Lo que parece una flor grande de pétalos desiguales es en realidad un ramo apretado de treinta o cuarenta flores diminutas, montadas sobre un disco común y disfrazadas de una sola. Fíjate en el borde: las de fuera son mayores y asimétricas, y las de dentro, pequeñas y regulares. Ese engaño de escala, que la escabiosa comparte con las margaritas sin tener nada que ver con ellas, es la razón de que sea una de las plantas más visitadas de un jardín en verano.
El capítulo, y por qué no es una compuesta
Scabiosa atropurpurea L. pertenece a las caprifoliáceas, en la subfamilia de las dipsacóideas —el grupo que hasta hace poco se trataba como familia aparte, las Dipsacaceae, junto a la cardencha y a la Knautia—. Las margaritas, girasoles y cardos son asteráceas. Son dos linajes distintos y bastante alejados dentro de las eudicotiledóneas.
Y sin embargo han llegado a la misma solución. Ambos grupos agrupan muchas flores minúsculas en un capítulo: un eje floral ensanchado en forma de disco o receptáculo, con las flores insertas apretadamente sobre él y un involucro de brácteas por debajo, de modo que el conjunto se comporta ante el visitante como si fuera una única flor grande. A esa estructura se la llama pseudanto, y su aparición independiente en linajes separados es un ejemplo clásico de convergencia evolutiva.
La ventaja es doble. Por un lado, el reclamo visual: una mancha de tres a cinco centímetros se ve desde muy lejos, mientras que una flor de cinco milímetros aislada pasaría inadvertida. Por otro, la eficiencia del polinizador: un insecto que aterriza en un capítulo puede recorrer decenas de flores caminando, sin gastar energía en volar entre ellas, con lo que la probabilidad de que polinice todas las del disco antes de marcharse es altísima.
El detalle del borde refuerza el efecto. Las flores marginales de la escabiosa tienen la corola más grande y marcadamente zigomorfa, con los lóbulos externos alargados hacia fuera, exactamente igual que las lígulas del borde de una margarita, mientras que las centrales son pequeñas y regulares. Nada de eso es un pétalo: cada uno de esos «pétalos» es una flor completa, con sus estambres y su ovario.
Donde sí se separan las dos familias es en el detalle. La flor de la escabiosa tiene la corola dividida en cinco lóbulos, un epicáliz —una envuelta membranosa adicional que rodea al ovario, ausente en las compuestas— y un cáliz reducido a cinco aristas rígidas y oscuras que quedan sobre el fruto maduro y le sirven para engancharse al pelaje o para dejarse arrastrar por el viento. Las flores se abren de fuera hacia dentro, de manera que un capítulo lleva a la vez frutos formándose en el borde, flores abiertas en la corona media y botones en el centro. Eso alarga la oferta de néctar del mismo capítulo durante una semana o más.
Néctar accesible: por qué la visitan tantas especies
Una flor puede ser muy vistosa y servir de poco. Lo que hace de la escabiosa una planta melífera de primer orden es la geometría del tubo: el néctar se acumula en el fondo de una corola corta y ancha, a un par de milímetros de la superficie del disco. Eso la deja al alcance de insectos de lengua corta —sírfidos, avispas, escarabajos florícolas, abejas solitarias pequeñas— y también de los de lengua larga, que la explotan sin dificultad. Muy pocas flores son accesibles a un abanico tan amplio.
Sumemos la superficie plana y firme, que funciona como pista de aterrizaje y permanece estable con un insecto pesado encima, y una floración que en el litoral mediterráneo va de mayo o junio hasta octubre, con el pico en pleno verano, cuando la mayoría de la flora silvestre ya se ha agostado. Entre las visitantes habituales están las mariposas Vanessa cardui, Vanessa atalanta, Melanargia, Colias croceus, los licénidos azules, la esfinge colibrí (Macroglossum stellatarum), abejorros del género Bombus, la abeja doméstica y decenas de abejas solitarias.
Si el objetivo es un jardín para polinizadores, la escabiosa aporta algo que casi ninguna otra ornamental de temporada da a la vez: accesibilidad universal, floración continua en el mes más seco y capacidad de resembrarse sola.
La planta y su ciclo
Es originaria de la cuenca mediterránea, la Península incluida, donde crece de forma espontánea en cunetas, herbazales secos y bordes de cultivo, sobre todo en suelos calizos. Forma una roseta basal de hojas lirado-pinnatífidas y emite tallos ramificados, algo rígidos, de 40 a 90 centímetros —hasta un metro en tierra fértil—, con las hojas caulinares finamente divididas. Cada tallo termina en un capítulo largamente pedunculado.
El color de la especie es el púrpura muy oscuro que da nombre al epíteto atropurpurea, casi negro en el centro, pero la variabilidad natural cubre desde el blanco al rosa, el malva y el lila.
Su ciclo es anual o bienal, y depende de cuándo se siembre. Sembrada en primavera se comporta como anual y florece ese mismo verano. Sembrada a finales de verano o en otoño pasa el invierno como roseta, acumula reservas y florece en primavera del año siguiente, más pronto, con planta mucho más grande y con más tallos. En climas suaves puede persistir un tercer año como vivaz de vida corta, aunque florece peor. La lógica general de anuales y bienales, y el papel que juega la vernalización en ella, la desarrollamos en el artículo dedicado a la siembra de plantas anuales y bianuales.
Se resiembra con facilidad. Los frutos, con sus aristas, caen alrededor de la planta madre y germinan al otoño siguiente, de modo que un macizo establecido se mantiene solo durante años si se le deja madurar parte de los capítulos.
Cultivo
Exposición y suelo. Sol pleno, sin discusión: a la sombra se ahíla y no florece. Suelo con drenaje excelente, pobre o medianamente fértil, preferentemente neutro o alcalino; agradece la caliza. Lo que no perdona es el suelo encharcado en invierno, que le pudre la corona.
Siembra. Directa en el sitio definitivo o en semillero. Cubrir la semilla con tres o cuatro milímetros, porque necesita oscuridad para germinar. A 15-20 °C germina en diez a quince días. Aclarar o plantar a 25-30 centímetros entre plantas. Para el ciclo de anual, sembrar de febrero a abril; para el de bienal, de agosto a octubre.
Riego. Moderado durante el establecimiento y escaso después. Es planta de secano mediterráneo: en verano le basta con un riego profundo cada diez o quince días, y en tierra fresca puede pasar sin ninguno.
Abonado. Ninguno o muy poco. En suelo rico produce tallos largos y débiles que se tumban con la primera tormenta, y hay que entutorar o poner una malla horizontal de sostén.
Poda de flores marchitas. Es la operación clave. Cortando los capítulos pasados justo por encima de la primera hoja, la planta rebrota y sigue produciendo hasta octubre. Si se le deja madurar el fruto, deja de florecer. La solución práctica es despuntar la mayoría y reservar unos pocos capítulos al final de la temporada para la resiembra.
Problemas. Oídio en veranos húmedos y con mala ventilación —espaciar las plantas lo evita casi siempre—; pulgón en los brotes tiernos; caracoles y babosas en las plántulas, que es el momento realmente delicado. La podredumbre de cuello por exceso de agua en invierno es la causa habitual de pérdida en plantación de otoño.
Cultivares oscuros y otras selecciones
La línea de mejora más buscada es la del color muy oscuro. 'Ace of Spades' y 'Black Knight' dan capítulos de un granate casi negro con los estambres blancos destacando en punteado, un contraste que es lo que hace bonita la flor de cerca. 'Chile Black' es una selección de porte alto y color aún más profundo. 'Beaujolais Bonnets' tira a burdeos vinoso. 'Fata Morgana' es de tonos crema y albaricoque, y 'Salmon Queen', rosa asalmonado. Para bordura baja o maceta, la serie 'Tom Thumb' se queda en 40 centímetros. También se venden mezclas de colores para pradera.
Conviene no confundir la especie con sus parientes cercanas, que a veces comparten nombre comercial: Knautia macedonica, de flor granate y capítulo sin epicáliz visible; Succisa pratensis, de flor azul y suelos húmedos; y las Lomelosia, género en el que se han segregado varias antiguas Scabiosa.
Usos en el jardín y en jarrón
En pradera de flor funciona muy bien mezclada con amapola (Papaver rhoeas), aciano (Centaurea cyanus), Echium plantagineum, Coreopsis tinctoria y gramíneas finas, en siembra de otoño sobre suelo pobre y sin enmiendas. Su altura media y sus tallos rígidos le permiten emerger por encima de la masa sin taparla.
En flor cortada es de las mejores de temporada. Se corta cuando el capítulo está abierto en su mitad exterior pero conserva botones en el centro; así aguanta de siete a diez días en agua, y las flores centrales van abriendo en el jarrón. Los tallos son largos y firmes, sin necesidad de alambrado. Y hay un segundo aprovechamiento: los capítulos ya fructificados, con su envoltura de brácteas papiráceas y sus aristas, forman una esfera seca de aspecto escultural que se usa en composiciones secas y que, dejada en la planta, tiene interés ornamental en invierno además de alimentar a los pájaros granívoros.
En resumen
Scabiosa atropurpurea concentra decenas de flores diminutas en un capítulo con las del borde agrandadas, un pseudanto que imita a una flor grande igual que hacen las compuestas pese a pertenecer a otra familia, las caprifoliáceas. Su néctar queda en un tubo corto y accesible sobre una superficie plana y firme, y florece de mayo a octubre: por eso la visitan mariposas, abejorros, abejas solitarias y sírfidos por igual. Es anual si se siembra en primavera y bienal si se siembra a final de verano, y se resiembra sola. Pide sol, suelo drenado y más bien calizo, poca agua, nada de abono y despunte constante de las flores pasadas. Los cultivares granate casi negro son los más buscados, y sirve tanto para pradera de flor como para jarrón, donde dura hasta diez días.