«Resistente a la sequía» no significa gran cosa mientras no se diga cuánta sequía, durante cuánto tiempo y a costa de qué. Un olivo y una gazania figuran en la misma lista de cualquier vivero, y sin embargo el primero puede pasar un verano manchego sin una gota mientras la segunda, sin un riego de socorro en agosto, deja de florecer y se queda en un montón de hojas grises. Ambas resisten. No resisten lo mismo.

Jardín mediterráneo con plantas de bajo consumo de agua

Una escala de tres grados

Antes de cualquier lista conviene fijar el criterio, porque de él depende que el jardín funcione o que haya que estar rescatándolo cada verano. Proponemos tres grados, definidos por lo que la planta necesita una vez establecida en clima mediterráneo peninsular, con 350 a 600 mm de lluvia concentrados fuera del verano.

Grado 1. Sin riego alguno. Especies que, plantadas en el sitio adecuado y con la raíz ya hecha, completan su ciclo con la lluvia del año y nada más. Vegetan, florecen y fructifican sin aporte. Son plantas de la flora mediterránea y de otros climas de verano seco, o suculentas de reserva grande.

Grado 2. Riego de apoyo en olas de calor. Sobreviven sin riego, pero durante episodios de más de 38 o 40 °C sostenidos, o veranos con más de tres meses secos, entran en estrés fisiológico serio y pueden perder ramas enteras. Un riego profundo cada tres o cuatro semanas en julio y agosto —60 a 100 litros por árbol adulto, aplicados lentamente— les basta para pasar el verano intactas.

Grado 3. Aguantan pero pierden calidad ornamental. No mueren, y eso es lo que confunde. Lo que pierden es aquello por lo que se plantaron: dejan de florecer, cierran o encogen la hoja, amarillean, se defolian parcialmente o se quedan raquíticas. Si el objetivo es una zona de vista, un seto o una pradera florida, este grado exige riego regular aunque escaso.

Hay además un cuarto grupo que conviene nombrar para descartarlo: plantas con fama de rústicas que en realidad solo son tolerantes al calor —hortensias, cañas de indias, muchas anuales de temporada—, y que sin agua se pierden.

El período de establecimiento: uno a tres años en los que todo riega

Aquí está el concepto que ordena toda la cuestión y que rara vez aparece en las etiquetas. Ninguna planta es resistente a la sequía el día que se planta. La resistencia es una propiedad del sistema radicular ya desarrollado, no de la especie en abstracto.

Una planta de vivero llega con el cepellón que cabe en el contenedor: en un envase de tres litros, un volumen de raíz de apenas veinte centímetros de profundidad, acostumbrado a riego diario y a un sustrato de turba que retiene agua de forma muy distinta a como lo hace la tierra del jardín. Al plantarla, ese cepellón queda como una isla. El agua de riego, si es escasa y superficial, moja solo esa isla; las raíces no tienen ningún motivo para salir de ella, y la planta sigue dependiendo de un volumen ridículo de suelo. Llega el primer verano de verdad y muere una encina, que es una de las especies más resistentes a la sequía del continente.

El establecimiento es el proceso por el cual la raíz abandona el cepellón y coloniza el suelo circundante hasta alcanzar el horizonte que conserva humedad en verano. Cuánto tarda depende del porte:

  • Herbáceas, aromáticas y cubresuelos: una estación de crecimiento, a veces dos. Riego regular el primer verano.
  • Arbustos: de uno a dos años. Dos veranos con riego decreciente.
  • Árboles: de dos a tres años, y en ejemplares grandes plantados de vivero, hasta cuatro o cinco. La regla práctica que se usa en arboricultura es aproximadamente un año de establecimiento por cada dos o tres centímetros de diámetro del tronco.

La forma de regar durante ese período importa tanto como la cantidad. El riego debe ser espaciado y profundo, nunca frecuente y ligero: mojar bien todo el perfil y dejar que se seque parcialmente antes del siguiente aporte obliga a la raíz a bajar. Un árbol joven en su primer verano peninsular necesita del orden de 30 a 50 litros cada diez o quince días; el segundo verano, la misma cantidad cada tres semanas; el tercero, dos o tres riegos en toda la estación. A partir de ahí, según su grado, cero o socorro.

Dos apuntes que ahorran disgustos. La plantación de otoño —de octubre a diciembre en la mitad sur, hasta febrero en zonas frías— da a la raíz seis meses de suelo húmedo y templado antes del primer calor, y reduce a la mitad el riego de establecimiento frente a una plantación de primavera. Y las plantas de tamaño pequeño se establecen antes y acaban adelantando a las grandes: un alcornoque de contenedor forestal de 300 cc supera en tres años a uno de 60 litros plantado el mismo día.

Grado 1: sin riego una vez establecidas

Árboles. Olea europaea (el acebuche, aún más que el olivo cultivado), Quercus ilex subsp. ballota, Quercus coccifera, Quercus suber en suelo silíceo, Ceratonia siliqua, Pinus halepensis, Pinus pinea, Cupressus sempervirens, Celtis australis en suelo profundo, Schinus molle y Tipuana tipu en el litoral cálido. En el capítulo frutal, el olivo, el algarrobo, la higuera (Ficus carica) y el almendro (Prunus dulcis) dan cosecha en secano, aunque menor y más irregular que con apoyo.

Arbustos. Nerium oleander, Pistacia lentiscus, Rhamnus alaternus, Myrtus communis, Viburnum tinus, Retama sphaerocarpa, Spartium junceum, Cistus albidus, C. ladanifer y C. salviifolius, Atriplex halimus, Teucrium fruticans, Coronilla glauca, Chamaerops humilis.

Aromáticas. Salvia rosmarinus (el antiguo Rosmarinus officinalis), Thymus vulgaris y Th. zygis, Lavandula stoechas y L. latifolia, Salvia lavandulifolia, Santolina chamaecyparissus, Helichrysum stoechas, Ruta graveolens. Casi todas ellas prefieren suelo pobre y pedregoso: en tierra rica y regada se ahílan y viven la mitad.

Cactáceas y crasas. Opuntia spp., Echinocactus grusonii en clima sin heladas fuertes, Agave americana y A. attenuata, Aloe arborescens y A. maculata, Sempervivum tectorum, Sedum sediforme, Carpobrotus edulis —con la reserva de que es invasora en el litoral y no debería plantarse cerca de la costa—.

Palmeras. Phoenix canariensis, Chamaerops humilis, Brahea armata, Washingtonia filifera. La Phoenix tiene hoy el problema añadido del picudo rojo, que condiciona su plantación en buena parte del litoral.

Trepadoras. Bougainvillea glabra, Rosa banksiae, Campsis radicans, Hedera helix en umbría, Vitis vinifera.

Adelfa en flor, Nerium oleander

Grado 2: riego de apoyo en olas de calor

Árboles. Cercis siliquastrum, Koelreuteria paniculata, Jacaranda mimosifolia, Melia azedarach, Robinia pseudoacacia, Gleditsia triacanthos, Fraxinus ornus, Acer monspessulanum, Arbutus unedo. Frutales: granado (Punica granatum), membrillero, azufaifo (Ziziphus jujuba), pistachero (Pistacia vera).

Arbustos y matas. Lantana camara —invasora en Canarias, a tener en cuenta—, Plumbago auriculata, Callistemon citrinus, Grevillea juniperina, Salvia microphylla y S. greggii, Perovskia atriplicifolia (hoy Salvia yangii), Caryopteris × clandonensis, Buddleja davidii.

Vivaces y flor. Gaura lindheimeri (hoy Oenothera lindheimeri), Achillea millefolium, Euphorbia characias, Limonium sinuatum, Centranthus ruber, Verbena bonariensis, Stipa tenuissima (Nassella tenuissima), Festuca glauca, Muhlenbergia capillaris, y los bulbos mediterráneos de verano seco: Narcissus, Muscari, Iris germanica, Sternbergia lutea.

Grado 3: aguantan, pero se afean

Este grupo es útil siempre que se coloque donde se le vaya a dar el poco riego que pide, y no en el rincón olvidado del jardín.

Gazania rigens y Dimorphotheca cierran la flor y dejan de abrir en cuanto falta el agua, aunque el follaje sobreviva. Pelargonium peltatum y P. zonale pierden hoja y quedan leñosos. Osteospermum se defolia por la base. Lampranthus aguanta pero florece la mitad. Jasminum polyanthum y J. officinale resisten sin morir pero reducen mucho el número de flores y amarillean. Bignonia y madreselvas (Lonicera implexa aparte, que es de grado 1) tienden a defoliar la mitad inferior. Entre los árboles, Prunus cerasifera 'Pissardii', Lagerstroemia indica y Morus alba sobreviven al secano pero con copa corta, hoja quemada por los bordes y floración escasa.

Un caso aparte son los céspedes. Ninguna gramínea de estación fría —Lolium, Festuca arundinacea, Poa— pertenece a esta lista. Sí lo hacen, en grado 3 avanzado, la grama (Cynodon dactylon) y el Zoysia japonica, que agostan en verano si no se riegan y rebrotan con las lluvias: verde estacional, no permanente.

Gazania rigens con la flor abierta al sol

Cómo se traduce todo esto al diseño

Mezclar grados en un mismo parterre es lo que arruina el resultado, porque el riego que necesita el grado 3 pudre al grado 1: un romero regado como una gazania muere de asfixia radicular, no de sed. La solución es agrupar por necesidad hídrica y reservar los grados 2 y 3 para las zonas de vista, cerca de la casa o del paso; los desarrollos de esa idea —hidrozonas, sistemas de riego eficiente y acolchado— están en el artículo de xerojardinería de la sección de jardinería, y la elección concreta de especies para litoral y para interior peninsular, en el de selección de plantas para clima mediterráneo.

Dos matices que la escala no recoge y conviene tener presentes. El primero es el suelo: la misma planta sube un grado en suelo franco profundo y baja uno en suelo somero sobre roca o en tierra compactada de obra, donde la raíz no puede bajar. El segundo es el frío: resistir la sequía y resistir la helada son cosas independientes, y varias especies de las listas —Bougainvillea, Lantana, Aloe, Echinocactus, Jacaranda— solo valen en litoral o en zonas sin heladas fuertes. Para el interior con inviernos duros conviene cruzar estas listas con la de plantas para climas extremos.

En resumen

La resistencia a la sequía es una escala, no un interruptor: hay plantas que no necesitan una gota una vez establecidas, otras que piden un riego profundo cada tres o cuatro semanas en los picos de calor, y otras que sobreviven pero renuncian a florecer o a mantener la hoja, que es justo lo que se les pedía. Y por encima de la escala está el período de establecimiento: entre uno y tres años, hasta cinco en árboles grandes, durante los cuales incluso una encina o un algarrobo necesitan riego espaciado y profundo para que la raíz salga del cepellón y alcance la humedad del subsuelo. Plantar en otoño, elegir tamaños pequeños, regar mucho y de tarde en tarde, y no mezclar grados en el mismo parterre.


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