Los zarcillos de la zarzaparrilla no nacen donde los de las demás trepadoras, y ese detalle basta para identificarla sin dudar. Smilax aspera es la liana espinosa que teje las marañas impenetrables del monte mediterráneo, la que engancha la ropa en cualquier vereda entre encinas y la que en pleno invierno cuelga racimos de bayas rojas cuando ya no queda casi nada más que comer en el bosque. Y es también la planta a la que se atribuye una larga fama medicinal que conviene mirar de cerca, porque buena parte de esa fama pertenece en realidad a otras especies.

El zarcillo que sale de la estípula

En la base del pecíolo de cada hoja, la Smilax lleva dos zarcillos filiformes que son estípulas transformadas. Eso es una rareza morfológica. En la vid los zarcillos son tallos modificados y aparecen opuestos a las hojas; en los guisantes y las almortas son folíolos convertidos en hilo; en la pasionaria son ramas axilares. Ninguna otra trepadora del monte mediterráneo peninsular tiene zarcillos de origen estipular, de modo que basta con mirar dónde arrancan para saber qué planta se tiene delante.

El resto de su morfología acompaña. Es una liana leñosa perenne de tallos flexuosos, angulosos y armados de aguijones curvos y duros, que trepa apoyándose en arbustos y árboles hasta diez o quince metros. La hoja es alterna, coriácea, brillante, de forma acorazonada o casi sagitada, con frecuencia jaspeada de manchas blanquecinas, y suele llevar aguijones en el margen y en el nervio central del envés. Sus nervios son curvos y convergen hacia el ápice, el patrón típico de las monocotiledóneas, porque a pesar de su aspecto leñoso pertenece a ese grupo, en la familia Smilacaceae, dentro del orden Liliales.

Es dioica: hay pies masculinos y pies femeninos, y solo los segundos fructifican. Sus flores son pequeñas, verdosas o amarillentas, agrupadas en umbelas axilares y muy perfumadas, y se abren de septiembre a noviembre, una floración otoñal poco frecuente que la hace valiosa para los insectos de final de temporada.

Flores en umbela de Smilax aspera

El fruto rojo del invierno

Del ovario de esas flores salen bayas globosas de 6 a 10 milímetros, en racimos, de un rojo coral intenso que con la madurez completa vira a rojo oscuro casi negruzco. Cada una encierra de una a tres semillas duras. Lo importante es el calendario: maduran entre diciembre y marzo y persisten mucho tiempo en la planta, incluso hasta la primavera siguiente.

Esa persistencia invernal convierte a la zarzaparrilla en un recurso de primer orden en el momento de mayor escasez del monte. La consumen zorzales, mirlos, currucas, petirrojos y capirotes, y también mamíferos como el zorro, el tejón y la garduña, cuyos excrementos aparecen llenos de sus semillas en enero. Todos ellos actúan como dispersantes, y lo hacen a distancias considerables, lo que explica su presencia en enclaves aislados.

Su papel en el matorral denso

Vive en encinares, alcornocales, coscojares, madroñales y bosques de ribera, y sobre todo en el matorral alto y denso del litoral y de las solanas cálidas. Ahí forma, junto con la rubia (Rubia peregrina), la madreselva (Lonicera implexa), la clemátide (Clematis flammula), la zarza y la hiedra, una maraña espinosa por la que un ser humano no pasa sin machete y sin maldecir.

Esa maraña tiene funciones ecológicas concretas. Es refugio y zona de cría del conejo, del lirón careto y de aves que nidifican en espesura baja, como la curruca cabecinegra y el ruiseñor bastardo. Y funciona como protección física frente a los herbívoros: bajo la cobertura espinosa de una Smilax germinan y sobreviven plántulas de encina, quejigo o madroño que en campo abierto serían ramoneadas antes de levantar medio metro. Es un ejemplo de libro de facilitación entre plantas, y por eso su presencia se asocia a etapas maduras y bien conservadas de la serie de vegetación mediterránea.

Su distribución abarca casi toda la Península salvo el interior más continental y frío, además de Baleares y Canarias, y se extiende por toda la cuenca mediterránea, Macaronesia y hasta el este de África y la India. Sube hasta unos 1.000 o 1.200 metros de altitud.

Longevidad: el rizoma manda

Bajo tierra desarrolla un rizoma grueso, leñoso, nudoso y muy ramificado que se extiende lentamente durante décadas y acumula reservas. Ese órgano es la clave de su persistencia: la parte aérea puede desaparecer entera y la planta sigue viva.

Se comprueba tras un incendio. La zarzaparrilla es una rebrotadora vigorosa, y sus brotes verdes asoman entre las cenizas a las pocas semanas del fuego, cuando el monte quemado todavía es negro. Lo mismo ocurre tras un desbroce o una corta: rebrota y recupera terreno. Esa estrategia, común a otras especies del monte mediterráneo como el lentisco o el madroño, explica que individuos concretos puedan tener una edad considerable, muy superior a la aparente, aunque sus tallos visibles sean jóvenes.

Racimo de frutos rojos de Smilax aspera

La zarzaparrilla de las bebidas es otra planta

Aquí hay que separar cosas que se mezclan constantemente. La droga comercial llamada zarzaparrilla, la que aromatizó la root beer y la que figura en los tratados de materia médica, procede fundamentalmente de especies americanas: Smilax ornata, Smilax regelii y Smilax officinalis, de Centroamérica y del norte de Sudamérica. No de la Smilax aspera ibérica, cuyo uso tradicional europeo fue más local y mucho menos documentado.

Aquella raíz americana llegó a Europa en el siglo XVI y se convirtió en un artículo de comercio muy lucrativo, indicado sobre todo contra la sífilis. La medicina moderna no ha respaldado esa indicación ni de lejos. Sus componentes conocidos son saponinas esteroídicas —sarsasapogenina, esmilagenina— junto con taninos, flavonoides y almidón.

Y de esas saponinas viene un malentendido que conviene desmontar. Se lee con frecuencia que la zarzaparrilla aporta esteroides o testosterona natural. No es así. Las saponinas esteroídicas comparten esqueleto químico con las hormonas esteroideas, y por eso la industria farmacéutica las utilizó como materia prima de laboratorio para sintetizar corticoides y hormonas, mediante reacciones químicas que el organismo humano no realiza. Comer la planta no produce hormonas.

Sobre la evidencia clínica, hay que ser directo: es escasa y de baja calidad. No existen ensayos sólidos que sostengan las indicaciones tradicionales como depurativa, diurética o antirreumática. Tampoco es inocua: las saponinas irritan la mucosa digestiva y pueden interferir en la absorción de medicamentos tomados a la vez, incluida la digoxina, y su efecto diurético puede sumarse al de la medicación diurética. Aquí no se dan cantidades ni pautas; quien esté considerando cualquier uso, que lo consulte con su médico o con su farmacéutico. En el capítulo alimentario, sus brotes tiernos de primavera se han comido en algunas comarcas al modo de los espárragos silvestres, y esa sí es una costumbre bien documentada.

En el jardín

Se cultiva poco y merece más atención en jardinería naturalista. Sirve como seto defensivo impenetrable, como pantalla sobre valla o celosía robusta y, sobre todo, en jardines pensados para la fauna, donde su fruto invernal y su espesura valen más que cualquier arbusto ornamental de temporada.

Quiere sombra o media sombra —en el monte vive bajo dosel—, suelo fresco, profundo y con materia orgánica, y tolera bien las calizas. Riego moderado el primer año y prácticamente ninguno después. Aguanta en torno a -10 o -12 °C, aunque la parte aérea se daña antes que el rizoma. Necesita un soporte de verdad, porque con los años pesa.

Se multiplica por división del rizoma en otoño, que es lo rápido, o por semilla, que es lo lento: requiere estratificación en frío y puede tardar más de un año en nacer, con germinación irregular. Y una advertencia práctica: para manipularla hacen falta guantes de cuero, no de tela, porque los aguijones atraviesan casi todo.

En resumen

La Smilax aspera es una liana leñosa monocotiledónea, espinosa y dioica, identificable al instante por sus zarcillos de origen estipular, un rasgo que no comparte ninguna otra trepadora del monte mediterráneo. Florece en otoño y madura sus bayas rojas en pleno invierno, cuando alimenta a zorzales, mirlos y carnívoros que dispersan sus semillas. Forma marañas que dan refugio a la fauna y protegen del ramoneo a plántulas de encina, y persiste décadas gracias a un rizoma que rebrota tras el fuego. Su fama medicinal corresponde en buena medida a especies americanas distintas, la evidencia que la respalda es escasa y sus saponinas no producen hormonas en el cuerpo: cualquier uso, al médico o al farmacéutico.


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