Hay kalanchoes que fabrican hijos en el borde de la hoja y kalanchoes que no, y esa sola diferencia separa el género en dos mitades que se cultivan, se multiplican y se comportan de manera opuesta. La primera mitad se propaga sola hasta convertirse en un problema ambiental en clima cálido; la segunda se compra en flor en enero y suele acabar en la basura en abril.
Kalanchoe es un género de crasuláceas con unas 125 especies, la mayoría originarias de Madagascar y del este de África. Aviso de entrada, porque afecta a cualquiera con animales en casa: todo el género contiene bufadienólidos, compuestos cardiotóxicos, y hay especies con toxicidad documentada para perros, gatos y ganado. Al final se detalla.
Un género partido en dos por la forma de reproducirse
Durante décadas las especies que producen plántulas se colocaron en un género aparte, Bryophyllum. Los análisis moleculares han demostrado que están anidadas dentro de Kalanchoe, así que hoy se tratan como una sección del mismo género y los nombres antiguos han pasado a sinónimos: lo que se vendía con el nombre de Bryophyllum daigremontianum es Kalanchoe daigremontiana.
El resto del género se reproduce como cualquier crasa normal: por semilla y por esqueje de hoja o de tallo, con la intervención de un jardinero de por medio. La sección Bryophyllum no necesita a nadie.
Los que paren hijos: plántulas completas en el margen de la hoja
En las escotaduras del borde foliar de estas especies hay meristemos detenidos que, llegado el momento, se activan y desarrollan una planta miniatura con dos o cuatro hojas y raíces ya formadas antes de desprenderse. Cuando cae, aterriza sobre tierra húmeda y sigue creciendo sin pausa. Una hoja adulta puede llevar varias decenas de estos propágulos a la vez.
Kalanchoe daigremontiana, con sus hojas triangulares moteadas de púrpura por el envés, es el ejemplo canónico. Kalanchoe delagoensis (antes K. tubiflora) tiene hojas cilíndricas casi tubulares con los propágulos agrupados en el ápice, y su nombre popular en inglés, madre de miles, describe bien el asunto. Kalanchoe pinnata, la hoja del aire, es la más suave de las tres: una hoja arrancada y colgada de un hilo emite plántulas por el simple hecho de estar húmeda y viva. Y Kalanchoe × houghtonii es el híbrido natural entre las dos primeras, más vigoroso que ambas.
Aquí encaja el cultivar 'Pink Butterflies', un K. × houghtonii variegado cuyas plántulas son rosadas porque carecen de clorofila. Resulta espectacular y, por esa misma razón, es inofensivo desde el punto de vista de la propagación: los hijos rosas no pueden fotosintetizar y mueren al separarse de la madre. Es el único del grupo que no se escapa.
Por qué esa habilidad los convierte en invasores
Una planta que produce miles de clones ya enraizados, que resiste la sequía, que rebrota de cualquier fragmento y a la que apenas comen los herbívoros locales tiene todas las papeletas para naturalizarse donde no hiele. Y eso es exactamente lo que ha pasado.
Kalanchoe daigremontiana y Kalanchoe delagoensis están naturalizadas en Canarias, donde forman poblaciones densas en malpaíses, cunetas y bordes de cultivo, y hay núcleos asentados en el litoral mediterráneo peninsular y en Baleares. El híbrido K. × houghtonii es el que más terreno gana, y su expansión fuera de jardín está bien documentada en la costa mediterránea. En Australia y Sudáfrica llevan décadas catalogadas como malas hierbas de pastizal.
La conclusión práctica no es dejar de cultivarlas, sino cultivarlas con cabeza: en maceta y no en el suelo del jardín si se vive en zona cálida, recogiendo las plántulas caídas en el plato y en las macetas vecinas, y sin tirar nunca restos de poda al monte, a un descampado o al contenedor de vegetal si acaba en compostaje abierto. Un solo propágulo basta.
Los de flor: la planta de temporada
En el otro extremo del género está Kalanchoe blossfeldiana, la que llena los centros de jardinería entre noviembre y marzo, con corimbos densos de flores diminutas en rojo, naranja, amarillo, rosa o blanco sobre hojas gruesas de margen festoneado. No produce plántulas: se multiplica por esqueje de tallo, que enraíza en dos o tres semanas.
El grupo Calandiva reúne selecciones de flor doble, con más pétalos y aspecto de rosita, y mayor duración en floración. 'Tessa' es otra cosa: un híbrido de K. gracilipes y K. manginii con tallos arqueados colgantes y flores tubulares péndulas de color coral, ideal para maceta alta o colgante y con floración a finales de invierno.
El detalle que explica por qué luego no vuelven a florecer en casa es el fotoperiodo: la blossfeldiana es una planta de día corto y necesita alrededor de seis semanas con noches de doce a catorce horas de oscuridad ininterrumpida para inducir botón floral. Una lámpara encendida por la noche en el salón basta para cancelar la inducción. Quien quiera reflorecerla debe pasarla a una habitación sin luz artificial nocturna desde finales de septiembre, o cubrirla cada tarde.
Los de hoja: los que se cultivan por textura
Un tercer conjunto no interesa por la flor ni se reproduce solo, sino que se cultiva por el follaje.
Kalanchoe tomentosa, la oreja de gato o planta panda, tiene hojas ovales cubiertas de un fieltro blanco con el margen punteado de pardo rojizo; el vello se mancha con el agua, así que se riega por la base. Kalanchoe beharensis forma un tronco leñoso y hojas triangulares onduladas de indumento aterciopelado que pueden pasar del palmo, y con los años alcanza dos metros y pico en clima suave. Kalanchoe luciae —que se vende casi siempre con el nombre de K. thyrsiflora— apila hojas redondas y planas como paletas que se ruborizan de rojo intenso cuando reciben sol directo y frío nocturno; se distinguen por la flor, amarilla y perfumada en la verdadera thyrsiflora, blanquecina en luciae. A ellas se suman K. orgyalis, de reverso canela, y K. fedtschenkoi en sus formas variegadas.
Toxicidad: bufadienólidos
Las especies del género contienen bufadienólidos, glucósidos que actúan sobre el músculo cardiaco de forma parecida a los digitálicos. La concentración es especialmente alta en las flores y en las plántulas de la sección Bryophyllum, y K. delagoensis y K. daigremontiana han causado mortandades de ganado vacuno y ovino en Australia y Sudáfrica, sobre todo por ingestión de las inflorescencias.
En casa el riesgo real afecta a perros, gatos y aves que muerdan hojas caídas: los signos habituales son salivación, vómitos y diarrea, y en cantidades mayores alteraciones del ritmo cardiaco. Ante una ingesta sospechada, lo que procede es acudir al veterinario con una muestra de la planta, sin esperar a que aparezcan síntomas y sin intentar remedios caseros.
Conviene añadir algo sobre la fama medicinal de Kalanchoe pinnata y K. daigremontiana, muy extendida en internet: la medicina tradicional de varias regiones las ha usado en aplicaciones diversas y existen estudios preclínicos sobre extractos, pero no hay ensayos clínicos que respalden su consumo, y los mismos compuestos que se estudian son los que resultan cardiotóxicos. No es una planta para tomar. Cualquier duda sobre su uso corresponde al médico o al farmacéutico, no a un artículo de jardinería.
Cuidados, con una matización por grupo
El género comparte lo básico: sustrato muy drenante con al menos un tercio de árido, riego escaso esperando a que el cepellón se seque del todo, nada de plato con agua y luz abundante. Ninguna aguanta la helada; por debajo de 4 o 5 ºC el tejido se daña, así que salvo en el litoral mediterráneo y en Canarias hay que entrarlas antes de noviembre y mantenerlas por encima de 10 ºC.
La matización: los de hoja quieren sol directo para mantener el color y el porte compacto, la blossfeldiana prefiere luz intensa pero tamizada y noches largas en otoño, y los de la sección Bryophyllum no necesitan absolutamente nada más que ser vigilados.
En resumen
La línea que parte el género no es el color de la flor, es la reproducción. De un lado, las antiguas Bryophyllum —daigremontiana, delagoensis, pinnata, el híbrido houghtonii— que fabrican plántulas completas en el borde de la hoja, se multiplican sin ayuda y están naturalizadas en Canarias y en el litoral mediterráneo, con la excepción estéril de 'Pink Butterflies'. Del otro, las de flor tipo blossfeldiana y Calandiva, que necesitan esqueje y noches largas para volver a florecer, y las de follaje como tomentosa, beharensis o luciae, que se cultivan por textura. Y sobre todas, el mismo aviso: bufadienólidos, cuidado con los animales.