Cada flor dura un solo día y cae al atardecer entera y todavía fresca, de modo que el suelo bajo la mata amanece alfombrado de trompetas azul violeta mientras arriba ya hay otras tantas abiertas. Ese detalle explica buena parte de su éxito en jardinería —florece sin pausa de mayo a noviembre— y también, indirectamente, el problema que arrastra: una planta que produce flores todos los días produce cápsulas todos los días.

Flores lila en forma de trompeta de la Ruellia simplex

El nombre correcto y por qué hay tres circulando

La planta que en los viveros españoles se vende con el nombre de Ruellia brittoniana se llama hoy Ruellia simplex C. Wright. El nombre de Wright, publicado en 1870 a partir de material cubano, tiene prioridad sobre R. brittoniana Leonard (1941) y sobre R. tweediana Griseb., y desde la revisión del género quedaron los tres reunidos en uno solo. Popularmente se la conoce como petunia mexicana, ruelia o petunia silvestre, aunque no tiene ningún parentesco con las petunias: pertenece a las acantáceas, la familia de la Acanthus y del Justicia, mientras que las petunias son solanáceas.

Es una vivaz de base leñosa, originaria de México, las Antillas y el norte de Sudamérica. Forma matas erectas de 60 a 120 centímetros, con tallos de sección cuadrangular teñidos de púrpura y hojas lanceoladas, estrechas, de 8 a 15 centímetros, de un verde oscuro que en pleno sol adquiere reflejos violáceos. La flor es un embudo de cinco lóbulos de unos cuatro o cinco centímetros de diámetro, con las nervaduras marcadas, en un azul violeta muy saturado; hay también formas blancas y rosadas.

La dureza que la puso en todos los jardines

Lo llamativo de Ruellia simplex no es la flor, que muchas plantas tienen igual de vistosa, sino la amplitud de condiciones que tolera. Aguanta sequía prolongada gracias a un rizoma carnoso que actúa de reserva, y aguanta también encharcamiento sostenido: crece en cunetas, en bordes de acequia y en suelos que permanecen inundados semanas. Esa doble tolerancia es rarísima, porque las adaptaciones a un extremo suelen incapacitar para el otro, y es la razón de que colonice con facilidad tanto un talud seco como una ribera.

A eso se suma que florece con calor extremo —a 40 °C sigue abriendo, cuando la mayoría de las vivaces de flor se paran—, que no tiene plagas ni enfermedades relevantes, que le da igual el pH del suelo y que rebrota de raíz tras una helada moderada. En la Península se comporta como vivaz en todo el litoral mediterráneo, en el valle del Guadalquivir y en Canarias; a partir de −4 o −5 °C pierde la parte aérea y rebrota en primavera, y por debajo de −8 °C se pierde el rizoma. En clima frío se cultiva como anual o en maceta que se recoge.

La otra cara: por qué se escapa del jardín

Está reconocida como invasora en Florida, donde figura en la categoría más alta de la lista de plantas exóticas invasoras del estado, en Texas, en varias islas del Caribe, en Australia y en Sudáfrica. En Europa el problema está por ahora localizado en los climas más cálidos —Levante, Andalucía occidental, Canarias, Madeira—, y no figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, pero el comportamiento que muestra en la costa levantina, apareciendo en solares, taludes de autovía y márgenes de riego lejos de donde se plantó, es exactamente el que precede a una invasión.

El mecanismo tiene dos patas.

La dispersión explosiva de semillas. La cápsula de las acantáceas es higrocástica: se abre por la acción del agua. Cuando la cápsula madura y seca se moja —con la lluvia, con el riego por aspersión, incluso con el rocío abundante—, las paredes se tensionan de forma desigual y la cápsula se abre de golpe, proyectando las semillas a dos o tres metros de la planta madre mediante unos ganchos rígidos llamados retináculos. Las semillas, planas y discoidales, tienen además pelos que se hinchan con el agua y las adhieren a lo que tocan: una bota, la rueda de un cortacésped, el pelaje de un perro. Y flotan, lo que les permite viajar por acequias y arroyos. Cada mata puede lanzar varios miles de semillas por temporada, con germinación alta y sin necesidad de estratificación.

El rebrote de rizoma. Arrancar la parte aérea no sirve de nada. Cualquier fragmento de rizoma que quede en el suelo emite un brote nuevo, igual que ocurre con la caña o la grama, de modo que la escarda superficial multiplica la planta en lugar de eliminarla. En parcelas donde se ha asentado, la eliminación exige excavar el rizoma completo, y aun así hay que repasar durante dos o tres temporadas por el banco de semillas acumulado.

Mata de Ruellia simplex cubierta de florecillas lila

Los cultivares estériles, la alternativa razonable

El conflicto entre una planta ornamental excelente y su capacidad invasora se ha resuelto por la vía de la mejora genética. El programa de la Universidad de Florida desarrolló la serie Mayan —'Mayan Purple', 'Mayan White', 'Mayan Pink', 'Mayan Compact Purple'—, clones poliploides estériles que florecen igual pero no cuajan semilla viable. También se comporta como no productor de semilla el veterano 'Purple Showers', un clon de porte alto que se propaga exclusivamente por esqueje.

Conviene distinguirlos de los cultivares enanos de la serie 'Katie' ('Katie Blue', 'Katie Pink', 'Katie White'), de 20 a 30 centímetros, que son compactos pero fértiles: producen semilla y se resiembran, aunque su porte reducido los haga parecer inofensivos.

La recomendación práctica es sencilla: si se va a plantar en el litoral mediterráneo, en Andalucía o en Canarias, plantar únicamente cultivares estériles y comprarlos con nombre, no como «ruelia» genérica. Si ya se tiene la forma fértil, cortar las inflorescencias marchitas antes de que las cápsulas maduren corta el problema de raíz, y basta con pasar la tijera cada dos o tres semanas durante la floración. Y nunca tirar restos de poda ni tierra con rizomas a un margen de camino, a un barranco o a un vertedero incontrolado.

Cultivo

Exposición. Pleno sol para floración máxima. En semisombra vegeta bien pero florece la mitad y se ahíla.

Suelo. Indiferente: arcilloso, arenoso, calizo o ácido. Prefiere los suelos que retienen algo de humedad, y en ellos crece más deprisa.

Riego. Moderado y espaciado una vez establecida; en maceta, cuando el sustrato se seque en superficie. El exceso no la mata, pero la hace crecer desmesuradamente y aumenta la producción de semilla.

Poda. Rebaje a diez centímetros del suelo a finales de invierno, antes del rebrote. Durante la temporada, un despunte a mitad de verano si la mata se abre por el centro. En seto informal admite recorte de formación.

Abonado. Innecesario en tierra. En maceta, un fertilizante equilibrado cada mes en primavera y verano.

Multiplicación. Por esqueje de tallo semileñoso en primavera o verano, que enraíza en dos o tres semanas en agua o en sustrato, y por división de mata al final del invierno. Por semilla germina sin dificultad, pero justamente por eso es la vía que conviene evitar.

Uso. Macizos de bajo mantenimiento, medianas de vial, borduras de jardín seco, taludes y bordes de lámina de agua. Funciona bien con gramíneas ornamentales, Lantana y salvias arbustivas, con las que comparte época de floración y exigencias.

Arbustos de ruelia con flores lila y blancas

En resumen

Ruellia simplex, la antigua R. brittoniana o petunia mexicana, reúne una floración azul violeta continua durante todo el calor con una tolerancia poco común: resiste la sequía y también el encharcamiento, no tiene plagas y rebrota tras heladas moderadas. Esa misma dureza la convierte en invasora reconocida en Florida, Texas, Australia y el Caribe, y en planta a vigilar en el litoral español, porque sus cápsulas se abren de golpe al mojarse y proyectan las semillas a varios metros, mientras el rizoma rebrota de cualquier fragmento. La salida sensata es plantar solo cultivares estériles —la serie Mayan, 'Purple Showers'—, no confundirlos con los 'Katie' fértiles, y retirar las cápsulas antes de que maduren si ya se tiene la forma silvestre en casa.


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