionalmente lluviosos, así que las poblaciones se estructuran en cohortes separadas por siglos.

Esa longevidad extrema, unida al crecimiento lentísimo, explica la fragilidad del conjunto. Un ejemplar pisado, arrancado o atropellado por un vehículo fuera de pista no se sustituye en una generación humana.

Ni conífera ni planta con flor

La welwitschia no da flores ni frutos: es una gimnosperma, con óvulos desnudos y semillas producidas en conos. Pertenece a las gnetales, un grupo pequeño y extraño que reúne además a Ephedra y a Gnetum, y que comparte con las angiospermas rasgos que ningún otro linaje de gimnospermas tiene, como vasos conductores auténticos en la madera y una doble fecundación parcial. Durante décadas se les buscó por eso el papel de eslabón hacia las plantas con flor; el análisis molecular lo descartó, y hoy se interpretan como una rama independiente y muy antigua, con un registro fósil que se remonta al Cretácico inferior.

La especie es dioica: hay pies masculinos y pies femeninos. De los bordes del tallo brotan ejes ramificados que llevan los conos, asalmonados y pequeños en los machos, mayores y verdosos con reflejos rojizos en las hembras. Los conos masculinos producen gotas de un líquido azucarado que atrae insectos —chinches del género Probergrothius, moscas y avispas—, y a ese transporte animal se suma el viento. Las semillas, aladas y ligeras, se dispersan a ras de suelo y solo germinan tras lluvias abundantes; buena parte se pierde por hongos del suelo antes de conseguirlo.

De dónde saca el agua

La imagen habitual es la de una planta que bebe niebla. Es cierto a medias, y conviene el matiz. Sus hojas tienen estomas en las dos caras, cosa rara, y sobre ellas condensa cada madrugada el agua de la niebla costera; parte de esa humedad se absorbe directamente por la superficie foliar, y otra parte gotea hasta el suelo inmediato, donde la recogen raíces superficiales. La niebla también rebaja la temperatura de la hoja y reduce la evaporación durante las primeras horas del día, lo que en el balance hídrico cuenta tanto como el agua captada.

Pero el aporte principal viene de abajo. La planta desarrolla una raíz pivotante profunda, de varios metros, que alcanza horizontes con humedad permanente procedente de lluvias antiguas y de cauces subterráneos. Los estudios de isótopos en tejidos apuntan a esa fuente como sostén de fondo, con la niebla en el papel de complemento estacional. Una welwitschia que perdiera el acceso al agua profunda no viviría de rocío.

Cultivarla: semillas con permiso

La especie está protegida por la legislación namibia, que prohíbe recolectar plantas o semillas sin autorización y ha declarado monumento nacional las llanuras donde se concentran los mayores ejemplares, con circulación restringida a las pistas señalizadas. Figura además en el Apéndice II del CITES, de modo que su comercio internacional exige documentación. La semilla que circula legalmente procede de cultivo autorizado o de recolecciones con permiso, y llega con su certificación; la que se ofrece sin papeles y a precio de saldo es, con toda probabilidad, ilegal, y suele estar además infectada de hongos que impiden la germinación.

Con semilla legítima, el cultivo es posible en el sur y el levante español, y estas son sus condiciones: maceta muy profunda desde el primer día —un tubo de al menos 40 o 50 cm—, porque la raíz pivotante baja deprisa y cualquier daño al trasplantar mata la planta; sustrato mineral, arenoso y sin materia orgánica; sol pleno; riegos espaciados y abundantes en verano, con secado completo entre ellos, y prácticamente nada en invierno; y temperatura por encima de 10 °C, lo que en el interior peninsular obliga a resguardo invernal. Germina en una o dos semanas a 25-30 °C, y a partir de ahí el enemigo es el hongo del cuello, no la sequía.

En resumen

Welwitschia mirabilis es una gimnosperma del desierto del Namib, única en su familia y emparentada con las gnetales, que conserva durante toda su vida las dos hojas surgidas de sus cotiledones. Crecen desde un meristemo basal permanente a razón de 8 a 15 cm al año mientras se deshilachan por la punta, se rasgan con el viento y aparentan ser muchas más; los ejemplares grandes superan los mil años. Es dioica, con conos masculinos y femeninos en pies distintos y polinización compartida entre insectos y viento. Vive de la niebla costera solo en parte: su sostén principal es una raíz pivotante profunda que alcanza humedad permanente. Y está estrictamente protegida en Namibia y listada en el CITES, así que su semilla solo circula con permiso.


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