Las plantas que aparecen una y otra vez en las listas de plantas medicinales europeas son casi siempre las mismas diez: árnica, abedul, eucalipto, fucus, malva, arándano, diente de león, valeriana, caléndula y manzanilla. Este artículo las mira desde el lado que nos toca, que es el del cultivo: qué planta es cada una exactamente, dónde vive, si se puede tener en un jardín o en una maceta en España y qué dice de ella la tradición.

Conviene dejar algo claro desde el principio. Aquí no vas a encontrar propiedades, preparaciones ni cantidades, y no porque sea un tema incómodo, sino porque no es lo que sabe hacer un sitio de jardinería. Que una planta tenga un uso tradicional documentado no significa que funcione, ni que sea inocua, ni que pueda sustituir un tratamiento o una consulta médica. Varias de esta lista son bastante peligrosas, y una de las que el original incluía no debería estar en ninguna lista de plantas de uso doméstico.

Plantas medicinales secas y frescas sobre una mesa

Qué significa que una planta sea medicinal

La etiqueta se usa para tres cosas muy distintas y merece la pena separarlas. Una es la costumbre popular, transmitida de generación en generación, que a veces acierta y a veces no. Otra es el reconocimiento regulatorio: la Agencia Europea del Medicamento publica monografías por especie y por parte de la planta, y existe un registro simplificado de medicamentos tradicionales a base de plantas, recogido en España en el Real Decreto 1345/2007, que se concede por historial de uso prolongado y seguridad aceptable, no por ensayos clínicos que demuestren eficacia. La tercera es el comercio de complementos alimenticios, que no son medicamentos ni se evalúan como tales.

Y hay una cuarta cosa, la que más importa en un jardín con niños o con animales: la toxicidad. La Orden SCO/190/2004 establece la lista de plantas cuya venta al público queda prohibida o restringida por razón de su toxicidad, y en su anexo figuran especies que la tradición popular manejaba con naturalidad, el acónito entre ellas. Que una planta salga en los libros antiguos no la convierte en segura.

Árnica (Arnica montana)

Compuesta perenne de montaña, con roseta basal y capítulos amarillo anaranjados en verano. En la Península vive en prados y brezales sobre sustrato silíceo: Pirineos, Cordillera Cantábrica, montes de León y Galicia, Sistema Central. Es calcífuga estricta, y por eso fracasa en casi todos los jardines del interior y del levante español, donde el suelo es calizo. La tradición centroeuropea la ha usado siempre por vía externa. No se toma por vía oral.

Árnica montana en flor

Abedul (Betula pendula)

Árbol caducifolio de corteza blanca que se descama, hoja pequeña triangular y ramillas colgantes. Es de clima fresco y húmedo: en España está a gusto en el tercio norte y en la montaña, y sufre en el centro y el sur, donde el calor y la sequía estival lo debilitan y lo dejan a merced de los barrenadores. Se planta por su porte y su corteza. De él se han usado tradicionalmente la hoja y la savia.

Abedul de corteza blanca

Eucalipto (Eucalyptus globulus)

Árbol australiano de crecimiento rapidísimo, plantado masivamente en la cornisa cantábrica y en Galicia para pasta de papel. Aguanta mal las heladas fuertes del interior. Tiene un lado que conviene decir en un sitio de jardinería: es una especie con efectos notables sobre el suelo y sobre el paisaje donde se planta en masa, y no es un árbol para un jardín pequeño, porque crece demasiado y demasiado rápido. De sus hojas se extrae el aceite esencial que se usa tradicionalmente en preparados de olor balsámico.

Hojas de eucalipto

Fucus (Fucus vesiculosus)

Aquí hay que romper la lista: el fucus no es una planta, es un alga parda del Atlántico norte, abundante en la costa cantábrica y gallega, que se reconoce por las vesículas de aire emparejadas a lo largo del talo. No se cultiva en ningún jardín. Se recolecta y se comercializa seca. Es muy rica en yodo, y esa sola característica basta para que no sea un producto trivial: cualquier cosa que aporte yodo en cantidad afecta a la función tiroidea y no se toma por libre.

Fucus vesiculosus, alga parda con vesículas

Malva (Malva sylvestris)

Esta sí es fácil y española de toda la vida: bienal o perenne de corta vida, con flores rosa púrpura rayadas de morado, que crece espontánea en cunetas, baldíos y bordes de camino por toda la Península. En el jardín se siembra directamente en otoño o en primavera, se resiembra sola y no pide nada salvo sol. Sus flores y sus hojas son de uso tradicional muy extendido en toda la cuenca mediterránea.

Flor de malva silvestre

Arándano (Vaccinium myrtillus)

Mata baja de la familia de las ericáceas que forma el sotobosque de hayedos, robledales y pinares de montaña en el norte peninsular y en el Sistema Central. Es la especie silvestre, de fruto pequeño y muy oscuro, distinta del arándano americano de cultivo (Vaccinium corymbosum) que se vende en fruterías. Las dos comparten una exigencia estricta: suelo ácido, fresco y rico en materia orgánica. En tierra caliza no hay manera, y en maceta requiere sustrato para plantas acidófilas y agua con poca cal.

Arándanos silvestres en la mata

Diente de león (Taraxacum officinale)

La planta más común de esta lista y la única que la mayoría intenta eliminar del césped. Roseta basal de hojas dentadas, capítulo amarillo sobre un tallo hueco con látex blanco, y ese vilano esférico que todo el mundo sopla de niño. Se cultiva sin esfuerzo, tolera suelos compactados y crece sola. Sus hojas jóvenes son comestibles en ensalada, algo bien documentado, y su uso tradicional es antiguo en toda Europa.

Diente de león con el vilano formado

Valeriana (Valeriana officinalis)

Vivaz alta, de hasta metro y medio, con hojas divididas y corimbos de florecillas blancas o rosadas en verano. Vive en suelos frescos, en riberas y prados húmedos del norte y de la montaña. En el jardín necesita suelo que no se seque, y en climas secos del interior hay que regarla en serio. Lo que la tradición ha usado es la raíz, no la parte aérea, y su olor al secarse es muy característico. Los gatos reaccionan a esa raíz de forma parecida a como lo hacen con la hierba gatera.

Valeriana officinalis en flor

Caléndula (Calendula officinalis)

La más agradecida de todas para un jardín español. Anual de flor naranja o amarilla que florece desde el otoño hasta bien entrada la primavera en el sur y el levante, se siembra directamente, se resiembra sola año tras año y aguanta el frío moderado. Además atrae insectos auxiliares al huerto. Su pariente silvestre, Calendula arvensis, crece espontánea en media España. Sus flores tienen un uso tradicional externo muy antiguo.

Caléndula officinalis en flor

Manzanilla (Matricaria chamomilla)

Anual de hoja muy dividida y capítulos pequeños con lígulas blancas y centro amarillo abombado. Se siembra en otoño en clima suave o a finales de invierno en el interior, quiere sol pleno y suelo ligero, y se recoge la flor a medida que abre. Ojo con el nombre: bajo la palabra manzanilla se venden varias plantas distintas, entre ellas la manzanilla romana (Chamaemelum nobile) y varias manzanillas de monte de los géneros Santolina y Helichrysum. No son la misma planta ni tienen la misma composición.

Manzanilla en flor

La que sobra de la lista: el acónito

Aconitum napellus aparecía en el listado original como si fuera una más. No lo es. Es una de las plantas más venenosas de la flora europea: contiene alcaloides que se absorben incluso a través de la piel, y hay intoxicaciones graves descritas por manipulación y por confusión de la raíz con otras. Figura entre las especies de venta restringida por toxicidad. En el jardín es espectacular, con sus espigas azul violáceo, y se cultiva como ornamental en zonas frescas, pero se maneja con guantes, no se pone al alcance de nadie que pueda mordisquearla y no tiene ningún uso doméstico. Cualquier lista que lo recomiende alegremente está copiada sin mirar.

Las que sí puedes tener en una maceta mañana

Si lo que quieres es un rincón de plantas útiles y fáciles, estas cuatro se dan en cualquier balcón soleado de España y son muy agradecidas.

Salvia officinalis, mata de hoja gris
  • Salvia (Salvia officinalis): mata perenne de hoja gris aterciopelada, mediterránea, de pleno sol y suelo drenante. Odia el exceso de agua. Se poda ligera después de florecer para que no se lignifique.
  • Melisa (Melissa officinalis): vivaz de la familia de la menta, con olor a limón al frotar la hoja. Quiere media sombra y suelo fresco, y se extiende sola. En maceta grande va perfecta.
  • Albahaca (Ocimum basilicum): anual sensible al frío, se siembra pasado el riesgo de helada, riego regular y pinzado de las puntas para que no espigue.
  • Perejil (Petroselinum crispum): bienal, germina despacio, agradece la media sombra en verano y espiga el segundo año. Se resiembra cada temporada.
Melisa, Melissa officinalis, en maceta

En resumen

De las diez plantas medicinales que más circulan, cuatro se cultivan sin dificultad en España (malva, diente de león, caléndula y manzanilla), tres piden condiciones concretas de clima y suelo ácido que no se dan en medio país (árnica, abedul, arándano), una necesita suelo fresco permanente (valeriana), otra no es planta de jardín sino árbol forestal de gran porte (eucalipto) y la última ni siquiera es una planta, sino un alga que se recolecta en el mar (fucus).

La parte de los usos merece prudencia. La tradición documenta para qué se han empleado estas especies durante siglos, y eso es un dato histórico interesante, no una prueba de eficacia ni una autorización para tomárselas. Cultivarlas es una afición estupenda; decidir qué hacer con ellas cuando uno está enfermo corresponde a un profesional sanitario, que además es quien sabe si algo de esto interfiere con la medicación que ya tomas.


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