Un junco de laguna es, en lo esencial, un tubo verde de dos metros clavado en el fango: sin hojas visibles, sin ramas, sin más adorno que un penacho pardo cerca de la punta. Esa simplicidad extrema es ingeniería, y es la razón por la que Schoenoplectus lacustris (L.) Palla —el antiguo Scirpus lacustris L.— se ha convertido en una de las plantas de referencia de los humedales construidos y los filtros verdes que depuran agua residual en toda Europa.
Un tallo que hace de hoja
La planta emite del rizoma tallos cilíndricos perfectamente lisos, de un verde vivo, que van de metro y medio a tres metros de alto y pueden pasar de un centímetro de grosor en la base. Las hojas están reducidas a vainas membranosas pardas en el arranque del tallo, a veces con un limbo corto; en aguas profundas la planta puede producir además unas hojas acintadas sumergidas o flotantes, que se pierden después.
Toda la fotosíntesis la hace, por tanto, el propio tallo, cuya epidermis está bien provista de estomas y cuya corteza contiene clorénquima. La ventaja de esa forma es doble: un cilindro ofrece resistencia mecánica en todas direcciones —importante para algo que sobresale dos metros del agua y recibe viento y oleaje— y presenta menos superficie al rozamiento del agua en crecida que un follaje ancho.
La inflorescencia es una antela terminal de radios desiguales, con espiguillas ovoides de 5 a 10 mm, pardo rojizas y con las glumas mucronadas, agrupadas de dos en dos o de tres en tres. Como en el junco churrero, una bráctea erecta prolonga el tallo por encima y hace que el conjunto parezca salir de un lado. Florece de junio a agosto.
El rizoma es horizontal, grueso, blanco rosado por dentro, y va extendiéndose por el fango a medio metro de profundidad o menos, emitiendo tallos a intervalos. Una colonia madura puede cubrir superficies grandes y es prácticamente perenne.
Nota de nombres: el título antiguo de esta ficha lo llamaba carrizo, y no lo es. Carrizo es Phragmites australis, una gramínea de tallo hueco con nudos y con hojas planas evidentes. El de aquí es una ciperácea sin nudos ni hojas. Se le llama junco de laguna, junco lagunero o junco de estera.
El aerénquima y la oxigenación del fango
Este es el mecanismo que hay que entender, porque de él se deriva todo lo demás.
El fango de un humedal es anóxico a pocos milímetros de la superficie: la materia orgánica consume el oxígeno más rápido de lo que el agua quieta puede reponerlo. En ese medio, unas raíces normales se asfixiarían. La solución de las plantas de humedal es el aerénquima: un tejido de grandes lagunas de aire, comunicadas entre sí, que recorre el tallo y el rizoma de arriba abajo formando un sistema de conductos continuo. En Schoenoplectus ocupa una fracción enorme del volumen del tallo, que por eso resulta esponjoso al apretarlo.
Ese conducto no funciona solo por difusión pasiva. En los tallos jóvenes y bien sellados se establece un flujo convectivo: la diferencia de humedad y de temperatura entre el aire interior del tallo y el exterior genera una ligera sobrepresión que empuja el aire hacia abajo por unos tallos y lo hace salir por otros, ventilando el rizoma de manera activa. El resultado es que llega mucho más oxígeno al subsuelo del que llegaría por difusión.
Y una parte de ese oxígeno no se consume en la respiración de la raíz: se escapa por ella hacia el fango. A ese fenómeno se le llama pérdida radial de oxígeno, y crea alrededor de cada raíz una delgada capa de sedimento oxidado, de milímetros, distinguible a simple vista por su color pardo anaranjado —son óxidos de hierro precipitados sobre la superficie de la raíz—. En esa capa viven bacterias aerobias que no podrían vivir un centímetro más allá.
Por qué eso depura
Un humedal construido para tratar aguas residuales es, en el fondo, un reactor biológico donde el trabajo lo hacen microorganismos, no la planta. Lo que aporta el junco es el escenario:
Superficie para la biopelícula. Tallos, raíces y rizomas constituyen un soporte enorme sobre el que se fija la comunidad bacteriana que degrada la materia orgánica y reduce la demanda biológica de oxígeno.
Zonas óxicas dentro de un medio anóxico. Esa alternancia milimétrica entre la capa oxidada de la rizosfera y el fango reducido de al lado es exactamente lo que hace falta para eliminar nitrógeno: nitrificación del amonio en la zona oxigenada, seguida de desnitrificación a nitrógeno gas en la anóxica contigua. Sin plantas, ese acoplamiento no ocurre bien.
Inmovilización de metales y fósforo. Las placas de hierro de la rizosfera adsorben fosfatos y metales pesados, que quedan retenidos en el sedimento en lugar de salir con el efluente.
Hidráulica y aislamiento. El entramado de rizomas mantiene la permeabilidad del lecho y reparte el flujo, evitando caminos preferentes; y la masa vegetal aísla térmicamente el lecho en invierno, lo que en climas fríos sostiene la actividad biológica.
La absorción directa de nutrientes por la planta existe, pero es una fracción pequeña del total, salvo que se siegue y retire la biomasa cada año, que es justamente lo que se hace en algunos sistemas.
En la práctica española, Schoenoplectus lacustris se emplea sobre todo en humedales de flujo superficial y en lagunas de afino, donde tolera láminas de agua de 30 a 100 cm que Phragmites no lleva tan bien, y en sistemas de flujo subsuperficial mezclado con carrizo, espadaña (Typha) y lirio amarillo (Iris pseudacorus). Su rizoma es menos agresivo que el del carrizo, lo que facilita el mantenimiento. En aguas salobres o con conductividad alta se usa la especie afín Schoenoplectus tabernaemontani, de tallo glauco y algo más delgada, que tolera mejor la sal.
Su ecología y su cultivo
Vive en aguas permanentes, dulces o algo salobres, quietas o de corriente lenta: orillas de lagunas, embalses, remansos de río, canales, brazos muertos, turberas alcalinas. Coloniza de 10 cm a metro y medio de profundidad, y forma la banda exterior de la vegetación palustre, por delante de espadañas y carrizos, hacia el agua libre. Su distribución cubre casi toda Europa, el norte de África y buena parte de Asia; en España aparece en toda la península, más frecuente en el norte y en los humedales interiores.
En estanque de jardín se planta en cesta de plantas acuáticas con sustrato pesado —tierra arcillosa, nunca sustrato de turba, que flota y ensucia— cubierto de grava, y se sitúa con 10 a 40 cm de agua sobre la corona. Sol pleno. No necesita abonado; si acaso, un comprimido de fertilizante para acuáticas en primavera cada dos años. Se divide el rizoma en marzo o abril, con cuchillo, dejando varios tallos por trozo.
Corte anual a unos 20 cm por encima del agua, a finales de invierno. Y una advertencia relevante: no se siega con el tallo sumergido. Un tallo cortado por debajo del nivel del agua inunda el aerénquima y ahoga literalmente el rizoma, que es la forma clásica de perder una mata sana. Lo mismo explica que la planta no soporte una subida brusca y prolongada del nivel que le cubra todos los tallos.
Rusticidad total, muy por debajo de -15 °C, con la parte aérea seca en invierno y rebrote en abril.
Distinguirlo del junco churrero
Se confunden en el nombre y no en el campo, si se mira lo debido:
- Agua: Schoenoplectus lacustris exige lámina permanente y está dentro del agua; Scirpoides holoschoenus vive en tierra firme sobre el freático y aguanta que el cauce se seque en verano.
- Tallo: aquí grueso, esponjoso, de hasta tres metros; allí más delgado, duro y macizo, rara vez más de metro y medio.
- Inflorescencia: aquí espiguillas ovoides sueltas en una antela abierta; allí bolitas esféricas y compactas.
- Porte: aquí colonias extensas de tallos sueltos a partir de rizoma rastrero; allí macollas densas y bien definidas.
La ficha del junco churrero está en artículo aparte.
En resumen
Schoenoplectus lacustris, el junco de laguna, sustituye las hojas por un tallo cilíndrico verde que fotosintetiza y sostiene, y lo rellena de aerénquima: un sistema de conductos de aire que ventila activamente el rizoma enterrado en fango anóxico y deja escapar oxígeno por las raíces. Esa oxigenación crea una fina corona óxica alrededor de cada raíz donde se acoplan nitrificación y desnitrificación y se fijan fósforo y metales, y por eso la especie es una de las bases de los humedales construidos y los filtros verdes, junto al carrizo, la espadaña y el lirio amarillo. Vive en aguas permanentes de 10 cm a metro y medio, se planta en cesta con tierra pesada, se divide en primavera y se corta siempre por encima del nivel del agua, porque cortar sumergido ahoga la mata. No debe confundirse con el carrizo, que es gramínea, ni con el junco churrero, que vive en cauces que se secan.