Tres nombres circulan en los viveros españoles para la misma cosa aparente —Strelitzia augusta, Strelitzia alba y Strelitzia nicolai— y detrás hay dos especies distintas, una etiqueta que la botánica ya no admite y un malentendido de tamaño que se paga años después, cuando la planta que se compró en maceta de 20 cm ha levantado seis metros de tronco. Ordenar eso es el asunto de este artículo.

Qué pasó con el nombre augusta

Carl Thunberg describió Strelitzia augusta en 1800 a partir de material sudafricano. El problema es que la planta ya tenía nombre anterior: el hijo de Linneo la había publicado en 1782 como Heliconia alba, y al pasar el epíteto al género Strelitzia quedó como Strelitzia alba (L.f.) Skeels, combinación de 1912. Por la regla de prioridad, alba gana y augusta queda como sinónimo. Hoy ninguna base de datos taxonómica seria lo mantiene como especie aceptada: ni Plants of the World Online, ni World Flora Online.

La segunda mitad del enredo es comercial. En los viveros europeos, la etiqueta «Strelitzia augusta» se colgó durante décadas a la estrelitzia arbórea de vivero, que en la inmensa mayoría de los casos no es S. alba sino Strelitzia nicolai Regel & Körn., descrita en 1858 y bastante más común en cultivo. Así que si tiene una planta con el nombre de augusta, lo probable es que sea nicolai; lo posible, aunque raro, que sea alba.

Distinguirlas exige flor, porque de hoja son casi iguales:

  • S. alba: espata parduzca o purpúrea, y toda la flor blanca, sin lengüeta azul. Hojas rara vez con tronco múltiple. Es una especie de área muy reducida, en el bosque costero del Cabo Oriental, alrededor de Knysna y Humansdorp; escasa en cultivo.
  • S. nicolai: espata de un morado oscuro casi negro, sépalos blancos y lengüeta azul o azul violácea, más varias espatas superpuestas en la misma vara. Distribución mucho más amplia por la costa oriental sudafricana, de KwaZulu-Natal hacia el norte. Es la de los viveros.

Hay una tercera arbórea, Strelitzia caudata, de las montañas del norte de Sudáfrica y Zimbabue, con una punta caudada en la espata; en España es planta de coleccionista y no aparece en el circuito comercial.

Troncos múltiples de una estrelitzia arbórea adulta

El porte real, que es el dato que importa

Aquí está el desajuste. Una S. nicolai adulta y bien situada alcanza en Sudáfrica de 8 a 12 metros, con troncos leñosos, grisáceos, anillados por las cicatrices de las hojas caídas, y macollas de varios pies que forman un bosquete. S. alba se queda algo por debajo, en torno a 6-10 m, con tendencia a tronco único o poco ramificado.

En el Levante y el sur peninsular, en jardín y con riego, es perfectamente normal ver ejemplares de cuatro a siete metros con veinte o treinta años, y en Canarias más. En maceta de interior el crecimiento se autolimita bastante, pero aun así se van a los tres metros con facilidad si el techo lo permite, y la hoja individual pasa del metro y medio de longitud con el pecíolo.

La hoja es la de un bananero: limbo oblongo, entero al salir y desgarrado después por el viento a lo largo de las nervaduras secundarias, hasta parecer pinnada. Ese desgarro no es un defecto, es lo que hace la planta para dejar pasar el viento sin partirse, y ocurre igual en el trópico. No hay que corregirlo ni protegerla de ello.

Consecuencia de plantación: separarla de fachadas, aleros y medianeras al menos tres metros, y no ponerla donde a los diez años vaya a tapar una ventana o a chocar con un tendido. El tronco no se puede rebajar como se poda un árbol; una macolla se rejuvenece cortando a ras los pies más viejos y dejando los renuevos, pero eso no reduce la altura del conjunto durante mucho tiempo.

La flor: mayor y menos vistosa

Suena contradictorio y no lo es. La inflorescencia de la arbórea es considerablemente más grande que la de S. reginae —la espata mide del orden de 30 a 45 cm— pero el efecto ornamental es menor por tres razones: el blanco destaca poco contra el fondo verde de la propia planta, la espata oscura resta contraste en lugar de sumarlo, y sobre todo las flores salen arriba, entre las hojas, a varios metros del suelo, donde el ojo no llega. La reginae florece a la altura de la cintura y sobre un abanico bajo; la arbórea, en la copa.

Además tarda. En cultivo peninsular no es raro que un ejemplar necesite ocho o diez años desde plantón hasta la primera floración, y algunas plantas de interior no florecen nunca porque no llegan al tamaño y la luz necesarios. Quien la compre esperando flores pronto se lleva un disgusto: esta se compra por la hoja y por el porte, no por la flor. Si lo que se quiere es flor abundante y a la vista, la especie es reginae, y para eso están sus artículos.

Floración, cuando llega, sobre todo de finales de invierno a comienzos de verano, con espatas sucesivas en la misma vara que van abriendo a lo largo de semanas. El polinizador natural son aves nectarívoras que se posan sobre la lengüeta, el mismo mecanismo de percha que la naranja.

Planta de estructura: dónde funciona de verdad

Su papel en el jardín no es el de una planta de flor sino el de un elemento arquitectónico: masa vertical, hoja enorme, sombra rala, textura tropical con muy poca agua comparada con un bananero de verdad. Funciona muy bien:

En jardín de clima suave —franja costera mediterránea, Andalucía, Canarias— como fondo de un macizo, como pantalla contra una medianera fea, o como grupo aislado en el césped. Combina bien con lo de textura opuesta: Phormium, cícadas, agaves, dracenas.

En patios interiores y espacios de gran altura: hall de hotel, atrio, escalera de doble altura, invernadero frío. Es una de las pocas plantas de hoja gigante que aguanta interior con luz indirecta abundante durante años sin degradarse. En un salón normal de 2,50 m de techo cabe unos años y luego estorba.

En maceta grande de terraza, con contenedor de 60 litros o más, pesado y ancho, porque la planta hace de vela y una maceta ligera vuelca con el primer levante.

Lo que no soporta bien es el viento salino directo y continuo, ni la sombra profunda, ni el sustrato encharcado en invierno. Suelo suelto, con arena o grava, y riego generoso en verano —dos veces por semana en tierra, más en maceta— reducido a muy poco de noviembre a febrero.

Rusticidad: algo mejor que la de reginae

Es de los pocos puntos en que la arbórea gana. Una S. nicolai establecida, con tronco hecho y en suelo drenado, tolera heladas cortas de hasta -4 °C aproximadamente, con quemado severo de las hojas y rebrote posterior desde la base; por debajo de -5 °C hay muerte de la parte aérea, y por debajo de -7 °C, muerte de la planta. S. reginae, en cambio, empieza a sufrir en torno a -2 °C.

Matices importantes. Uno: la tolerancia es de planta adulta y seca; un ejemplar joven o con el pie encharcado se pierde a temperaturas bastante más altas. Dos: helada de una noche con día siguiente soleado no es lo mismo que una semana de mínimas bajo cero, que no aguanta. Tres: el frío no la mata pero le arruina la estética durante uno o dos años, porque cada hoja quemada tarda mucho en ser sustituida.

En la práctica, el interior peninsular no es su sitio en tierra: Madrid, ambas Castillas o el valle del Ebro exigen maceta con invernada bajo cubierta. La costa mediterránea desde Cataluña hacia el sur, el litoral atlántico andaluz, Canarias y buena parte de Galicia costera la admiten en jardín.

Multiplicación y trasplante

Por división de hijuelos en primavera, separando un pie basal con raíz propia y al menos tres o cuatro hojas; se corta con azada o serrucho y se deja orear el corte un día antes de plantar. Por semilla también, con la arila anaranjada retirada y remojo previo de 24 horas: germina en tres a ocho semanas a 25 °C, pero el camino hasta un ejemplar de porte es de más de una década.

Trasplante, el mínimo posible: aguanta mal la manipulación de raíz y responde con un parón largo. En maceta, cambio cada tres o cuatro años y, cuando ya no se pueda, sustitución del tercio superior del sustrato cada primavera.

En resumen

Strelitzia augusta no es un nombre válido: es sinónimo de Strelitzia alba, y la planta que suele llevar esa etiqueta en el comercio es en realidad Strelitzia nicolai, reconocible por la lengüeta azul sobre sépalos blancos y espata casi negra. Es la estrelitzia arbórea, de troncos anillados y hoja de bananero, que en jardín mediterráneo llega sin dificultad a cuatro o siete metros y en su tierra al doble, de modo que se planta pensando en ese tamaño y no en el de la maceta. Su flor es mayor que la de la naranja pero menos lucida, sale alta y tarda ocho o diez años. Su valor está en el porte: estructura vertical y textura tropical para jardín de clima suave o interior de gran volumen. Y aguanta el frío mejor que reginae, hasta unos -4 °C puntuales en planta adulta y bien drenada.


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