Todos los tageteses huelen fuerte, pero el del chincho es un olor que se busca a propósito. Tagetes elliptica no se cultiva en la sierra peruana por sus flores amarillas, sino por sus hojas: es una hierba de cocina, un condimento de uso diario en Ayacucho, Huancavelica o Junín, con el mismo papel que aquí tienen el perejil o el orégano. Ese es su interés y lo que la separa de sus parientes de macizo.

Mata en flor de Tagetes elliptica con pequeñas flores amarillas

Chincho, huacatay y la confusión de nombres

Conviene aclararlo de entrada, porque las fichas suelen mezclarlo todo. Tagetes elliptica Sm. es el chincho, y Tagetes minuta L. es el huacatay: dos especies distintas del mismo género, con aroma y uso culinario parecidos, cultivadas ambas en los Andes centrales y frecuentemente confundidas en el comercio, en la literatura divulgativa e incluso en algunas etiquetas de semilla. Se les añade una tercera, Tagetes filifolia, el anís de campo, con olor anisado muy diferente.

El chincho es una anual de la familia Asteraceae, originaria de la vertiente andina de Perú, Bolivia y Ecuador, donde crece entre los 2.000 y los 3.500 metros. Forma una mata erguida y ramificada de 40 a 100 cm, con hojas opuestas, pinnadas, de foliolos estrechos y aserrados, salpicadas de glándulas oleíferas translúcidas que se ven al trasluz y que son las que guardan el aceite esencial. Los capítulos son pequeños, amarillos o anaranjados, agrupados en corimbos laxos, y dan aquenios negros, finos y alargados con vilano de escamas.

Basta rozar una hoja para entenderlo: el aroma es intenso, con notas de albahaca, hierbabuena, estragón y cítrico, y persiste en los dedos. Se debe a componentes volátiles característicos del género —tagetona, dihidrotagetona, ocimeno, limoneno—, cuya proporción varía con la altitud, la época de recolección y el ecotipo, de manera que dos plantas del mismo nombre pueden oler distinto.

Un condimento, no una planta de macizo

Frente a Tagetes patula o Tagetes erecta, que se plantan por la flor y cuyo follaje resulta desagradable al olfato, aquí la parte útil es la hoja fresca. En la cocina andina el chincho entra en salsas frías de ají, en guisos de carne y de patata y en platos de fiesta, y su aroma es uno de los rasgos reconocibles de esa gastronomía. Se emplea fresco, porque el secado le hace perder gran parte de los volátiles, y en cantidad pequeña, ya que domina con facilidad cualquier mezcla.

La recolección se hace de las puntas tiernas antes de la floración, cuando la concentración de aceite esencial en la hoja es mayor; después de florecer, la planta se hace leñosa y el aroma pierde finura y gana amargor.

Cultivarlo en España: anual y con prisa

Es perfectamente cultivable aquí, pero con dos limitaciones que hay que tener presentes desde el principio.

Exige calor. No tolera la helada en ningún estadio. La siembra se hace en semillero protegido en marzo o abril, con 18-22 °C, cubriendo la semilla apenas con dos o tres milímetros; germina en una o dos semanas. El trasplante al exterior se hace cuando las mínimas nocturnas se estabilizan por encima de 12 °C, es decir, de mediados de mayo en adelante en la mayor parte de la Península. También admite siembra directa en su sitio a partir de mayo.

Marco de plantación de 40 por 40 cm, a pleno sol, en suelo suelto, con drenaje y sin exceso de abono nitrogenado: la tierra rica produce mata frondosa y hoja más aguada, con menos aceite esencial. Riego moderado y regular, dejando secar entre riegos; encharcado se pudre el cuello. Un pinzado de la punta principal a las cuatro semanas del trasplante lo obliga a ramificar y multiplica la cosecha de hoja.

Florece tarde. Y aquí llega la sorpresa. El chincho es una especie de día corto: no induce la floración hasta que la duración del día desciende por debajo de un umbral, cosa que en su origen tropical de gran altitud ocurre sin problema, pero que en latitudes españolas no llega hasta finales de agosto o septiembre. El resultado es que la planta pasa toda la primavera y el verano en crecimiento vegetativo y solo abre flores en otoño, con lo que a menudo la semilla no llega a madurar antes de las primeras heladas, sobre todo del centro peninsular hacia el norte.

Para uso culinario eso no importa —incluso conviene, porque prolonga la producción de hoja tierna—, pero significa que no se puede contar con obtener semilla propia salvo en el litoral mediterráneo, en Canarias o cultivándolo en invernadero frío que alargue el otoño. Quien quiera repetirlo cada año tendrá que comprar semilla o traerla.

Plagas: pocas. Algún pulgón en primavera y araña roja en veranos muy secos. El oídio aparece en otoño con humedad nocturna alta, y la podredumbre de cuello, en suelos pesados.

Abeja recogiendo polen en las flores amarillas del chincho

Las raíces trabajan contra los nematodos

Queda la propiedad que comparten todos los Tagetes y que los convierte en herramienta agronómica, no solo en planta de flor. Sus raíces sintetizan y liberan al suelo tiofenos, compuestos azufrados de los que el más estudiado es el α-tertienilo. Estas moléculas resultan tóxicas para varios nematodos fitoparásitos, y su efecto se potencia con la luz ultravioleta y con el oxígeno.

El mecanismo tiene dos vertientes. Por un lado, la liberación de tiofenos en la rizosfera reduce directamente la población de nematodos del entorno. Por otro, Tagetes funciona como cultivo trampa: los juveniles de algunas especies penetran en la raíz atraídos por sus exudados, pero no consiguen completar el ciclo ni reproducirse dentro de ella, de modo que quedan atrapados en un callejón sin salida y la población del suelo cae de una generación a la siguiente.

Los datos más sólidos corresponden a Pratylenchus penetrans, el nematodo lesionador, frente al cual la reducción documentada es notable. Contra Meloidogyne, el nematodo agallador, los resultados son más variables y dependen mucho de la especie de nematodo, de la especie y el cultivar de tagetes y de la temperatura del suelo; conviene no vender el remedio como universal.

Para que funcione en la práctica no basta con poner cuatro plantas de adorno. La pauta eficaz es una siembra densa en toda la superficie afectada, mantenida en crecimiento activo durante dos o tres meses como mínimo, y con el suelo libre de otras raíces hospedadoras y de malas hierbas, que anularían el efecto al ofrecer alternativa a los nematodos. Al final del ciclo, la parte aérea se incorpora al suelo. Es una técnica de rotación, no un tratamiento rápido.

En un huerto pequeño con problemas de nematodos, dedicar una tabla al chincho —o a T. patula, mejor estudiado para este fin— durante una temporada completa antes de plantar tomate o zanahoria es una medida razonable, con la ventaja añadida de llevarse una cosecha de hierba aromática por el camino.

Precauciones al manipularlo

Los mismos tiofenos que actúan sobre los nematodos son fototóxicos: se activan con la radiación ultravioleta. En trabajos prolongados con plantas de Tagetes, y muy en particular con T. minuta, se han descrito casos de dermatitis de contacto y fotodermatitis —enrojecimiento, ampollas y manchas oscuras persistentes en antebrazos— tras manipular la planta y exponerse después al sol. Con guantes, manga larga y lavado posterior no hay incidencia; si aparece una reacción cutánea, consulte con su médico o farmacéutico.

En cuanto a los usos medicinales que la tradición andina atribuye a esta hierba —digestivos, sobre todo—, la evidencia clínica disponible es escasa y no permite recomendarla con fines terapéuticos. Su uso razonable es el culinario, como condimento, y cualquier cuestión de salud debe plantearse al médico o al farmacéutico, sobre todo si hay medicación de por medio o un embarazo.

En resumen

Tagetes elliptica, el chincho, es el tagetes de cocina: una anual andina cultivada por su hoja aromática, distinta del huacatay (T. minuta) aunque se confundan constantemente. En España se cultiva como anual de verano, a pleno sol, sembrada en marzo bajo protección y plantada después de las últimas heladas; al ser planta de día corto florece en otoño y muchas veces no da semilla madura antes del frío. Como todo el género, sus raíces liberan tiofenos que reducen las poblaciones de nematodos del suelo, con buenos resultados frente a Pratylenchus y más irregulares frente a Meloidogyne, y para aprovecharlo hay que hacer una siembra densa de toda la parcela durante dos o tres meses. Esos mismos compuestos son fototóxicos, así que conviene manipularlo con guantes.


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