Cubrir el suelo no depende de que la planta sea baja, sino de cómo se desplaza lateralmente. Dos especies de la misma altura pueden tardar una temporada o cinco en cerrar el mismo metro cuadrado, y una de ellas puede además saltarse el bordillo y aparecer en el césped del vecino. La diferencia está en el órgano con el que avanzan.
Hay cuatro mecanismos de expansión, y cada uno determina tres cosas a la vez: la velocidad de cierre, el riesgo de invasión y la manera de contenerla. Clasificar las tapizantes así es más útil que hacerlo por el color de la flor.
El estolón: avanzar por encima, a la vista
Un estolón es un tallo rastrero que corre por la superficie y echa raíces en cada nudo, generando una planta hija completa que a su vez emite el suyo. Es el sistema del fresal (Fragaria vesca), del fresón silvestre Potentilla indica, de la búgula (Ajuga reptans), del trébol blanco (Trifolium repens) y de la lipia o césped rosado (Phyla nodiflora).
Cierran deprisa: una Ajuga plantada en marzo a cinco ejemplares por metro cuadrado suele haber tapado la superficie antes de octubre. Y se contienen con facilidad, porque el avance ocurre a la vista y basta pasar el borde de la azada o tirar del estolón con la mano. Es el mecanismo más manejable de los cuatro.
El rizoma: avanzar por debajo, sin avisar
El rizoma es un tallo subterráneo que crece en horizontal a varios centímetros de profundidad y emite brotes verticales a distancia de la planta madre. No se ve venir: el primer síntoma es un brote nuevo a metro y medio, en mitad de un macizo donde no se plantó nada.
Funcionan así el muguete (Convallaria majalis), la Pachysandra terminalis de sombra, las mentas (Mentha spp.) y la hierba de San Gerardo (Aegopodium podagraria), esta última una tapizante de sombra vistosa en su forma variegada y prácticamente irreversible una vez instalada, porque cualquier fragmento de rizoma que quede en la tierra regenera la planta entera. La grama (Cynodon dactylon) combina rizoma y estolón, que es justamente lo que la hace tan difícil de erradicar de un arriate.
Contenerlas exige barrera física: lámina rígida enterrada de 30 a 40 cm, o directamente confinarlas en un cajón o en macetones hundidos. Recortar el borde no sirve, porque el rizoma pasa por debajo del corte.
El tallo que arraiga donde toca
Un tercer grupo, casi siempre de plantas leñosas o semileñosas, no produce estolones ni rizomas: sus ramas se tumban por peso y emiten raíces adventicias en el punto de contacto con el suelo húmedo, un acodo natural que se repite indefinidamente.
Es lo que hacen la hiedra (Hedera helix), la vinca (Vinca major y Vinca minor), el Cotoneaster dammeri, el enebro rastrero (Juniperus horizontalis) y el Rubus tricolor. El avance es más lento que el del estolón pero la cobertura resulta mucho más densa y duradera, y aguanta la sombra seca bajo árboles, que es el sitio donde fracasa casi todo lo demás.
Se contienen podando el frente una o dos veces al año, en primavera y a finales de verano. Con la hiedra hay que añadir una advertencia: en cuanto encuentra un vertical —un tronco, una fachada, una valla— deja de tapizar y empieza a trepar, y en la fase adulta trepadora engrosa y pesa mucho más.
La mata que solo engorda
El cuarto mecanismo no es un mecanismo de conquista: son plantas que forman una corona compacta y se limitan a ensancharla desde el centro, sin emitir nada que enraíce lejos. La Cerastium tomentosum, la Aubrieta deltoidea, la Iberis sempervirens, la Armeria maritima, el Delosperma cooperi y buena parte de los tomillos ornamentales entran aquí.
Nunca invaden nada, lo que las hace ideales para taludes pequeños, rocallas y juntas de pavimento junto a otras plantaciones delicadas. A cambio, no cierran huecos por sí solas: hay que calcular la densidad de plantación desde el principio, entre siete y doce unidades por metro cuadrado según especie, porque lo que quede vacío seguirá vacío. Y envejecen ahuecándose por el centro, así que cada tres o cuatro años conviene recortarlas fuerte tras la floración o reponer ejemplares.
Las que se descontrolan y las que están prohibidas
Tres grados distintos de problema. El primero es doméstico: la menta, la Aegopodium o la grama se comen el arriate y salen caras de quitar. El segundo es de convivencia: la hiedra y el Rubus pasan al terreno colindante y trepan por donde no deben.
El tercero es legal y ambiental. El uña de gato (Carpobrotus edulis y Carpobrotus acinaciformis), muy usado en su día para fijar taludes y dunas del litoral, está incluido en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras y su plantación, comercio y posesión están prohibidos: desplaza la flora dunar autóctona y altera el pH del suelo bajo su manto. Lo mismo ocurre con Tradescantia fluminensis, tapizante de sombra de crecimiento rapidísimo, también catalogada. Antes de comprar una cubridora vigorosa para una parcela cercana a la costa o a un espacio natural, la consulta a ese catálogo evita un problema serio.
El pisoteo: qué aguanta cada una
Una tapizante no es un césped, y la confusión sale cara en pasos de paso frecuente. Toleran pisadas ocasionales, no diarias, el tomillo rastrero (Thymus serpyllum y Thymus praecox), la Sagina subulata, la Herniaria glabra, la Dichondra repens y la Phyla nodiflora, que es la que mejor aguanta de todas ellas y además soporta el verano seco del interior peninsular con muy poco riego.
No admiten pisoteo alguno la vinca, el Delosperma, la Cerastium, la Pachysandra ni las crasas de roseta: se aplastan y no rebrotan del punto machacado. Para un camino de uso real, la solución sensata son losas o pasaderas con la tapizante entre las juntas, de modo que el pie apoye en la piedra y la planta ocupe el hueco.
El primer año, que es el que decide
Ninguna tapizante controla las malas hierbas hasta que cierra, y hasta entonces compite en desventaja. Conviene limpiar bien el terreno antes de plantar, acolchar con corteza o grava entre los ejemplares y regar durante el primer verano aunque la especie sea de secano: la resistencia a la sequía llega cuando el sistema radicular está hecho, no el día de la plantación. La época idónea en España es el otoño, de octubre a noviembre, que da a la planta todo el invierno y la primavera para enraizar antes del primer calor.
En resumen
La pregunta que ordena a las tapizantes es cómo se mueve cada una. Por estolón, rápido y a la vista, fácil de frenar. Por rizoma, invisible y muy difícil de sacar, con barrera obligatoria. Por enraizado de rama al contacto, lento pero denso y perfecto bajo arbolado. O por simple ensanchamiento de la mata, que nunca invade pero tampoco rellena lo que no se plantó. A eso se añaden dos filtros: comprobar que la especie elegida no figure en el catálogo de invasoras y no pedirle a una cubridora un tránsito que solo aguanta un césped.