El nombre promete un rendimiento económico. Lo que hay debajo es una labiada rastrera del sur de África, de hoja redonda y festoneada, que enraíza en un vaso de agua en poco más de una semana. Ni atrae ni deja de atraer nada, pero esa facilidad para multiplicarse explica bastante mejor su fama de lo que la explica cualquier creencia.
Qué planta es exactamente
La que se conoce en España y en el Cono Sur con el nombre de planta del dinero, dinero en penca o planta del amor es Plectranthus verticillatus (L.f.) Druce, de la familia Lamiaceae —la del romero, la menta y la salvia—, originaria de Sudáfrica, Esuatini, Mozambique y Zimbabue, donde crece a la sombra de la vegetación en suelos con hojarasca.
Sus rasgos son inconfundibles en cuanto se sabe qué mirar. El tallo es de sección cuadrangular, como en toda la familia, con frecuencia teñido de rojo o púrpura, y crece rastrero o colgante hasta un metro. Las hojas van opuestas y cruzadas, son casi circulares, algo carnosas, con el borde recortado en festones redondeados, verde brillante por el haz y a menudo purpúreas por el envés. Frotadas entre los dedos desprenden un aroma resinoso característico. En verano y otoño levanta racimos erguidos de florecillas bilabiadas blancas o malva pálido, discretas.
Ese apellido, planta del dinero, se reparte además entre especies que no tienen nada que ver entre sí: Crassula ovata, por sus hojas redondas como monedas; Pachira aquatica, por el trenzado comercial de su tronco; y el potos, Epipremnum aureum, en la India. Si se busca cuidados con el nombre popular, es fácil acabar aplicando a esta labiada un régimen de riego pensado para una suculenta.
De dónde sale la creencia
La asociación entre determinadas plantas de interior y la prosperidad viene del feng shui, que atribuye a las hojas redondeadas, carnosas y de crecimiento hacia arriba un valor simbólico de abundancia, y recomienda situarlas en la entrada o en el sureste de la vivienda. La costumbre viajó a Occidente durante el siglo XX mezclada con tradiciones locales, y en el mundo hispanohablante se fijó en esta especie con una regla añadida: que la planta no se compra, se regala, o se toma un esqueje de la de otra casa sin pedirlo.
Esa regla es la clave del asunto. P. verticillatus se reproduce con una facilidad tal que un trozo de tallo caído sobrevive días y arraiga en cualquier vaso, así que durante décadas ha circulado de mano en mano sin pasar por vivero. Esa circulación constante, de esqueje en esqueje y de casa en casa, es lo que ha mantenido viva la costumbre: la biología alimenta a la superstición, y no al revés.
Dicho sin rodeos: no hay ningún mecanismo por el que una planta influya en las finanzas de nadie. Lo que sí ofrece esta es una tolerancia notable al descuido, un porte colgante agradecido y un coste de reposición nulo. Quien quiera profundizar en el trasfondo simbólico tiene el asunto tratado en el artículo sobre plantas para el hogar según el feng shui.
Luz
Quiere claridad abundante sin sol directo. Una ventana orientada al norte, o un par de metros dentro de una habitación con ventana al sur, son posiciones acertadas. El sol de mediodía a través del cristal decolora la hoja hasta un verde amarillento y le quema manchas secas en el centro.
Con poca luz no muere, pero se estropea el porte: los entrenudos se alargan, las hojas se separan y quedan tallos largos con follaje escaso. Si eso ya ha ocurrido, no hay recuperación por cambio de sitio: hay que podar corto y dejar que rebrote.
De mayo a septiembre agradece salir al exterior a media sombra, en un balcón cubierto o bajo un árbol. En la costa mediterránea y en Canarias puede quedarse fuera todo el año en sombra; en el resto del país, dentro antes de que las noches bajen de 10 °C. Con 5 °C ya sufre daños, y con helada se pierde entera.
Riego
Sus hojas almacenan algo de agua, pero no es una crasa y tratarla como tal la va secando. El criterio: se riega cuando los dos o tres centímetros superiores del sustrato estén secos al tacto, empapando hasta que salga agua por el desagüe, y se vacía el platillo enseguida. En un piso con calefacción eso puede significar una vez por semana; en invierno sin calefacción, cada diez o quince días.
Los dos síntomas se distinguen bien. Le falta agua cuando las hojas pierden brillo, se ablandan y cuelgan lacias, sin cambiar de color; regada, se recupera en unas horas y no queda secuela. Le sobra cuando la base de los tallos se oscurece, se vuelve blanda y la planta se descuelga a trozos: eso ya no tiene arreglo en la mata vieja, y lo sensato es cortar las puntas sanas y rehacerla de esqueje.
No necesita humedad ambiental alta, aunque en aire muy seco de invierno conviene alejarla del radiador.
Sustrato, maceta y trasplante
Cualquier sustrato universal de calidad mezclado con un 20 o 25 % de perlita le sirve. Necesita agujero de drenaje, sin excepción, y le van bien las macetas colgantes o los tiestos altos, que aprovechan su tendencia a descolgarse.
Se trasplanta en primavera, cada año o cada dos, subiendo un número de maceta. Ahora bien, las matas con tres o cuatro años tienden a quedarse peladas por el centro y con tallos leñosos improductivos; llegado ese punto, renovarla de esqueje sale mejor que trasplantarla. Abonado ligero, un fertilizante para plantas verdes cada tres o cuatro semanas de abril a septiembre y nada el resto del año.
Poda y multiplicación
El porte se construye pellizcando. Despuntar los tallos por encima de un par de hojas, cada pocas semanas durante la temporada de crecimiento, obliga a brotar a las yemas laterales y convierte una planta desgarbada en una mata densa. A finales de invierno se puede rebajar a la mitad sin miedo; rebrota con vigor.
Cada corte es un esqueje aprovechable. Se toma un tramo de 8 a 10 cm con tres o cuatro nudos, se le quitan las hojas del par inferior y se pone en agua a media sombra: las raíces asoman en siete o diez días y a las tres semanas está listo para maceta. Directamente en sustrato húmedo funciona igual de bien. Plantar tres o cuatro esquejes juntos en el mismo tiesto da desde el principio una planta llena.
Plagas y mascotas
Le salen cochinilla algodonosa en las axilas de las hojas, mosca blanca por el envés y araña roja si el aire es muy seco. En una planta de este tamaño se resuelve con una ducha de agua y una aplicación de jabón potásico repetida a los diez días; si la mata está muy tomada, compensa quedarse con unos esquejes limpios y desechar el resto.
Sobre las mascotas: esta especie no figura entre las plantas de interior peligrosas, y no contiene los compuestos de riesgo real que sí tienen otras. Aun así, es una labiada cargada de aceites esenciales, y mordisquear sus hojas puede provocar vómitos o diarrea a un perro o un gato. Colgarla fuera de su alcance evita el problema y de paso protege a la planta.
En resumen
La planta del dinero de las casas españolas es Plectranthus verticillatus, una labiada rastrera sudafricana de hoja redonda y festoneada, y no una suculenta. Su fama viene del feng shui y de la costumbre de regalarla o tomarle un esqueje, costumbre que prospera porque arraiga en un vaso de agua en una semana; ninguna planta influye en el dinero de nadie. Pide luz abundante sin sol directo, riego cuando los primeros centímetros de sustrato estén secos, sustrato aireado con perlita y despuntes frecuentes para no quedarse desgarbada. No aguanta el frío por debajo de unos 10 °C, se renueva por esqueje cuando envejece, y conviene mantenerla lejos de perros y gatos por sus aceites esenciales.