Un pino y un rosal están más lejos entre sí, en parentesco, que un rosal y una lechuga. Y sin embargo el pino y el rosal comparten seto, riego y podadora en el mismo jardín. Ahí está el nudo del asunto: preguntar qué tipos de plantas hay no tiene una respuesta, tiene cuatro, y cada una sirve para una cosa distinta.
Las cuatro se usan a la vez y ninguna es más verdadera que las otras. Una ordena las plantas por su historia evolutiva, y es la que emplea la botánica. Otra las ordena por cuánto viven, y es la que decide el calendario de siembra. La tercera las ordena por su forma y tamaño, y es la que dibuja un jardín sobre el papel. La cuarta las ordena por lo que exigen del suelo y del clima, y es la que determina si una planta concreta sobrevivirá en un sitio concreto. Conviene manejar las cuatro y saber cuál se está usando en cada momento.
Por parentesco: cuatro grandes linajes
Esta es la clasificación que responde a la pregunta científica: quién desciende de quién. No sirve para regar, pero explica por qué un musgo no puede crecer en un tejado seco y una conífera sí.
Briófitos (musgos, hepáticas y antoceros). Carecen de vasos conductores, de raíces verdaderas y de semilla. El agua entra por toda la superficie y se mueve por capilaridad, así que el tamaño está limitado a unos centímetros. Su fecundación necesita agua líquida: los gametos masculinos nadan. Por eso los musgos colonizan la cara norte de un muro, el borde de una fuente o el sotobosque húmedo, y desaparecen del secarral. Rondan las 20.000 especies.
Helechos y licofitas. Ya tienen vasos conductores, así que pueden levantarse metros del suelo, pero siguen reproduciéndose por esporas. Entre la espora y la planta adulta hay una fase intermedia, el prótalo, que es una lámina verde diminuta y muy sensible a la desecación. Ese eslabón húmedo explica por qué el helecho de interior, Nephrolepis exaltata, se recupera del riego escaso pero no del aire seco de la calefacción. Las licofitas (Lycopodium, Selaginella) son un linaje aparte y mucho más antiguo, aunque el aspecto engañe.
Gimnospermas. Aparece la semilla, pero desnuda: no hay fruto que la envuelva, se forma sobre una escama. Aquí entran las coníferas (pinos, cipreses, abetos, tejos), las cícadas (Cycas revoluta, que no es una palmera pese al parecido), Ginkgo biloba y las gnetales. Es un grupo pequeño, poco más de mil especies, pero domina paisajes enteros de montaña y de latitudes frías porque la hoja acicular resiste la sequía fisiológica del invierno.
Angiospermas. La flor y el fruto. Unas 300.000 especies, es decir, casi todo lo que se planta en un jardín: desde el césped hasta el naranjo, pasando por las orquídeas y las cactáceas. Se dividen a su vez en monocotiledóneas (gramíneas, palmeras, bulbosas, orquídeas: hoja de nervios paralelos, sin crecimiento en grosor verdadero) y eudicotiledóneas (el resto: nervadura ramificada, capacidad de engrosar el tronco año tras año). Esa diferencia interna tiene consecuencias prácticas inmediatas, porque una palmera no cicatriza una herida en el estípite como lo hace un roble.
Por ciclo de vida: cuándo se siembra y cuántas veces
El jardinero no siembra según el árbol evolutivo, siembra según cuánto tarda la planta en cerrar su ciclo. Esta clasificación es la que llena el calendario.
Anuales. Germinan, florecen, fructifican y mueren en una misma estación. Helianthus annuus, Papaver rhoeas, Tagetes patula, casi todas las hortalizas de fruto. Hay dos subgrupos que se confunden: las anuales de verano se siembran en España a partir de marzo o abril, cuando el riesgo de helada ha pasado; las anuales de invierno (calabaza no, pero sí guisante, haba, adormidera silvestre) se siembran en otoño, pasan el invierno pequeñas y florecen en primavera. Sembrar una de otoño en mayo produce una planta que espiga sin dar nada.
Bienales. El primer año forman una roseta de hojas y acumulan reservas; el segundo, tras haber pasado frío, emiten el tallo floral, semillan y mueren. La digital (Digitalis purpurea), la zanahoria (Daucus carota) y la remolacha (Beta vulgaris) funcionan así. La consecuencia es doble: para tener digitales en flor en junio hay que haberlas sembrado el verano anterior, y en el huerto la floración de la zanahoria es exactamente el fracaso, porque la raíz se lignifica al ceder sus reservas al tallo.
Vivaces herbáceas. La parte aérea se seca en invierno o en pleno verano, pero la planta persiste bajo tierra en forma de raíz gruesa, rizoma, bulbo o cepa, y rebrota. Hemerocallis, Paeonia lactiflora, Salvia nemorosa, las hostas. Se plantan una vez y duran años, y su mantenimiento se concentra en dos gestos: cortar a ras al final del ciclo y dividir la mata cada tres o cuatro años, cuando el centro se ahueca.
Leñosas. Perennes que conservan una estructura viva de madera por encima del suelo y la engrosan cada año. Aquí la escala temporal cambia: se planta pensando en décadas, la poda es una decisión con consecuencias permanentes y el error de ubicación no se corrige trasplantando a los seis años.
Por porte: la clasificación del que dibuja el jardín
Cuando se diseña un espacio, lo que importa es el volumen que ocupará cada cosa dentro de diez años y cómo se apoya en el suelo. De ahí sale un vocabulario que no coincide con ninguna categoría botánica.
Árbol: leñoso con un tronco dominante que se ramifica en altura, normalmente por encima de los cinco metros. Arbusto: leñoso ramificado desde la base, sin eje principal, por debajo de esos cinco metros; el laurel o el Callistemon se comportan como uno u otro según se les guíe. Mata o subarbusto: lignificada en la base y herbácea en los extremos, que es la forma del romero (Salvia rosmarinus), el tomillo, la lavanda o la santolina; de ahí la regla de poda de la mata mediterránea, que consiste en no cortar nunca por la madera vieja porque no rebrota. Herbácea: sin tejido leñoso persistente. Trepadora: no sostiene su propio peso y necesita apoyo, sea por zarcillos, tallos volubles, raíces adventicias o ganchos.
Estas categorías son elásticas y dependen del clima. Un Ricinus communis es una herbácea anual en Burgos y un arbolillo leñoso en la costa de Málaga, siendo la misma especie.
Por exigencias: lo que decide dónde va cada planta
La cuarta clasificación agrupa plantas sin parentesco ninguno porque comparten una tolerancia. Es la que evita la mitad de los fracasos de jardín.
Acidófilas. Necesitan un pH entre 4,5 y 6 para absorber el hierro. Camelias, rododendros, azaleas, brezos, arándanos, hortensias. En buena parte de España el suelo es calizo y básico, y en ese suelo la planta acidófila amarillea entre los nervios verdes: es clorosis férrica, y no se arregla con abono general, sino cambiando el sustrato, acidificando el riego o eligiendo otra especie.
Calcícolas. El extremo contrario: prosperan sobre caliza. Buena parte de la flora mediterránea de sierra, incluidas muchas salvias, la Lavandula latifolia o el majuelo.
Halófitas. Toleran sal en el suelo o el aerosol marino. Limonium, Atriplex halimus, Tamarix gallica, Crithmum maritimum. Es el grupo que resuelve la primera línea de costa, donde el viento salino quema en semanas cualquier planta de interior de la península.
Xerófitas. Adaptadas a la sequía por vías muy distintas: hojas coriáceas y estrechas, revestimiento de pelos, enrollamiento del limbo, raíz profunda o almacenamiento de agua en tejidos suculentos. Jaras, romero, olivo, ágaves y cactáceas caben aquí sin ser parientes.
Las cuatro etiquetas sobre la misma planta
Ninguna clasificación sustituye a las otras, se superponen. Una lavanda (Lavandula angustifolia) es, a la vez, angiosperma eudicotiledónea, perenne leñosa, mata de porte redondeado y xerófita que agradece el suelo calizo y drenante. Con esas cuatro etiquetas ya se sabe casi todo lo operativo: que da flor y semilla, que dura años, que se poda ligera y nunca por lo viejo, y que se planta a pleno sol en tierra pobre y sin encharcamiento.
Aplíquese el mismo ejercicio a una hortensia (Hydrangea macrophylla): angiosperma, leñosa perenne, arbusto de porte medio y acidófila higrófila. Traducción: flor sí, larga vida sí, poda de arbusto y, sobre todo, tierra ácida y sombra fresca; en un jardín calcáreo y a pleno sol de Castilla no hay riego que la salve.
A partir de aquí, cada rama se abre en su propio detalle: la clasificación por porte lleva a las trepadoras y a los arbustos, la de exigencias lleva a las suculentas y a las carnívoras, y la de órganos de reserva lleva a bulbos, cormos y tubérculos, que tienen su propio artículo porque se confunden constantemente entre sí.
En resumen
No hay un único mapa del reino vegetal. El parentesco (briófitos, helechos y licofitas, gimnospermas, angiospermas) explica de dónde viene cada planta. El ciclo de vida (anual, bienal, vivaz, leñosa) dice cuándo se siembra y cuánto durará. El porte (árbol, arbusto, mata, herbácea, trepadora) dice qué espacio ocupará. Y las exigencias (acidófila, calcícola, halófita, xerófita) dicen si el sitio elegido le vale o no. Los cuatro criterios se usan simultáneamente y sobre la misma planta; saber cuál se está aplicando en cada frase evita casi todos los malentendidos de vivero.